La Perspectiva Normativa:
Partes y Aspectos de la Biblia

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INTRODUCCIÓN

Hace poco un amigo mío le compró una bicicleta a su hijo. Era necesario armar la bicicleta - había que ponerle las ruedas, los pedales y el manubrio. El fabricante no había incluido ninguna instrucción de cómo armar la bicicleta en la caja que venían las piezas de la bicicleta. Mi amigo sabía lo básico de cómo se debía armar una bicicleta y cómo debía funcionar, lográndola armar incluso sin las instrucciones.

Pero imagínense qué es lo que hubiese pasado si nunca hubiera visto antes una bicicleta y si no hubiera sabido cómo funciona una bicicleta. En ese caso, no hubiera podido armarla como corresponde.

En cierta manera la Biblia es como una caja con piezas de bicicleta sin las instrucciones. Tal como es relativamente fácil armar cosas que nos son conocidas, también es relativamente fácil descubrir algunas cosas básicas sobre el significado y el uso de la Biblia y también responder a ciertas preguntas éticas. Así como es difícil armar dispositivos mecánicos complicados o desconocidos, también es difícil aplicar la Biblia a preguntas éticas complicadas cuando no entendemos las acciones más detalladas de las Escrituras.

Esta es la cuarta lección en nuestra serie "Cómo Tomar Decisiones Bíblicas" y hemos titulado esta lección "La Perspectiva Normativa: Partes y Aspectos de la Biblia."

Tal como lo hemos dicho a lo largo de estas lecciones, el juicio ético siempre conlleva la aplicación de la Palabra de Dios a una situación mediante una persona. Esto nos ha llevado a hablar de tres consideraciones esenciales cuando tomamos decisiones bíblicas: la norma correcta de la palabra de Dios, la que hemos asociado con la perspectiva normativa sobre la ética; la meta correcta, que concuerda con la perspectiva situacional; y el motivo correcto, que corresponde a la perspectiva existencial.

En esta lección veremos por tercera vez la perspectiva normativa, explorando el proceso por el cual discernimos las normas éticas de la Biblia. Concentraremos nuestra atención en las distintas maneras en las que varias partes y aspectos de la Biblia nos comunican las normas de Dios.

Dividiremos nuestro análisis de las partes y de los aspectos de la Biblia en tres secciones principales: En primer lugar, veremos la variedad de materiales que encontramos en la Biblia. En segundo lugar, veremos con más detalle los libros y los pasajes que forman la ley de Dios en la Biblia. Y en tercer lugar, trataremos la unidad de la Biblia que conecta todas las partes y los aspectos de la Biblia. Comencemos con la variedad que encontramos en la Biblia.

VARIEDAD DE LA BIBLIA

Cualquiera que haya leído bastante de la Biblia debiera darse cuenta de que ella no es uniforme. Contiene historias, poesía, sabiduría, profecía, cartas y todo tipo de otras formas de escritos. Y dentro de cada uno de estos escritos, encontramos incluso mayor variedad. Después de todo, cada autor escribió a su propia manera y sus escritos en sí variaron a lo largo de su labor. A veces él entregó mandamientos; a veces explicó detalles; a veces contó una experiencia personal. Esta variedad no es por accidente – Dios ha dispuesto que cada porción de la Biblia contribuya en su propia manera a las normas de la ética cristiana. Ahora, puesto que la Biblia se comunica de tantas maneras distintas, no basta con que simplemente conozcamos lo que dice la Biblia. También debemos conocer cómo se comunica la Biblia, para que cuando leamos lo que dice, entendamos lo que quiere decir.

La variedad que encontramos en la Biblia se puede describir de muchas maneras distintas, no hay una sola manera que lo explica completamente. Sin embargo, para darle sentido a esta dimensión de la Biblia y sus implicancias para la ética cristiana, nos concentraremos en tres temas: En primer lugar, hablaremos de la variedad de lenguaje que se ha usado en la Biblia. En segundo lugar, hablaremos de la variedad de literatura de la Biblia. Y en tercer lugar, veremos las implicaciones de esta variedad para la enseñanza de la ética moderna. Comenzaremos con un vistazo a los asuntos más pequeños y sencillos que tienen relación con el lenguaje y luego pasaremos a los temas más amplios y más complejos de la literatura.

Lenguaje

En primer lugar, la Biblia muestra una completa gama de lenguaje que encontramos en toda comunicación humana. Contiene declaraciones, preguntas, promesas, ofrendas, maldiciones, bendiciones, amenazas, referencias de juicio, recapitulaciones, mandamientos, consejos, peticiones, exclamaciones, descripciones, llantos de desesperación, expresiones de deseo, de admiración, de amor y mucho más. El lenguaje bíblico puede estar reservado de emociones o cargado de ellas. Partes de él pueden ser bastante imaginativas, usando simbolismos y otras figuras de lenguaje, mientras que en otras el lenguaje es relativamente sencillo, expresando los asuntos de una manera más directa. La Biblia incluye tanto el sarcasmo como el lenguaje sincero. Emplea insinuaciones y alusiones tan libremente como comentarios explícitos. Utiliza hipérboles, eufemismos y expresiones familiares. Muchas veces ni siquiera se toma la molestia de pronunciar lo que es obvio, sino que simplemente lo supone.

Esta inmensa variedad de lenguaje nos presenta una cantidad de desafíos cuando leemos la Biblia. Después de todo, si no sabemos reconocer estos distintos tipos de lenguaje, y si no entendemos cómo se comunica cada uno, muy probablemente interpretaremos erróneamente las enseñanzas bíblicas.

Ahora, a través de los siglos, los cristianos han propuesto muchas maneras para tratar los desafíos que presenta la variedad del lenguaje de la Biblia. Sin embargo es prudente decir que la mayoría de estas soluciones se han ubicado en uno de dos grupos: aquellos que creen que la Biblia utiliza el lenguaje de maneras extraordinarias y aquellos que creen que la Biblia utiliza el lenguaje de maneras comunes. Por lo general, los que creen que la Biblia habla de manera extraordinaria ofrecen soluciones que ignoran los distintos tipos de lenguaje de la Biblia. En cambio, ellos simplifican exageradamente el lenguaje bíblico para desarrollar un sistema de interpretación que se pueda aplicar relativamente de igual manera a toda la Biblia.

Extraordinarias

Por ejemplo, en la Edad Media muchos teólogos creían que porque la Biblia es inspirada por Dios, se comunica de maneras extraordinarias que van más allá de la comprensión humana. A su parecer, cada texto bíblico poseía una variedad de significados simbólicos que a veces incluso estaban escondidos de los autores de la Biblia. Bajo este sistema, cada texto suponía tener al menos algún tipo de significado metafórico, no importando las intenciones humanas del autor.

Recientemente, muchos cristianos que creen que el lenguaje de las Escrituras es extraordinario se han ido en dirección contraria. En vez de creer que la naturaleza extraordinaria de las Escrituras dificulta la interpretación, han insistido en que la naturaleza extraordinaria de las Escrituras facilita la interpretación de su lenguaje. Algunos de ellos han argumentado que el Espíritu Santo revela las verdaderas interpretaciones directamente a su pueblo, haciendo innecesario saber qué tipo de lenguaje se está leyendo, ni mucho menos cómo comunica normalmente el significado. Otros han argumentado que el lenguaje de la Biblia siempre se debe interpretar lo más literalmente posible, para que los significados metafóricos sólo se busquen cuando los significados no figurativos carezcan de sentido.

Por ejemplo, es evidente que en la comunicación común y corriente los seres humanos normalmente utilizan hipérboles o exageraciones. Sin embargo, muchos cristianos comprometidos con la autoridad bíblica no reconocen que aparecen hipérboles en la Biblia. En cambio, ellos tratan cada declaración de la Biblia como si fuera directa, independiente y precisa.

También sabemos que en el lenguaje y en la escritura común y corriente, normalmente resumimos los asuntos, esperando que nuestras audiencias llenen el espacio en blanco con otro tipo de conocimiento que posean. Aún así, algunos cristianos encuentran difícil reconocer que los escritores que fueron inspirados hicieron lo mismo. En cambio, tratan los pasajes como si estuvieran enteramente completos en vez de estar limitados en su ámbito.

Además de esto, nos damos cuenta de que en la escritura y en el lenguaje común y corriente, por lo general seremos sarcásticos y diremos sencillamente lo opuesto de lo que queremos decir. Sin embargo, a muchos cristianos les es difícil aceptar que el sarcasmo aparece en la Biblia.

En contraste con estas opiniones de que el lenguaje de la Biblia es extraordinario se encuentra la visión de que la Biblia se comunica en lenguaje humano común y corriente, utilizando todas las costumbres normales de la comunicación humana.

Comunes

Ustedes recordarán que en una lección previa, hablamos de la claridad de la Biblia, por la cual nos referíamos a que la Biblia no es oscura, que no está llena de significados escondidos que solamente se pueden descubrir mediante significados misteriosos, o a través de dones espirituales especiales, o por los que ocupan cargos especiales en la iglesia. En otras palabras, las Escrituras son claras solamente si hablan en un lenguaje común y corriente y se comunican de maneras normales. O si no, se nos deja adivinar su significado.

Ahora, consideremos un par de pasajes donde una lectura demasiado literal sería terriblemente engañosa. Pensemos en la petición en Mateo capítulo 6 versículo 11, que forma parte de la oración del Señor:

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. (Mateo 6:11)

Cuando se lee este versículo de una manera artificialmente literal, aparte de las costumbres de las expresiones humanas normales, pareciera como que si Jesús le estuviera exigiendo a Dios para que le de pan.

Por cierto, todas las peticiones en la oración del Señor toman la forma de los imperativos, incluyendo no tan sólo "el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy," sino que también "mas líbranos del mal." Es cierto que en la gramática griega, normalmente los imperativos son mandamientos.

Este hecho ha guiado a ciertos cristianos que leen la Biblia de una manera exageradamente literal a concluir que las palabras de Jesús eran mandamientos dirigidos a Dios. Y por supuesto, ya que la oración del Señor es un modelo que debemos imitar en nuestras oraciones, también han llegado a la conclusión de que ¡tenemos el derecho de darle órdenes a Dios!

Pero a partir del resto de la Biblia, incluyendo las propias palabras de Jesús en la oración del Señor, sabemos que los verbos en forma imperativa se usan con frecuencia para expresar peticiones y requisitos. Lo mismo es cierto en español. Por ejemplo, cuando decimos: "pásame el pan, por favor". O "¡ayúdame, por favor!" Estas declaraciones son imperativas. Sin embargo, cuando decimos estas palabras, no estamos dando órdenes porque sí. Consideremos también Amós capítulo 4 versículo 4, donde el profeta dijo lo siguiente:

Vayan a Betel y pequen; vayan a Guilgal y sigan pecando. (Amós 4:4 [NVI])

Una lectura extremadamente literal de estas palabras ha llevado a que algunos intérpretes piensen que Amós realmente quería que su audiencia pecara contra el Señor en los centros de adoración idólatra en Betel y Guilgal. Sin embargo, este tipo de lectura no es natural y no calza con las intenciones del profeta reveladas en otras declaraciones. Por ejemplo, en Amós capítulo 5 versículo 5, dijo el profeta:

Pero no acudan a Betel, ni vayan a Guilgal. (Amós 5:5 [NVI])

A partir de este versículo y del resto del libro de Amós, debiéramos concluir que cuando el profeta le ordenó al pueblo que pecara en Betel y Guilgal, lo dijo en forma sarcástica, queriendo decir simplemente lo contrario de lo que estaba diciendo. No quería que pecaran en estos lugares, sino que dejaran de pecar en ellos.

La mecánica del lenguaje bíblico no pertenece únicamente a las Escrituras. En cambio, la Biblia utiliza las convenciones lingüísticas de sus autores y de sus audiencias originales. Esto significa que si vamos a interpretar responsablemente la Biblia, debemos aprender cómo usaban el lenguaje en forma común y corriente, entendiendo la intención de cada autor cuando lo escribió. Si el autor diseñó sus palabras para que se entendieran metafóricamente, entonces debemos leerlas metafóricamente, buscando en el texto el significado que el autor quiso que tuvieran. Por otra parte, si el autor bíblico diseñó sus palabras en forma sencilla y directa, entonces nuestra responsabilidad es interpretar sus palabras de manera no figurativa.

Así como existen muchas variedades de lenguaje en las Escrituras, también existen muchas variedades de literatura. Estas son formas más extensas y más complejas que el lenguaje, y de alguna manera u otra son más difíciles de dominar. Sin embargo, el poder entenderlas es clave para manejar las distintas partes y aspectos de la Biblia en forma responsable.

Literatura

Existen muchas formas distintas de literatura en la Biblia. Para mencionar sólo algunas, la literatura bíblica incluye las siguientes: prosa, poesía, canción, ley, narrativa, carta, voto, epístola, oráculo profético, proverbio, parábola y género dramático. Dentro de estas formas más amplias, por lo general existen múltiples categorías más pequeñas. Por ejemplo, dentro de la forma literaria del oráculo profético, encontramos oráculos de juicio, oráculos de bendición, oráculos diseñados para después de los litigios, etc. Estas formas se distinguen por su contenido como también por su estructura, estilo y uso del lenguaje. Además, cada género bíblico comunica el significado de distintas maneras. Por lo tanto, así como debemos estar conscientes de las complejidades del lenguaje de la Biblia, también debemos estar conscientes de las complejidades de las distintas formas literarias.

Por lo general, cuando nos referimos a la ética, nos enfocamos en pasajes de la Biblia que contienen las leyes, o que enseñan directamente las normas y las obligaciones morales. Si bien estos son pasajes importantes para nuestro estudio de la ética, no debiéramos cometer el error de pensar que los otros géneros tienen poco o nada que ofrecer en la instrucción de la ética. Para nuestros propósitos, debemos destacar que las narrativas bíblicas también comunican normas y reglamentos éticos. La poesía y las canciones expresan inquietudes éticas. Los proverbios y los otros escritos sobre la sabiduría reflejan valores éticos. La profecía expresa los juicios éticos de Dios en la forma de regocijo o disgusto hacia las acciones humanas.

Por cierto, como vimos en nuestras lecciones previas, cada pasaje de la Biblia revela el carácter de Dios, y por lo tanto, cada pasaje contiene la enseñanza ética, ya sea que ese pasaje sea un código legal, una carta, un poema, una colección de proverbios, una narrativa histórica o cualquier otro tipo de literatura. Es por esta razón que cuando nos referimos a la ética debemos investigar todos los tipos de literatura bíblica para descubrir sus revelaciones de las normas éticas de Dios.

Para ilustrar la idea de que todos los géneros que se encuentran en la Biblia debieran guiar nuestras reflexiones éticas, consideremos el caso de las narrativas bíblicas. Por cierto, los escritores bíblicos estaban interesados en registrar los hechos históricos. Pero también estaban interesados en utilizar esos hechos para evocar la fe y enseñar lecciones morales.

Mencionaremos cinco maneras específicas en las que las narrativas históricas contribuyen a nuestro estudio y a la práctica de la ética cristiana.

En primer lugar, a un nivel bastante básico, las narrativas bíblicas nos obligan a aceptar sus contenidos basados en hechos. Estamos moralmente obligados a creer que los detalles de la historia redentora son ciertos.

Esto es especialmente cierto cuando se trata de los eventos centrales del evangelio, tales como: la muerte de Jesús, el entierro, la resurrección, la ascensión y el envío del Espíritu Santo en Pentecostés. Pero también es cierto con respecto a todos los otros hechos que nos enseña la Biblia a través de las narrativas históricas. La sola presentación de estos hechos en las narrativas bíblicas nos obliga a creer en ellas.

La segunda razón por la que las narrativas bíblicas son importantes en la ética cristiana es que la historia bíblica tiene el poder de transformarnos éticamente. Eso significa que, el conocimiento del contenido de la historia bíblica forma parte del hecho de ser cristiano.

Como vimos en nuestra primera lección, sólo las personas buenas son capaces de hacer el bien. Y sólo aquellos que tienen una fe salvadora genuina en el evangelio son buenas personas. Por supuesto, para que nosotros tengamos fe salvadora en Cristo, debemos saber quién es Cristo y lo que él ha hecho. Estos son hechos que aprendemos de los registros históricos bíblicos. Por lo tanto, es necesario conocer la historia bíblica si vamos a tener la fe salvadora en Cristo. Entonces, es justo decir que es necesario conocer la historia bíblica si nos vamos a comportar en forma ética.

En tercer lugar, las narrativas bíblicas nos proporcionan los ambientes históricos para las leyes de Dios. Para entender correctamente la ley de Dios, debemos entender el contexto histórico en el que se entregó la ley.

Por ejemplo, debemos ver que las narrativas bíblicas enfaticen la gracia divina para que nos motiven a obedecer su ley. Incluso los Diez Mandamientos comienzan de esta manera. En Éxodo capítulo 20 versículo 2 leemos que Dios comenzó diciendo lo siguiente:

Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. (Éxodo 20:2)

Esta pequeña declaración histórica introdujo los Diez Mandamientos y produjo una motivación central para obedecerlos. Por cierto, el esforzarse a obedecerlos sin esta motivación de gratitud nunca logrará la verdadera obediencia a los mandamientos. Después de todo, como vimos en una lección anterior, todo buen acto debe contar con buenas motivaciones.

Por lo tanto, las narrativas bíblicas son importantes para la ética porque solamente podemos entender las leyes de Dios en forma correcta cuando entendemos la historia bíblica.

En cuarto lugar, las narrativas bíblicas presentan la evaluación de Dios de los eventos históricos. Y ya que las evaluaciones de Dios siempre son correctas, nos dan una firme dirección ética.

Se acordarán ustedes que definimos el "bien" como lo que Dios bendice, y el "mal" como lo que él maldice o castiga. Bien, en las narrativas bíblicas, los escritores ilustran los tipos de acciones, pensamientos y motivaciones que Dios bendice y maldice. Al hacerlo de esta manera, les dan a sus lectores ejemplos a seguir y a rechazar.

Por último, en algunas ocasiones los escritores de la historia bíblica registraron sus propios comentarios sobre la ética. A veces estos comentarios son sutiles pero otras veces son bastante evidentes.

Por ejemplo, en Génesis capítulo 13 versículos 12 al 13, Moisés hizo este comentario acerca del pueblo de Sodoma:

Lot habitó en las ciudades de la llanura, y fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma. Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera. (Génesis 13:12 – 13)

La evaluación moral de Moisés sobre Sodoma no tan sólo hace cuestionar la sabiduría de Lot, sino que también anticipa el juicio que Dios pronto traería a la ciudad.

Como los portavoces inspirados de Dios, los autores de los registros históricos bíblicos hicieron comentarios sobre la bondad o la maldad de muchos de los personajes, actitudes y eventos en sus historias. Sus evaluaciones representan las perspectivas de Dios mismo y, por lo tanto, nos entregan muchas cosas a considerar sobre la ética.

Entonces, ¿cuáles son las consecuencias cuando usamos toda la Biblia como nuestra norma ética? En primer lugar, lo que hemos visto sobre las narrativas históricas también es cierto para todos los otros tipos de literatura bíblica: cada tipo de literatura es normativa; cada tipo de literatura nos enseña algo con respecto a la manera en que debiéramos pensar, actuar y sentir. Y como resultado, todo pasaje de la Biblia nos fija obligaciones morales.

Por ejemplo, la poesía bíblica se enfoca en las expresiones emocionales apropiadas y frecuentemente describe la aprobación o rechazo de Dios. La profecía demuestra la satisfacción o el enojo de Dios con la conducta humana. También revela muchas cosas buenas que hay que hacer para ganar el favor de Dios, y nos advierte contra lo pecaminoso que va a provocar su ira. La literatura sobre la sabiduría explica el carácter de Dios, que es nuestra norma ética fundamental, y nos enseña cómo debemos aplicar los principios de la Ley a la vida cristiana práctica. Aunque las consideraciones éticas no se enfaticen en un pasaje, siempre se pueden deducir. Consideremos nuevamente las palabras de Pablo en 2 de Timoteo capítulo 3 versículos 16 y 17:

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. (2 Timoteo 3:16 – 17)

Pablo insistió que toda la Escritura, no importando el género literario, capacita a los cristianos para que agraden a Dios. Más aún, ya que cada pasaje de la Escritura es importante para la ética, es legítimo enfocarse en los aspectos morales de cualquier pasaje – incluso si el autor bíblico no enfatizó él mismo el aspecto moral. En resumen, si ignoramos las consecuencias éticas de cualquier parte de la Escritura, nos privamos de todo el ámbito de la dirección ética que ofrece la revelación de Dios.

Ahora, el hecho de que la Escritura utilice muchos tipos de lenguaje y literatura para enseñarnos sobre la ética tiene algunas consecuencias interesantes para la manera en que enseñamos la ética en la actualidad. Por un lado, implica que debemos utilizar toda la Biblia en nuestra búsqueda de las normas éticas de Dios. Por otro, la variedad de la Escritura implica que nuestra propia enseñanza de la ética se puede ver beneficiada por el uso de distintos géneros.

Implicaciones

Es cierto que la instrucción sobre la ética nos ayuda a entender muchas cosas. Pero también se pierde algo cuando confiamos enteramente en la instrucción directa. Las declaraciones sencillas normalmente no tocan nuestras emociones de la misma manera que lo hacen la poesía y las narrativas; tal como las sencillas instrucciones sobre la ética en la Escritura son rara vez tan conmovedoras o memorables para nosotros como los Salmos o las historias sobre Jesús. Las situaciones que se exploran en las típicas clases sobre la ética rara vez son tan sutiles como las de las narrativas. Y las declaraciones sencillas rara vez nos instan a meditar en los asuntos morales de la forma en que lo hacen los proverbios.

Por lo tanto, a veces puede que sea útil enseñar y predicar sobre la ética en las distintas formas de lenguaje utilizadas en la misma Escritura. En algunos casos, nuestra enseñanza sobre cómo tomar decisiones éticas va a ser más efectiva si utilizamos nuestra propia imaginación poética, historias, proverbios, parábolas y otros géneros que generalmente no se asocian a la ética.

Por lo tanto, cuando pensamos específicamente en la ética cristiana, debemos recordar que todas las variedades del lenguaje y de la literatura en las Escrituras son normativas. También debemos poner especial atención a las distintas maneras en las que cada tipo de lenguaje y de literatura comunica la instrucción sobre la ética. Solamente mediante el correcto manejo de cada tipo podremos entender correctamente sus enseñanzas sobre la ética.

Ahora que hemos presentado cómo nos guían las distintas formas del lenguaje y de la literatura en la Biblia en nuestro uso de las Escrituras como nuestra norma moral, debemos volver nuestra atención hacia la ley de Dios en la Biblia, a esas porciones de la Biblia que tratan la ética más explícitamente.

LEY DE DIOS EN LA BIBLIA

En las tradiciones cristianas y judías, los cinco libros de Moisés – Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio – se conocen colectivamente como la ley. Pero cuando hablemos de la ley de Dios en estas lecciones, no nos vamos a referir principalmente a los libros de Moisés, sino que a esas porciones de la Escritura que están escritas en la forma literaria de un código legal. Estas porciones se encuentran principalmente en Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, pero esos libros también contienen narrativa histórica, poesía, listas y otras porciones que no forman parte de su código legal. Es más, algunas porciones del código legal se encuentran fuera de los libros de Moisés.

Ahora, como hemos dicho, la ley de Dios no es la única parte de la Escritura que contiene instrucción sobre la ética normativa. Toda la Escritura es normativa. Sin embargo, la ley contiene las expresiones más claras y más explícitas de muchos de los requisitos éticos de Dios, y ha funcionado tradicionalmente bien como el punto de partida para la investigación ética.

Nuestro estudio de la ley de Dios va a estar dividido en dos secciones. En primer lugar, explicaremos la importancia de los Diez Mandamientos, que son los mandamientos fundamentales dentro de la ley de Dios. Y en segundo lugar, presentaremos los tres distintos tipos de la ley de Dios que tradicionalmente han reconocido los teólogos. Comencemos fijando nuestra atención en los Diez Mandamientos.

Diez Mandamientos

La lista de los Diez Mandamientos se encuentra en Éxodo capítulo 20 y en Deuteronomio capítulo 5. Distintas tradiciones teológicas enumeran los mandamientos de distintas maneras pero en estas lecciones seguiremos la numeración protestante tradicional. Los Diez Mandamientos se pueden resumir de la siguiente manera:

  • Mandamiento 1: "No tendrás dioses ajenos delante de mí."
  • Mandamiento 2: "No te harás imagen."
  • Mandamiento 3: "No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano."
  • Mandamiento 4: "Acuérdate del día de reposo para santificarlo."
  • Mandamiento 5: "Honra a tu padre y a tu madre."
  • Mandamiento 6: "No matarás."
  • Mandamiento 7: "No cometerás adulterio."
  • Mandamiento 8: "No hurtarás."
  • Mandamiento 9: "No dirás falso testimonio."
  • Mandamiento 10: "No codiciarás."

Si bien es cierto que algunos teólogos tratan los Diez Mandamientos como si fueran tan sólo otra parte de la ley mosaica, la Biblia indica que los Diez Mandamientos tienen una primacía especial sobre los otros mandamientos de la Escritura.

La primacía de los Diez Mandamientos es tanto histórica como teológica. Su primacía histórica depende del hecho que, hasta donde sabemos, estas leyes fueron el primer código legal escrito que recibió la nación de Israel.

Pablo puso especial atención a este hecho en Gálatas capítulo 3 versículo 17, donde escribió lo siguiente:

La ley, que vino cuatrocientos treinta años después, no anula el pacto que Dios había ratificado previamente. (Gálatas 3:17 [NVI])

Pablo se refirió a la entrega de los Diez Mandamientos como la "introducción" de la ley, indicando que esta era la primera vez que Israel poseía la ley de Dios de esta manera. Israel recibió los Diez Mandamientos a través de Moisés, quien él mismo recibió los Diez Mandamientos directamente de parte de Dios en el monte Sinaí. Al recibir los Diez Mandamientos, Israel pasó a ser la primera nación en poseer un extenso código revelado en forma sobrenatural de los santos requisitos de Dios.

Por supuesto que el pueblo de Dios todavía tenía muchos mandamientos antes de los de la época de Moisés. Incluso antes de la época de Abraham, vemos claramente en el Diluvio de Noé que Dios contaba con una cantidad de normas que esperaba que su pueblo siguiera. Y cuando la gente se negó a obedecer a Dios, él destruyó todo el planeta con las aguas del diluvio.

Más aun a Abraham no le faltaron leyes ni estipulaciones que obedecer en Génesis capítulo 17 versículo 1, Dios le había dado la extensa y exigente instrucción que decía:

Anda delante de mí y sé perfecto. (Génesis 17:1)

Ahora, los Diez Mandamientos no fueron las únicas leyes que le fueron dadas a Israel mientras acampaban a los pies del monte Sinaí. Sino que sirvieron como la declaración preliminar y resumida de una gran cantidad de leyes que Israel recibió inmediatamente después, mientras todavía acampaban en el monte Sinaí. Estas otras leyes, comúnmente denominadas como el Libro del Pacto, se pueden hallar en Éxodo capítulos 21 al 23. Junto a los Diez Mandamientos, el Libro del Pacto formó el código legal escrito inicial de Israel. Tiempo después, este código se expandió para incluir muchas otras leyes.

Además de contar con una primacía transitoria, los Diez Mandamientos también contaron con una primacía teológica o ideológica. Tal como leemos en Éxodo capítulo 24 versículo 12:

Entonces Jehová dijo a Moisés: Sube a mí al monte, y espera allá, y te daré tablas de piedra, y la ley, y mandamientos que he escrito para enseñarles. (Éxodo 24:12)

Por un lado, a diferencia del Libro del Pacto que Moisés escribió de acuerdo a las instrucciones de Dios, fue Dios mismo el que escribió los Diez Mandamientos en las tablas de piedra.

Deuteronomio capítulo 9 versículo 10 confirma que Dios mismo escribió los Diez Mandamientos en las tablas de piedra. Moisés exclamó ahí:

Y me dio Jehová las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios. (Deuteronomio 9:10)

El hecho de haber escrito los Diez Mandamientos él mismo, Dios demuestra que los Diez Mandamientos eran especial entre sus leyes, que merecían atención especial y que, de alguna manera, eran las más importantes de sus mandamientos.

La primacía teológica de los Diez Mandamientos también se indica por la ocasión especial en que las recibió Israel. La entrega de la ley se llevó a cabo en medio de truenos, relámpagos, humo, nubes y trompetas celestiales. Durante este tiempo, Dios permitió ser visto no tan sólo por Moisés, sino que también por Josué, Aarón y los setenta ancianos de Israel.

La primacía teológica de los Diez Mandamientos también se enfatiza en Deuteronomio capítulo 4 versículo 13, donde Moisés identificó a los Diez Mandamientos como el mismo pacto de Dios con su pueblo:

Y él os anunció su pacto, el cual os mandó poner por obra; los diez mandamientos, y los escribió en dos tablas de piedra. (Deuteronomio 4:13)

Aparte de esto, de acuerdo a Éxodo 40:20, los Diez Mandamientos también fueron puestos dentro del Arca del Pacto, el estrado de Dios, que era el objeto religioso que más se asociaba con la presencia de Dios con Israel. El Libro del Pacto y el resto de las leyes no recibieron este reconocimiento especial.

Por ejemplo, en Mateo capítulo 19 versículos 17 al 19, leemos la siguiente conversación entre Jesús y un hombre que le preguntó cómo heredar la vida eterna:

[Jesús] le dijo:…Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Le dijo [el hombre]: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo. (Mateo 19:17 – 19)

Las leyes que enumeró Jesús eran de los Diez Mandamientos, excepto por la instrucción de amar al prójimo, que es de Levítico capítulo 19 versículo 18 y que resume las leyes que Jesús mencionó de los Diez Mandamientos. En resumen, Jesús indicó que al obedecer los Diez Mandamientos, la persona podía obtener vida eterna. Por cierto que Jesús también enseñó que nadie es lo suficientemente bueno para obedecer estos mandamientos. Sin embargo, el punto de nuestro análisis es que Jesús confirmó la importancia de los Diez Mandamientos de una manera extraordinaria. Incluso en el Nuevo Testamento, se referían a los Diez Mandamientos en términos que reflejaban su primacía teológica.

La primacía histórica y teológica que le ha dado la Biblia a los Diez Mandamientos también se ha reconocido y se ha reflejado en las tradiciones cristianas y judías a través de la historia. Por ejemplo, las sinagogas comúnmente despliegan símbolos de los Diez Mandamientos, como así también las dos tablas de piedra de los mandamientos son muy comunes en la iconografía cristiana. Además de esto, los mandamientos también han sido una parte vital de la liturgia cristiana. En resumen, por muchos siglos las tradiciones cristianas y judías han concordado en que esta parte de la ley de Dios mantiene una primacía especial sobre las otras instrucciones éticas de la Escritura.

Ahora que hemos visto la importancia y la prioridad que las Escrituras colocan sobre los Diez Mandamientos, debiéramos volver nuestra atención a las tres categorías tradicionales o tipos de ley que encontramos en las Escrituras.

Tres Tipos de Ley

En la mayoría de las ramas protestantes de la iglesia, ha sido común categorizar a las distintas leyes de la Biblia del Antiguo Testamento en tres grupos principales: la ley moral, la ley ceremonial y la ley civil. Las leyes morales normalmente se piensa que entregan las normas éticas y por lo general se identifican con los Diez Mandamientos. Las leyes civiles son para el gobierno de la sociedad, especialmente durante el período de la teocracia israelita. Las leyes ceremoniales, a su vez, son las que proporcionan la instrucción para la adoración a Dios. Con frecuencia, éstas se asocian más con el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento y con la administración del Tabernáculo y del Templo.

Estas diferencias han desarrollado un rol tan importante en la historia de la iglesia que las estudiaremos con más detalles, primeramente analizando algunas condiciones importantes de las divisiones tradicionales; en segundo lugar, afirmando el valor de estas divisiones; y en tercer lugar, analizando la correcta aplicación de las categorías tradicionales de la ley para el estudio de la ética. Primeramente consideremos algunas condiciones de la división tripartita de las leyes del Antiguo Testamento.

Condiciones

Si bien existen muchos aspectos positivos que se pueden decir sobre la división tradicional tripartita en la ley, la categorización de las leyes en la Escritura no queda ajena a sus desafíos. En primer lugar, muchos eruditos bíblicos hacen notar justificadamente que las tres categorías tradicionales no se enseñan explícitamente en la Biblia. Eso quiere decir que en ninguna parte de las Escrituras encontramos ninguna declaración definitiva que existan distintos tipos de leyes conocidas como las morales, ceremoniales y civiles, ni mucho menos que haya instrucciones que expliquen qué leyes pertenecen a qué categorías. Ahora, estas categorías tienen validez de muchas maneras, sin embargo, no debemos pensar en ellas como algo que sea obvio o claro en todos los aspectos.

En segundo lugar, la Escritura presenta bastante claramente algunas leyes que pertenecen a más de una categoría. Por ejemplo, en Éxodo capítulo 20 versículos 8 al 11, el mandamiento para observar el sábado se establece explícitamente dentro de los Diez Mandamientos, la ley moral. Sin embargo, el mandamiento del sábado también se establece dentro de una colección de ceremonias de adoración de Israel en Éxodo capítulo 31 versículos 14 al 16.

La Biblia también identifica explícitamente el mandamiento de la prohibición de asesinar tanto en lo moral como en lo civil. Este mandamiento es uno de los Diez Mandamientos en Éxodo capítulo 20 versículo 13, marcándolo como una ley moral. Pero el Antiguo Testamento también dejó en claro que el gobierno debía castigar a los que asesinaban, haciendo el homicidio también un asunto civil.

Por lo tanto, a medida que vamos considerando las leyes del Antiguo Testamento, debemos estar conscientes de que existen muchas leyes que calzan en más de una categoría. Por cierto, es justo decir que todas las leyes del Antiguo Testamento tenían aspectos morales, civiles y ceremoniales.

Veámoslo de esta manera: no importa lo que resalte más en un texto en particular, toda ley fue una norma sobre la moral; toda ley tuvo una conexión directa o indirecta con las relaciones sociales que fueron reguladas por las leyes civiles; y de una manera u otra, las observaciones e infracciones de todas las leyes afectaron la manera en que el pueblo de Israel participó en las ceremonias de adoración. Es por esta razón que es mejor hablar de los distintos "aspectos" de las leyes que poner cada una de ellas en una de las categorías de la ley.

A pesar de estas condiciones, también debiéramos estar conscientes de que la división tradicional tripartita cuenta con un valor sustancial cuando se trata de entender cómo Dios quiso que se aplicara su ley a su pueblo.

Valor

En primer lugar, la división tradicional tripartita nos ayuda a ver más claramente que la Ley fue la norma completa de Dios para la vida de su pueblo. La ley no tan sólo reguló una pequeña parte de la vida; reguló toda la vida. Esto es evidente porque la división tradicional tripartita de la ley refleja una diferencia genuina que establece la Escritura entre los tres cargos de la teocracia que gobernó a Israel, es decir la del profeta, del sacerdote y del rey. La ley moral corresponde estrechamente al cargo de profeta, que establece los requisitos de Dios para la justicia. La ley ceremonial calza bien con el cargo de sacerdote, puesto que pertenece directamente a las funciones desarrolladas por los sacerdotes, tales como la expiación. Y la ley civil se relaciona estrechamente al cargo del rey, la autoridad gobernante del pueblo del pacto de Dios.

En segundo lugar, esta diferencia tripartita nos ayuda a interpretar las leyes que la Biblia no explica completamente. Al agrupar leyes similares, los teólogos se encuentran mejor capacitados para determinar el significado original y la aplicación de muchas leyes sobre las que la Biblia dice muy poco al respecto. Después de todo, cuando la Biblia nos entrega una extensa información sobre cómo se debe aplicar una ley, pero muy poco sobre una ley parecida, es razonable utilizar los conocimientos de la primera para ayudarnos a entender la segunda.

Ahora que hemos visto algunas condiciones de la división tradicional de la ley, y que hemos enfatizado su valor para entender las Escrituras, debemos volver nuestra atención a nuestra tercera inquietud: la aplicación correcta de la división tradicional tripartita de la ley para el estudio de la ética.

Aplicación

Si bien muchos teólogos concuerdan con la validez de las categorías tradicionales de la ley del Antiguo Testamento, por lo general están en desacuerdo en cómo se deben aplicar estas categorías al estudio de la ética. Algunos han dicho que categorías completas de la ley no se aplican a los cristianos modernos. A su entender, la existencia de estas categorías, y la correcta identificación de las leyes, provee un mecanismo por el cual pueden evitar la aplicación de la Palabra de Dios en sus vidas. Otros teólogos han dicho que todas las leyes individuales todavía se aplican, pero sólo en relación con algunos de sus aspectos. Incluso otros han argumentado que las categorías tradicionales simplemente nos ayudan a ver cómo cada uno de los aspectos de las leyes se debe aplicar en la vida de todo cristiano.

Consideremos, por ejemplo, la declaración de la Confesión de Fe de Westminster en el capítulo 19 sección 3:

Todas aquellas leyes ceremoniales están abrogadas ahora bajo el Nuevo Testamento.

Esta declaración refleja el hecho de que desde la muerte, entierro, resurrección y ascenso de Cristo, el pueblo de Dios ya no debe desarrollar muchos de los comportamientos específicos que eran necesarios bajo el sistema mosaico de sacrificios y del templo. Ya no debemos mantener el templo, o restringir el acceso a la santa presencia de Dios a las mujeres o a los gentiles, ni sacrificar animales por nuestro pecado.

La Confesión de Fe de Westminster hace una declaración similar con respecto a la ley civil, pero permite que la equidad en general, o los principios morales básicos, de las leyes civiles se sigan aplicando. Habla sobre las leyes civiles de Israel en el capítulo 19 sección 4, donde dice:

A los israelitas como a un cuerpo político también les dio algunas leyes judiciales, que expiaron juntamente con el estado político de aquel pueblo, por lo que ahora no obligan a los otros pueblos, sino en lo que la justicia general de ellas lo requiera.

Una vez más, la idea básica acá es que los requisitos específicos de las leyes civiles ya no se aplican. Han expirado.

Ahora, es cierto que los creyentes ya no deben comportarse de muchas de las maneras que se especifican en el Antiguo Testamento, especialmente las que tienen que ver con las leyes que pertenecen a las ceremonias y al gobierno civil del Antiguo Testamento. Estos comportamientos han sido substituidos por la revelación más completa del Nuevo Testamento. Las leyes civiles y ceremoniales del Antiguo Testamento en realidad han expirado en el sentido de que no debemos volver a los modelos de vida del Antiguo Testamento.

Sin embargo es muy importante que nos demos cuenta de que en otro sentido, las leyes civiles y ceremoniales del Antiguo Testamento aún son aplicables a los cristianos modernos. Las leyes civiles y ceremoniales aún nos guían como normas de Dios en la actualidad, tal como lo hacen las leyes morales.

Existen al menos cuatro razones por las que los cristianos todavía debieran considerar las leyes civiles y ceremoniales del Antiguo Testamento, como también sus leyes morales, para obtener una dirección ética en la actualidad. En primer lugar, el carácter de Dios requiere que aprendamos de la revelación que proveen estas leyes.

Como ya hemos visto, el carácter de Dios es nuestra norma máxima para la ética. Y la ley del Antiguo Testamento refleja el carácter de Dios; es una revelación de quién es Dios y de cómo es él. Además, el carácter de Dios no ha cambiado. Esto significa que todo lo que la ley reveló acerca de Dios en el Antiguo Testamento continua siendo cierto hoy. En resumen, las leyes civiles y ceremoniales del Antiguo Testamento aún revelan nuestra norma moral.

En segundo lugar, la Escritura en sí enseña la aplicación moderna continua de cada una de las leyes del Antiguo Testamento, hasta la última de ellas.

Por ejemplo, en Mateo capítulo 5 versículos 18 al 19, Jesús entregó esta enseñanza:

Hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos, mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos. (Mateo 5:18 – 19)

De acuerdo a Jesús, toda la ley seguirá revelando la norma de Dios hasta que "todo se haya cumplido." Sin embargo, no todo se ha cumplido todavía – Cristo no ha regresado. Hasta que no regrese, hasta el último de los mandamientos ha de ser enseñado y observado. Por lo tanto, de una manera u otra, incluso las leyes civiles y ceremoniales siguen enseñándonos las normas de Dios para nuestras vidas.

En tercer lugar, el firme hecho es que la Biblia enseña en forma consistente que la Ley es un todo unificado, que todo se mantiene unido, sin hacer diferencias entre las divisiones ceremoniales, civiles o morales.

Por ejemplo, en Santiago capítulo 2 versículos 10 y 11 leemos lo siguiente:

Cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. (Santiago 2:10 – 11)

En la mente de Santiago, la ley era indivisible porque toda venía del mismo Dios.

En cuarto lugar, toda la Escritura, no solamente algunas partes, es para nuestra instrucción moral. Esto significa que las leyes ceremoniales y civiles como también las leyes morales tienen algo que enseñarnos acerca de la ética moderna.

Tal como escribió Pablo en 2 de Timoteo capítulo 3 versículo 16:

Toda la Escritura es…útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia. (2 Timoteo 3:16)

Debemos darnos cuenta de que Pablo no hizo una lista de ninguna excepción aquí. Por el contrario, incluyó a "toda la Escritura." Esto significa que incluso las leyes ceremoniales y civiles son útiles para instruirnos en justicia.

Ahora, el darse cuenta de que las leyes civiles y ceremoniales todavía forman parte de nuestra norma en la ética cristiana es un importante primer paso. Pero también es importante saber cómo incluir estos tipos de leyes en nuestras evaluaciones éticas. Después de todo, ya hemos establecido que no debemos sencillamente continuar con los comportamientos del Antiguo Testamento en cuanto a estas leyes. Entonces, ¿qué es lo que debemos hacer con estas leyes? ¿Qué procesos de aplicación debemos seguir?

A través de esta serie de lecciones hemos enfatizado que las decisiones éticas siempre requieren de la aplicación de la palabra de Dios a una situación por medio de una persona. Como resultado, la norma de cualquier ley, ya sea que enfatice los aspectos morales, civiles o ceremoniales, no se puede entender o aplicar correctamente sin considerar tanto la situación a la que se está aplicando como la persona que la aplica. Y cada vez que los detalles de la situación o la persona cambian, podemos esperar que la aplicación de la palabra de Dios sea al menos algo distinta.

A modo de ilustración, servirá que consideremos un caso del Antiguo Testamento en el que se aplicó la ley civil a una situación histórica. Consideremos las hijas de Zelofehad, a quienes se menciona en Números capítulo 27. De acuerdo a la ley que Dios había entregado anteriormente con respecto a la distribución de la Tierra Prometida, las asignaciones se tenían que distribuir a las familias, y ellas debían ser divididas entre los hijos. Ahora, Zelofehad fue un hombre que murió en el desierto, dejando a cinco hijas pero a ningún hijo. De acuerdo a la ley de distribución de la propiedad que Dios había mandado, las hijas de Zelofehad no podían heredar la tierra de su padre, por lo que las hijas apelaron a Moisés. Leemos su petición en Números capítulo 27 versículos 3 al 4:

Nuestro padre murió en el desierto…y no tuvo hijos. ¿Por qué será quitado el nombre de nuestro padre de entre su familia, por no haber tenido hijo? Danos heredad entre los hermanos de nuestro padre. (Números 27:3 – 4)

Ahora, si el Señor hubiera querido que se aplicase la ley al pié de la letra o en forma mecánica, el caso hubiera quedado resuelto. Como lo establecía la ley, las hijas de Zelofehad no podían recibir la herencia de la Tierra Prometida. Pero en el versículo siguiente, sucedió algo muy notable. Escuchemos las palabras de Números capítulo 27 versículo 5:

Y Moisés llevó su causa delante de Jehová. (Números 27:5)

¿No es eso algo maravilloso? Moisés había entregado la ley sobre la distribución de la propiedad y era el juez supremo de Israel. Sobre todos los otros en esa nación, él conocía íntimamente los caminos de Dios y los detalles de la ley de Dios. Si había alguien quien sabía juzgar este caso, era Moisés. Entonces, ¿por qué no supo que decisión debía tomar?

Moisés entendía que la ley que Dios le había entregado había sido diseñada para manejar una situación donde había hijos. Él sabía que el objetivo de esta ley era asegurar el lugar de cada familia dentro de su tribu y preservar sus asignaciones de las tierras de la tribu. Pero en el caso de las hijas de Zelofehad, Moisés enfrentó una situación en la que debía aplicar la norma revelada por esta ley a una nueva situación. Necesitaba ayuda de Dios porque sabía que la nueva situación iba a afectar la forma en que debía aplicar la ley. La respuesta de Dios es digna de ser destacada. Oigamos lo que dijo Dios en Números capítulo 27 versículos 7 y 8:

Bien dicen las hijas de Zelofehad…Y a los hijos de Israel hablarás, diciendo: Cuando alguno muriere sin hijos, traspasaréis su herencia a su hija. (Números 27:7 – 8)

El pasaje sigue enumerando una cantidad de otras instancias en las que la heredad de un hombre podía recaer sobre personas que no eran sus hijos. Sin embargo, lo que estamos tratando de dejar en claro es esto: Que Dios indicó que el mismo aspecto de su carácter se debía aplicar de distintas maneras y en distintas situaciones. En muchos aspectos los cristianos enfrentan la misma dificultad que enfrentó Moisés: tenemos la norma de la ley de Dios pero debemos aplicarla a una nueva situación.

Por cierto, toda la ley debe volver a interpretarse y debe ser aplicada a la luz de Cristo y de su obra. Como sacerdote, Cristo cumple los aspectos ceremoniales de la ley. Los principios ceremoniales de la ley siguen estando vigentes y debemos seguir poniendo nuestra confianza en Cristo como nuestro sacrificio, adorándole en Espíritu y en verdad.

Como rey, Cristo cumple los aspectos civiles de la ley. Y la iglesia, que es su nación en la tierra, debe obedecer estos aspectos no solamente viviendo en forma correcta bajo nuestros gobiernos terrenales correspondientes, que están bajo el señorío mayor de Cristo, sino que también honrando directamente a Cristo como rey y guardando sus mandamientos.

Y por último, como profeta, Cristo cumple los aspectos morales de la ley. Dependemos en la moralidad de Cristo solamente como la base de nuestra aceptación delante de Dios. Sin embargo, también debemos amoldarnos a la imagen y al ejemplo de Cristo, buscando vivir tan moralmente como él lo hizo durante su ministerio en la tierra, y como lo sigue haciendo en el cielo.

En resumen, las categorías de las leyes morales, ceremoniales y civiles son útiles de diversas maneras, especialmente cuando las consideramos como los aspectos de cada una de las leyes en vez de distintas categorías. Sin embargo, nunca debiéramos usar estas categorías como la base para ignorar ninguna porción o aspecto de las leyes de Dios. Como hemos visto, toda la ley de Dios sigue siendo nuestra norma para la moralidad. Estamos obligados a aplicar toda la ley de Dios a nuestra situación moderna. Cada parte de la ley de Dios sirve como nuestra norma para la ética cristiana.

Ahora que hemos establecido una orientación básica de la variedad de la Escritura, y de la ley de Dios en la Escritura, debiéramos explorar la unidad de la Biblia, considerando las maneras en las que la ley se relaciona con las otras porciones de la revelación escrita de Dios.

UNIDAD DE LA BIBLIA

Es muy común escuchar en la iglesia moderna a los profesores que dicen cosas como estas: "Los cristianos no tienen que obedecer la Ley; sólo tenemos que obedecer el evangelio" o "La única ley que Dios nos manda a obedecer es la ley del amor." Ahora, si lo admitimos, no todo lo que dice la Biblia sobre estos asuntos está perfectamente claro. Sin embargo, si analizamos correctamente toda la información bíblica, lo que descubrimos es que la unidad de la Escritura es tan grande que la ley es enteramente compatible con todo lo demás de la Biblia.

En esta parte de nuestra lección, consideraremos varias maneras en las que la ley interactúa con las otras enseñanzas de la Escritura. Primero veremos la manera en que la ley se relaciona con el mandamiento del amor. En segundo lugar, volveremos nuestra atención a la relación entre la ley y el evangelio de la gracia. En tercer lugar, examinaremos la ley en relación con la historia redentora y con el nuevo pacto. Y en cuarto lugar, trataremos el tema de la armonía de todos los mandamientos divinos. Comencemos con la relación de la ley y el mandamiento del amor.

Mandamiento del Amor

Cuando hablamos del "mandamiento del amor," primero que nada estamos hablando del mandamiento de amar a Dios. Y como consecuencia de este mandamiento, también nos referimos al mandamiento de amarnos los unos a los otros. Si bien ninguno de estos mandamientos aparece en los Diez Mandamientos, ambos tienen una cierta prioridad que debe ser reconocida. Tal como lo dijo Jesús en Mateo capítulo 22 versículos 37 al 40:

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. (Mateo 22:37-40)

Aquí, Jesús identificó el mandamiento de amar a Dios como el más grande mandamiento de todos. También indicó que el mandamiento de amar a nuestro prójimo es la segunda ley más importante. Y enseñó que todos los otros mandamientos dependen de estas dos leyes. Por lo tanto, todos los otros mandamientos son, en cierto sentido, una descripción de cómo debemos amar a Dios y a nuestro prójimo.

De hecho, Pablo llegó a decir en Romanos capítulo 13 versículos 9 y 10 que:

Cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo…así que el cumplimiento de la ley es el amor. (Romanos 13:9 – 10)

Y en Gálatas capítulo 5 versículo 14 escribió lo siguiente:

Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. (Gálatas 5:14)

Ahora, es importante leer las palabras de Pablo con mucho cuidado porque muchos teólogos han cometido el error de pensar que en estos versículos Pablo enseñó que los cristianos no tienen que obedecer la ley excepto la ley de amar a nuestro prójimo. A la verdad, sin embargo, Pablo estaba diciendo que el mandamiento de amar a nuestro prójimo es inseparable de todos los otros mandamientos porque todos los mandamientos de la Escritura nos enseñan a amar a nuestro prójimo. Por lo tanto, si amamos de forma genuina y perfecta a nuestro prójimo, guardaremos toda la ley que Dios nos ha dado.

Para decirlo de otra manera, ni Jesús ni Pablo intentaron reemplazar las muchas y distintas estipulaciones de la ley con una formula más sencilla que requiera que sólo amemos a Dios y a nuestro prójimo. En cambio, ambos quisieron enseñar que los requisitos para amar a Dios y a nuestro prójimo son un aspecto de toda la ley, y que por lo tanto, una persona que es capaz de amar perfectamente va a guardar todos los mandamientos de la ley. Consideremos, por ejemplo, Deuteronomio capítulo 6, del cual citó Jesús el pasaje de Mateo que acabamos de leer. Deuteronomio capítulo 6 versículos 1 al 6 dice:

Estos, pues, son los mandamientos, estatutos y decretos que Jehová vuestro Dios mandó que os enseñase…para que temas a Jehová tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando…Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. (Deuteronomio 6:1 – 6)

Aquí podemos ver que, dentro de su contexto original, el pasaje que Jesús citó sobre amar a Dios estaba inseparablemente conectado a todos los distintos mandamientos de la ley que Dios había entregado a través de Moisés. El amor a Dios nunca tuvo la intención de reemplazar a los otros requisitos.

Entonces, a medida que vamos entendiendo cómo usar la ley en la ética cristiana, debemos recordar la primacía e importancia del amor. Efectivamente, debemos recordar que toda la ley de Dios se resume en los mandamientos de amar a Dios y al prójimo. Pero al mismo tiempo, debemos estar conscientes de que el énfasis de la Escritura sobre el mandamiento del amor no nos libera de guardar todas las otras leyes de la Biblia.

Ahora que hemos examinado la interdependencia entre el mandamiento del amor y del resto de la ley, estamos listos para explorar la forma en que el evangelio de la gracia se relaciona con la Ley de Dios.

Evangelio de la Gracia

Un malentendido común entre los cristianos es que la ley es contraria al evangelio de la gracia. Muchos creen que porque somos salvos por medio de la gracia aparte de las obras de la ley, no tenemos absolutamente ninguna obligación de obedecer la ley. Otros creen que la ley se ve sólo correctamente como una amenaza y terror contra los pecadores, mientras que el evangelio, al contrario, es lo que nos salva una vez que la ley nos ha condenado. En realidad, existen tantos puntos de vista distintos sobre la relación entre la ley y el evangelio de la gracia que es imposible mencionarlas todos. Por lo tanto, para responder a toda una gama de nociones falsas, describiremos la perspectiva bíblica sobre esta relación, enfocándonos en lo que tradicionalmente se ha denominado "los tres usos de la ley."

A partir de la Reforma Protestante, normalmente los teólogos han hablado de tres maneras distintas de cómo se debe usar la ley en la Escritura. Si bien existe bastante acuerdo sobre la validez de los distintos usos, los teólogos no siempre han sido consistentes en la enumeración de estos usos. Entonces, para evitar la confusión, en estas lecciones nos referiremos a los tres usos de la ley en el siguiente orden:

El primer uso de la ley es el uso pedagógico, o el uso de la ley como un maestro. Cuando se usa pedagógicamente, la ley lleva al hombre a Cristo, incitando y exponiendo su pecado, y amenazando el castigo contra el pecado.

El segundo uso de la ley es el uso civil. Cuando utilizamos la ley para un fin civil, la usamos para restringir el pecado en la sociedad. Este uso a veces se asocia con la disciplina externa.

El tercer uso de la ley es el uso normativo. Este es el uso de la ley como guía o regla para los cristianos fieles.

El uso pedagógico o el primer uso de la ley se refiere a la manera en que la ley de Dios vivifica el pecado que existe dentro de los no creyentes y les muestra su necesidad de Cristo. Todos hemos experimentado el aprendizaje de lo que es prohibido y de cómo nos sentimos atraídos a ello aún más.

Pablo escribió su propia experiencia del uso pedagógico de la Ley en Romanos capítulo 7 versículos 7 y 8, donde escribió las siguientes palabras:

Yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia. (Romanos 7:7 – 8)

Este uso de la ley se asocia comúnmente a la enseñanza bíblica de que los creyentes estuvieron una vez bajo la ley pero que ahora están bajo la gracia. Cuando se confronta a los no creyentes con las normas y con las penalidades de la ley, se les incita a que pequen incluso más, reconociendo el castigo o la maldición que la ley amenaza contra ellos por su pecado. Esta amenaza hace que los no creyentes lleguen a Cristo, quien por su gracia los salva de la maldición de la ley. Esta es la idea detrás de las palabras de Pablo en Romanos capítulo 6 versículo 14:

El pecado no se enseñoreará de vosotros, pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. (Romanos 6:14)

En este sentido, el uso pedagógico de la ley no se aplica directamente a los creyentes. Una vez que una persona ha llegado a Cristo, la ley ha terminado su obra en este sentido. Por lo tanto, en el sentido del uso pedagógico, ya no estamos bajo la ley.

El uso civil o el segundo uso de la ley incluye la forma en que la ley refrena al pecado, amenazando con castigo contra los que la infringen. Podemos imaginar las formas en que nosotros mismos refrenamos nuestro propio comportamiento por temor al castigo de los que ejercen autoridad civil sobre nosotros, como por ejemplo la policía. Este uso de la ley es para los creyentes y para los no creyentes de la misma manera, y se enfoca especialmente en el lugar de Dios para el gobierno civil como instrumento para refrenar el mal. En las lecciones futuras trataremos muchos de los temas relacionados con este uso de la Ley, así que por ahora simplemente lo vamos a mencionar, haciendo notar que no es incompatible con el evangelio de la gracia.

El tercer uso o el uso normativo de la ley, es muy útil para el estudio cuando pensamos en la Ley en términos del evangelio y de la ética cristiana. El uso normativo emplea la Ley de la manera en que la hemos estado usando en estas lecciones, es decir como una revelación de la voluntad de Dios para la vida cristiana. Lo podemos comparar con las reglas familiares que tuvieron nuestros padres para mantenernos a salvo, y que obedecimos porque amábamos y confiábamos en nuestros padres.

Por ejemplo, escuchemos las palabras de 1 de Juan capítulo 3 versículo 4:

Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley. (1 Juan 3:4)

Juan escribió estas palabras mucho después de que Cristo ascendiera a los cielos. Sin embargo, él afirmó que la ley sigue siendo la norma para nuestra conducta. Él incluso llegó a definir al pecado en términos de infracción a la ley. Para decirlo en términos más sencillos, la ley sigue siendo la norma por la cual se juzga el comportamiento cristiano para ser justo o pecador. Además, muchos pasajes indican que cuando la ley se usa como una norma para el comportamiento cristiano, ésta es perfectamente compatible con el evangelio.

Antes de que fuéramos salvos, todos éramos pecadores, incapaces de guardar la ley. Estábamos bajo la maldición de la ley porque éramos infractores de la ley. Pero ahora que somos salvos, se nos considera como los que guardan la ley perfectamente en Cristo, para que recibamos las bendiciones de la salvación y de la vida prometidas por la ley. Pablo se refirió a este estado como el hecho de estar bajo la gracia en contraste a estar bajo la maldición de la ley.

En resumen, si bien los creyentes no están "bajo la ley" en el sentido que suframos su maldición cuando pecamos, sí estamos "bajo la ley" en el sentido de que recibimos sus bendiciones y en el sentido que estamos obligados a obedecerla.

En Santiago capítulo 1 versículo 25, Santiago coloca el asunto de la siguiente manera:

El que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace. (Santiago 1:25)

Ahora que hemos visto cómo la ley de Dios complementa el mandamiento del amor y el evangelio de la gracia, debemos mirar la ley en relación al nuevo pacto y a los desarrollos de la historia redentora.

Nuevo Pacto

Cuando hablamos de la historia redentora y del nuevo pacto, nos estamos refiriendo a los cambios que ocurrieron entre las eras del Antiguo y del Nuevo Testamento como resultado de la obra de Jesucristo. Por ahora, nos interesa mayormente la forma en que estos cambios afectan nuestro uso de la ley en la ética cristiana.

En el Antiguo Testamento, el nuevo pacto se menciona por su nombre sólo una vez, y eso es en Jeremías capítulo 31 versículo 31. Por otro lado, el Nuevo Testamento se refiere a él varias veces. Sin embargo, la mención más útil para nuestros propósitos se puede encontrar en Hebreos capítulo 8, donde el autor cita extensamente de Jeremías capítulo 31 y lo aplica a la iglesia.

En Hebreos capítulo 8 versículos 8 al 10, leemos las siguientes palabras:

Estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto…Pondré mis leyes en la mente de ellos, Y sobre su corazón las escribiré; Y seré a ellos por Dios, Y ellos me serán a mí por pueblo. (Hebreos 8:8 – 10)

Fíjense que en este pasaje, el nuevo pacto no es algo que nos libra de la ley. Sino, en el nuevo pacto, la ley sigue siendo central. De hecho, la ley es escrita en nuestras mentes y corazones como las reglas del nuevo pacto.

La imagen de que la ley sea escrita en nuestros corazones y mentes indica que conocemos y amamos la ley. Muy lejos de dejar la ley atrás nuestro como algo del pasado, en el nuevo pacto incorporamos la ley y la guardamos intensamente. En realidad, esto es precisamente cómo se debía observar la ley en el antiguo pacto.

Tal como habló el Señor en Deuteronomio capítulo 6 versículo 6:

Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. (Deuteronomio 6:6)

Y tal como testificó el salmista en el Salmo 119 versículo 11:

En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti. (Salmo 119:11)

La palabra de Dios siempre se supuso que debía estar en los corazones y en las mentes de su pueblo, y verdaderamente estuvo en el corazón y en las mentes de muchos, incluso en el antiguo pacto. La Escritura de la ley en nuestros corazones y en nuestras mentes no es algo nuevo o distinto en el nuevo pacto; es un punto de continuidad con el antiguo pacto.

Podemos decir incluso que el nuevo pacto nos da mayores razones para obedecer la ley. Después de todo, en el Antiguo Testamento los creyentes miraban hacia el pasado al éxodo de Egipto y hacia el futuro a la Tierra Prometida como la base de su obediencia a la ley. Sin embargo, hoy, los cristianos miran hacia el pasado a la obra mucho mayor de la salvación en Cristo, y hacia el futuro a la obra incluso mayor de su segunda venida, como la base de nuestra obediencia a la ley.

Pero nuevamente, es importante que como cristianos volvamos a aplicar la ley a la luz de los cambios que han ocurrido entre el antiguo y el nuevo pacto.

Tal como lo escribió el autor de Hebreos capítulo 10 versículo 1 de su libro:

La ley es sólo una sombra de los bienes venideros, y no la presencia misma de estas realidades. (Hebreos 10:1 [NVI])

En el nuevo pacto, se ha revelado a Cristo como el que la ley había predicho. Como resultado, muchas de las leyes que obligaban a los creyentes del antiguo pacto a desarrollar tales sacrificios ahora se han cumplido por la realidad que ellas anunciaron, es decir por el sacrificio de Cristo. Como resultado, nosotros guardamos correctamente estas leyes, confiando en Jesús como nuestro sacrificio y no sacrificando bueyes ni machos cabríos.

En las próximas lecciones, veremos con más detalles los tipos de ajustes que debemos hacer cuando aplicamos la ley a la era del Nuevo Testamento. Pero por ahora, debiera quedar claro que en principio la ley se aplica durante la era del nuevo pacto.

Ahora que hemos explorado la ley con relación al amor, al evangelio y al nuevo pacto, estamos listos para tratar nuestro último tema: la armonía de todos los mandamientos de Dios unos con otros.

Armonía

En el sistema legal de la Biblia existe una gran cantidad de leyes y requisitos. Estos son tantos y tienen que ver con tantos asuntos que a veces estas leyes parecieran estar en conflicto entre sí. El conflicto entre las reglas es un problema que enfrenta todo sistema deontológico o ético que esté relacionado con las reglas.

Pero en el caso de la ley bíblica, no existen verdaderas contradicciones; entre las leyes de Dios en realidad no existen conflictos, tal como el carácter de Dios nunca se ve en conflicto consigo mismo. En cambio, todas las enseñanzas morales de la Escritura se encuentran en perfecta armonía entre ellas.

Tal como lo vimos en Santiago capítulo 2 versículo 10, la Ley es un todo unificado:

Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. (Santiago 2:10)

Puesto que la ley está unificada, sus diversos mandamientos requieren de nuestra obediencia en forma colectiva. Eso quiere decir que, cada vez que nuestras acciones están en completo acuerdo con cualquiera estipulación en particular de la ley, están de acuerdo con la totalidad de ellas.

Por lo tanto, cada vez que parezca que algunas leyes particulares de la Biblia se contradicen entre sí, simplemente significa que no hemos entendido correctamente la ley todavía. El hecho es que nunca entenderemos perfectamente toda la ley, así que de vez en cuando nos sentiremos perturbados entre las distintas leyes de Dios. ¿Cómo resolvemos estas tensiones, en forma práctica? Bueno, existen muchas cosas que se podrían decir sobre tales situaciones, pero vamos a mencionar sólo dos.

En primer lugar, las leyes de Dios han sido dadas con el entendimiento implícito de que a veces algunas leyes tienen prioridad sobre otras.

Por ejemplo, en Mateo capítulo 5 versículos 23 y 24, Jesús entregó la siguiente instrucción:

Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. (Mateo 5:23 – 24)

Jesús enseñó que la reconciliación entre el pueblo de Dios precede incluso a ciertas ofrendas hechas a Dios – tanto así que si incluso un creyente está listo en el altar para presentar su ofrenda, debe posponer la ofrenda hasta que haya arreglado los asuntos con su hermano.

Cada vez que se diga que ciertos pecados son peores que otros, o que se diga que ciertas leyes son más importantes que otras, debemos darnos cuenta que la Biblia le da distintos niveles de prioridad a sus diversos mandamientos. Es así que la asignación de prioridad a una ley sobre otra en realidad concuerda con la totalidad de la ley; y por lo tanto, no se transforma en absoluto en un conflicto entre leyes particulares.

En segundo lugar, las leyes bíblicas también han sido entregadas con el entendimiento implícito que existen excepciones a las reglas. Eso quiere decir que, dentro del sistema legal bíblico, se supone que en emergencias y en circunstancias inusuales, las regulaciones normales pueden ser sobrepasadas por principios más importantes.

Consideremos, por ejemplo, la confrontación entre los apóstoles y el Sanedrín en Hechos capítulo 5. En esta situación, el Sanedrín les había mandado a los apóstoles a que dejaran de predicar de Jesús, sin embargo, los apóstoles ignoraron su mandamiento.

La defensa de los apóstoles con respecto a su acción quedó registrada en Hechos capítulo 5 versículo 29:

Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. (Hechos 5:29)

En este caso, la entidad gobernante de los judíos, el Sanedrín, sí tenía algo de autoridad legítima sobre los apóstoles. Como regla general, la Biblia nos dice que es necesario que obedezcamos a las autoridades humanas. Sin embargo, cuando el Sanedrín contradijo los mandamientos de Dios, esto dio lugar a la excepción a la regla general de obedecer a nuestros líderes humanos. Debido a esta excepción, lo correcto y lo justo que debían hacer los apóstoles era desobedecer al Sanedrín y obedecer a Dios.

Pero nuevamente, este no fue un caso en el que la ley estaba en conflicto con otra. Después de todo, la Ley es un todo unificado que revela el carácter de Dios, y el carácter de Dios no está en conflicto consigo mismo. En cambio, la Ley anticipa que a veces los principios generales indican cursos de acciones contrarias. En estos casos, lo que se debe hacer es considerar todos los mandamientos y principios y medir la situación y los motivos con respecto a cada obligación. El mejor curso de acción obedecerá a la totalidad de la ley en su completo significado, incluso si no refleja la manera en que normalmente aplicamos ciertos principios.

Por supuesto que debemos ser cautelosos cuando asignamos prioridades a diversos mandamientos en la Escritura. Y puesto que somos seres limitados, seres humanos caídos, sin duda alguna habrá ocasiones en que no podremos descubrir lo que es correcto, e incluso habrá veces cuando tomemos decisiones incorrectas. Sin embargo, siempre debemos recordar que las Escrituras están unificadas. Y por lo tanto, debemos esforzarnos para hallar las formas en que las leyes se puedan armonizar entre sí.

CONCLUSIÓN

En esta lección hemos visto las formas como funcionan en conjunto las diversas partes y los aspectos de la Biblia como la norma de Dios para la ética cristiana. Hemos visto que cada una de las variedades del lenguaje y de la literatura se debe tratar en forma un tanto distinta, y que cada una de ellas posee algo especial que nos enseña sobre la ética. También hemos explorado las divisiones y las funciones de la ley de Dios en las Escrituras. Además hemos visto cómo está unificada la ley consigo misma y con todas las otras porciones de las Escrituras.

A medida que continuamos nuestro estudio sobre la ética bíblica, es importante recordar que existen muchas partes y aspectos distintos de la Biblia, y que cada uno nos entrega información sobre la ética de distintas maneras. Manteniendo esto en mente mientras seguimos estudiando y viviendo delante de Dios, seremos capaces de tratar cada parte y aspecto de la Escritura en forma más responsable, haciendo que nuestras vidas se moldeen mejor a las normas que Dios nos ha revelado.