El Cristo

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INTRODUCCIÓN

En la mayor parte del mundo actualmente, la gente tiene por lo menos dos nombres. Por ejemplo, pueden tener un apellido que los identifica como parte de un grupo particular, así como un nombre que los identifica como individuos. Cuando les enseñamos a los niños acerca de Jesucristo, a menudo asumen que "Jesús" es un nombre de pila, y que "Cristo" es su apellido. De hecho, a veces los adultos tienen esta concepción errónea. Eso no debe sorprendernos pues incluso la Biblia usa la palabra "Cristo" como si fuera el nombre de Jesús. Pero en realidad, la palabra "Cristo" es un título que identifica el servicio y honor de Jesús en el reino de Dios.

Esta es la segunda lección en nuestra serie Creemos en Jesús. Y la hemos titulado El Cristo. Nuestra estrategia en esta lección será enfocarnos en los eventos y características de la vida de Jesús que ayudarán a explicar lo que significa que sea el Cristo. La palabra Cristo simplemente significa: Ungido.

Ésta traduce la palabra griega del Nuevo Testamento Cristos, que en sí misma traduce la palabra hebrea del Antiguo Testamento mashíaj o Mesías. Muchas personas se sorprenden al saber que la Biblia no usa el término, "Cristo" o ''ungido" exclusivamente para Jesús. En realidad es un término bastante común en el Antiguo Testamento, que se refiere a la gente que fue ungida con aceite para marcarla como siervos especiales de Dios. En ciertas etapas de la historia del Antiguo Testamento, todos los profetas, sacerdotes y reyes pudieron haber sido llamados "ungidos," en un sentido general.

Por ejemplo, uno de los significados más importantes del término ''Mesías" o "Cristo" en el Antiguo Testamento fue su referencia a los descendientes de David que sirvieron como reyes sobre Israel y Judá. Vemos esto en lugares como 2 Crónicas 6:42; Salmos 89:38 y 39, así como en el versículo 51; y Salmo 132:10 y 17. Sin embargo, partes del Antiguo Testamento también crearon la expectativa de que un ungido muy especial vendría en el futuro. Él encarnaría todos estos roles en formas únicas, y lograría todos los propósitos de salvación de Dios en el mundo. Esta persona vino a ser conocido entre los judíos simplemente como el Mesías o el Cristo. Y por supuesto, los cristianos alrededor del mundo sabemos que Jesús fue este gran Mesías, el ungido final, el Cristo.

Nuestra discusión acerca de Jesús el Cristo se dividirá en cuatro partes. Primero, veremos el significado de algunos eventos del período de su nacimiento y preparación para su papel de el Cristo. Segundo, veremos su ministerio público como el Cristo. Tercero, examinaremos su pasión y muerte. Cuarto, investigaremos los eventos que componen su exaltación como el Cristo. Comencemos con el nacimiento y preparación de Jesús.

NACIMIENTO Y PREPARACIÓN

En esta lección, describiremos el nacimiento y preparación de Jesús para su servicio mesiánico como el período que se extiende desde el anuncio de su nacimiento hasta su regreso victorioso de las tentaciones en el desierto. Veremos a fondo varios eventos de esta época de su vida, pero primero rápidamente resumiremos todo el período. Antes de que Jesús naciera, hubo ángeles que anunciaron su nacimiento, a su madre la virgen María y a su prometido José. El ángel Gabriel predijo el nacimiento de Jesús a María en Lucas 1:26 al 38. Y un ángel del Señor entregó un mensaje similar a su prometido José en Mateo 1:20 y 21. José y María vivían en la nación de Israel, la cual era parte del Imperio Romano. Ya avanzado el embarazo de María, César Augusto ordenó que José y María se registraran para los impuestos en el pueblo de Belén. Leemos esto en Lucas 2:1 al 5. De acuerdo a Lucas 2:6 al 20, Jesús nació durante su estancia en Belén. Su nacimiento fue anunciado por huestes angelicales a pastores cercanos, que acudieron a verlo y después propagaron las noticias de lo que habían escuchado. Basándose en los regidores políticos y en los eventos contemporáneos mencionados por Lucas, así como en la historia extra-bíblica, los historiadores han calculado generalmente que Jesús nació alrededor del año 4 a. C.

La Biblia no registra muchos eventos de la vida temprana de Jesús, pero Lucas 2:21 dice que él fue nombrado y circuncidado ocho días después de su nacimiento. También, cuando Jesús fue presentado en el templo, dos siervos fieles de Dios, Simeón y Ana, lo reconocieron como el tan esperado Cristo, como leemos en Lucas 2:22 al 40. Y los sabios de oriente lo reconocieron como el rey de los judíos, cuyo nacimiento fue marcado por movimientos sobrenaturales de las estrellas, como leemos en Mateo 2:1-12.

Sin embrago, Jesús no se quedó en Israel por mucho tiempo. Cuando el rey judío Herodes el Grande supo por parte de los sabios que el nuevo rey de los judíos había nacido, quiso matar al Mesías recién nacido. Así que ordenó el asesinato de todos los niños menores de 2 años de edad en los alrededores de Belén. Pero el Señor le advirtió a José, quien huyó con su familia a Egipto. Cuando Herodes murió, la familia regresó a Israel. Pero en respuesta a otra advertencia de Dios, José se quedó con ellos en un pequeño pueblo de Nazaret, lejos del nuevo rey judío: el hijo de Herodes, Arquelao. Estos relatos están registrados en Mateo 2:13 al 23.

Al crecer Jesús, su familia fue a las festividades de los judíos en Jerusalén. Y de acuerdo a Lucas 2:41 al 52, en uno de estos viajes, cuando Jesús tenía 12 años de edad, impresionó en gran medida a los líderes y maestros religiosos con su conocimiento y sabiduría. Cuando Jesús tenía alrededor de 30 años de edad, comenzó a prepararse para el ministerio público. Primero, fue bautizado por Juan el Bautista, como leemos en Mateo 3:13 al 17, Marcos 1:9 al 11 y Lucas 3:21 al 23.

Luego, inmediatamente después de su bautizo, Jesús ayunó en el desierto por cuarenta días, como leemos en Mateo 4:1 al 11, Marcos 1:12 al 13 y Lucas 4:1 al 13. Durante este tiempo, resistió la tentación de Satanás, antes de emerger para iniciar su ministerio público. Aunque hay muchas cosas que podríamos decir del período de nacimiento y preparación de Jesús, nos enfocaremos en sólo tres eventos: su encarnación, su bautizo, y su tentación. Veamos primero la encarnación de Jesús.

Encarnación

El término teológico encarnación se refiere a que Jesús asumió permanentemente una naturaleza humana, incluyendo tanto un cuerpo humano como un alma humana. Las Escrituras hablan de la encarnación en muchos lugares, como en Juan 1:1 y 14; Filipenses 2:6 y 7 y Hebreos 2:14 al 17.

En esta lección, nos enfocaremos en el significado teológico de la encarnación de Jesús. Veremos su nacimiento virginal, su estatus como heredero de David y la unión hipostática de su naturaleza divina y humana. Comencemos con su nacimiento virginal.

Nacimiento Virginal

La madre de Jesús, María, fue virgen cuando concibió, llevó en el vientre y dio a luz a Jesús. Lo concibió a través de la intervención milagrosa del Espíritu Santo y se mantuvo virgen hasta que dio a luz a Jesús. Estos hechos son enseñados de manera explícita en Mateo 1:18 al 25 y Lucas 1:26 al 38.

El nacimiento virginal de Jesús tiene al menos tres implicaciones importantes. La primera, dado que Jesús nació de una mujer, él es verdaderamente humano.

De acuerdo a pasajes como Génesis 1:21 al 28, la orden original de Dios era que sus criaturas se reprodujeran de acuerdo a su propia especie. Un resultado específico de este hecho es que las mujeres humanas siempre dan a luz a bebés humanos. Eso significa que Jesús se desarrolló en el vientre de María de la misma manera que cualquier otro bebé humano. Así que fue dotado con una naturaleza humana verdadera, la cual consistía tanto de un cuerpo como de un alma.

Gregorio Nacianceno, arzobispo de Constantinopla quien vivió desde el año 325 a 389 d. C., escribió acerca de la importancia de la humanidad de Jesús en su Epístola 51. Escuchemos lo que dijo:

Puesto que lo que él no ha asumido no ha sanado … Si sólo hubiera caído la mitad de Adán, entonces aquello que Jesús salva sería también sólo la mitad; pero si toda la naturaleza de [Adán] cayó, tiene que estar unido a la naturaleza de Aquel que fue engendrado, y así ser salvado como un todo. Que no sea, entonces, envidiado nuestra completa salvación, o que nuestro Salvador sea representado sólo con huesos y nervios o sólo el arte del retrato de la humanidad.

Repitiendo lo que dice Hebreos 2:17, Gregorio reconoce que la salvación de los seres humanos requiere un salvador que sea como nosotros en la totalidad de nuestra humanidad.

La segunda, dado que Jesús fue concebido milagrosamente por el Espíritu Santo, su naturaleza humana era completamente incorruptible por el pecado.

De acuerdo a Romanos 5:12 al 19, todo los seres humanos cargamos la culpa del primer pecado de Adán. Y según Romanos 7:5 al 24, nosotros también estamos corrompidos y habitados por ese pecado. Pero la Biblia enseña claramente que Jesús nació sin pecado. Vemos esto en 2 Corintios 5:21 y en 1 Juan 3:5, lo cual es implícito en el anuncio del nacimiento de Jesús en Lucas 1:35. Mientras que los teólogos siempre han reconocido que hay un cierto misterio en cómo Jesús evitó la culpa y la corrupción del pecado a pesar de haber nacido de una madre humana, la mayoría coincide en que el nacimiento virginal apunta inconfundiblemente a la presencia sustentadora sobrenatural y la preservación de Dios, mediante el cuál esto se logró.

Era importante que Jesús fuera sin pecado porque venía a redimir a los pecadores. Y así toda la tipología, por ejemplo, en el sistema de sacrificios, los animales que iban a ser sacrificados debían ser sin pecado, sin mancha, de esta manera se presagia la necesidad de que Jesús, tenía que ser sin pecado y sin culpa, cuando vino a redimirnos. Aquél que viene a redimir debe ser: "Él mismo sin pecado". [Dr. Robert G. Lister]

Con el fin de cumplir con la imagen del sacrificio sustituto del Antiguo Testamento, el sacrificio debe ser un sacrificio sin pecado o perfecto en sí mismo. Pienso que podemos imaginar que si Cristo hubiera sido de algún modo nuestro compañero en nuestra naturaleza pecaminosa y con disponibilidad al comportamiento pecaminoso, él mismo necesitaría automáticamente, a alguien, a un sustituto por su necesidad a los ojos de un Dios santo. Pero fue su falta de pecado lo que lo calificó para ser un abogado para otros individuos en necesidad. Otra perspectiva, no contradictoria sino suplementaria, es entender a Jesús como el segundo Adán, como aquél que hizo bien las cosas en las cuales el primer Adán había fallado. En donde Adán había fallado en proveer una vida de perfecta obediencia, Jesucristo tuvo éxito. Así que sea que lo veamos en términos de que, él se convirtió en el segundo Adán o se convirtió en el sacrificio perfecto y adecuado por el pecado, la falta de pecado de Cristo es de suma importancia y un elemento muy importante de las buenas nuevas acerca del Mesías. [Dr. Glen Scorgie]

Una tercera implicación de la concepción virginal y nacimiento de Jesús es que él realmente es el Mesías prometido, que fue enviado para liberar a su pueblo del pecado y de la muerte. En Mateo 1:21, José recibió esta profecía en un sueño:

[María] dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. (Mateo 1:21)

Y en Mateo 1:22 y 23, Mateo interpretó la profecía de esta manera:

Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. (Mateo 1:22-23)

En esta explicación, Mateo citó Isaías 7:14, e indicó que como el nacimiento de Jesús cumplió esta profecía, esta probó que él era el Cristo.

Algunos estudiosos evangélicos creen que la profecía de Isaías acerca del nacimiento virginal se refería directamente a Jesús. Otros creen que señalaba a Jesús tipológicamente. Pero todos los evangélicos están de acuerdo en que el Espíritu Santo milagrosamente causó que María concibiera, y que el nacimiento virginal es prueba de que él era el Mesías profetizado, a través del cual Dios salvaría a su pueblo del pecado y la muerte.

Habiendo considerado la encarnación de Jesús en términos de su nacimiento virginal, reflexionemos en su estatus como el heredero de David.

Heredero de David

En Mateo capítulo 1, comienza la genealogía de Jesús demostrando que es un hijo de Abraham, e hijo de David. Esto es importante para Mateo. La razón de esto es que en la época del rey David, Dios había establecido un patrón de como su reinado debía ser ejercido en el mundo. David, había sido un modelo del reinado que Dios estaba planeando. La ley de Dios sobre el pueblo de Dios en el lugar de Dios. Una vez establecido ese patrón en el Antiguo Testamento: "Que Jesús viniera y consumara ese patrón", es una razón muy importante. En 2 Samuel 7, en un libro del Antiguo Testamento existe una promesa hecha a David de qué habrá alguien que se sentará en su trono para siempre, y que será el que instituya el reinado de Dios. Esa promesa había sido, de cierta manera, rota al no haber habido reyes en Israel en quinientos, o seiscientos años. Entonces Jesús viene, y leemos en los evangelios que él es el que ahora se sienta en el trono de David. Esto es vitalmente importante, que el Mesías, viniera de la línea de David. [Dr. Peter Walker]

Es crítico reconocer que Jesús fue el heredero de David pues ello le da el derecho legal de ser el Mesías o Cristo. En el siglo 10 a. C., Dios hizo un pacto con David prometiéndole establecer un reino inquebrantable en la tierra bajo el reinado de uno de los descendientes de David. Encontramos referencias a este pacto en 2 Samuel 7 y en 1 Crónicas 17. El reino de David quedó dividido después de la muerte de su hijo Salomón. Pero el Antiguo Testamento profetizó que un futuro rey de la línea de David, conocido como "el Mesías" o "el Cristo," eventualmente vendría a restaurar el reino. Leemos acerca de él en lugares como Salmo 89:3 y 4, Salmo 110:1 al 7 y Salmo 132:17. Él renovaría el reino de David y regresaría a los exiliados a la Tierra Prometida. Y él traería las bendiciones más grandes de Dios a la nación restaurada. Estas promesas pueden ser vistas en muchos lugares, incluyendo Jeremías capítulos 23, 30 y 33, así como Ezequiel 34:20 al 31, y capítulo 37:20 al 28. Por esto es que las genealogías de Jesús en Mateo 1 y Lucas 3 subrayan el hecho de que él descendió de David. Tienen la finalidad de demostrar que Jesús tomó con justa razón el oficio de Mesías o Cristo.

Habiendo explorado el nacimiento virginal de Jesús y el estatus de heredero de David, estamos listos para abordar la unión hipostática.

Unión Hipostática

El término técnico unión hipostática se refiere al hecho de que Jesús es una persona con dos naturalezas distintas (una naturaleza divina y una naturaleza humana) con cada naturaleza manteniendo sus propios atributos.

Jesús es la Segunda Persona de la Trinidad. Por toda la eternidad ha poseído total divinidad con todos sus atributos. Y cuando fue concebido y nacido como ser humano, añadió a su persona la verdadera naturaleza humana, la cual consiste de todos los atributos esenciales de un ser humano.

El Concilio de Calcedonia, fue un concilio ecuménico que tuvo lugar en el año 451 d. C. que resumió las enseñanzas de la Biblia acerca de la unión hipostática en un comunicado que varios llamaron el Credo de Calcedonia, el "Símbolo de Calcedonia," y la "Definición de Calcedonia." Escuchemos este fragmento del mismo:

Nuestro Señor Jesucristo, [es] perfecto en Deidad y también perfecto en humanidad; verdadero Dios y verdadero hombre, de cuerpo y alma racional … en todas las cosas como nosotros, sin pecado … para ser reconocido en dos naturalezas, inconfundibles, incambiables, indivisibles, inseparables; por ningún medio de distinción de naturalezas desaparece por la unión, más bien es preservada la propiedad de cada naturaleza y concurrentes en una Persona y una Sustancia.

Esta definición es bastante técnica, pero para nuestros propósitos la resumiremos en tres partes. En la primera, dice que Jesús tiene dos naturalezas, es decir, una naturaleza divina y una naturaleza humana.

En la unión hipostática, hablamos acerca de naturaleza, hablamos de dos naturalezas y una persona, y que las naturalezas están unidas a la persona. Lo que queremos decir con naturaleza es que es el material, las propiedades, la sustancia de su naturaleza humana y también de una naturaleza diferente, su naturaleza divina." La naturaleza humana normalmente va a incluir dos sustancias: el cuerpo y el alma, o un elemento espiritual y uno físico y ese es un tipo de existencia completa que tenemos que tener si queremos vivir como seres humanos. Y la naturaleza divina se constituye de todas las propiedades, todos los poderes, la esencia de Dios. Y cuando decimos la palabra naturaleza, estamos diciendo que Jesús tiene ambos tipos de existencia, ambos modos de ser, ambas maneras de vivir. Él es totalmente humano, cien por ciento hombre y la naturaleza es sólo una etiqueta para poder decir que tiene todas las cosas necesarias para contarse como un ser humano. Y naturaleza divina es que tiene todo para ser una deidad, una persona divina. [Dr. John McKinley]

El eterno Hijo de Dios siempre ha poseído y siempre poseerá cada atributo esencial de Dios. Por ejemplo, él es infinito, eterno e inmutable en su ser, sabiduría y poder. Como resultado, todo lo que el Antiguo Testamento dice acerca de la naturaleza de Dios es también verdad de Jesús. Vemos esto demostrado en pasajes como Juan 1:1 al 3 y capítulo 10:30; y Hebreos 1:2 y 3. Esto significa que Jesús es un Cristo absolutamente perfecto. Siempre hace la voluntad de Dios, y es totalmente incorruptible. Él nunca romperá una promesa ni fallará en llevarla a cabo. Y sus perfecciones innatas lo preservaran como un sacrificio infinitamente invaluable cuando él murió por nosotros en la cruz. Al mismo tiempo, Jesús también posee todos los atributos esenciales de los seres humanos, como un cuerpo humano físico y un alma humana. Por eso es que fue sujeto a la debilidad, las heridas y la muerte; y por que tenía limitaciones físicas normales. Leemos acerca de la humanidad plena de Jesús en pasajes como Hebreos 2:14 y 17 y capítulo 4:15; y Filipenses 2:5 al 7. Y su naturaleza humana es crítica para su papel como Cristo. Es la que le permitió ser el heredero de David, y de tener oficios humanos como profeta, sacerdote y rey. Como leemos en Hebreos 2:14 al 17, eso es lo que lo califica para ser nuestro sustituto cuando murió en nuestro nombre, porque solamente una verdadera muerte humana podría expiar a los seres humanos.

Y en la encarnación, Dios, quién está eternamente generando al Hijo, ensombrece a María a tal punto que el Espíritu Santo concibe en ella nuestra naturaleza humana. De modo que tenemos todo lo que se relaciona con nosotros como humanidad, todo lo que es esencial en la forma en que Dios nos creó como personas en él, en su imagen. Jesús tuvo emociones que fueron humanas, tuvo una mente que fue humana, hizo decisiones de la misma manera en que los humanos hacen decisiones basadas en todas las cosas que consideramos. Como Edwards dijo, "el dictamen final del entendimiento" fue lo que él hizo finalmente. Así que todo lo que se relaciona con nuestro ser y nuestras acciones como humanos, Jesús lo tomó para él mismo… pero también misteriosamente, al mismo tiempo, se vació a sí mismo de las manifestaciones externas de la gloria que tenía con el Padre, no se vació a él mismo de ninguno de los atributos centrales de su ser eterno como el Hijo de Dios. Él seguía siendo omnipotente, omnisciente, seguía teniendo santidad inmutable. Seguía teniendo un conocimiento perfecto como el Hijo de Dios del por qué la redención estaba tomando lugar. Todas estas cosas fueron parte de su eterna deidad. Él no entregó ninguna de éstas… Cuando nos estamos preguntando acerca de las naturalezas que existen en la unión hipostática, lo que hemos afirmado es que tenemos una naturaleza totalmente humana porque somos los humanos los que tenemos que ser redimidos. Tenemos una naturaleza divina total, porque sólo Dios puede lograr esa redención. Dios es el Salvador. Así que él es totalmente deidad, totalmente humano existiendo en una persona. [Dr. Thomas Nettles]

La segunda es que el Credo de Calcedonia también insiste en una distinción entre las dos naturalezas de Jesús.

Jesús no tiene una naturaleza híbrida que combina tanto la divinidad como los atributos humanos. Sus atributos humanos no afectan sus atributos divinos; y sus atributos divinos no realzan sus atributos humanos. En vez de eso, cada naturaleza se mantiene enteramente sin cambio. Por ejemplo, vemos esto en la forma en que Juan afirmó tanto la divinidad como la humanidad de Jesús en Juan 1:3, y capítulo 8:40. Esto es lo que Jesús necesitaba para crecer en conocimiento, experiencia y favor, a pesar de ser Dios. Desde la perspectiva de su naturaleza humana, Jesús de todas formas tuvo que aprender a caminar, a hablar y a razonar. De todas formas tuvo que conocer la voluntad de Dios. Y estas cosas son importantes en el papel de Jesús como Cristo pues le permitieron crecer en conocimiento y experiencia desde una perspectiva humana, para que pudiera ser aún más misericordioso y compasivo hacia nosotros en debilidad, tal como leemos en Hebreos 2:17 y 18. La tercera es que el Credo de Calcedonia afirma que Jesús es solamente una sola persona.

Al pensar en la unión hipostática y en el significado de la persona en ésta fórmula, consideramos que la hipótesis, es el sujeto, o el agente y es la entidad que posee ambas naturalezas, es el único, la realidad definitiva detrás de todas las acciones realizadas a través de sus naturalezas, ya sea actuando como Dios o como hombre. Podemos pensar por "persona", como cualquiera que posea esa naturaleza. ¿De quién es ese cuerpo? Este es mi cuerpo, soy yo, soy yo mismo, eso es persona. La naturaleza es aquella que yo tengo y persona es una especie de la profunda realidad de relacionarse con los demás y con la autoconciencia. [Dr. John McKinley]

Y la sabiduría de Dios, es el misterio de la encarnación, donde existen estas dos naturalezas en las cuales tienes una voluntad humana y una divina, emociones humanas, y divinas, conocimiento humano e ignorancia humana. Junto con la omnisciencia divina, que habitan en esta sola persona. Hay cosas acerca de las Escrituras que entendemos cuando nos damos cuenta de que Jesús está hablando como el Cristo, en su humanidad en obediencia y sumisión al Padre. Hay momentos en los que actúa singularmente en su deidad. Os digo "perdono vuestros pecados". ¿Quién puede perdonar pecados sino solamente Dios? Pero ambas cosas son hechas por esta única persona, éste único ser. Para la redención tiene que haber unidad de la persona, la singularidad de esta persona en la que tenemos a los dos, tanto a Dios como al hombre. [Dr. Thomas Nettles]

Jesús no tiene dos personas o dos mentes, como si una persona humana hospedara una persona divina en su cuerpo. Y él no es una persona que de alguna manera es una combinación o híbrido de dos personas o mentes distintas, como si una persona divina se combinara con una persona humana. Como vemos en pasajes como Juan 17:1 al 5 y Colosenses 2:9, Jesús es y siempre ha sido la misma eterna Segunda Persona de la Trinidad, conocido como el Hijo de Dios. Esto es muy importante porque significa que Jesús de todas formas todavía manifiesta toda cualidad divina a la perfección. Por ejemplo, desde la perspectiva de su humanidad, él tuvo que adquirir conocimiento. Pero desde la perspectiva de su naturaleza y persona divina, él siempre ha sido y siempre será omnisciente. Y como Jesús manifiesta cada atributo divino de manera perfecta, podemos confiar en él y servirle sin duda alguna, y confiar en que él cumplirá cada promesa y cada uno de sus planes.

Jesús es la única persona que es completamente Dios y es completamente humano. Esta característica especial debería ser un gran consuelo para nosotros. Como él es totalmente humano, puede tener compasión de nosotros en todas nuestras debilidades y sufrimientos. Nuestro Salvador las ha vivido todas. Y soportó esta vida sin nunca caer en pecado, así que podemos confiar en él y seguirlo completamente. Al mismo tiempo, como él es Dios, podemos tener plena confianza de que ninguna debilidad humana le quitará su habilidad para redimirnos, y que tiene poder ilimitado y autoridad para cumplir sus promesas y planes para nosotros. Como Jesús es completamente Dios y completamente humano, él es el rey, intercesor y Salvador perfecto.

Habiendo considerado el nacimiento y la preparación de Jesús en términos de su encarnación, estamos listos para reflexionar en su bautizo.

Bautizo

Veremos el bautizo de Jesús examinando tres formas en que éste lo preparó para el ministerio, comenzando con el hecho de que al ser bautizado fue confirmado como el Cristo.

Confirmado Como Cristo

En cierto sentido, Jesús asumió el oficio de Cristo desde el comienzo de su encarnación. Nació heredero del trono de David y fue proclamado por ángeles como el Cristo. Pero su ungimiento no fue declarado públicamente hasta su bautismo cuando fue anunciado al mundo por otros miembros de la Trinidad. El Espíritu Santo confirmó que Jesús era el Cristo al descender sobre él como una paloma. Y Dios Padre lo confirmó como el Cristo al hablar desde el cielo. Aunque ni el Espíritu Santo ni el Padre específicamente usaron la palabra "Cristo" en ese momento, Dios ya le había revelado a Juan el Bautista que aquél que recibiera estas señales sería el Cristo. Encontramos estos detalles en Lucas 3:15 al 22 y Juan 1:19 al 36. Esta confirmación lo preparó para el oficio de Cristo al anunciar formalmente a la nación y al mundo que el Cristo de Dios había venido finalmente.

Un segundo resultado del bautizo de Jesús es que lo ungió para el oficio de Cristo.

Ungido Para el Oficio

Una objeción que se ha planteado en contra de llamar a Jesús el Cristo es que nunca fue ungido con aceite para el oficio de Mesías. Pero los registros del evangelio muestran que Jesús fue ungido por el Espíritu Santo en su bautismo. Este ungimiento oficialmente declaró a Jesús como el Cristo, y también lo empoderó para su ministerio. Como Dios encarnado, Jesús era omnipotente. Pero el oficio de Cristo es un oficio humano. Así que ocultó su poder y gloria para que fuera como la gente a la que él vino a servir. Al igual que otros seres humanos ungidos, Jesús se apoyó en el poder del Espíritu Santo para su ministerio. Vemos esto en lugares como Lucas 4:1 y 14 y Hechos 10:38. Escuchemos lo que Juan 3:34 dice acerca del poder que Jesús recibió del Espíritu Santo:

Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida. (Juan 3:34)

El tercer resultado del bautizo de Jesús que mencionaremos, es que éste consumó la justicia.

Consumó la Justicia

Cuando Jesús fue con Juan el Bautista para ser bautizado, Juan se opuso porque Jesús ya era justo. Jesús nunca había pecado, y por lo tanto no necesitaba arrepentirse. Pero Jesús respondió diciendo que no era suficiente que el fuera sin pecado personalmente; también tenía que cumplir con todas las obras de justicia necesarias que le habían sido designadas. Escuchemos su discusión en Mateo 3:14 y 15:

Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. (Mateo 3:14-15)

El significado del bautizo de Jesús se vuelve más claro cuando entendemos que Juan no es el único que va a bautizar a la gente en sus días. Una variedad de grupos judíos, incluyendo el de Juan, se separaron de la corrupción de Jerusalén en ese tiempo, y se consideraron a ellos mismos como el remanente de justicia de Israel. Y a menudo usaron el bautismo o lavamiento como iniciación de sus miembros. Así que, cuando Jesús fue bautizado por Juan, realizó el acto de justicia necesario afirmándose e identificándose con el remanente fiel dentro de Israel.

Ahora que hemos visto el nacimiento y preparación de Jesús en términos de su encarnación y bautizo, dirijamos nuestra atención a su tentación.

Tentación

La historia de la tentación de Jesús es familiar. Sus detalles están registrados en Mateo 4:1 al 11 y Lucas 4:1 al 13. En resumen, el Espíritu Santo llevó a Jesús al desierto donde ayunó por cuarenta días antes de ser tentado por Satanás. Pero incluso en su estado debilitado físico, Jesús se mantuvo poderoso espiritualmente y mentalmente. A pesar de su hambre, se rehusó a usar su poder divino para satisfacer sus necesidades. A pesar de su autoridad, se rehusó a aprobarse a sí mismo al usar el camino fácil pero pecaminoso de servir al enemigo de Dios. Muchos teólogos también destacan que la tentación de Jesús por Satanás fue paralela a la tentación de Adán y Eva en el Jardín del Edén en Génesis 3. Como Pablo señaló en Romanos 5:12 al 19. Jesús era el representante de su pueblo así como Adán lo había sido. Pero donde Adán había fallado y había traído condenación a la raza humana, Jesús venció la tentación, trayendo salvación a su pueblo.

Jesús fue tentado. Fue tentado en cada punto como lo somos nosotros, pero sin pecado dice la Biblia. Uno piensa, por supuesto, en el evento conocido como la tentación o las tentaciones en el desierto, la triple tentación después de su bautizo en el comienzo de su ministerio público donde se encontró al Diablo mismo. La mayoría de nosotros probablemente nunca nos encontraremos con el Diablo; uno de sus internos debería ser suficiente para nosotros, pero para Jesús, Satanás vino en persona. Pero toda la vida, Jesús fue tentado. Yo pienso que sería un error pensar que Jesús solamente fue tentado en este punto. Pienso que tales tentaciones fueron muy grandes en proporción y enfocadas muy específicamente en su identidad y misión. Pero durante todo el curso de su vida, creo que Jesús fue tentado; Jesús es nuestro representante. Él es nuestro sustituto, es el último Adán, el segundo hombre. Y por lo tanto, así como Adán fue tentado en el Jardín, así el último Adán también tiene que ser tentado por la serpiente. Si es que nos va a representar, tiene que ser tentado en cada manera, como nosotros somos tentados. De otra forma, él no es nuestro sustituto. Las Escrituras son muy claras, en decir que en ningún punto del curso de su ministerio Jesús cayó en pecado. Él no tuvo pecado. Él no tuvo pecado de pensamiento, palabra o hecho. Pero creo que para el propósito de ser quien carga con nuestros pecados, de ser nuestro sustituto, era necesario que fuera tentado. [Dr. Derek W.H. Thomas]

Para nuestros propósitos en esta lección, nos enfocaremos en tres facetas importantes de la tentación de Jesús. Primero, su tentación le enseñó obediencia.

Obediencia

Como Hebreos 5:8 y 9 dicen:

[Jesús] por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen. (Hebreos 5:8-9)

Jesús era completamente sin pecado; nunca desobedeció a Dios. Pero también era plena y verdaderamente humano. Así que tuvo que aprender los requisitos de la justicia de Dios y a sobrepasar los retos y las tentaciones a lo largo de su vida. Como vemos en las tentaciones que él sufrió, Jesús obedeció a Dios tanto en mantener los requisitos de la Ley y mediante la presentación del plan del Padre para su vida. Su obediencia lo preparó para su obra como Cristo, como leemos en Hebreos 5:9, lo hizo a él un sacrificio aceptable para Dios, de modo que se volvió la fuente de salvación eterna. La segunda idea que mencionaremos es que la tentación de Jesús le dio compasión por su pueblo.

Compasión

Jesús no cedió ante la tentación. Sin embargo, la seguía sintiendo de forma aguda. Reconoció que las cosas que Satanás le ofrecía eran deseables, y su estado debilitado por el ayuno debe haber aumentado su anhelo por estas cosas. Esta experiencia le llevó a crecer en compasión y comprensión hacia nosotros cuando sufrimos y luchamos con la tentación en nuestras propias vidas. Como leemos en Hebreos 4:15:

Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. (Hebreos 4:15)

Jesús se enfrentó y resistió la tentación al pecado, lo que nos da a los cristianos gran consuelo, porque él fue totalmente humano en todo sentido. Él experimentó tentación pero no sucumbió ante ella. Y en un sentido debido a todo lo que Jesús soportó se convierte en un modelo de cómo los cristianos podemos enfrentar la tentación. [Dr. Simon Vibert]

Cuando consideramos que Jesús enfrentó y resistió la tentación del pecado, Hebreos capítulo 4 habla acerca de ello ampliamente. Una de las cosas que hace al hablar de ello es abordar lo que muchos de nosotros tememos, el estar solos, que tenemos una experiencia única cuando somos atraídos a hacer algo malo o malvado. Y, de hecho, Jesús entendió en su vida terrenal lo que era ser tentado, y hoy que está en lugares celestiales como nuestro gran sacerdote, él comprende. Así que podemos estar seguros de que no estamos solos, que no hay nada que podamos llevarle a Jesús mismo que él no haya entendido y que ahora no lo habilite para ser nuestra ayuda en medio de tal situación. [Dr. James D. Smith III]

La tercera idea que mencionaremos en relación a la tentación de Jesús es su impecabilidad.

Impecabilidad

La palabra impecabilidad significa inhabilidad para pecar. Los cristianos la hemos usado por siglos para referirnos al hecho de que Jesús era incapaz de pecar. Los teólogos a menudo hablan de la impecabilidad de Jesús en conjunción con su tentación porque éste fue el momento de su vida en el cuál él era más capaz de pecar, si eso fuera posible.

Todos los cristianos entendemos que Jesús nunca pecó. Nunca sucumbió a la tentación, ni tuvo un pensamiento malvado o deseo malvado, o dijo una palabra pecaminosa. Su falta de pecado se afirma en pasajes como 2 Corintios 5:21; Hebreos 4:15 y capítulo 7:26; 1 Pedro 2:22; y 1 Juan 3:5.

Pero también es verdad que él no era ni siquiera capaz de pecar. Como hemos visto, Jesús es la Segunda Persona de la Trinidad. Y Dios no puede pecar, porque no puede actuar de formas contrarias a su naturaleza. Las tres Personas de Dios siempre han sido y siempre serán impecables. Vemos esto en Habacuc 1:13; Santiago 1:13; 1 Juan 1:5; y muchos otros lugares.

Pero esto no hace que su tentación sea menos real. Dado a su naturaleza humana, Jesús experimentó tentación desde una perspectiva humana. Reconoció el valor de las cosas ofrecidas a él, y entendió profundamente los beneficios que podrían aportarle. Por lo tanto, su obediencia y compasión no fueron disminuidas de ninguna manera. De hecho, podríamos incluso decir que como Jesús es impecable, su obediencia y compasión en realidad incrementaron, debido a que él aprendió perfectamente de la experiencia, y ahora nos responde de manera perfecta a nuestras necesidades.

El período del nacimiento y de la preparación de Jesús son descritos muy brevemente en los evangelios, a veces son vistos sin cuidado, pero contienen muchas verdades importantes. Una de las más grandes es que aseguran que el ungido prometido de Dios ha llegado. El nacimiento de Jesús y la preparación de Jesús para el oficio de Cristo revelan el gran amor y misericordia de Dios, pues no nos ha dejado en manos del pecado y la muerte, sino que ha mantenido sus promesas al enviar a su propio Hijo como nuestro Cristo.

Habiendo visto el papel de Jesús como Cristo en términos de su nacimiento y preparación, estamos listos para explorar su ministerio público.

MINISTERIO PÚBLICO

Para nuestros propósitos en esta lección, definiremos el comienzo del ministerio público de Jesús a partir de cuando empezó a predicar públicamente, y finalizando con su aproximación final climática a Jerusalén. Una vez más resumiremos los eventos que tuvieron lugar antes de reflexionar en varios detalles de este período. Lucas 3:23 dice que Jesús tenía alrededor de 30 años cuando empezó su ministerio público. Y basados en pistas provistas por los cuatro evangelios, en especial el de Juan, muchos académicos creen que el ministerio público de Jesús duró alrededor de 3 años. En particular, Juan menciona que Jesús fue a 3 o 4 fiestas de la pascua durante su tiempo, como vemos en Juan 2:23, capítulo 6:4, capítulo 11:55, y tal vez capítulo 5:1. De acuerdo a Mateo 4:13 al 17, Jesús empezó su ministerio público en Capernaum, una ciudad de la región de Galilea, en el noroeste del lago de Galilea. Predicó el reino de Dios y desarrolló milagros a través de la región de Galilea y otras ciudades en Israel, como podemos ver en Mateo 4:23 y 24. Durante este tiempo también escogió 12 discípulos y los preparó para unirse a él en la proclamación del reino de Dios, como está registrado en Mateo 10 y Marcos 3. Después extendió su ministerio a otra región de Israel, incluyendo Samaria y Judea.

Al final de su ministerio público, Jesús viajó intencionalmente a Jerusalén para ser crucificado. Durante el camino, preparó a sus discípulos para el hecho de que él iba a ser asesinado por la gente del mismo reino para el cual había sido ungido para salvar.

Aunque el ministerio principal de Jesús era proclamar el arrepentimiento y la fe debido a que el reino de Dios estaba cerca, él se sintió libre para hacerlo en una variedad de formas. Él ministró a diferentes tipos de personas, confrontando israelitas promedio, líderes religiosos, rebeldes sociales, gentiles y todo tipo de pecador. Él se reunió con grupos de diferentes tamaños, desde multitudes de miles hasta casas privadas, hasta individuos. Enseñó en muchos diferentes tipos de lugares como casas, sinagogas y espacios abiertos. Y utilizó un gran rango de estrategias de enseñanza, incluyendo parábolas, preguntas, profecías, sermones, incluso milagros. Y en cada caso, la gente reconocía que él desarrollaba su ministerio con autoridad única, y reaccionaban fuertemente a él — algunos con arrepentimiento, y otros con enojo y rechazo.

Los evangelios contienen tanta información acerca del ministerio público de Jesús, que sólo subrayaremos sus tres puntos claves: el primero son las proclamaciones de Jesús del evangelio; el segundo son sus demostraciones de poder y el tercero son las afirmaciones de su ungimiento al oficio de Cristo. Veamos primero el evangelio que Jesús proclamó.

Evangelio

Jesús predicó el evangelio de muchas maneras y formas, algunas de ellas sutiles y otras muy directas. Utilizó parábolas, sermones, conversaciones, ofrecimientos proféticos de bendición y amenazas de juicio, predicciones del futuro, oraciones e incluso milagros. Pero cuando los escritores del evangelio resumen su mensaje, tienden a describirlo fundamentalmente como un llamado al arrepentimiento a la luz de la venida del reino de Dios. [Dr. Samuel Ling]

Escuchemos el resumen del evangelio de Jesús en Mateo 4:17:

Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. (Mateo 4:17)

Marcos describió el mensaje de Jesús de forma similar en Marcos 1:14 y 15. Y Mateo le atribuyó el mismo mensaje del evangelio a Juan el Bautista en Mateo 3:2.

Veremos dos aspectos del evangelio de Jesús: primero, su mensaje de que el reino venía; y segundo, su llamado para el arrepentimiento inmediato. Primero veamos la enseñanza de Jesús acerca del reino.

Reino

Cuando abrimos los evangelios y empezamos a leerlos, hay algo que puede sorprendernos pero inevitablemente nos va a impactar, y es que lo que Jesús estaba enseñando, predicando y modelando era claramente el reino de Dios. No hay duda de que lo predicado por Juan el Bautista que anuncia las primeras palabras de Jesús de que el reino de Dios está cerca, o que se acerca, o que el reino del cielo se ha acercado .Y entonces en todos sus enseñanzas, benditos son los pobres en espíritu porque de ellos es el reino de los cielos, todas las palabras acerca del reino de los cielos, toda la enseñanza, todas las formas en las que se muestra a sí mismo como el verdadero rey davídico cabalgando a Jerusalén en un asno, todas las formas manifestadas dejan muy claro que el Evangelio, los evangelistas, los escritores de los Evangelios quieren que entendamos claramente que el mensaje de Jesús, toda su vida, se trató de traer la restauración del reinado de Dios o el reino de Dios. [Dr. Jonathan Pennington]

Como todos los judíos de sus días, Jesús sabía que Dios era el Eterno Soberano sobre toda su creación, pero el Antiguo Testamento también reveló que Dios planeó que su reinado eterno fuera hecho visible en la tierra. Como vimos en la lección previa, él comenzó este proceso cuando creó el mundo y nombró a Adán y a Eva como sus vice-regentes. Pero ellos fallaron miserablemente en su tarea de perfeccionar el mundo. El reino de Dios se desarrolló de nuevo en la nación de Israel al crecer como un gran imperio. Pero nuevamente dio un paso hacia atrás por el pecado de Israel y su exilio. Y aunque Dios ofreció restaurar la nación en los días de Esdras y Nehemías, la infidelidad de la gente resultó en el exilio que se extendió por varios siglos. En el tiempo de Jesús, Israel había sufrido cientos de años en exilio, esperando al Cristo que traería la totalidad del reino de Dios y todas sus bendiciones a la tierra. Así que, cuando Jesús anunció las buenas nuevas de que el reino de Dios estaba cerca, este fue un mensaje de tremenda esperanza.

Jesús anunció las buenas nuevas de que la etapa final del reino de Dios en la tierra vendría en sus días. El modelo celestial iba a instalarse en todo el mundo. Como vemos en las bienaventuranzas de Mateo 5:3 al 12, todo el pueblo fiel de Dios sería bendecido enormemente en el reino de Dios. Sus penas terminarían y heredarían la tierra entera. Ningún poder extranjero traería culto falso. Y ningún líder religioso corrupto haría pactos con los enemigos de Israel para el bien de la tranquilidad relativa. Aquellos que habían pecado serían perdonados. Aquellos que habían sido exiliados serían restaurados. Aquellos que habían caído bajo las maldiciones de la enfermedad serían sanados. El Señor derrotaría personalmente a los enemigos de Israel, purgaría al pueblo de su pecado y restauraría la creación entera.

Pero a pesar de lo maravilloso que el mensaje del evangelio de Jesús acerca del reino hubiera sonado, también contenía una condición: el arrepentimiento.

Arrepentimiento

Jesús advirtió que el reino de Dios venía rápidamente y que sería manifestado no solamente en bendiciones para el pueblo fiel de Dios, sino también en el juicio en contra de sus enemigos. Así que, si Israel quería recibir las bendiciones prometidas, primero tenía que arrepentirse de su pecado.

El arrepentimiento del pecado implica apartarse de ese pecado. No es solamente darle la espalda a algo, también es voltear la cara hacia algo. Ese algo es alguien. Es Jesús, y volteamos la cara hacia él en fe. Hay un abandono de mi pecado y un voltear la cara hacia Cristo en fe. Podríamos reflexionar sobre las diferentes dimensiones de lo que involucra el arrepentimiento y cómo se ve. Una de éstas es una consciencia intelectual o cognitiva de mi pecado. No es muy probable que me arrepienta si no me identifico como un pecador y entiendo que he roto las leyes de Dios. Tiene que ser un sentido de consciencia, conocimiento, convicción de que soy un pecador y de que lo que he hecho está mal ante los ojos del Señor. Es posible que alguien pudiera reconocer que lo que ha hecho es desagradable para Dios y no importarle. Así que la segunda dimensión sería una dimensión de remordimiento, una convicción emocional de que no sólo he hecho algo malo pero de que lo lamento. Me desagrada. Tengo una especie de dolor hacia mi pecado que Dios también tiene. Esos dos componentes nos llevan al tercer componente que es ejercer la voluntad, o la capacidad volitiva de darle la espalda a ese pecado que se vio como una promesa o un placer que fue incapaz de cumplir lo que prometió, y voltear la cara hacia Jesús quién vemos como la base de promesas y placeres superiores. [Dr. Robert G. Lister]

A menudo es de utilidad pensar acerca del arrepentimiento como el voltear de una moneda. En cámara lenta vemos como le damos la espalda al pecado y volteamos hacia la justicia. Empezamos a darle la espalda al pecado sintiendo dolor genuino por haber roto la ley de Dios y por lastimar a nuestro prójimo si es que los hemos afectado. Y completamos el darle la espalda al pecado cuando confesamos nuestra culpa a Dios y pedimos perdón. Estos aspectos del arrepentimiento son evidentes en pasajes como Jeremías 31:19 y Hechos 2:37 y 38. Pero el arrepentimiento también significa voltear la cara hacia Dios al pedirle que nos limpie y nos restaure y al determinar obedecerlo en el futuro. Esto no significa que nunca pecaremos de nuevo. Sino significa que el arrepentimiento genuino incluye un deseo de agradar a Dios obedeciendo sus mandamientos. Vemos esto en lugares como Joel 2:12 y 13; y 2 Corintios 7:10 y 11.

El arrepentimiento en la Biblia es una gran palabra. Es metanoia. El arrepentimiento de nuestro pecado significa una comprensión del cambio, de metanoia. Cambiamos. Si íbamos en una dirección y Jesús toca nuestras vidas, comenzamos a ir en otra dirección. Cambiamos todo lo que él quiera que cambiemos. Es un cambio de pensamiento. No es solamente un cambio intelectual. Me encanta la palabra que el Antiguo Testamento utiliza para saber, es "yada" y significa experimentar y encontrar. No es simplemente con la mente con la que podemos saber, sino también con nuestras manos, pies, sentimientos, corazón, con todo nuestros ser. Cambio de mente significa cambio de todo. Mientras cambiemos ese todo, comenzamos a cambiar, las cosas que hacemos, que nos identifican, nuestra conducta. Si no hay un cambio en la conducta, probablemente no hay cambio. Un profesor decía "Uno hace lo que cree y cree lo que hace." Eso tiene mucho que ver con el arrepentimiento de la mente. [Dr. Matthew Friedeman]

El mensaje de Jesús de que el reino de Dios viene a la tierra son noticias maravillosas. Pero nunca puede estar separado de la necesidad del arrepentimiento. Sólo aquellos que se arrepienten de sus pecados y se vuelven hacia Dios en fe se les permitirán disfrutar de las bendiciones de su reino.

Además de las proclamaciones del evangelio, el ministerio público de Jesús incluyó muchas demostraciones de poder, las cuales testificaron la verdad de su mensaje.

Poder

En Hechos 10:38, el apóstol Pedro resumió el poder milagroso de Jesús de esta forma:

Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. (Hechos 10:38)

Jesús realizó muchos milagros que exhibieron el poder del Espíritu Santo. Demostró dominio sobre la creación, como cuando convirtió el agua en vino en Juan 2:1 al 11. Mostró su autoridad sobre los espíritus malignos y sus efectos, como vemos en pasajes como Mateo 12:22; Marcos 1:23 al 26; y Lucas 9:38 al 43. Sanó la enfermedad y la invalidez, como vemos en Marcos 10:46 al 52; Lucas 8:43 al 48 y Juan 9. Jesús incluso resucitó a los muertos, como vemos en Mateo 9:18 al 26; Lucas 7:11 al 15; y Juan 11:41 al 45. De hecho, Jesús realizó muchos más milagros que cualquier otro profeta en la historia de Israel. El Nuevo Testamento menciona por lo menos 35 milagros específicos, y el evangelio de Juan indica que él desarrolló innumerables milagros además de estos.

Como leemos en Juan 21:25:

Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. (Juan 21:25)

Las demostraciones de poder milagroso de Jesús tuvieron por lo menos dos implicaciones que debemos considerar. La primera es que confirmaron su identidad como el Cristo. Y la segunda es que aseguraron su eventual éxito en traer el reino de Dios a la tierra. Primero veamos cómo los milagros de Jesús confirmaron su identidad.

Confirmaron Su Identidad

Las obras milagrosas de poder de Jesús confirmaron su identidad como el Cristo, el ungido especialmente por Dios para traer la etapa final de su reino. Como el Cristo, Jesús fue el embajador con autoridad de Dios. Y sus milagros demostraron la fuerte aprobación de Dios en todo lo que Jesús dijo. Vemos esto en Lucas 7:22; Juan 5:36 y capítulo 10:31 al 38; y en muchos otros lugares. Más allá de esto, mucha gente en las Escrituras asocian los milagros de Jesús con los oficios ungidos, los cuales eran aspectos del oficio de Cristo, el cual era aún más amplio. Por ejemplo, los vieron como un logro de su rol como profeta en Lucas 7:16; y Juan 6:14, y capítulo 7:40. Jesús mismo conectó su poder milagroso con los deberes de los sacerdotes en Lucas 17:12 al 19. Y sus milagros están asociados con su oficio de rey en Mateo 9:27, capítulo 12:23, capítulo 15:22 y capítulo 20:30. Escuchemos lo que Jesús dijo en Juan 10:37 y 38:

Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre. (Juan 10:37-38)

Los milagros de Jesús probaron que su mensaje del evangelio era verdad. El realmente era el Cristo, y realmente estaba trayendo la última etapa del reino de Dios a la tierra. Como él dijo en Lucas 11:20:

Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros. (Lucas 11:20)

Las obras poderosas de Jesús probaron que él era el Cristo — aquél que había traído el reino celestial a la tierra para terminar con la tiranía de Satanás sobre el pueblo de Dios y la creación.

Habiendo visto las demostraciones de poder de Jesús que confirmaban su identidad como el Cristo, veamos como también éstas aseguraron su éxito.

Éxito Asegurado

Los milagros de Jesús demostraron que él tenía el poder necesario para lograr sus afirmaciones y promesas. El tenía todo el poder necesario para hacer que el reino de Dios en la tierra fuera igual al reino de Dios en el cielo. Y de hecho muchos de sus milagros de bendición proveyeron un anticipo de ese reino. Por ejemplo; cuando sanó a los enfermos y resucitaba a los muertos, él presagió el reino donde no hay enfermedad o muerte, como está descrito en Apocalipsis 21:4. Y cuando le dio de comer a miles de personas hambrientas, él proveyó un ejemplo concreto de la abundancia que caracteriza a su reino, como leemos en lugares como Éxodo 23:25 y 26; Joel 2:26; y Lucas 12:14 al 24. Jesús también demostró que tenía todo el poder que necesitaba para destruir a los enemigos de su reino. Por ejemplo, cuando exorcizó demonios, demostró que tenía el poder necesario para establecer un reino sólido — uno que nunca podría ser amenazado — como vemos en Mateo 12:22 al 29.

El poder de Jesús llamó la atención de todos los que fueron testigos. Y mientras sus enemigos de mala manera despreciaron su poder como un engaño del diablo, la verdad es que el poder de Jesús vino de Dios. Y probó que Jesús era el Cristo, y que él tenía la habilidad para cumplir cada oferta, promesa y amenaza que hizo. Y para nosotros como cristianos, eso debería ser un gran consuelo y razón para emocionarnos. Significa que nuestra fe en Jesús está bien fundada. No importan las dudas que tengamos y no importa el tiempo que Dios tome para completar el trabajo que comenzó en Jesús, Jesús nos ha dado suficientes razones para confiar en él — sin importar que. El realmente es el ungido, el Cristo. Y si somos fieles a él, tenemos garantizado un lugar de honor y bendiciones en su reino eterno.

Ahora que hemos visto el evangelio de Jesús, las proclamaciones y demostraciones de poder, consideremos su ministerio público en términos de las afirmaciones de su ungimiento al oficio de Cristo.

Afirmaciones

El ungimiento de Jesús como Cristo fue confirmado de muchas maneras durante su ministerio público. Pero para fines de ilustración, enfoquémonos en dos afirmaciones dignas de nombrar: la confesión apostólica de Pedro de que Jesús era el Cristo; y la transfiguración de Jesús en gloria. Miremos primero la confesión apostólica de Pedro.

Confesión Apostólica

Escuchemos el registro de Mateo de la confesión de Pedro en Mateo 16:15 al 17:

[Jesús les preguntó:] ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. (Mateo 16:15-17)

Este mismo evento está registrado en Marcos 8:27 al 30; y Lucas 9:18 al 20.

La confesión de Pedro juega un papel fundamental en los evangelios, pues aparece en Mateo, Marcos y Lucas, los tres evangelios sinópticos. La primera mitad de estos tres evangelios se enfoca en la autoridad divina de Jesús; la demostración de su autoridad a través de sus milagros, sus exorcismos, sus sanaciones, de sus milagros naturales y de su enseñanza. Pedro entiende y reconoce que Jesús es en verdad el Mesías. Desde ese momento es realmente lanzado a su papel de Mesías, el cuál es un papel sufriente. Habiendo dicho esto, Mateo, Marcos y Lucas parecen poner un énfasis un poco diferente en la confesión de Pedro. En Marcos y Lucas, todos los milagros que llevan a este punto, aparentemente le demuestran a Pedro, le confirman, que Jesús es el Cristo; y que él, es el Mesías. Así, él reconoce que Dios ha estado trabajando a través de Jesús y reconoce en su humanidad que Jesús es el Cristo. Mateo respecto a la confesión, explica que lo primero que Jesús dice es "Bienaventurado, Simón, hijo de Jonás, la carne y la sangre no te revelaron esto a ti, sino mi Padre en el cielo". Así, Mateo hace énfasis en el hecho de que ésta revelación divina es a través de la obra de Jesús, sin duda a través de sus señales de autoridad, pero que Pedro lo está entendiendo sólo porque Dios se lo ha revelado. Parece que este sentido de revelación divina es más importante en el evangelio de Mateo. [Dr. Mark Strauss]

La afirmación de Pedro del ungimiento de Jesús al oficio de Cristo, fue una revelación directa de Dios. Como hemos visto, la gente debería haber sido capaz de deducir que Jesús era el Cristo simplemente viendo sus milagros. Pero la confesión de Pedro como el vocero de los apóstoles fue más que eso. Fue una revelación autoritativa profética de Dios. Tal como era su confirmación infalible del hecho de que Jesús realmente era el Cristo.

Una de las cosas más sobresalientes en los evangelios es cuando Simón Pedro declara en respuesta a la pregunta de Jesús "¿Quién dices que soy yo?" "Tú eres el Cristo, el hijo del Dios viviente. Tú eres el Mesías." Esto es decisivo. Ahora bien, ¿Qué es tan sobresaliente? Como Jesús mismo dice, un momento de revelación en el cual Dios le ha revelado a Simón Pedro algo que no entendió él mismo. Pero también porque la espera ha sido tan larga y ha durado unos — 500 años— de que la figura del Mesías vendría. Y ahora Pedro está declarando que la persona enfrente de él, es el Mesías, y se siente la gran expectativa acumulada y de repente, ha llegado el momento. [Dr. Peter Walker]

Habiendo visto que la confesión apostólica de Pedro afirmó el ungimiento de Jesús al oficio de Cristo, veamos la transfiguración de Jesús en gloria.

Transfiguración

Transfiguración es el nombre que los teólogos le han dado al evento en el cual Jesús fue revelado a sus discípulos en gloria. Se refiere al hecho de que su aparición fue radicalmente transformada, revelando una porción de su gloria divina. Este evento es registrado en Mateo 17:1 al 8; Marcos 9:2 al 8; y Lucas 9:28 al 36. También se hace referencia a esto en 2 Pedro 1:16 al 18.

En resumen, Jesús llevó a Pedro, Jacobo y Juan a una montaña a orar. Y mientras se encontraban ahí, la apariencia de Jesús cambió. Su cara brilló con gloria y sus ropajes se volvieron blancos. Mientras la apariencia de Jesús estuvo alterada, Moisés y Elías se aparecieron, y la voz de Dios fue escuchada desde el cielo, afirmando que Jesús era su Hijo. Y cuando Pedro sugirió que los discípulos construyeran refugios para Jesús, Moisés y Elías, Dios señaló a Jesús como digno del máximo honor y de la máxima obediencia. Esto era significativo porque Moisés fue el legislador y libertador del pueblo de Dios y Elías era el profeta fiel que llamó a la nación de Israel de regreso de la apostasía. Esto significa que Jesús estaba en continuidad con la ley y los profetas, y que él estaba desarrollando las expectativas puestas por los más grandes líderes del pasado de Israel. Pero también significaba que él era el ungido más grande de todos, heredero final davídico que traería el reino de Dios a la tierra.

La transfiguración es una escena increíble en la que Jesús va a una montaña, con sus discípulos, con sólo tres de ellos y reciben la demostración de la gloria de Cristo. Primero obtenemos una visión de estas dos naturalezas de Cristo, en donde se transfigura y nos da una demostración de su gloria, que siempre ha sido verdadera, pero como dice el himno: "estaba vestido de carne, pero vemos a Dios en él." Nos da una demostración segadora de su gloriosa presencia, tanto que los discípulos bajan de la montaña y ellos mismos están brillando. Al pensar en lo que logró el cumplimiento del pacto, es poderoso, porque, ¿Con quién se reunió en la transfiguración? Con Elías y Moisés. Y aquí vemos a Jesús como el cumplimiento de la ley mosaica y del oficio profético, logrando su identidad mesiánica. El antiguo pacto se cumple en Jesús, en el Mesías. Cuando se reúne con el dador de la ley, Moisés y con Elías se da el cumplimiento del gran oficio profético. Jesús viene, se reúne y establece su identidad mesiánica en esa increíble transfiguración. [Dr. K. Erik Thoennes]

Ahora que hemos visto el nacimiento de Jesús y su preparación para el oficio de Cristo, y su ministerio público, estamos listos para reflexionar en su pasión y muerte.

PASIÓN Y MUERTE

Usamos el término "pasión" para referirnos a los sufrimientos que Jesús soportó, especialmente durante la semana antes de su crucifixión. De muchas formas, esta es la historia más oscura de Jesús, porque durante esta semana, Jesús fue rechazado por la humanidad, negado y traicionado por sus seguidores y ejecutado por sus acusadores. Y aún peor que eso, el Padre de Jesús en el cielo derramó su ira y juicio divino sobre él en nuestro lugar. Pero incluso en esta historia oscura, hay un rayo de esperanza y de luz. La pasión y muerte de Jesús nos muestra hasta que punto el Dios trino estaba dispuesto a llegar para salvarnos. Ellos dan testimonio del amor divino y el sacrificio, que merece nuestra gratitud y obediencia y devoción.

En esta lección, definiremos la pasión y muerte de Jesús como el período que comienza con su llegada a Jerusalén y termina en la tumba después de su crucifixión. Mientras esta parte de la vida de Jesús duró solamente como una semana, contuvo muchos eventos significativos. Una vez más, comenzaremos con un breve resumen del período.

Durante el año 30 a. C., Jesús fue a Jerusalén para la fiesta de pascua. Cuando se aproximó a la ciudad montando un asno, mucha gente lo reconoció y lo clamaron el rey de Israel. Por esa razón, su entrada en la ciudad es comúnmente conocida como "la Entrada Triunfal." Leemos esto en Mateo 21:1 al 11; Marcos 11:1 al 11; Lucas 19:28 al 44; y Juan 12:12 al 19. Una vez en Jerusalén, Jesús se enfureció con los mercaderes del templo. Así, en un acto de condenación profética y de juicio real, volcó sus mesas y los echó del templo. Los evangelios registran esta limpieza del templo en Mateo 21:12 al 17; Marcos 11:15 al 18; y Lucas 19:45 al 48. En los días siguientes Jesús mantuvo disputas con las autoridades religiosas y enseñó a todos los que fueron a escucharlo. Luego, en la noche antes de la celebración judía de la pascua, Jesús se reunió con sus discípulos y compartió una cena final, a menudo llamada la Última Cena. Durante esta semana, él instituyó la Cena del Señor como una conmemoración continua y una comunión hasta su regreso prometido. Este evento es registrado en Mateo 26:17 al 30; y Marcos 14:12 al 26; y Lucas 22:7 al 23. Esa misma noche, él también dio muchas instrucciones tanto a través de su enseñanza, la cual es a menudo conocida como su "Discurso de Despedida", registrado en Juan capítulos 13 al 16, y a lo largo de su oración sacerdotal en Juan 17. Esa misma noche, el discípulo Judas se fue para traicionar a Jesús, pues había planeado esto con los líderes religiosos judíos en Lucas 22:3 y 4 y Juan 13:27 al 30. Después, Jesús y los otros discípulos caminaron al Jardín de Getsemaní. Y mientras Jesús estaba orando, Judas guío a un grupo de líderes religiosos y soldados al jardín donde arrestaron a Jesús. Jesús fue acusado ante el sumo sacerdote Caifás el líder judío, fue enjuiciado ante el gobernador romano Pilato y el rey judío Herodes Antipas. Bajo la tensión de la situación, sus discípulos lo abandonaron, y Pedro lo negó tres veces. Jesús mismo fue golpeado, ridiculizado y sentenciado a muerte. Estos eventos están registrados en Mateo 26:31 al capítulo 27:31; y Marcos 14:32 al capítulo 15:20; y Lucas 22:39 al capítulo 23:25; y Juan 18:1 al capítulo 19:16. Jesús fue crucificado alrededor del mediodía del día siguiente a su arresto. Fue clavado a una cruz y colgado públicamente de ella hasta que murió. En medio de esta gran agonía y sufrimiento, él prometió misericordia a un ladrón arrepentido, proveyó de cuidado a su madre, y le pidió a Dios perdón por aquellos que lo estaban matando. Alrededor de las tres en punto clamó a Dios y murió. Estos eventos están registrados en Mateo 27:32 al 54; Marcos 15:21 al 39; Lucas 23:26 al 47; y Juan 19:16 al 30. En ese momento, un terremoto movió la tierra y el velo del templo se partió de arriba abajo. Después, un soldado romano lo perforó con una lanza para verificar que estaba muerto y el cuerpo de Jesús fue bajado de la cruz. Como el día de reposo estaba a punto de comenzar, algunos de sus seguidores rápidamente prepararon su cuerpo para el funeral y lo pusieron en una tumba prestada. El registro de esta terrible tarde puede ser encontrado en Mateo 27:51-61; Marcos 15:38-47; Lucas 23:44 al 56; y Juan 19:34 al 42.

Consideraremos la pasión y muerte de Jesús enfocándonos en tres eventos de este período: la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén, su institución de la Cena del Señor, y su crucifixión. Veamos primero su Entrada Triunfal.

Entrada Triunfal

Jesús entró a Jerusalén montado en la espalda de un asno para cumplir la profecía de Zacarías 9. El asno era significativo porque era montado por reyes en tiempos de paz, cuando tenían la seguridad de que no había amenazas en contra de ellos. Esta acción simbólica fue intencionada: para demostrar la confianza de Jesús como el rey; y afirmar a aquellos que eran fieles a su mensaje del reino; y reprender a aquellos que no lo eran.

Al acercarse Jesús a la ciudad, la gente empezó a reconocerlo y a darle la bienvenida. Para honrarlo, muchos pusieron ramos de palma e incluso sus ropajes en el camino, y le alabaron con fuerza. Como leemos en Marcos 11:9 al 10:

Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas! (Marcos 11:9-10)

Pero no todos le dieron la bienvenida a Jesús. Él fue rechazado y el liderazgo judío se le opuso, así como los sacerdotes y maestros de la ley — los mismos que debieron haber estado más emocionados por su llegada. Al rechazar al ungido de Dios, probaron que sus propios ministerios estaban opuestos a Dios y a su obra. Escuchemos las palabras de Jesús al pueblo de Jerusalén cuando entró a la ciudad, registradas en Lucas 19:42 al 44:

¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos … no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación. (Lucas 19:42-49)

Este rechazo continuó con los líderes religiosos pasando la primera parte de la semana final de Jesús, preguntando todo tipo de preguntas en sus intentos para desacreditarlo ante la gente. También trataron de provocar a las autoridades romanas para oponérsele y repetidamente retaron a la identidad de Jesús y su autoridad como Cristo.

En su entrada triunfal y en los días siguientes, la gente alabó y aceptó a Jesús mientras que las autoridades religiosas lo rechazaron. ¿Por qué la gente tuvo reacciones tan diversas hacia él? Podemos entenderlo en diferentes niveles. Primero que nada, aquellos con autoridad tenían mucho que perder. Y podemos ver que hay una orientación general al poder y a la autoridad. Es simplemente la naturaleza humana, las autoridades judías no eran diferentes a otros seres humanos. Aquellos que tienen poder quieren retenerlo, y Jesús vino como una amenaza a su poder. Entendieron el reino de Dios de manera estrecha, de manera nacionalista, de manera etnocéntrica, de manera tribal, y tenían mucho que perder. Así como le fue dicho a María en el evangelio de Lucas, este hijo iba a ser la causa del levantamiento y la caída de muchos en Israel y una señal al cual se opondría la gente. El evangelio de Juan comienza con la anticipación de que éste es la luz que vino al mundo y no la oscuridad, algunas traducciones dicen que lo comprenden, pero yo creo, que en vez de esto, que deberíamos entender, dominar el tema. Jesús vino como la luz del mundo, y la oscuridad tiene mucho que perder. Y por lo tanto, las autoridades religiosas manifestaron eso. Pero también debemos recordar que no ha pasado mucho tiempo, ya va a terminar la semana santa, como la llamamos nosotros, en la cual todos, incluso las multitudes que siguieron a Jesús, pidieron que se liberará a Barrabás en vez de Jesús. Jesús vino y no cumplió con lo que la gente quería que hiciera Dios. En vez de eso, vino manifestando lo que Dios está determinado a hacer, y eso significa una amenaza para nuestra propia independencia, una amenaza para nuestra propia autonomía. Y no nos gusta morir a nosotros mismos, y Jesús trajo la amenaza de volcar las voluntades humanas, y es por eso, que en última instancia desde un nivel humano, fue rechazado. [Rev. Michael Glodo]

Habiendo visto la Entrada Triunfal, reflexionemos en un evento principal de la semana de la pasión y muerte de Jesús: la institución que hizo de la Cena del Señor.

Cena del Señor

Como hemos mencionado, la pasión y muerte de Jesús toma lugar durante la semana de la pascua. Así que una de las cosas que Jesús hizo durante esa semana fue comer la cena de la pascua con sus discípulos. Hizo esto inmediatamente antes de su arresto y crucifixión, y este evento es comúnmente conocido como la Ultima Cena.

Durante esta Última Cena, Jesús hizo algo muy especial que los cristianos hemos conmemorado desde entonces: instituyó la Cena del Señor como un sacramento cristiano, un ordenanza. Como hemos dicho, la Última Cena fue una cena de la pascua. Se conmemoró el hecho de que Dios había rescatado la nación de Israel de la esclavitud en Egipto. Pero al final de esta semana, Jesús utilizó el simbolismo de la pascua para llevar la atención hacia su propia obra como el Cristo. Específicamente, seleccionó dos cosas de su cena — el pan sin levadura y la copa de vino — y les asignó un nuevo significado. De acuerdo a Lucas 22:17 al 20, Jesús asoció el pan con su cuerpo, que estaba a punto de presentar a Dios como una ofrenda por el pecado. Y asoció la copa de vino con su sangre, la cual también sería parte de la misma ofrenda por el pecado. Más aun, cuando combinamos las enseñanzas en Mateo 26:29 y Marcos 14:25 con sus instrucciones en Lucas 22:19, vemos que Jesús enseñó a sus discípulos a usar estos alimentos siempre en memoria de él hasta que regresara y terminara el trabajo que había comenzado.

La Cena del Señor en la tradición cristiana ha sido a menudo descrita como las palabras visibles de Cristo, porque dan una demostración visual de lo que pasó en la cruz. Así que el pan partido, el vino servido, nos apunta a Cristo, cuyo cuerpo, clavado en la cruz, su sangre derramada por nosotros, y la forma en la que el simbolismo funciona, o que el sacramento funciona, es señalarnos de vuelta a Cristo. Nos permite tomar parte de los beneficios de su muerte, al comer y beber en memoria de todo lo que hizo por nosotros. Y hay un sentido en el cual los creyentes también sienten que hay un gran fortalecimiento espiritual que sucede cuando comemos y bebemos, participamos en los beneficios de todo lo que Cristo ha hecho por nosotros hasta ese punto. [Dr. Simon Vibert]

Hay algunos aspectos del significado de la Cena del Señor que debemos mencionar específicamente, comenzando con su referencia a la expiación de Cristo.

Expiación

El simbolismo básico de la Cena del Señor es fácil de entender. El pan representa el cuerpo de Jesús, y el vino representa su sangre. Pero, ¿Por qué son significativos? Porque su cuerpo fue partido por nosotros, de acuerdo a Lucas 22:19, y su sangre fue derramada por muchos para el perdón de pecados, como leemos en Mateo 26:28. En otras palabras, su cuerpo y sangre son significativos porque son lo que él ofreció a Dios en la cruz para expiar por nuestro pecado. Veremos ese tema en un momento cuando discutamos la crucifixión.

El segundo aspecto que mencionaremos del significado de la Cena del Señor es que significa la inauguración del nuevo pacto.

Nuevo Pacto

Escuchemos lo que Jesús dijo en Lucas 22:20:

Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama. (Lucas 22:20)

Aquí, Jesús se refirió a la renovación del pacto que el profeta Jeremías había predicho en Jeremías 31:31 al 34.

El nuevo pacto es ambos, la garantía y la renovación de las promesas del pacto previamente hechas por Dios en los días de Adán, Noé, Abraham, Moisés y David. Esas administraciones previas del pacto de Dios expresaron la benevolencia de Dios hacia su pueblo, pero también requirieron su obediencia leal, prometiendo bendiciones a aquellos que obedecían a Dios, y maldiciones en contra de aquellos que le desobedecían. Y como el Cristo, Jesús era el administrador de la última etapa del pacto de Dios con su pueblo — la etapa en la que el pacto fue "ratificado" o "sellado" por el derramamiento de su sangre.

Como leemos en Hebreos 9:15:

[Cristo] es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto. (Hebreos 9:15)

Ahora que hemos visto la Entrada Triunfal de Jesús y su institución de la Cena del Señor, estamos listos para reflexionar en su crucifixión.

Crucifixión

La crucifixión es una forma de pena de muerte usada en el antiguo imperio romano. Sus víctimas eran atadas a la cruz, o clavadas en ella, como en el caso de Jesús, y entonces eran colgadas de la cruz hasta que murieran, típicamente por sofocación. La crucifixión de Jesús fue única, claro, porque sólo está sirvió cómo una ofrenda de expiación por el pecado. Como el Cristo, era su responsabilidad morir a nombre de su pueblo, como leemos en Hebreos 9:11 al 28.

Hay demasiadas doctrinas asociadas con la crucifixión como para mencionarlas todas, así que nos limitaremos a solamente dos: la imputación de nuestro pecado a Jesús; y el hecho de que él murió como resultado del juicio divino en contra del pecado. Comenzaremos con la idea de la imputación.

Imputación

La imputación simplemente significa asignar o ajustar cuentas. Pero cuando hablamos acerca de la imputación de nuestro pecado a Jesús en la cruz, nos referimos al acto en el cual Dios asignó la culpa de los pecadores a la persona de Jesús. Así que, cuando decimos que nuestros pecados fueron impugnados a Jesús, queremos decir que Dios lo culpó a él por nuestros pecados. Jesús realmente nunca pecó, y su persona nunca fue corrompida por el pecado. Pero desde una perspectiva legal, Dios contó a Jesús como si él personalmente hubiera cometido cada pecado imputado a él. En continuidad con los patrones de las ofrendas por el pecado del Antiguo Testamento, Jesús se ofreció él mismo en la cruz como un sustituto de su pueblo. El libro de Hebreos habla de esto extensamente en los capítulos 9 y 10. El papel de Cristo como nuestro sustituto está reflejado en el hecho de que la Biblia a menudo se refiere a él como nuestro sacrificio, como en Romanos 3:25; Efesios 5:2; y 1 Juan 2:2. Ésta también es la razón por la que es llamado nuestro precio de rescate en lugares como Mateo 20:28; 1 Timoteo 2:6; y Hebreos 9:15. Antes de que nuestro pecado fuera imputado a él, Jesús era sin culpa, perfecto, pero por extraño que nos parezca, una vez que nuestro pecado fue ajustado a su cuenta, Dios lo ve como el culpable de todo los pecados que le fueron asignados a él. Esto es lo que Pablo estaba diciendo en 2 Corintios 5:21 cuando dijo:

Cuando empezamos a hacer preguntas como ésta: "¿Sería justo, sería recto que Dios imputara nuestros pecados a Cristo?" Cuando vamos a una corte humana y pensamos: "¿Impondríamos la culpa de alguien más en un caso de asesinato a alguien que no lo cometió? La respuesta sería "no". Desde una escala de justicia humana estaría mal. Pero la justicia de Dios es perfecta y, como es perfecta, sabemos que cualquier cosa que él haga está bien. La Biblia en realidad nos dice por qué está bien. Si Dios hubiera elegido a alguien al azar, si hubiera simplemente imputado arbitrariamente mi culpa en él, no sería justo. No cumpliría con el propio estándar de Dios de justicia. Pero, ¿qué tal si antes de que la humanidad fuera creada, Dios determinó redimir a la humanidad a través de su propio hijo, el único que realmente puede cargar con nuestro pecado y hacer expiación por nuestro pecado a través de su perfecta justicia y obediencia?, ¿Qué tal si eso no hubiera sido una asignación arbitraria, a alguien simplemente se le hubiera dicho, "Vas a tener que cargar con este pecado"? ¿Qué pasaría si Jesús hubiera dicho en los evangelios "Nadie toma mi vida de mí, sino que yo doy mi vida por propia voluntad por mis ovejas."? La justicia de Dios nunca ha sido tan perfectamente demostrada como en el plan perfecto para redimir a la humanidad a través de su propio Hijo, quién voluntariamente dio su propia vida y cargó nuestro pecado para que pudiéramos tener paz con Dios. La justicia de Dios es perfecta. Nunca más perfecta que en la cruz. [Dr. R. Albert Mohler, Jr.]

Ahora que hemos considerado la imputación de nuestro pecado a Cristo, reflexionemos en nuestro segundo tema relacionado con la crucifixión: juicio divino.

Juicio

La muerte humana siempre es un juicio divino contra el pecado. Vemos esto en Génesis 3:17 al 19; Ezequiel 18:4; y Romanos 5:12 al 21. La muerte entró en la raza humana cuando Adán pecó en Génesis 3. Y ha continuado desde entonces porque el pecado de Adán ha sido imputado a nosotros.

La muerte de Jesús también fue un juicio divino en contra del pecado. Antes de que Dios pusiera la culpa sobre Jesús, él no podía morir. Pero una vez que nuestro pecado se le imputó en la cruz, su muerte se hizo no solamente posible, sino necesaria. Esta era la única respuesta justa que Dios podía dar a tan tremenda culpa. Como parte de su juicio, Jesús también permaneció bajo el poder de la muerte por tres días antes de su resurrección. Pero la buena noticia es que él ha calmado la furia total de Dios en contra de nuestro pecado, de modo que no haya ningún juicio divino pendiente que nos amenace. Como Jesús dijo en Juan 5:24:

El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. (Juan 5:24)

Si tuviera que definir pecado, tendría una visión distorsionada. La comprensión de Dios del pecado y su gravedad requiriendo su juicio, es una de las mejores noticias. A mí no me gusta ver mi pecado. No me gustan sus efectos en mi vida o en el mundo. Pero a menos de que Dios no lo juzgue, nunca realmente se podrá lidiar con él. Yo trataría de encontrar cualquier forma que pueda para evadir la naturaleza del pecado. Pero el juicio de Dios significa que él sabe exactamente lo que es el pecado, lo que he cometido, y lo que hace alrededor de mí. El hecho de que el Señor se ha sacrificado para cumplir esas necesidades, las dificultades y problemas, son exactamente la respuesta a mi problema de pecado. Sin ese juicio, entendimiento y manera justa de limpiar, el pecado, no habría redención. La expiación de Cristo es la única buena noticia que hay. Todas las demás religiones, han tratado de lidiar con el pecado, para deshacerse de él, para sublimarlo, para decir que no pasó, para negar el cuerpo del delito. Pero Jesús viene con este juicio justo y completo, y nos dice exactamente lo que es. A medida que lo hace, lo toma en sí mismo en la cruz. Para los cristianos, y para cualquiera, estas son las mejores noticias de todas. [Dr. William Ury]

Jesús es el Verbo de Dios encarnado. Él es el Verbo hecho carne. El Verbo que ha estado con Dios, el Verbo que era Dios. Él es el Hijo que ha venido del corazón del Padre para hacer que el Padre sea conocido. Es importante que recordemos eso, porque entonces, cuando lo vemos poniendo su vida en la cruz, tomando nuestro juicio, entonces comienza el juicio de Dios en contra del pecado, y nuestro juicio en su propia vida, es Dios mismo en el Hijo quien está cargando su propio juicio en contra de su propio pecado en frente de nuestra rebelión y nuestra traición a Dios. ¿Cuáles son las buenas noticias? Dios nos ama tanto que no esperará a que nosotros paguemos nuestros pecados para que podamos conocerle. Él no esperará que hagamos un puente sobre el gran abismo que nos separa de él. Sino que él viene a nosotros y carga en su propio ser nuestra fealdad, nuestra miseria, y maldad de nuestros pecados para que él pueda entonces derramar no sólo su perdón sino su presencia divina y su vida divina y su amor divino en nuestros corazones. Esas son muy buenas noticias. [Dr. Stephen Blakemore]

Hasta ahora en nuestra lección, hemos visto el oficio de Jesús como el Cristo o el Mesías durante tres períodos de tiempo: su nacimiento y preparación, su ministerio público, y su pasión y muerte. Así que en este punto, estamos listos para abordar nuestro tema final: el período de la exaltación de Jesús como Cristo.

EXALTACIÓN

Describiremos la exaltación de Jesús como el período de tiempo que se extiende desde su resurrección hasta su regreso al futuro visible. Comenzaremos con un breve resumen de los eventos de esta época, y luego veremos algunos de ellos con más detalle.

En el primer día de la semana después de su crucifixión y entierro, Jesús se levantó de los muertos. Durante un período de cuarenta días, se apareció a muchos de sus discípulos. Les enseñó acerca del reino de Dios, les explicó su papel en el cumplimiento de las Escrituras, y estableció el liderazgo de su iglesia a través de los apóstoles. Estos eventos están registrados en Mateo 28, Marcos 16, Lucas 24, Juan capítulos 20 y 21 y Hechos 1:1 al 11. Al final de estos cuarenta días, Jesús bendijo a su pueblo y ascendió visiblemente al cielo mientras que ángeles lo proclamaron que regresaría de nuevo. Estos hechos están reportados en Lucas 24:36 al 53, y Hechos 1:1 al 11.

Al ascender al cielo, Jesús presentó su muerte a Dios como un sacrificio de expiación y se sentó a la diestra de Dios. Esto comenzó su reinado o "sesión" sobre los asuntos de su pueblo, el cual continuará hasta que regrese en gloria para rendir juicio en contra de sus enemigos y para bendecir a su pueblo con los nuevos cielos y tierra. Encontramos esto en lugares como Efesios 1:20 al 22; 2 Tesalonicenses 1:7 al 10; y Apocalipsis 20:11 al 22:7.

Veremos cuatro aspectos de la exaltación de Jesús. En primer lugar, veremos su resurrección. En segundo lugar, mencionaremos su ascensión. En tercer lugar, consideraremos su sesión celestial. Y en cuarto lugar, nos enfocaremos en su regreso visible. Comencemos con su resurrección de los muertos.

Resurrección

La muerte es la tragedia más grande que los seres humanos experimentamos, y la peor manifestación del pecado en este mundo. Pero la buena noticia es que Dios ungió a Cristo como conquistador de la muerte por todos nosotros. Cuando se levantó de la tumba a través del poder del Espíritu, probó a toda la creación que realmente es el Hijo con el favor de Dios, su herencia y su reino. Y aún más maravilloso que esto es que aseguró la futura resurrección y bendición de todos sus seguidores fieles.

Hay demasiados aspectos significativos de la resurrección de Jesús como para mencionarlos todos. Así que, enfocaremos nuestra atención en sólo dos, comenzando con la manera en que ésta alargó el plan de redención de Dios.

Plan de Redención

El plan de Dios para redimir a la humanidad y al resto de la creación dependía de que él cumpliera sus promesas del pacto para establecer su reino en la tierra bajo el reinado de un descendiente de David, también conocido como el Cristo. Pero no podía hacer esto si Jesús permanecía muerto. En ese sentido, la resurrección de Jesús fue un paso crítico que le permitió a Dios cumplir sus promesas del pacto. Esta es una de las razones por las que el Antiguo y Nuevo Testamento llaman a la resurrección una afirmación del papel de Jesús como Cristo, como vemos en Lucas 24:45 y 46; Juan 2:17 al 22; Hechos 17:3; y Romanos 1:1 al 4.

El segundo aspecto de la resurrección de Jesús que mencionaremos es que provee a los creyentes de muchas diferentes bendiciones de salvación.

Bendiciones de Salvación

El Nuevo Testamento asocia la resurrección de Jesús con una amplia variedad de bendiciones que recibimos como parte de nuestra salvación. Que resulta en nuestra justificación, la cual es el perdón por nuestros pecados, en Romanos 4:25. Es la fuente de la regeneración de nuestros espíritus, y abre la puerta a nuestra herencia eterna en 1 Pedro 1:3 al 5. Produce buenas obras y un verdadero testimonio de Cristo en nuestros cuerpos y vidas, como leemos en 2 Corintios 4:10 al 18. Y es la fuente de la resurrección corporal de los creyentes, en la cual tendremos cuerpos glorificados como el que tiene Jesús, como leemos en Romanos 6:4 y 5 y 1 Corintios 15:42 al 53. Aunque los cristianos rara vez pensemos en estos términos, la resurrección de Jesús es esencial para muchas de las bendiciones de salvación que ya disfrutamos, así como también para las que recibiremos en el futuro.

La resurrección de Jesucristo, es el punto central del Nuevo Testamento. Del cual fluyen muchas bendiciones. La resurrección nos enseña quién es Jesús. Es una reivindicación como el Mesías, el Señor y el Hijo de Dios. Así que nos enseña grandes cosas acerca de Jesús, y hay gran bendición en ello. El punto clave para los cristianos es que Jesucristo está vivo hoy. Se ha levantado de los muertos, es alguien a quien de hecho podemos conocer y con quien podemos reunirnos ahora. Significa que el poder de Jesús de la resurrección, está disponible para nosotros. Y creemos que mediante el Espíritu Santo esta nueva vida viene a residir en nosotros. Esto significa que vivir como cristianos no es tratar de seguir a Jesús con nuestra propia fuerza, significa que tenemos el poder de la resurrección dentro de nosotros. La resurrección nos da increíble esperanza para el futuro y es el patrón de lo que nos sucede cuando morimos. Y vemos en la resurrección de Jesús la promesa de que la muerte no es el final; después viene la nueva vida, la resurrección - la vida corporal. Y eso por supuesto ha dado una esperanza increíble, al nosotros enfrentar la muerte humana. Es la confianza en que Jesús nos llevará a través de la muerte a la vida. Y quisiera decir una cosa mas, que la resurrección es también una promesa de Dios para renovar su creación. El cuerpo de Jesús es un cuerpo físico, y no aparece sólo como un ser espiritual, él tiene un cuerpo físico. Esa es una señal de que Dios toma la materia humana y la va a redimir y renovar. La creación no es mala, es algo que va a ser renovado. En Romanos 8, cuando Pablo dice que toda la creación será renovada. Es la resurrección la que nos da esa idea y esa confianza. [Dr. Peter Walker]

Con la resurrección en mente, veamos su ascensión al cielo.

Ascensión

La ascensión de Jesús ocurrió cuando fue milagrosamente elevado al cielo ante la presencia especial de Dios. Ahora bien, por supuesto, en su naturaleza divina, el Hijo de Dios está presente en todos los lugares a todas horas. Pero de acuerdo a su naturaleza humana, la ascensión movió el cuerpo y el alma de Jesús de nuestro reino terrenal al reino celestial habitado por ángeles y las almas de los creyentes que ya han partido. Las Escrituras registran este evento en Lucas 24:50 al 53 y Hechos 1:9 al 11, y se refieren a él en muchos otros lugares.

Estudiemos los aspectos del papel de Jesús como Cristo que pueden ser asociados con su ascensión: la autoridad apostólica que Jesús le dio a sus apóstoles; y su propia entronización a la diestra de Dios. Veamos primero el asunto de la autoridad apostólica

Autoridad Apostólica

Como resultado de sus logros únicos de expiación de pecados y del cumplimiento total de justicia, Dios le dio a Jesús la autoridad y el poder sobre toda la creación sin precedentes. Como Jesús le dijo a sus discípulos en Mateo 28:18:

Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. (Mateo 28:18)

Más aun, en su ascensión, Jesús delegó un poco de esta autoridad a sus apóstoles en la tierra, para que pudieran hablar con autoridad infalible en su nombre, con el fin de establecer y edificar la iglesia. Los apóstoles que recibieron esta autoridad fueron los once fieles discípulos originales, Matías, quien reemplazó al traidor Judas en Hechos 1:26, y Pablo quien recibió su autoridad por una dispensación de autoridad especial. Como resultado de esta delegación de autoridad, a estos apóstoles les fue permitido escribir y aprobar nuevas Escrituras, y hablar infaliblemente en materias de doctrina. Como vemos en Hechos 1:24 al 26, esta autoridad era única de los apóstoles que la recibían directamente de Cristo, y no podía ser pasada de maneras humanas. Como resultado, nunca ha habido otros apóstoles que posean este nivel de autoridad.

El apóstol Pablo aludió a este hecho en Efesios 2:19 y 20, en el cual dijo que la iglesia universal era de:

Miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo. (Efesios 2:19-20)

Los apóstoles con autoridad eran una categoría especial de oficiales de la iglesia, que pertenecieron únicamente al período de la fundación de la iglesia universal.

Habiendo entendido la autoridad apostólica, estamos listos para ver la segunda característica de la ascensión de Jesús al cielo: su entronización.

Entronización

Ahora bien, el que Cristo se haya sentado con Dios en los cielos significa que Cristo ha sido victorioso sobre todo los enemigos de Dios y su pueblo. Y particularmente en el libro de Efesios, en el cual Pablo dice esto en el capítulo 2, los enemigos de los que Pablo está hablando son los enemigos cósmicos del universo, los regidores y autoridades de esta oscuridad presente. Esas fuerzas han sido conquistadas por la resurrección de Cristo de entre los muertos, y Cristo está sentado a la derecha de Dios. Y las maravillosas buenas nuevas son que estamos sentados también a la derecha de Dios. Así que, como cristianos, nosotros también tenemos victoria sobre todas las fuerzas demoníacas y malvadas del universo. No necesitamos temer a los poderes invisibles que algunas personas dicen que tienen poder sobre nosotros. No necesitamos tener miedo porque Cristo ya los ha conquistado y somos victoriosos junto con él. [Dr. Frank Thielman]

Cuando Jesús ascendió al cielo, presentó su sacrificio en el templo celestial, y entonces se sentó a la diestra de Dios. Este orden de eventos es mencionado en Hebreos 1:3, capítulo 9:11 al 14, y capítulo 10:12 al 14.

El acto de sentarse a la diestra de Dios constituyó la entronización de Jesús como el siervo de Dios Padre o el rey siervo en el cielo. Este lugar mesiánico de honor fue profetizado por primera vez por el rey David en el Salmo 110. Y el Nuevo Testamento frecuentemente menciona que ahora le pertenece a Jesús. Por ejemplo, vemos esto en Marcos 16:19; Lucas 22:69; Efesios 1:20 y 21; y en 1 Pedro 3:22.

La entronización completó la asunción de Jesús al oficio de Cristo. Él había sido elegido antes de su encarnación y ungido en su bautizo. Pero fue hasta su ascensión que realmente tomó el trono y comenzó a reinar de manera formal.

Todos los aspectos de la acciones del Señor, todo su movimiento, toda su relación personal a cada aspecto de nuestro tiempo es importante para nuestra redención. El hecho de que él esté a la diestra del Padre en un trono, hablando en términos espirituales, es una gran afirmación para nosotros de que hay victoria para nosotros al final de la historia humana. Él es el rey que ha ganado cada batalla. No lo vemos actualmente, pero en realidad él lo ha hecho. Ese es el concepto cósmico. La transformación de todo el universo, su señorío total, el cual está totalmente representado para nosotros en su señorío en un trono. Pero lo maravilloso acerca de recordar quién es Jesús, es que el que reina es un hombre glorificado. El Hijo de Dios, quien se volvió el Hijo del Hombre. Así que su encarnación nunca cesa. No se volvió algún espíritu solo. Él ha llevado a la humanidad hacia el cielo, y el que está a la diestra de Dios Padre es un carpintero judío que es el Hijo de Dios, él siempre vive para interceder por nosotros. Hay una maravillosa mezcla de su señorío, su soberanía, su dominio, su victoria absoluta sobre todo lo que ha ocurrido. También esta increíble intimidad, el llevarnos hacia él, su vida intercesora, esta oración poderosa y preocupación por nuestras vidas continúa. Así que este salvador perfecto está demostrado para nosotros en un trono. Sí, él tiene toda la razón, es digno de ser glorificado y adorado, pero su dignidad está también, balanceada desde nuestra perspectiva por un increíble concepto de darse a sí mismo. Esto me hace pensar en los himnos que durante años han hablado casi de manera perturbadora, en tiempo presente, de sus heridas sangrantes. Mi respuesta al principio fue, bueno, se desangró y murió. Cuando cantamos acerca de la realidad de su trono, decimos que tuvo cinco heridas sangrantes, recibidas en el calvario. Yo creo que lo que está diciendo es que no olvidemos su encarnación, que su vida en el trono es la de un Cristo encarnado, Señor del cielo y la tierra, Señor de nuestras necesidades diarias. Hay una gran implicación para el cristiano cuando pensamos sobre su obra en el trono aún hoy. [Dr. William Ury]

Habiendo explorado la exaltación de Jesús en términos de su resurrección y su ascensión, reflexionemos en su sesión permanente en el cielo.

Sesión

La palabra sesión es un término técnico en teología para el reinado continuo de Jesús y el gobernar desde el sitio de majestad y poder en el cielo. Se refiere a todas las cosas que Jesús está haciendo en su presente reino como el rey vasallo de Dios.

Cuando las Escrituras describen lo que Jesús está haciendo ahora, a menudo dicen que él está sentado a la derecha de Dios el Padre. Ese lenguaje puede desviar a algunos lectores modernos. Jesús no solamente está sentado junto al Padre, esperando el tiempo de su regreso; está sentado en un trono, y eso significa que reina sobre su reino. Es un rey siervo que se sienta a la derecha de Dios. Y seguirá reinando sobre nosotros e intercediendo por nosotros hasta que regrese. La sesión de Jesús es prueba de que él es victorioso sobre el pecado y la muerte, y le autoriza darle a su pueblo continuo consuelo en medio de cada problema que enfrentamos en la vida.

Las Escrituras nos dicen que Cristo está sentado a la diestra de Dios. Esta es una expresión antropomórfica que muestra que Cristo recibió las llaves del gobierno de la iglesia y del universo. En su ascensión, se le hace participar en la gloria que corresponde a esto. Pero la referencia a estar sentado no implica que Jesús ascendió a un lugar de descanso. Él continúa su trabajo como nuestro rey, profeta y sacerdote. [Rev. James Maples]

Hablaremos de las cosas que Jesús hace durante su sesión celestial en términos de tres facetas pequeñas de su papel como el Cristo exaltado: La primera es su Palabra y Espíritu profético. La segunda es su intercesión sacerdotal ante el Padre. Y la tercera, su reinado sobre su pueblo. Primero veamos la Palabra y Espíritu proféticos de Jesús.

Palabra y Espíritu

Como vemos en Hechos 2:33, una de las primeras formas en que Jesús ejerció su ministerio profético fue enviando al Espíritu Santo como un regalo a la iglesia. Hechos 2 registra que cuando el Espíritu vino por primera vez hubo lenguas de fuego, el sonido de viento rampante y la exuberante alabanza a Dios en las lenguas de los judíos dispersados. Esto fue un trabajo profético porque el Espíritu Santo le dio poder a la Iglesia como testigo profético de Jesús en el mundo. Pedro explicó que estas señales cumplieron la predicción hecha en Joel 2 que en los últimos tiempos, el Espíritu, daría poder a todo su pueblo fiel para el ministerio.

Desde pentecostés, Jesús ha continuado enviando el Espíritu a ministrar a la iglesia de formas proféticas, aunque las manifestaciones extraordinarias del pentecostés no han sido la norma. Tal vez el ejemplo más común cuando leemos las Escrituras es que él envió al Espíritu a proveer iluminación y entendimiento. El ministerio profético de Jesús durante su sesión también incluyó la inspiración de las Escrituras. Él envió al Espíritu a inspirar a los apóstoles a escribir la palabra infalible de Cristo para su pueblo, como leemos en lugares como 2 Timoteo 3:16 y 17 y 2 Pedro 3:15 y 16. Y Jesús continúa ministrando a su iglesia por medio de la palabra, preservando las Escrituras para nosotros, y enviando a su Espíritu dándole dones a los ministros para predicar la palabra a sus congregaciones y evangelizar a los perdidos, como vemos en lugares como Filipenses 1:14, 1 Tesalonicenses 2:13 y Hebreos 13:7.

Además de su Palabra y Espíritu, la sesión de Jesús también incluye su intercesión sacerdotal.

Intercesión

En su ascensión, Jesús ofreció su propia sangre al Padre para expiar los pecados de su pueblo. Esta acción es irrepetible. Pero sus beneficios — como el perdón, limpieza y sanación — necesitan ser aplicados en nuestras vidas continuamente. Al final, disfrutaremos de pureza ilimitada, salud y prosperidad en el nuevo cielo y la nueva tierra. Pero mientras esto sucede, Jesús intercede por nosotros ante el Padre, pidiéndole aplicar una porción de esas bendiciones a nosotros durante nuestras vidas en la tierra. Su intercesión es mencionada en pasajes como Hebreos 7:25 y 26, capítulo 9:11 al 26, y capítulo 10:19 al 22; así cómo en 1 Juan 2:2.

El que Cristo presente su obra entera como nuestro sacerdote involucra dos aspectos. Involucra dar su vida por nosotros, lo cual lo vemos en términos de la cruz —va como nuestro sustituto. Toma nuestro lugar. Toma nuestro pecado sobre él, y paga por eso totalmente. El sacerdote también intercedía por la gente, mediaba, era el hombre en medio entre Dios y la gente, orando por ellos, representándolos. Cristo hace ambas cosas. No es el caso que su cruz ya terminó y por eso su obra de intercesión no va a ocurrir. No. Su cruz está terminada. Él es nuestro sustituto, nuestro representante, sin embargo, él continúa orando por nosotros, intercediendo por nosotros ¿Por qué lo hace? No porque la cruz es inefectiva, sino porque está aplicando su obra a nosotros de una forma continua. Continuamos pecando; no estamos todavía en un estado glorificado. Él continúa abogando lo que ha hecho ante el Padre en nuestro nombre. Continúa orando a través del Espíritu en formas que todavía no sabemos cómo orar. Y hace eso como nuestro mediador, como alguien que nos representa en cada aspecto de nuestras vidas, y lo hace tanto como nuestro sacrificio y como nuestro intercesor. [Dr. Stephen Wellum]

Tristemente, muchos cristianos están bajo la falsa impresión de que cuando han pecado se quedan indefensos ante Dios, por su propia cuenta teniendo que responder por sus fallas. Pero el hecho maravilloso es que así como Jesucristo pagó por nuestros pecados en la cruz, ahora intercede por nosotros ante nuestro Padre en el cielo, asegurando que el Padre continuará perdonándonos y bendiciéndonos. Nunca estamos solos en la corte celestial de Dios, porque Jesús continuamente ora en nuestro nombre.

Jesús sigue teniendo un papel continuo, personal y relacional que desarrolla en nuestras vidas como nuestro abogado, nuestro mediador, nuestra representación, quien diaria y continuamente va ante el gran juez e intercede en nuestro caso. La gran noticia es que gracias a su obra de expiación, él nunca pierde un caso. Él siempre está apelando hacia su obra perfecta y completa, en nuestro nombre en su papel de intercesor como nuestro gran sumo sacerdote, y él siempre tiene éxito, siempre es efectivo. [Dr. K. Erik Thoennes]

Con la Palabra y Espíritu y la intercesión de Jesús en mente, reflexionemos en su reinado.

Reinado

El papel continuo de Jesús consiste en parte en gobernar a la iglesia, a quien la Biblia describe tanto como su esposa, en lugares como Efesios 5:23 al 29, como su cuerpo, como vemos en 1 Corintios 12:27. Como el hijo y heredero de David, Jesús también reina las naciones, subyugándolas a su justo reinado y gobierno. Vemos esta idea desarrollada en Mateo 28:19 y 20; 1 Corintios 15:24 al 28; y Apocalipsis 22:16. También, como la representación exacta de Dios y la verdadera imagen de la humanidad restaurada, Jesús, reina con justicia, como el Señor de la creación, como vemos en Hebreos 2:7 y 8.

Y aún más allá de esto, Jesús es tan altamente exaltado que tiene total autoridad sobre todos los poderes y autoridades, como los ángeles y demonios. Vemos esto en Romanos 8:38 y 39; y Colosenses 1:16, y capítulo 2:15. Escuchemos como Pablo resumió el reinado de Jesús en Filipenses 2:9 al 11:

Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. (Filipenses 2:9-11)

Jesús gobierna todas las cosas — la iglesia, las naciones, la creación y el mundo espiritual de ángeles y demonios. Su reinado no siempre parece predecible para nosotros. Pero él reina de acuerdo al plan oculto de Dios. La Biblia nos asegura que como Cristo reina sobre todos, sus seguidores no tiene nada que temer. Nuestra victoria eventual está asegurada. Nada puede pasarnos que esté más allá de su control y autoridad. Todo lo que existe está bajo su autoridad y poder — desde cómo funciona el universo entero hasta la partícula subatómica más pequeña. Y eventualmente, todos los reyes y gente de la tierra y los seres espirituales, reconocerán su supremacía y se hincarán ante él.

Habiendo explorado la resurrección, ascensión y sesión de Jesús, reflexionemos en un aspecto futuro de lo que Jesús hará como el Cristo: su visible regreso.

Regreso

El Nuevo Testamento enseña que como Jesús es Cristo, él regresará visiblemente y en su cuerpo glorificado consumará el reino de Dios en la tierra. El regreso de Cristo es una afirmación central de la fe cristiana, y es enseñada en pasajes como Hechos 1:11; 1 Tesalonicenses 4:13 al 18; 2 Tesalonicenses 1:5 al 10, y 1 Corintios 15:23.

Centraremos nuestra discusión del regreso final de Jesús al ver sólo dos de las cosas que él logrará en ese momento: el juicio de todos los espíritus y la humanidad; y la renovación de la creación. Veamos primero el juicio de los espíritus y la humanidad.

Juicio

Como Cristo y como rey, uno de los papeles de Jesús es actuar como juez en el último día, dándole a cada ángel, demonio y ser humano la parte que le corresponde. Como Jesús mismo dijo en Mateo 25:31 al 46, cada ser humano que ha muerto será resucitado, y entonces toda la humanidad será juzgada en base a sus obras. Aquellos que hayan hecho buenas obras serán recompensados con vida eterna bendecida. Pero aquellos que hayan hecho malas obras serán condenados al tormento para siempre. El juicio también está mencionado en lugares como Juan 5:22 al 30; Hechos 10:42, y capítulo 17:31; y 2 Corintios 5:10.

Ahora bien, la Biblia también enseña que las personas sólo pueden hacer buenas obras si el Espíritu Santo habita en ellos con poder. Y si no fuera por el hecho de que los creyentes hemos sido justificados en Cristo, incluso éstas no serían de valor. No hay absolutamente nada acerca de los creyentes mismos que los haga superiores a los no- creyentes. Como Pablo escribió en Efesios 2:8 al 10:

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. (Efesios 2:8-10)

Por nosotros mismos, toda la humanidad somos culpables ante Dios. Pero en el último juicio, aquellos de nosotros que tenemos fe en Cristo seremos contados como aquellos que murieron a sus pecados en la muerte de Cristo. Así que, en vez de ser condenados, seremos premiados por las buenas obras que Dios ha hecho a través de nosotros. En nuestro estado bendecido, estaremos completamente libres del miedo de la muerte. Nuestros cuerpos glorificados serán como el que Cristo ya tiene. Y viviremos para siempre en paz y prosperidad, libres de la culpa, corrupción y presencia del pecado. Pero por encima de todo, veremos a nuestro Dios y Salvador cara a cara y descansaremos en su favor.

Como parte de nuestra recompensa, también se nos dará autoridad en los nuevos cielos y tierra para reinar sobre ellos con Cristo. Vemos esto en Romanos 8:17; y 2 Timoteo 2:12. Y una de las primeras formas en que ejercitaremos esta autoridad es reuniéndonos con Jesús al traer juicio sobre los ángeles y demonios, como Pablo enseñó en 1 Corintios 6:3. El resultado se parecerá al juicio sobre la humanidad. Los ángeles justos serán recompensados, y los demonios malvados serán condenados, tal como leemos en Mateo 25:41.

Habiendo entendido el juicio de los espíritus y la humanidad, reflexionaremos en la renovación de la creación que también tomará lugar cuando Jesús regrese.

Renovación

Como Pablo enseñó en Romanos 8:19 al 22, cuando Dios maldijo el suelo en respuesta al pecado de Adán, esto afectó la creación entera. Como resultado, el universo entero está sujeto a la corrupción. Pero como leemos en Romanos 8:21, y Apocalipsis 22:3, cuando Jesús regrese él removerá las cadenas del pecado y la muerte de la creación. Entonces heredaremos y gobernaremos sobre una tierra buena y perfecta que será incluso mejor que la primera creación. Los profetas del Antiguo Testamento visualizaron esta creación restaurada en términos de abundancia en alimentos, paz entre los pueblos y animales, y alabanza gozosa y servicio a Dios. Vemos esto a lo largo de los libros de Isaías, Jeremías y Zacarías. La renovación de la creación primero requerirá la limpieza del mundo con fuego, como el apóstol Pedro reveló en 2 Pedro 3:10 al 13. Pero el resultado será maravilloso. Como Pedro dijo en 2 Pedro 3:13:

Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. (2 Pedro 3:13)

La imagen de los nuevos cielos y la nueva tierra que tenemos en el libro de Apocalipsis por ejemplo, es que será tanto un jardín como una ciudad. Habrá árboles ahí, que son como el árbol del conocimiento del bien y del mal y el árbol de la vida particularmente. Pero hay también una gran ciudad. Una gran Nueva Jerusalén que baja desde el cielo con un río fluyendo a través de ella, lo que nos lleva de nuevo al jardín. Así que habrá todo tipo de delicias y atractivos del jardín, así como todo lo sofisticado de una civilización que se espera de una ciudad. Y esperamos eso. No habrá ningún desastre. Ahora bien, yo pienso que la naturaleza continuará haciendo la demostración poderosa de quién es Dios y tal vez habrá grandes e impresionantes obras del poder de Dios en los cielos y la tierra, pero no serán desastres porque no habrá penas, no habrá tristeza y Dios protegerá a su pueblo de todo eso. Por lo que concretamente, esperamos los nuevos cielos y la nueva tierra en donde habita la justicia, dice Pedro. Será un lugar perfectamente recto, una sociedad perfectamente justa. Será algo bueno para todos nosotros. Las penas que tenemos aquí en la tierra, las tragedias que lloramos hoy con razón, no sucederán más cuando vayamos a la gloria, y todo será hecho bien. Toda la justicia de Dios prevalecerá y estaremos muy agradecidos por la misericordia de Dios. [Dr. John Frame]

Veámoslo de la siguiente manera. Todos sabemos que la creación puede ser un lugar maravilloso. Incluso aunque la creación todavía esté bajo la maldición del pecado, a veces podemos estar todavía impresionados por su belleza, por sus complejidades, por el gozo que nos trae. Ahora imaginemos cómo sería la creación sin la maldición del pecado, sin dolor, sin enfermedad, sin guerra, incluso sin muerte. Imaginemos la maravilla de vivir en una nueva creación cuando Jesús regrese — su belleza, complejidad y gozo. Y como Jesús es el Cristo, el que reina sobre todas las cosas, él tiene la autoridad y el poder para hacer un mundo perfecto para nosotros donde vamos a glorificar a Dios y a disfrutar de Él para siempre. Como seguidores de Jesús el Cristo, nuestra gran esperanza es que él regrese y nos conceda las bendiciones de su reino. Esta visión del futuro debería motivarnos para servir a Dios con un sentido de urgencia al proclamar su evangelio a los perdidos. Debería animarnos a perseguir una vida de pureza, incluso a pesar de que sabemos que nunca podremos ser condenados por nuestros pecados, pues estamos seguros en Cristo. Y eso debe darnos valentía para amar y agradecerle por las grandes bendiciones que nos ha prometido.

CONCLUSIÓN

En esta lección sobre Jesús el Cristo, hemos dado un repaso a los hechos y significados de la vida y ministerio terrenal de Jesús, viendo los períodos de su nacimiento y preparación, su ministerio público, su pasión y muerte, y finalmente su exaltación. Cada una de esas partes de la vida de Jesús nos provee de entendimiento significativo del papel de Jesús como el Cristo de Dios.

Jesucristo es la persona más poderosa y emocionante que jamás haya vivido. Lo que es aún más emocionante es que sigue vivo hoy, sirviendo como nuestro profeta, sacerdote y rey desde su trono en el cielo. Y si le servimos fielmente, nos asegura en su Palabra, que nuestras bendiciones en el mundo venidero estarán mucho más allá que nuestras más grandes expectativas. En nuestras futuras lecciones en esta serie, exploraremos los oficios de Jesús de profeta, sacerdote y rey en gran detalle. Pero hasta este punto, hemos visto ya más que suficientes razones para maravillarnos ante el esplendor y grandeza de Cristo, y para comprometer nuestras vidas a él.