El Redentor

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INTRODUCCIÓN

Existe una historia antigua de un niñito que construyó un barco de juguete. Le pintó el casco y le hizo pequeñas velas. Al terminar, lo hizo navegar en un riachuelo. Flotó bien pero se lo llevó la corriente. El niño buscó su barco, pero no lo encontró. Un día se sorprendió de ver su barquito en la ventana de una tienda. Entró y dijo: "¡Mi barco está en la ventana!" El vendedor respondió: "Lo lamento, hijo, pero tendrás que pagar por él." El niño trabajó por semanas para ahorrar y comprar su barco de vuelta. Al irse de la tienda con el barco en sus manos, le dijo, "Barquito, ahora eres mío de nuevo. Yo te hice, yo te busqué, y yo pagué el precio para tenerte de vuelta."

La relación entre Jesús y su pueblo es muy parecida a este niñito y su barco. El Hijo de Dios nos creó, pero nos desviamos hacia el pecado y nos perdimos. Pero él no nos olvidó. Vino para salvar lo que estaba perdido, y pagó el precio para redimirnos — el precio de su muerte.

Esta es la primera lección de nuestra serie Creemos en Jesús. En esta serie exploraremos el área de la teología que se conoce como Cristología, la doctrina de Cristo. A lo largo de estas lecciones examinaremos las verdades acerca de su persona y su obra que sus seguidores han afirmado por miles de años. Hemos titulado esta primera lección "El Redentor," porque nos enfocaremos en cómo Jesús redime los pecadores del pecado, y asegura la restauración final de la creación para nuestro gozo y gloria de su Padre.

En esta lección sobre Jesús el Redentor, exploraremos la persona y la obra de Jesucristo, el Hijo de Dios, durante cuatro períodos diferentes. En primer lugar, consideraremos su existencia y plan en la eternidad, antes de la creación del mundo. En segundo lugar, estudiaremos su actividad durante el período inicial de la creación. En tercer lugar, hablaremos acerca de la era de la redención, la cual empezó después de la caída de la humanidad en el pecado y se extiende a través de la era presente. Y en cuarto lugar, examinaremos la consumación de la historia que tomará lugar cuando él regrese. Comencemos con su plan en la eternidad.

ETERNIDAD

La mayoría de las veces cuando los cristianos pensamos y hablamos acerca de Jesús, nos enfocamos en la vida que vivió en la tierra, y en la obra que está haciendo en el cielo ahora mismo. A veces incluso consideramos la enseñanza de la Biblia acerca de lo que Jesús hará en el futuro cuando regrese. Y todas éstas, son enseñanzas muy importantes. Pero el hecho es que la Segunda Persona de la Trinidad, a quien conocemos como Jesucristo, es nuestro Dios eterno. Entonces, cuando pensamos acerca de él desde una perspectiva teológica, nos ayuda el empezar mucho más atrás en la historia, para ver que él ha estado planeando y trabajando en nuestra redención a lo largo de toda la historia — e incluso antes de que la misma historia comenzara.

Los teólogos no están totalmente de acuerdo en la naturaleza de la eternidad previa a la creación del universo. Algunos incluso sugieren que el tiempo mismo es un aspecto de la creación, así que es imposible hablar del tiempo anterior al acto de creación de Dios. Así que, en esta lección, identificaremos la eternidad como la existencia de Dios previa a la creación del universo. En la eternidad, sólo Dios existía. Y Él existía en la Trinidad como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Nuestra discusión de eternidad se dividirá en tres partes. En primer lugar, examinaremos la enseñanza bíblica acerca de la divinidad o deidad de Cristo. En segundo lugar, veremos su papel dentro de la Trinidad. Y en tercer lugar, describiremos su eterno consejo. Comencemos con la divinidad de Jesucristo, el Hijo de Dios.

Divinidad

Ahora bien, la Biblia no viene de la eternidad. Fue escrita en el tiempo y la historia. Y no revela claramente a Jesús como una persona distinta de la Trinidad hasta el Nuevo Testamento. Aun así, las Escrituras enseñan que Jesús ha sido Dios desde toda la eternidad. Así que, las cosas que revela acerca de su divinidad en el Nuevo Testamento fueron verdaderas antes de la creación del universo. Y seguirán siendo verdaderas para siempre. Como leemos en Hebreos 13:8

Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. (Hebreos 13:8)

La divinidad de Jesús es evidente en el Nuevo Testamento de muchas maneras. En primer lugar, las Escrituras contienen varias declaraciones explícitas de que él es divino. En segundo lugar, algunos pasajes del Nuevo Testamento le aplican el Antiguo Testamento a él de formas que demuestran su divinidad. Y en tercer lugar, algunos pasajes le atribuyen atributos divinos. Veamos algunos de los ejemplos de cada uno de estos tipos de pruebas de la divinidad de Jesús, comenzando por las declaraciones explícitas.

Declaraciones Explícitas

Varios pasajes explícitamente enseñan que Jesús es divino al referirse directamente a él como Dios. Por ejemplo, en Juan 20:28, el apóstol Tomás llamó a Jesús Dios mío. En Tito 2:13, Pablo llamó a Jesús "nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo". En 2 Pedro 1:1, Pedro llamó a Jesús "nuestro Dios y Salvador Jesucristo" Y en 1 Juan 5:20, Juan llamó a Jesús "el verdadero Dios, y la vida eterna".

Pero tal vez el pasaje mejor conocido que le atribuye divinidad a Jesús explícitamente es Juan 1:1, en donde leemos estas palabras:

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. (Juan 1:1)

Este versículo dice específicamente que el Verbo era Dios, y que ha sido Dios desde el principio, esto es, antes de que el universo fuese creado. Y más tarde en este capítulo, en los versículos 14 hasta el 18, Juan claramente declaró que el Verbo del cual él estaba hablando fue Cristo. De esta manera, Juan no deja duda alguna de que Jesús es Dios. Él ha sido y siempre será completamente divino, en todos los sentidos.

Antiguo Testamento

En segundo lugar, además de hacer declaraciones explícitas de que Jesús es Dios, el Nuevo Testamento también demuestra la divinidad de Jesús en la forma en la que maneja varias referencias a Dios del Antiguo Testamento.

En varias ocasiones, los escritores del Nuevo Testamento identifican a Jesús como Dios al igualarlo con el Señor del Antiguo Testamento. En el que Dios se reveló a sí mismo a su pueblo con el nombre de Jehová, el cual es normalmente traducido como "Señor." Y en diversos puntos del Nuevo Testamento, los escritores se refirieron a pasajes que claramente eran acerca de Jehová, el Señor, y dijeron que estos pasajes estaban hablando de Jesús. Por ejemplo, Marcos 1:2 y 3 se refiere a Malaquías 3:1, e Isaías 40:3, el cual dice que un profeta o mensajero preparará el camino para el Señor. Pero entonces Marcos dijo que estas profecías se cumplieron cuando Juan el Bautista preparó el camino para Jesús. De esta manera, Marcos indicó que Jesús era el Señor, Jehová, acerca de quien Malaquías e Isaías habían profetizado. Pablo trazó una conexión similar entre Jesús y Jehová en Filipenses 2:11, en donde mencionó la proclamación fundamental cristiana de que Jesús es el Señor. Y en Juan 1:1 al 3, Juan identificó a Jesús como la Palabra de Dios a través de quien Dios había creado el universo en el principio. Esto fue una clara referencia a Génesis 1:1, en donde Moisés escribió: "En el principio creó Dios los cielos y la tierra." Esta referencia a la participación de Jesús en la creación indica que él es, en realidad, Dios mismo.

Atributos Divinos

En tercer lugar, además de usar declaraciones explícitas y de que el Antiguo Testamento afirme que Jesús es Dios, los autores del Nuevo Testamento también le atribuyen a él atributos divinos: atributos que sólo Dios puede poseer. Por ejemplo, Hebreos 1:3 dice:

El resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder. (Hebreos 1:3)

Aquí, el Hijo es igualado a Dios y a su gloria de maneras que implican la divinidad del Hijo. Además, el Hijo ejerce el poder infinito, creativo y sustentable. Ningún ser finito puede poseer poder infinito; sólo el Dios infinito puede. Y por lo tanto, el Hijo debe ser Dios mismo. Y Juan 1:1 y 2 afirman la divinidad de Jesús de manera similar cuando dice:

En el principio era el Verbo … Este era en el principio con Dios. (Juan 1:1-2)

Cuando Juan dijo que el Verbo existía en el principio quiso decir que el Hijo había existido desde toda la eternidad antes que todo fuera creado, justo como enseña Génesis 1:1, que Dios había existido desde toda la eternidad antes de la creación. En otras palabras, el Hijo no es creado. El ha existido con Dios Padre toda la eternidad. Y como sólo Dios puede poseer el atributo de la existencia eterna, el Hijo debe ser Dios mismo.

Ahora que hemos visto que Cristo posee total divinidad, estamos listos para reflexionar respecto a las relaciones entre el Hijo y las otras personas de la Trinidad.

Trinidad

La doctrina de la Trinidad es vital para la fe cristiana. Por una parte, la Trinidad es una de esas doctrinas que nos enseñan que Dios está muy por encima de todas nuestras habilidades para entenderlo. Nos enseña que Dios es tanto misterioso como maravilloso, y así nos inspira a alabarlo. Pero por otra parte, esta doctrina separa al cristianismo de todas las otras religiones. Mientras que algunas religiones ven a Dios simplemente como una persona, y otras creen que hay muchos dioses, la doctrina de la Trinidad de las Escrituras nos enseña que Dios es tres en un sentido, y uno en otro sentido. E históricamente, esta doctrina exclusivamente cristiana ha estado en el corazón de nuestra confesión de Cristo.

El término Trinidad no aparece en la Biblia, pero expresa el concepto bíblico de que Dios tiene tres personas, pero sólo una esencia. El término persona se refiere a una personalidad distinta, consciente de sí misma. Las Escrituras enseñan que las tres personas de Dios son el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Y el término esencia se refiere a la naturaleza fundamental o la sustancia de la que se compone.

La doctrina cristiana de la Trinidad nos enseña que un Dios existe eternamente en una unidad del ser como tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Tomó varios siglos de lucha con las Escrituras para que los cristianos llegáramos a esta comprensión de Dios. El ímpetu principal para el desarrollo de la doctrina de la Trinidad era la adoración de los primeros cristianos al Cristo resucitado y exaltado. Expresaron esto al decir que el Hijo es de la misma naturaleza que el Padre. Entonces, ¿cómo los cristianos reconciliamos la adoración de Cristo con la unidad de Dios? La clave fue una distinción entre persona y naturaleza. Eventualmente, los cristianos fuimos guiados por las Escrituras para afirmar que Dios Padre y Dios Hijo son uno en su ser, pero distintos en persona. Para resumir, Dios existe eternamente en una unidad de ser como tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo. [Dr. Keith Johnson]

Los teólogos han descrito comúnmente a la Trinidad desde dos perspectivas. Por un lado, han hablado de las relaciones ontológicas entre los miembros de la Trinidad. Y por otro lado, también han hablado acerca de las relaciones económicas. Veremos ambas ideas brevemente, comenzando con las relaciones ontológicas dentro de la Trinidad.

Ontológica

La palabra ontológica significa relacionado al ser. Así que, cuando consideramos las relaciones ontológicas entre las personas de la Trinidad, nos concierne cómo están integradas la una con la otra, y con el hecho de que comparten una sola esencia o naturaleza divina. Dado a que las tres personas de Dios comparten la misma esencia divina, todas ellas poseen los mismos atributos divinos, como la infinidad, la eternidad y la inmutabilidad. En Filipenses 2:5 al 8, Pablo habla acerca de este aspecto de la Trinidad de esta manera:

Cristo Jesús … siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. (Filipenses 2:5-8)

Este pasaje dice mucho acerca de Jesús. Pero queremos enfocarnos en la afirmación "siendo en forma de Dios". En esta frase, Pablo explícitamente enseñó que el Hijo comparte la naturaleza divina o esencia con Dios el Padre. Y otros pasajes indican que lo mismo, también es verdad respecto al Espíritu Santo. Todos son el mismo ser divino. Como Jesús dijo en Juan 10:30:

Yo y el Padre uno somos. (Juan 10:30)

Los no-creyentes escucharon a Jesús hacer esta extraordinaria afirmación entendieron que estaba declarando ser Dios, y trataron de apedrearlo por blasfemia.

Ahora que hemos considerado la enseñanza bíblica acerca de la Trinidad ontológica, consideremos lo que las Escrituras enseñan acerca de las relaciones económicas dentro de la Trinidad.

Económica

La palabra economía significa relacionado a la administración de la casa. Entonces, cuando hablamos de relaciones económicas dentro de la Trinidad, estamos interesados en cómo el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se relacionan e interactúan el uno con el otro como personas distintas.

Como hemos visto, desde una perspectiva ontológica, el Hijo posee la misma esencia divina que el Padre y el Espíritu Santo. Pero dentro de sus relaciones (económicas), el Hijo se somete a la voluntad del Padre, y tiene autoridad sobre el Espíritu Santo. Como dijo Jesús en Juan 6:38:

He descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. (Juan 6:38)

Y como dijo en Juan 8:28 y 29:

Nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre … Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada. (Juan 8:28-29)

Dentro de la economía de la Trinidad, el Hijo siempre concede autoridad a la voluntad del Padre. Y tal como el Padre tiene autoridad sobre el Hijo, también el Padre como el Hijo tienen autoridad sobre el Espíritu Santo. El Hijo habló de su autoridad sobre el Espíritu Santo en Juan 15:26, donde dijo esto:

Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre … él dará testimonio acerca de mí. (Juan 15:26)

Tal como el Padre tiene autoridad para enviar al Hijo, el Hijo tiene autoridad paraenviar al Espíritu.

Ahora bien, nunca hay ningún conflicto entre las personas de la Trinidad. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo siempre están de acuerdo. Tienen una sola opinión. Aun así, en la economía de sus relaciones, hay un claro orden en su jerarquía, con el Padre poseyendo la autoridad más alta, después el Hijo, y finalmente el Espíritu Santo.

Es imposible entender totalmente la naturaleza de la Trinidad y las relaciones entre las personas en la Trinidad. Sabemos por fe que lo revelado por las Escrituras es verdad. Pero tenemos que confesar que muchos aspectos de la Trinidad están más allá de nuestra comprensión. Aun así, podemos encontrar consuelo en la realidad de que todos los miembros de la Trinidad trabajan juntos para proporcionar nuestra salvación. El Padre nos perdona en base a la expiación del Hijo. Y el Padre y el Hijo, ambos envían al Espíritu a nuestras vidas para regenerarnos y para renovar nuestras vidas hasta que el Hijo regrese a completar nuestra salvación. [Dr. Samuel Ling]

Hemos explorado la persona de Jesús y su obra en la eternidad observando su divinidad y Trinidad. Así que, ahora regresemos a su consejo eterno.

Consejo

El término teológico consejo eterno, a menudo llamado "eterno decreto," se refiere a los planes de Dios para el universo, los cuáles fueron fundados antes de su obra de la creación. El consejo eterno de Dios es mencionado en lugares como Hechos 2:23, Romanos 8:28 al 30, y 1 Pedro 1:2.

Diferentes tradiciones teológicas tienen distintas creencias acerca de la naturaleza y la extensión de los planes de Dios. Algunas creen que el plan eterno de Dios incluye cada detalle de la historia. Otras creen que Dios ha fijado ciertas cosas y otras no. Pero todos estamos de acuerdo en que lo que Cristo logró es central para el plan de Dios: que Dios decretó salvación en él, y que Cristo no fallará. Como leemos en Efesios 1:4 y 11:

[Dios] nos escogió en [Cristo] antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él… En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad. (Efesios 1:4, 11)

Lo que Dios hizo en Cristo no fue un accidente o una reparación a un problema no previsto; fue establecido por el decreto eterno de Dios. Ahora bien, cuando pensamos en el consejo eterno de Dios en relación con Cristo, es útil distinguir dos aspectos: presciencia y propósito.

Un pasaje en donde ambos aspectos del consejo eterno de Dios son evidentes es en Isaías 46:10. Escuchemos lo que Dios dice aquí:

Yo anuncio el fin desde el principio; desde los tiempos antiguos, lo que está por venir. Yo digo: Mi propósito se cumplirá, y haré todo lo que deseo. (Isaías 46:10 [NVI])

Dios anunció su presciencia desde el principio, esto es, desde antes de que creará el mundo, él ya sabía lo que está por venir. Y con respecto a su propósito, dijo, "Mi propósito se cumplirá, y haré todo lo que deseo." Veamos ambas ideas más detalladamente.

Por un lado, podemos definir el término presciencia diciendo que se refiere al conocimiento de Dios, previo a la creación, de eventos que ocurrirán en el curso de la historia. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son omniscientes. Y su conocimiento se extiende incluso hacia el futuro. Además de ver esta idea en Isaías 46:10, también la encontramos en lugares como Isaías 42:9, y 45:11 al 13; y Hechos 15:17 y 18.

Por otro lado, el propósito de Dios para crear el universo puede ser descrito de muchas maneras. En esta lección, lo resumiremos al decir que Dios creó el universo para mostrar e incrementar su gloria a través de su reino en Cristo. Vemos este propósito expresado a lo largo de las Escrituras, incluyendo el Salmo 145:1 al 21, 1 Timoteo 1:17, Hebreos 1:1 al 13, 1 Pedro 1:20 al 2:9, y Apocalipsis 1:5 y 6.

En siglos recientes, algunos teólogos han encontrado que es de ayuda describir el eterno decreto de Dios con respecto a su reino glorioso como un pacto de redención. Las Escrituras indican que antes de la creación del mundo, las Personas de la Divinidad entraron en un solemne acuerdo para asegurar la redención, y para aplicarla a la creación caída. En particular, el Hijo prometió encarnarse y morir para redimir a la humanidad caída de las consecuencias del pecado. Y el Padre prometió aceptar el sacrificio del Hijo como pago por la redención de los pecadores. Algunos teólogos también han incluido la promesa del Espíritu Santo de aplicar la salvación a los pecadores redimidos.

Fue un acuerdo en el cuál el Padre planea la obra de la salvación a favor de su pueblo. También determina que le proveerá un cuerpo al Hijo, un cuerpo físico en el cual vendrá y encarnará. Y el Hijo está de acuerdo en venir a esta tierra, rendir su vida en la cruz — una vida perfecta — entregar su perfecta vida en la cruz, y ser un sustituto para el pueblo de Dios. También, parte de ese pacto de redención es el enviar al Espíritu Santo, quien toma la obra de Cristo y después lo aplica al pueblo de Dios. [Dr. Jeff Lowman]

El pacto de redención es importante para nuestro entendimiento porque explica y describe las cosas que Jesús ya hizo y continúa haciendo en su encarnación. Las promesas que conlleva el pacto de redención son mencionadas en lugares como Salmo 110, y Efesios 1:3 al 6. Y son asumidas en lugares como 1 Pedro 1:20, y Apocalipsis 13:8.

Sólo como un ejemplo, escuchemos las palabras de Jesús en Juan 6:38 al 40:

Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y ésta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. (Juan 6:38-40)

La redención es un asunto que se relaciona con el propósito eterno que fue formado en Dios, antes de la creación del mundo. No podemos explorar los misterios de todo esto. Obviamente, Dios es infinito y algunas cosas se mantienen escondidas de nosotros y Dios no las ha revelado todavía, pero queremos entender todo lo que Dios ha revelado acerca de esto, y tenemos indicaciones a lo largo de las Escrituras de que hubo un pacto que fue formado dentro del Dios trino, la cual sería una manifestación de su gloria, en la eternidad. Para que así, otros seres además de Dios estuvieran disfrutando de su gloria, y sería un incremento sin fin de gozo. Y parece, por las Escrituras, que la manera en la que Dios hizo esto es a través de un propósito redentor. El de tomar a seres humanos pecadores que merecían el castigo y redimirlos. Y así, según lo que podemos decir de las Escrituras, antes de la fundación del mundo, antes de que el mundo fuera creado, se realizó una estipulación en el pacto, en el cual el Padre elegiría un pueblo, el Hijo vendría a morir y a redimir al pueblo, el Espíritu Santo entonces trazaría que el pueblo removiera la corrupción del pecado de ellos para que se arrepintieran y se abrazaran a Cristo. [Dr. Thomas Nettles]

El consejo eterno de Dios debe ser una fuente increíble de consuelo para todos los creyentes. Antes de que Dios hiciera el universo, diseñó la creación para demostrar su gloria, y para que fuera un lugar adecuado para la humanidad para vivir bajo su reino benevolente. Y gracias a su conocimiento previo, nada le sorprende. Dios no experimentó conmoción por la caída de la humanidad en el pecado. Y nuestra salvación no es su intento de último minuto de reparar algo que se había roto inesperadamente. Al contrario, todo pasa de acuerdo a su plan. Y tan asombroso como parezca, este mismo Dios — el arquitecto y creador del universo — encarnó en Jesús de Nazaret. Él entró a la creación para restaurarla — y a nosotros — de acuerdo con sus propósitos eternos.

Ahora que hemos discutido al Hijo en la eternidad, guiemos nuestra atención al período inicial de la creación.

CREACIÓN

Para nuestro propósito en esta lección, definiremos el período inicial de la creación como aquel que da inicio con la semana de la creación, y termina con la caída de la humanidad en pecado y la expulsión del Jardín del Edén. Se hace referencia a estos eventos frecuentemente a lo largo de la Biblia. Pero el lugar principal en el cual la Biblia los describe es Génesis 1 al 3.

Exploraremos la obra del Hijo durante el período de la creación, examinando dos temas: primero, la semana de la creación cuando Dios hizo que el universo existiera; y segundo, la caída de la humanidad en pecado. Comencemos con la semana de la creación.

Semana de la Creación

Ahora bien, cuando los cristianos hablamos de que Dios creó el mundo nuestras mentes normalmente se van a la persona de Dios Padre. Pero las Escrituras enseñan que el Hijo estaba al lado del Padre durante la creación, y que el Padre creó al mundo por o a través de él. Estos hechos son enseñados en lugares como Juan 1:1 al 3 y Hebreos 1:2.

Cuando pensamos en Dios Hijo como el creador del universo, el pasaje que viene a la mente está en Colosenses capítulo1, el cual es un pasaje enriquecido, y que nos recuerda que todas las cosas fueron hechas por él, todas las cosas fueron hechas para él y en él todas las cosas se integran, y esto llega a la parte realmente práctica. Lo que eso significa es que podemos tener confianza de que él mismo fabricó y dio forma a esta creación y de que él es quien la sostiene a través de una combinación de ley natural y de su propia voluntad divina, que éste mismo, aquí en la tierra, sabe por lo que estamos pasando como parte de esa creación y re-creados por su Espíritu. Así que hay una bendición de conexión con el propósito original de Dios y la provisión de Dios hoy en día. [Dr. James D. Smith]

Por ejemplo, escuchemos lo que Colosenses 1:16 tiene que decir acerca del involucramiento del Hijo en la creación:

Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles… todo fue creado por medio de él y para él. (Colosenses 1:16)

En este pasaje, Pablo explícitamente dijo que la creación fue lograda por el Hijo, o como algunas traducciones lo ponen, "por medio" de él.

Al principio de la creación, el Hijo existía como el Logos, el verdadero Verbo. Así que en Génesis capítulo 1, Dios dijo, "Sea la luz". Dios dijo, "Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas". Después, en el evangelio de Juan, Juan declaró que "aquel Verbo fue hecho carne." Por lo tanto entendemos al universo de la misma manera — del Creador a la creación; de Dios a los seres humanos. ¿Por qué? Porque comprendemos al mundo por el principio gobernador de Dios. Y este principio no es imaginario. Es la verdad, el Verbo, el Logos. Por ende, todo el universo puede ser entendido como gobernado por el Logos de Dios. [Dr. Stephen Chan]

Cuando leemos el Nuevo Testamento, encontramos muchas cosas sorprendentes, y leemos el Antiguo Testamento con una nueva perspectiva. Descubrimos el prólogo del evangelio de Juan, que Cristo estuvo ahí desde el principio. Cristo está en cada versículo del Antiguo Testamento. Juan nos dice que fue Cristo, el Verbo, el Logos de Dios, quien fue el agente creativo a través del cual Dios hizo los mundos. En Colosenses, Pablo no sólo dice que el Hijo creó el mundo, sino que hizo que todo existiera, se nos dice en Génesis que Dios dijo —fue una creación verbal. Fue un Verbo lo que dijo. Entendemos entonces que ese Verbo es Cristo. [Dr. R. Albert Mohler, Jr.]

Curiosamente, la narrativa de la Biblia de la creación no comienza con un enfoque de lo que pasó antes de la creación de los cielos y la tierra. En vez de esto, dedica su tiempo hablando de cómo Dios ordenó y llenó el universo de maneras que le complacían — en formas que estaban en armonía con sus planes eternos para el universo. Génesis 1:1 es el título del relato de la creación, el cual nos dice que Dios es el Creador.

Entonces Génesis 1:2 nos habla acerca de la temprana condición del mundo. Como leemos ahí:

Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo. (Génesis 1:2)

Antes de que Dios ordenara y llenara el universo, estaba desordenado, no tenía orden o forma y estaba vacío, sin creaturas que lo habitáran.

En esta condición, el mundo no estaba listo para ser el reino glorioso de Dios. Así que él se pasó seis días llenando y ordenando su creación. Y la manera en que hizo esto reveló algunas de las dimensiones básicas de su propósito eterno para el mundo.

Durante los tres primeros días de la creación, Dios formó o le dio forma al mundo. A través del poder de su palabra, él separó la luz de la oscuridad, el cielo del mar, y la tierra firme de las aguas. Creó la vegetación como comida para las criaturas que más tarde haría.

Durante los segundos tres días de la creación, Dios llenó el mundo vacío, para que su reino estuviera ordenado y gobernado apropiadamente. Creó el sol, la luna y las estrellas para marcar las estaciones, y le asignó al sol regir o gobernar el día, y a la luna gobernar la noche. Entonces creó los peces y a otras criaturas del mar para habitar las aguas, a los pájaros para habitar el aire, y a todos los animales que viven para llenar la tierra. Creó a la humanidad, tanto para habitar la tierra como para gobernar sobre todas las criaturas de las aguas y el cielo y la tierra firme. Escuchemos el relato de la creación de la humanidad en Génesis 1:27 y 28:

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. (Génesis 1:27-28)

Las Escrituras, especialmente el libro de Génesis, nos dice que la relación original de la humanidad con Dios describe estos términos. Primero que nada, los seres humanos estamos en el máximo pináculo de la creación de Dios. Al final del sexto día, Dios dijo, "hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza" "Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó." Así que los seres humanos tenemos este pináculo de relación, el toque final de todo lo que Dios quería hacer, para poner su imagen, su semejanza, en la creación. Y por lo tanto, el segundo capítulo de Génesis describe esta misma realidad en estos términos, que Dios fabricó a Adán del polvo del suelo y respiró en él el aliento de vida, Dios compartió su vida divina con Adán. Por lo tanto, la relación original de la humanidad con Dios es probablemente mejor descrita en estos términos. Los seres humanos estamos dedicados a ser amigos de Dios, hijos de Dios, compañeros de Dios en la creación, pero no sólo para servir a Dios. Más importante que esto, para conocer a Dios y para amar a Dios. [Dr. Stephen Blakemore]

Al final del sexto día de la semana de la creación, Dios había creado el universo para que fuera su reino especial, y le había consagrado a la humanidad gobernar la tierra de maneras que le trajeran gloria a él.

Con esto en mente, veamos otra vez a Colosenses 1:16, en donde Pablo escribe estas palabras acerca del rol del Hijo en la creación:

Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. (Colosenses 6:10)

Notemos en este pasaje que, Pablo enfatiza los tronos, dominios, principados y potestades. En la Biblia, la creación no sólo es acerca de la existencia. También es una cuestión de poder político. El mundo existe para que se vuelva el reino especial de Dios, bajo la autoridad de su Hijo especial.

Vemos la misma conexión en estas palabras de Hebreos 1:2:

[Dios] en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo. (Hebreos 1:2)

Aquí, el autor de Hebreos conectó la idea de que Dios el Hijo estuvo activo en la creación con el hecho de que él era el heredero de todas las cosas, esto es, que él era el rey que heredaría el ser propietario y el regir sobre la creación entera. De hecho, este tema se desarrolla a lo largo de todo el capítulo.

La Biblia enseña de manera consistente que el propósito de la creación es servir como el reino especial de Dios. Y el Nuevo Testamento pone bien claro que este reino será gobernado por el Hijo especial de Dios, a través de quién y por quién la creación fue lograda. Incluso podemos decir que la obra creativa del Hijo fue una expresión de su reinado y autoridad. Él tiene autoridad sobre la creación porque él la creo. Y por lo tanto, cada cosa creada está obligada a someterse voluntariamente y obedientemente a Dios el Hijo como su rey.

Una de las verdades intrigantes acerca de la fe cristiana es que nuestro Señor y Salvador Jesucristo no sólo nos redime, sino que tuvo un rol vital en la creación del universo. Nuestro Señor y Salvador es el Redentor y también es plenamente el Creador y el Redentor. Esto tiene un número de implicaciones significativas para nosotros. Una es que nos recuerda qué tan grandioso es nuestro Salvador — el Creador de todo. Este es un pensamiento deslumbrante, realmente lo es. También se asegura de que nunca nos desviemos pensando que el Hijo es de alguna manera menos que el Padre sino un participante total de la creación de este nuestro poderoso y sorprendente universo. Yo creo que también es un recordatorio de que el corazón de Jesucristo se extiende no solamente a su iglesia sino al entero orden creado y a todas las criaturas y que la redención que anticipamos totalmente al final de los tiempos a través de Cristo, será una redención de su creación, que se queja. Finalmente pienso que es un recordatorio, creo, que aquellos que siguen a Jesucristo deben tener un corazón que justamente late en sincronía con el suyo y que se preocupa por su mundo y sus habitantes tanto como el corazón de aquél que los hizo. [Dr. Glen Scorgie]

Ahora que hemos considerado la obra del Hijo en la creación desde la perspectiva de la semana de la creación, reflexionemos en la caída de la humanidad en el pecado.

Caída de la Humanidad

La caída de la humanidad en el pecado es una historia triste pero bien conocida. En Génesis 2, Dios ha creado a nuestros primeros padres Adán y Eva, y los ha puesto en el hermoso Jardín del Edén. Su trabajo ha sido atender el jardín y producir suficientes descendientes de la raza humana para poder expandir el Jardín y llenar el mundo entero para que el planeta sea apto para que Dios lo habitara. Pero en Génesis 3, Satanás tomó la forma de una serpiente y tentó a Eva a comer del fruto prohibido del árbol del conocimiento del bien y del mal. Y una vez que Eva lo hubo comido, le dio parte a Adán, y él comió también. Este fue el primer acto de deslealtad de la humanidad. Adán y Eva confiaron en las palabras de la serpiente y rechazaron la provisión de Dios y su mandato.

Así que, en Génesis 3, Dios respondió a este pecado con la maldición sobre Adán, Eva y la serpiente. Los juicios en esta maldición resumieron las consecuencias por la desobediencia de la humanidad, y retrasaron el cumplimiento de los propósitos de Dios para la creación. ¿Pero cuál fue el papel del Hijo en todo esto? Podemos resumir la obra del Hijo al decir que participó con el Padre y el Espíritu Santo al maldecir a la humanidad cuando ésta pecó, y que él fue el Redentor prometido que eventualmente vendría a salvar a la humanidad de estas maldiciones.

Examinaremos la obra de Dios Hijo durante la caída de la humanidad de tres maneras. En primer lugar, exploraremos las consecuencias personales de la Caída. En segundo lugar, veremos sus consecuencias universales. Y en tercer lugar, mencionaremos brevemente la esperanza que le fue dada a la humanidad después de la Caída. Comencemos con las consecuencias personales de la Caída.

Consecuencias Personales

De acuerdo a Romanos capítulo 5, algunos de los efectos de la caída del hombre en pecado, dice que por un hombre, refiriéndose a Adán, el pecado entró en el mundo y la muerte pasó a todo los hombres porque todos hemos pecado y el significado es que todos hemos pecado en él. Él representó a toda la raza humana. Y cuando él pecó, entonces toda su culpa fue transferida a toda la raza humana. También su corrupta naturaleza fue transferida. Pensemos que cuando Dios creó a Adán, puso una pequeña botella de veneno en él — lo cual no es cierto, pero pensemos en ello de esta manera — Él le dijo a Adán, si alguna vez vas en contra de mi voluntad, esa botella se va a romper. Adán fue en contra de su voluntad y la botella se rompió y envenenó su mente — él no pensaba bien, envenenó su corazón — él no amaba las cosas correctas. Entonces, cuando Adán tuvo hijos, esa naturaleza corrupta pasó a sus hijos así que toda la raza humana entera existe con esta naturaleza corrupta y de rebeldía en contra de Dios. [Dr. Frank Barker]

Hay muchas formas de describir las consecuencias personales de la caída de la humanidad en pecado. Pero para nuestros propósitos en esta lección, nos enfocaremos en cuatro ideas, comenzando con la comunión rota entre Dios y los seres humanos.

La caída de la humanidad en pecado fue básicamente una rebelión en contra de Dios — rompiendo sus mandatos morales, los cuales son un reflejo de su carácter. Y esa rebelión condujo a una separación trágica en todos los niveles. En primer lugar, la separación de Dios. Nosotros, como su creación, hechos a su imagen, destinados a glorificarlo, no lo hacemos. Invariablemente no alcanzamos la gloria de Dios, y cuando nos rebelamos en su contra, él intencionalmente maldice esta creación y produce una separación entre Él y su creación. Así la experiencia de la humanidad de separación, el ser separados de su máxima fuente de seguridad, identidad y significado y al ser creación de Dios, y por ende, estamos separados de Dios. Estamos separados incluso los unos de los otros porque los seres humanos estamos destinados a encontrar todo nuestro gozo, nuestra identidad, nuestra satisfacción en Dios. Y cuando no lo hacemos buscamos cosas del mundo. Y, entonces, la gente, en vez de ser objetos de afecto y amor, se convierten en competencia para las cosas de este mundo que buscamos para encontrar nuestra identidad, por lo que estamos separados de otras personas. [Dr. K. Erik Thoennes]

Dios diseñó este mundo para ser un lugar donde pudiera habitar con sus criaturas. Pero el pecado de Adán y Eva les alejó de Dios; su comunión con él fue rota. Su desobediencia creó un sentido de vergüenza y perdieron su alegría y confianza en la presencia de Dios. Entonces, en vez de caminar y hablar con Dios en el Jardín, se escondieron de su presencia. Y esta comunión no sólo se rompió desde una perspectiva humana; Dios también rechazó su presencia, y los desterró del Jardín del Edén. Como resultado, una de las necesidades humanas más grandes es tener esta relación restaurada.

Además, como consecuencia de la ruptura de la relación de la humanidad con Dios, la comunión entre Adán y Eva entre sí también fue rota. Esto es evidente en el hecho de que se avergonzaron por su desnudez, y se cubrieron con hojas de higuera. Y también lo vemos en la maldición de Dios sobre la humanidad en Génesis 3:16, donde se nos dice que el pecado es la fuente de los conflictos en el matrimonio. Así que la humanidad también necesita redención que pueda restaurar estas relaciones humanas.

Una segunda consecuencia personal de la caída es que la humanidad carga con la culpa del pecado de Adán. Escuchemos la descripción de Pablo de este problema en Romanos 5:18.

Por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres. (Romanos 5:18)

Pablo enseñó que el solo acto de desobediencia de Adán condenó a toda la humanidad. En otras palabras, Dios considera que el pecado de Adán cuenta para cada ser humano caído, por lo que todos somos culpables de esa primera transgresión. Esto pasó porque Adán era la cabeza del pacto de toda la humanidad. Él no sólo se representaba a sí mismo, sino también a su esposa, y a todos los otros seres humanos que descenderían de ellos a través de la regeneración natural humana. Como resultado, necesitamos redención que nos libere de esta culpa y del eterno castigo que trae consigo.

La tercera consecuencia personal de la caída que mencionaremos es la depravación. El término teológico depravación se refiere a la corrupción del pecado de la naturaleza humana. Diferentes tradiciones teológicas entienden el alcance de la depravación en diferentes formas. Pero todos los cristianos evangélicos estamos de acuerdo de que nos impide que ganemos el favor de Dios. Las Escrituras hablan de la depravación de la naturaleza humana en muchos lugares, incluyendo Romanos 3:9 al 18.

Por ejemplo, escuchemos estas palabras de Romanos 3:10 al 12:

No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. (Romanos 3:10-12)

En estos versículos, Pablo combinó varias referencias del Antiguo Testamento para subrayar las enseñanzas consistentes de las Escrituras acerca de la depravación humana.

En Romanos 3, Pablo enseñó que nuestra conducta es depravada, por lo que nadie es justo y nadie hace lo correcto. Nuestro intelecto también está depravado, así que nadie entiende. Y nuestra voluntad también ha sido afectada, así que nadie busca a Dios. De hecho, Pablo fue tan lejos como para decir que la naturaleza humana se ha vuelto indigna ante nuestro Dios santo. No somos dignos de su bendición y no hay nada que podamos hacer para redimirnos a nosotros mismos. Necesitamos de alguien más que nos rescate.

Al comienzo del siglo 20, había mucho optimismo en el mundo, principalmente en el mundo occidental gracias al avance de la ciencia, la amplia disponibilidad de la educación, y todos los descubrimientos — ya sean tecnológicos, de progreso y otros — que había entre filósofos, y científicos sociales. Incluso en teólogos liberales, había una gran aura de optimismo de que el siglo 20 sería un siglo de paz en el cual ya no habría más guerras. El siglo 20 sería un siglo el cual la razón humana podría regir, y los seres humanos razonables no estarían matándose unos a otros. Así llegamos a la enorme expectativa de que estábamos entrando a un siglo en el cual habría paz. El problema en este tipo de pensamiento, y éste era el problema del marxismo, es que tenía una antropología optimista que terminaría en desastres sociales porque no tenía la doctrina del pecado. ¿Y entonces qué pasó? Primero tuvimos la Primera Guerra Mundial. Tuvimos la Revolución Bolchevique. Más tarde tuvimos el Holocausto, la Segunda Guerra Mundial, Hitler, el Nazismo, y mucho más. Y como resultado, para resumir, en el siglo 20, alrededor de 112 millones de personas fueron asesinadas en la guerra. Estoy hablando sólo de la guerra. Civiles y soldados, según los cálculos que los datos nos permiten hacer. Esto es cuatro veces más que en los cuatro siglos anteriores, si los acumulamos. ¿Qué nos dice esto? Que algo está mal. No solamente las condiciones sociales sino todo el conocimiento, el avance de la ciencia y la providencia de la civilización, hay algo fundamentalmente mal en la naturaleza humana. Y es lo que los cristianos llamamos "pecado". Ahora bien, esa no es una palabra muy popular en los medios de comunicación, las universidades, etcétera, y sin embrago, como Reinhold Niebuhr dijo: "la doctrina cristiana del pecado es la menos popular entre las doctrinas, y sin embargo, una de las que tenemos más evidencia empírica abrumadora en todas partes."[Dr. Peter Kuzmič]

La cuarta consecuencia personal de la caída fue que toda la humanidad empezó a experimentar sufrimiento, dolor y muerte. Antes de la caída de la humanidad en pecado, la vida era perfecta y satisfactoria. Los seres humanos no experimentaban dolor, o adversidad, o enfermedad, o muerte. Pero después de que Adán y Eva pecaron, Dios los maldijo a ellos y a todos sus descendientes naturales.

Ahora bien, como resultado de la caída, Dios juzgó a hombres y mujeres y en efecto, a toda la creación. Así, por ejemplo, el trabajo, que era algo que Adán y Eva hacían antes de la caída, se volvió un estrago y por consiguiente, los seres humanos tenemos una relación de amor-odio con el trabajo. La relación entre el hombre y la mujer, también fue corrompida y pervertida. El dar a luz, de igual manera, otro regalo de Dios para la re-creación de más imágenes de Dios se volvió doloroso, y básicamente el resultado general fue que las buenas cosas que Dios le dio a Adán y a Eva para disfrutar, continuaron siendo disfrutadas, pero en realidad también fueron torcidas y pervertidas en cierto sentido, y no fueron disfrutadas en toda su totalidad. [Dr. Simon Vibert]

Las maldiciones de Dios a la humanidad están registradas en Génesis 3:16 al 19, en donde leemos estas palabras:

A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos … Y al hombre dijo … maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo… Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra. (Génesis 3:16-19)

Estas maldiciones no sólo le causaron a la humanidad dolor y sufrimiento; también fueron un obstaculo para cumplir con las tareas que Dios le había asignado. La humanidad empezó a experimentar estragos en sus tareas de multiplicar y llenar la tierra, de trabajar el suelo y hacerse cargo de él, y de regir sobre la tierra y expandir el reino de Dios. Incluso peor, toda la humanidad empezaría a experimentar la muerte.

Estas maldiciones se extendieron a lo largo de todas las generaciones humanas. Así que, si algún día hemos de cumplir con los propósitos de Dios para la humanidad, necesitamos un Redentor que nos pueda rescatar de estos obstáculos y restaurarlos a una existencia bendecida y gozosa.

Los resultados de la caída de la humanidad son que la raza humana ha seguido su propio camino. El pecado es la desobediencia de los mandamientos de Dios, y los seres humanos no son perfectos. Ya no pueden alcanzar los estándares de Dios. Por eso, después de la caída estamos separados de Dios, y la raza humana entera fue y es confrontada con la realidad de la muerte. Sin excepciones, nadie es justo ante los ojos de Dios. A pesar de que los seres humanos todavía somos imágenes de Dios, estamos corrompidos. Sin redención en Cristo, nadie puede buscarlo naturalmente. Y no podemos vivir en el estándar de bondad de Dios. [Dr. Stephen Chan]

Los seres humanos necesitamos un Redentor, de hecho necesitamos a Dios para ser nuestro Redentor. Por esta razón, la naturaleza del pecado es contraria a Dios. Dios no es una fuerza impersonal que comenzó la existencia del universo. Dios es un ser personal — la doctrina de la Trinidad, Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios es íntimo y profundamente personal, por eso nuestro pecado es en contra de Dios personalmente. Nuestro pecado es más que nada como una traición a nuestro Creador, es lo que entiendo que las Escrituras están tratando de decirnos. Por lo tanto, nuestro pecado es como una traición, no hay nada que podamos hacer para arreglarlo. La traición es el tipo de cosa en la que sólo la parte traicionada puede hacer algo. Sólo si Dios nos provee redención, si tan sólo Dios toma lo roto de la relación y lo arregla, podemos ser redimidos. Pero también necesitamos un Redentor por lo que el pecado ha hecho a la condición humana. Nos ha atrapado. Al darle la espalda a Dios, nos volteamos hacia nosotros mismos, nos atrapamos en un tipo de atracción gravitacional que a no ser por la gracia de Dios de permitirnos escapar y de otra vez tener nuestras vidas y nuestros corazones dirigidas hacia Dios, sin ella no podríamos escapar de nuestros propios pecados. Y así, sólo un Redentor que pueda primero poner todo bien con Dios puede salvarnos, y sólo un Redentor que pueda llegar hasta nuestra situación de pecado y deshacer el poder del pecado puede salvarnos. [Dr. Stephen Blakemore]

Habiendo visto las consecuencias personales que resultan de la caída de la humanidad en pecado, estamos listos para reflexionar en las consecuencias universales.

Consecuencias Universales

La humanidad es tan central para los propósitos del reino de Dios, que nuestra rebelión trajo una maldición sobre el universo entero. Desde entonces, la sociedad humana ha continuado viviendo para su propia gloria en vez de para la gloria de Dios. Nos hemos tratado el uno al otro con injusticia e inequidad. Y constantemente nos hemos revelado en contra de la voluntad de Dios, de tal manera que el reino de la tierra ha fallado en demostrar su gloria perfecta como nuestro benevolente Rey y Creador. El mundo natural ha sido afectado también. La decadencia y la muerte han corrompido y minimizado la tierra y todas sus criaturas. Cada aspecto de la creación necesita salvación y redención.

En esta lección, nos enfocaremos en dos consecuencias universales de la caída, comenzando con el hecho de que atrasó la venida del reino de Dios.

Como leemos en Génesis 2:8, cuando Dios creó el mundo, el Jardín del Edén era la única parte que era el paraíso. El resto del mundo no estaba desarrollado y era salvaje. De acuerdo a Génesis 1:28 la humanidad tenía el trabajo de subyugar la tierra, esto es, cultivarla y establecer sociedades humanas, para que el mundo entero se asemejara al jardín especial de Dios. También se suponía que gobernaríamos como reyes siervos de Dios, asegurando que su gobierno glorioso celestial se ampliara a lo largo de toda su creación terrenal. Cuando esta obra ya estuvo hecha, fue el plan de Dios habitarla como su reino terrenal especial.

Pero la caída de la humanidad en el pecado retrasó la cultivación apropiada del mundo y nuestro gobierno sobre él. Y por lo tanto, también se retrasó la venida del reino de Dios. Nuestros intentos de cultivar y gobernar estaban manchados por el pecado y así el mundo fue hecho no apto para que Dios lo habitara. Sin duda alguna, los seres humanos han llenado la tierra con éxito. Pero las sociedades que hemos construido están lejos de ser el mundo perfecto que se nos encomendó hacer. Guerras, crimen, disputas, odio y religión falsa están descontrolados, e incluso en la iglesia a menudo encontramos gente a la que le falta fe y compromiso con Dios. Y como resultado de todo esto, el pecado está en el mundo, el reino de Dios todavía no ha venido en su totalidad. Pedro abordó este problema en 2 Pedro 3:11 y 12 al escribir:

¡Cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios! (2 Pedro 3:11)

En un sentido, Dios puede traer su reino a la tierra cuando él quiera, puesto que tiene el poder de purgar al mundo del pecado cuando él quiera. Pero el plan de Dios es hacer esto a través del Redentor, Jesucristo. Y en este pasaje, Pedro enseñó que al pelear en contra de la corrupción del mundo, podemos empezar a mover la creación hacia su meta original y apresurándonos para el día en que Dios venga a habitar en la tierra.

La segunda consecuencia universal de la caída que hemos mencionado es que toda la creación está ahora sujeta a la futilidad.

Cuando el dolor y el sufrimiento entraron a la experiencia humana, la paz y la productividad del resto de la creación también fue perturbada. El suelo también fue maldecido, por lo que comenzó a producir espinas y cardos, y toda la creación entera tuvo problemas de caos y corrupción. En Romanos 8:20 al 22, Pablo describió esta maldición al decir que la creación fue sujetada a vanidad, que está sujeta a esclavitud, y que gime y está con dolores de parto. En otras palabras, la creación ya no produce las buenas cosas que se suponía que produciría, y ya no es capaz ni siquiera de convertirse en el mundo perfecto que Dios planificó.

Una mirada casual al mundo alrededor de nosotros confirma lo verdadero de esto. Huracanes arrasan nuestras líneas costeras. Terremotos destruyen ciudades y aldeas. Las inundaciones a veces se llevan aldeas enteras. Los insectos, animales y enfermedades destruyen cosechas. La enfermedad y las heridas causan sufrimiento y muerte a millones. Los efectos de la caída están en todas partes. Y la única forma de que el mundo se componga es que Dios redima a la creación de su maldición.

Las consecuencias del pecado de Adán y Eva para la creación y la humanidad, tienen un amplio alcance en la razón del por qué la humanidad fue creada. En Génesis se nos dice que el hombre fue creado, varón y hembra, para tener dominio sobre la tierra. Y así, como mediador entre Dios y la creación, lo que hace la humanidad tiene consecuencias para toda la creación. Esto se muestra en la forma en que Adán es creado de la tierra por lo que que existe esta conexión vinculada entre el destino de la creación y el tipo de acciones que hacen los seres humanos. Cuando Adán y Eva pecaron vemos que el mundo es ahora hostil a la vida y a la creación.

En vez de guiar a la creación al orden de Dios y a la relación con Dios, tenemos que sucede lo opuesto, guiar a la creación bajo un régimen humano lo dirige a la destrucción y a alejarse de Dios… Pablo vuelve a esto en Romanos capítulo 8 cuando dice que los sufrimientos que suceden en el mundo (que pueden ser desastres naturales y/o enfermedades que tenemos) todas estas cosas están relacionadas a que la creación está sujeta a la vanidad, después de que fue puesta en nuestras manos y básicamente dejandola abandonada bajo un régimen de pecado total. Pero al personificar a la creación él dice: "la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora." Esto debido a que en un sentido la creación ha estado condenada por lo que la humanidad hizo, la creación puede ser salvada, a través de la humanidad funcionando de manera apropiada con Dios, a quien no hemos visto todavía pero que veremos cuando el segundo Adán regrese y Cristo realice la obra para la que la humanidad fue creada y él pondrá orden en la creación de la forma en la que se supone debería de estar bajo el dominio de Dios. Vemos esta anticipación en Isaías capítulo 11, en donde Él restaura la paz entre el reino animal y los humanos. Así, estamos buscando un glorioso orden de la creación es decir, como se supone que las cosas deberían ser. Basandose completamente en que la humanidad tiene este papel mediador bajo Dios para la creación de traer la voluntad de Dios, para ser los portadores de su imagen. [Dr. John McKinley]

Ahora que hemos considerado las consecuencias personales y las consecuencias universales de la caída de la humanidad en pecado, estamos listos para reflexionar en la esperanza que el Hijo nos da después de la caída.

Esperanza Para la Humanidad

Dios no tardó en revelar su plan para la redención de la humanidad. De hecho, el primer rayo de esperanza para la humanidad vino cuando Dios nos maldijo. En Génesis 2:17, Dios había amenazado con matar a la humanidad si comían del árbol del conocimiento del bien y del mal. Pero cuando Adán y Eva comieron del fruto prohibido no murieron inmediatamente. En cambio, Dios mostró una medida de misericordia al retrasar sus muertes. Y mostró incluso más misericordia al permitir a la humanidad continuar sirviéndole por un tiempo. En vez de sacarlos de sus planes para la creación, Él continuó manteniendo la humanidad en el centro de su obra. Y entonces Dios hizo algo incluso aún más misericordioso: prometió enviar un Redentor para aplastar los planes del diablo y restaurar al pueblo de Dios a la fidelidad. La primera mención de este Redentor es comúnmente llamada el primer evangelio, y se encuentra en la maldición de Dios en contra de la serpiente después de que Adán y Eva pecaron. Escuchemos esta maldición en Génesis 3:15:

Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar. (Génesis 3:15)

En la caída, Adán y Eva se aliaron con la serpiente rebelde en vez de aliarse con Dios. Y aún así, Dios no abandonó a su pueblo. En esta maldición sobre la serpiente, Dios prometió que al final la descendencia de la mujer rescataría a la humanidad al derrotar a la serpiente.

Apocalipsis 12:9 y capítulo 20:2 enseñan que la serpiente era en realidad el diablo. Así que los teólogos evangélicos han entendido consistentemente que este primer evangelio fue más que sólo la promesa de retribución en contra de un simple animal. En vez de eso, la promesa de Dios de enviar un Redentor para aplastar la cabeza de la serpiente fue una promesa de rescatar a la humanidad de las consecuencias de su pecado — para alejarlos de su alianza con el diablo, y para restaurar la comunión con Dios como ciudadanos fieles de su reino.

Estas imágenes tempranas del evangelio continúan en Génesis 3:21, en donde Dios les provee a Adán y a Eva de vestimentas de piel para cubrir su desnudez y vergüenza. Esto no sólo demostró el continuo amor de Dios y su provisión para la humanidad, sino que también anticipó el día cuando un sacrificio más completo sería hecho para redimir a la gente de Dios y cubrir su pecado. Y como el Nuevo Testamento deja claro, este sacrificio sería el Hijo de Dios mismo.

Ahora que hemos considerado al Hijo en la eternidad, y su obra de creación, estamos listos para reflexionar en nuestro tercer tema principal: la obra del Hijo en la redención.

REDENCIÓN

La caída de Adán y Eva en pecado tuvo terribles consecuencias para la humanidad y para el resto de la creación. Pero Dios es incluso más grande que nuestro pecado. Inmediatamente después de que nuestros primeros padres enviaron a la raza humana a la ruina, Dios reveló sus planes para rescatarnos. Desde el comienzo, el Padre nombró a su Hijo como el Redentor que traería salvación a los pecadores y restauraría todo el mundo creado.

Hemos identificado el período histórico de la redención como una era entera que comenzó inmediatamente después de la caída en Génesis 3, y que continuará hasta la consumación de los cielos y la tierra cuando Jesús regrese. La obra del Hijo durante este período de redención está caracterizado especialmente por el perdón y la salvación de los pecadores. El Hijo comenzó a salvar a pecadores inmediatamente después de la caída, cuando Adán y Eva recibieron misericordia de Dios en base a la futura redención que uno de los hijos de Eva traería. Y él ha continuado salvando pecadores en cada era — tantos como se hayan arrepentido de sus pecados, y se hayan vuelto hacia él en fe.

Consideraremos el rol del Hijo durante el período de la redención explorando tres ideas principales: primera, el motivo del Hijo para redimir a los pecadores; segunda la promesa del Padre al Hijo que aseguraría la redención de los pecadores; y tercera, la obra que el Hijo desarrolló para lograr la redención. Comencemos con el motivo del Hijo para redimir a los pecadores.

Motivo

El motivo del Hijo para redimir a los pecadores era complejo, y puede ser descrito en una variedad de formas. Estaba motivado por su deseo de traerle gloria a la Trinidad, por su deseo de que la creación cumpliera su propósito y por su deseo de justicia y misericordia. Pero una de los palabras más conocidas que las Escrituras usa para describir los motivos del Hijo en la relación es "amor" — amor por Dios, amor por la creación y amor por los seres humanos. Y este amor no estaba limitado al Hijo; las tres personas de la Trinidad lo compartían.

Dios está motivado a redimirnos porque Dios es amor. Las Escrituras son claras acerca de esto — 1 de Juan, "Dios es amor." Juan capítulo 3 versículo 16 solía ser uno de los versículos más conocidos de la Biblia en el mundo, "porque de tal manera amó Dios al mundo" … ¿Entonces qué lo motivó a salvar y a redimir? Su amor. Su deseo y su diseño para la creación, especialmente su creación humana, para conocerlo, para vivir en relación con él, para estar realizados en él y así proveer una plataforma en la cual la gente lo podría conocer, y él pueda ser glorificado como el amoroso y buen Dios que Él es. Así que el amor de Dios para nosotros es lo que lo motiva a redimirnos. [Dr. Stephen Blakemore]

Veremos el amor de Dios como el motivo detrás del papel del Hijo en la redención al ver tres ideas, comenzando con el amor entre las tres personas de la Trinidad.

Trinidad

No hay duda de que Dios escogió redimir a la humanidad porque nos amaba. Pero uno de los detalles que a veces olvidamos, es que el amor redentor de Dios por los seres humanos es un aspecto del amor del Padre por el Hijo. Escuchemos lo que Pablo describió como una decisión del Padre para salvarnos en Efesios 1:4 al 6:

Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado. (Efesios 1:4-6)

Tres veces en este corto pasaje Pablo mencionó que Dios escogió redimirnos en él, por medio de Jesucristo, y en el Amado. Y uno de sus puntos fue que el amor de Dios por nosotros resulta del amor del Padre por el Hijo. Su amor inter-trinitario es el motivo máximo para nuestra redención. Encontramos enseñanzas similares en Romanos 8:39 y en 1 Timoteo 1:14.

El Nuevo Testamento frecuentemente llama la atención hacia el hecho de que el amor del Padre por el Hijo es fundamental para nuestra redención. El Padre hizo esto evidente en el bautizo de Jesús y en la transfiguración, como vemos en Mateo 3:17, y en el 17:5; y en 2 Pedro 1:17. Jesús se refirió a éste cuando describió su autoridad para redimir y juzgar en Juan 3:35 y 5; del 20 al 23. Y Pablo describió la redención misma como ciudadanía en el reino del Hijo a quien el Padre ama, en Colosenses 1:13 y 14.

Y este amor no es sin dirección. Incluye un deseo de que los miembros de la Trinidad sean honrados y obedecidos: para que la gloria de Dios sea aumentada y exhibida, para que sus propósitos sean cumplidos, para que su reinado sobre toda la creación sea reconocido y alabado. Y dado que la humanidad es central para los propósitos de Dios para la creación, nuestra redención es un resultado natural del amor dentro de la Trinidad.

Es importante darse cuenta de que Dios no nos redime porque no podría vivir sin nosotros, o no nos redime porque estaría solitario sin redimir a la humanidad. Dios es independiente. Él no tiene necesidades no cumplidas. No nos necesita a nosotros ni al resto de la creación para nada. Sabemos que Dios no crea por necesidad. No nos redime por necesidad. Nos redime y crea y hace todo, finalmente, para glorificarse a sí mismo, para demostrar su carácter, para que toda la creación, los cielos, declararen su gloria a los seres humanos hechos a su imagen, quienes se pretende que reflejen su gloria, Él demuestra su carácter muestra su santidad, su valor y belleza. Todo lo que Él hace es para ese fin último. ¿Pero, por qué redime? Redime para que pueda demostrar su gloria a través de la creación redimida. [Dr. K. Erik Thoennes]

En segundo lugar, el amor de Dios por la creación también motivó el papel del Hijo en la redención.

Creación

El hecho de que el papel del Hijo en la redención fue motivado por el amor de Dios por la creación es evidente de varias maneras. Lo vemos en su cuidado por todo lo que él ha hecho: y especialmente en su amor por los seres humanos, quienes son creados a su imagen. Probablemente el ejemplo más conocido de esto es Juan 3:16 al 18, en donde leemos las siguientes palabras:

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. (Juan 3:16-18)

Hay que señalar que Juan a menudo usó la palabra mundo de diferentes maneras. En varios lugares, la usó para referirse al universo, la tierra, toda la humanidad, mucha gente, gente que se opone a Dios, y sistemas humanos de valores y práctica. Pero en este caso, parece haber querido decir la creación misma, o toda la humanidad dentro de la creación.

La idea básica en Juan 3:16 al 18 es que el amor de Dios lo motivó a salvar el mundo. Él todavía quería que el mundo fuera su reino glorioso, poblado y regido por sus siervos, imágenes suyas, la raza humana. Así planeó enviar a su Hijo para redimir a un remanente de creyentes de la humanidad. Al salvar creyentes, Dios crearía una nueva humanidad. Esta idea también es enseñada en lugares como Romanos 8:20 al 22; 2 Pedro 3:13; y en Apocalipsis 21:1 al 4.

En tercer lugar, el amor de Dios por los creyentes también motivó el papel del Hijo en la redención.

Creyentes

En muchas partes de las Escrituras, se dice que Dios tiene un amor especial por los creyentes. Él quiere estar en estrecha comunión con nosotros, y bendecirnos. Quiere que nosotros lo amemos recíprocamente, y que disfrutemos nuestra relación con él para siempre. De hecho, el amor de Dios por los creyentes es tan especial que la Biblia, exactamente, dice que Dios nos conocía y nos amaba antes de que naciéramos. Vemos esto en Romanos 8:29 al 39; Efesios 1:4 al 12; y en 1 Pedro 1:2. Las Escrituras también dejan claro que el amor de Dios por los creyentes fue una parte muy importante del motivo que tuvo el Padre de mandar al Hijo para lograr la redención, así como en el deseo del Hijo para hacer la voluntad del Padre. Esto es especialmente claro en los escritos de Juan, como en Juan 16:27; y en 1 Juan 3:16, y capítulo 4:10 al 19.

No es exagerado decir que todo lo que Dios hace está motivado por lo menos en parte, por su amor a su pueblo. Y el amor de Dios es demostrado de manera perfecta y completa en su Hijo. Todos pasamos por luchas en la vida y a veces hasta dudamos que Dios nos ame. Pero Dios no nos ama menos cuando luchamos o dudamos. La realidad es que él conoce nuestro pecado y todas nuestras luchas, y nos ama de todas formas. Aún antes de que tuviésemos fe en él, o de que hubiésemos querido escapar de nuestro pecado, Dios nos amó tanto que nombró a su Hijo para redimirnos. Y ese fue un precio muy alto que pagar: Jesús tuvo que sufrir y morir bajo el peso de nuestro pecado. Pero lo hizo por amor. Y ahora en su resurrección, Jesús se ha convertido en el testimonio vivo del amor redentor de Dios por su pueblo.

Ahora que hemos explorado el motivo para la redención de Dios, reflexionemos en las promesas divinas que hicieron a la redención una certeza.

Promesas

Las promesas de Dios son inmutables. No pueden nunca cambiar, y Él nunca las romperá. Lo que Dios promete, ciertamente lo cumplirá. Esto es importante para que entendamos el papel del Hijo en la redención, porque la redención está enraizada en las promesas entre el Padre y el Hijo. [Dr. Samuel Ling]

Como hemos visto anteriormente en esta lección, las personas de la Trinidad entraron en un arreglo que algunos han llamado el pacto de redención, en el cual prometieron redimir a la humanidad caída. Y lo que estamos a punto de ver es que este pacto de redención se tradujo en otro pacto para asegurar la redención después de la caída en pecado. Los teólogos a menudo llaman a este pacto subsecuente el pacto de gracia. Este pacto solemne fue hecho entre el Padre por una parte, y el Hijo y la humanidad redimida por otra parte. Éste gobierna el período entero de la redención, comenzando inmediatamente después de la caída de la humanidad en el pecado, y llegando a su máximo cumplimiento cuando Jesús regrese en su gloria.

En este pacto, Dios Padre prometió cumplir sus planes del reino para la creación y la humanidad a través del Hijo, particularmente a través de la encarnación del Hijo en Jesucristo. Y el Hijo prometió encarnar como ser humano descendiente de la línea de los elegidos de Dios de los reyes davídicos, y cumplir todos los términos que habían sido puestos en el pacto previo a la redención. Él moriría una muerte expiatoria por la humanidad caída, y todos aquellos que se vuelvan hacia él en arrepentimiento y fe serían redimidos de la presencia, corrupción y culpa del pecado. Y junto con estas promesas, tanto el Padre como el Hijo se pusieron de acuerdo para enviar al Espíritu Santo a aplicar los beneficios de la salvación a aquellos a quien el Hijo salvaría.

Los teólogos típicamente dividen al pacto de gracia en seis administraciones, de acuerdo al número de ceremonias que Dios realizó a través de la historia para confirmar el pacto de gracia con su pueblo. Estas administraciones son normalmente identificadas con el ser humano que guió al pueblo de Dios durante el tiempo en el que la ceremonia del pacto se llevó a cabo.

Comienza en Génesis 3 inmediatamente después de la caída con Adán como cabeza del pueblo del pacto de Dios. Esto es comúnmente conocido como la "administración adámica del pacto", o simplemente, el "pacto Adámico." Bajo esta administración, la redención fue primero ofrecida a la humanidad en Génesis 3:15, que ya hemos identificado como el "primer evangelio". Después fue el pacto de renovación, que tomó lugar con Noé en Génesis 6 al 9. En la administración noaica del pacto, Dios prometió mantener a la creación de manera estable para que la humanidad fuese preservada hasta que la obra de redención del Hijo estuviera completa.

Siguiendo esto, Dios hizo un pacto con Abraham, el cual es descrito en Génesis 15 y 17, y reafirmado en Génesis 22. Este pacto le asignó privilegios y obligaciones especiales a la familia de Abraham, y prometió que uno de sus descendientes sería el Redentor. Y de acuerdo a Gálatas 3, este descendiente especial es Jesús.

Escuchemos lo que Pablo escribió en Gálatas 3:16:

A Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: "Y a las simientes", como si hablase de muchos, sino como de uno: "Y a tu simiente", la cual es Cristo. (Gálatas 3:16)

Pablo observó que las promesas de la administración abrahámica del pacto fueron hechas no sólo a Abraham, sino también a Cristo. El Hijo de Dios era el prometido Redentor que traería todas las bendiciones del pacto de Dios a su pueblo — especialmente las bendiciones de la redención del pecado.

Después vino el pacto con Israel en los días de Moisés, el cual está descrito en lugares como Éxodo 19 al 24, y en Deuteronomio. En la administración mosaíca del pacto o "pacto Mosáico", Dios instituyó un sistema sacrificial que ilustró el sacrificio que el Hijo eventualmente haría cuando viniera encarnado como Jesús de Nazaret. Estos sacrificios

Mosáicos eran confirmaciones visibles de las promesas que el Padre y el Hijo habían hecho antes de la creación. Y a través de estos sacrificios, el pueblo fiel de Dios recibía anticipos de la redención que el Hijo lograría finalmente. Durante este tiempo, Israel se estableció como un sacerdocio real y una nación santa. Y a través de su obediencia al pacto de Dios, iban a construir un reino terrenal que el Hijo gobernará al final.

La quinta administración del pacto y la última administración en el período del Antiguo Testamento, fue la que estuvo a cargo de David, comúnmente llamada el "pacto Davídico". La administración davídica del pacto de gracia es mencionada en lugares como 2 Samuel 7, y Salmos 89 y 132. En este tiempo, Dios prometió que el Redentor descendería de David, y que establecería el reino de Dios en la tierra, y que a través de su justo reinado traería la redención a todos los que tuvieron fe en él.

Finalmente, la sexta administración comenzó en los días de Jesús y continuará hasta que él regrese. La Biblia normalmente llama a esta administración el nuevo pacto, como vemos en lugares como Lucas 22:20, y Hebreos 9:15 y 12:24. Bajo esta administración del pacto de gracia, todo la obra de redención se está cumpliendo. Jesús llevó a cabo el prometido papel de morir como un sacrificio por el pecado. El padre aceptó su sacrificio. Y el Espíritu Santo está aplicando la redención a todos aquellos que tienen fe en Jesús como su redentor.

La base para la salvación siempre ha sido a través del Hijo. Dónde nos encontremos cronológicamente en la historia redentora respecto al período actual del ministerio de Jesús, determina si el enfoque o visión es en retrospectiva, así como lo es para nosotros en el nuevo pacto, viendo hacia atrás, las promesas que han sido cumplidas en el ministerio de Jesús. O tal vez para aquellos en el antiguo pacto sería viendo hacia delante con no tanta especificidad como tenemos en nuestro entendimiento actual, pero de acuerdo con las promesas de Dios que son cumplidas en la persona de Jesús. Por lo tanto, sí, la base de nuestra salvación es siempre Jesús. [Dr. Robert G. Lister]

Hay algunas personas que se preguntan si hubo algunas formas diferentes en las que la gente fuera salva en el Antiguo Testamento. Y han habido algunas respuestas como: algunos fueron salvos tal vez a través del gobierno, la ley, u otras maneras, mediante la norma y habiendo sido parte de la gente de Israel. Algunos tal vez pudieron haber sido salvos a través de la circuncisión. Pero toda la enseñanza de la Biblia dice que todas esas cosas fueron simplemente preparatorias para el evento único que realmente nos salvaría. A pesar de lo detallado del sistema sacrificial, y lo importante que era, los profetas mismos le dijeron a la gente que dejaran de ofrecer sacrificios si no tenían corazones que se hubieran vuelto hacia Dios. El libro de Hebreos pone totalmente claro que la sangre de los toros y las cabras nunca podría llevarse el pecado. Sólo hay un sacrificio que pudo hacerlo. Y eso fue gracias a la singularidad de la persona de Cristo. Él era Dios y hombre en una persona. Y él fue el único ser que pudo habernos redimido con Dios. [Dr. Thomas Nettles]

Ahora que hemos visto el motivo divino y las promesas respecto a la redención, nos preparamos para examinar la obra que el Hijo hizo para lograr la redención, particularmente a través de su encarnación como Jesús de Nazaret.

Obra

Consideraremos cuatro aspectos de la obra redentora de Jesús: su inauguración del reino de Dios; su obediencia al Padre; su resurrección; y su ascensión. Veamos, primero, su inauguración del reino de Dios.

Inauguración del Reino

A través del Antiguo Testamento, el pueblo de Dios esperaba el día en el que Dios traería su reino a la tierra de una manera dramática, destruyendo completamente a sus enemigos, y estableciéndolos en vidas eternas de bendición. Este sería el día en el cual el mandato original de la humanidad sería finalmente cumplido. Dios restauraría completamente su creación y su voluntad sería hecha en la tierra tan perfectamente como lo es ahora en el cielo.

Cuando los profetas del Antiguo Testamento hablaron acerca de la restauración de Israel, la humanidad y la creación, a menudo la llamaron el día del Señor o los últimos días. También identificaron al Mesías o Cristo como la figura clave que guiaría al reino de Dios en los últimos días. Y de acuerdo con el Antiguo Testamento, Jesús, el Hijo de Dios, es el Mesías que ha sido esperado por mucho tiempo y el que vino a establecer el reino de Dios en la tierra.

Jesús enseñó que había traído el reino de Dios a la tierra en su día. Por ejemplo, en Mateo 12:28, dijo: ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios, que significa que ya estaba aquí. Y en Lucas 16:16, otra vez enseñó que la gente ya estaba entrando al reino de Dios, cuando dijo "todos se esfuerzan por entrar en él"

Tristemente, mucha gente en la época de Jesús rechazó la idea de que el reino de Dios ya estaba por venir, porque esperaban que fuera una realidad terrenal innegable que fuera admitida por todos — un derrocamiento obvio y físico del orden mundial entero. Pero Jesús enseñó que el reino había venido de manera diferente. Escuchemos lo que él dice en Lucas 17:20 y 21:

El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: "Helo aquí", o "helo allí"; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros. (Lucas 17:20-21)

Sin lugar a dudas, Jesús no ha traído el reino de Dios en todo su esplendor. Apenas ha empezado su obra. Así que todavía estamos esperando que termine lo que empezó — completar o consumar el reino de Dios. Pero es un proceso lento. Como Jesús enseñó en sus parábolas en Mateo 13, Marcos 4 y Lucas 13, el reino de Dios es como una semilla que crece con el tiempo, o levadura que causa que el pan se levante con el tiempo. En línea con estas parábolas, podemos decir que el reino ha sido plantado, pero que el día de la cosecha no sucederá hasta que Jesús regrese en el futuro.

El Nuevo Testamento enseña que Jesús, el Hijo encarnado de Dios, inauguró el reino de Dios en la tierra y enseña que cuando él regrese en gloria esta era de maldad terminará completamente, y los nuevos cielos y la nueva tierra traerán restauración completa al pueblo de Dios. Y esto debe darnos gran esperanza y seguridad en un mundo caído, a veces parece que el mal está ganando, y que sufrimos por nada. Pero Dios no retrasará la justicia para siempre. Viene un día cuando él rendirá juicio final en contra de sus enemigos. Él purgará el pecado, el sufrimiento y la muerte del mundo. Y recompensará a todo su pueblo fiel con una herencia que durará para siempre en su reino. Jesús se probó a él mismo con muchos milagros y enseñanzas, e incluso nos dio a su Espíritu Santo como anticipo de nuestras bendiciones en su reino. Así que, podemos estar seguros de que él regresará a consumar su reino y a darnos nuestra herencia completa.

Ahora que hemos visto cómo Jesús inauguró el reino de Dios, veamos a su obra de obediencia al Padre.

Obediencia

Anteriormente en esta lección, consideramos las consecuencias personales de la caída de la humanidad en pecado. Vimos que la culpa del primer pecado de Adán fue pasada a toda la humanidad, debido a que Adán representaba a la humanidad como nuestra cabeza del pacto. También hemos sufrido la comunión rota con Dios y la depravación que no nos permite ganarnos la salvación por nosotros mismos.

Ahora bien, de manera importante, el papel de Jesús como nuestro Redentorincluyó triunfar en donde Adán falló. Jesús vivió una vida de perfecta obediencia al Padre, culminando con su muerte en la cruz. Y por obediencia, ganó las bendiciones que Adán había perdido. Y ahora comparte sus bendiciones con todo su pueblo fiel. Pablo habló extensamente de estos paralelos entre Jesús y Adán en Romanos 5:12 al 19. Y en 1 Corintios 15:45, incluso lo llamó el "último Adán."

Los teólogos a menudo hablan de dos aspectos de la obediencia que Jesús tuvo durante su vida. Por un lado, su obediencia pasiva la sumisión de Jesús a una vida de humillación y sufrimiento, culminando en su crucifixión. Su muerte en la cruz satisfizo los requerimientos justos de Dios de que el pecado fuera castigado con la muerte. En su obediencia pasiva, Jesús fue nuestro sustituto. Él permitió que nuestra culpa se le imputara a él, se le cargara a su cuenta. Y una vez que él fue considerado culpable en los ojos de Dios, murió en nuestro lugar. Este acto único pagó la penalidad por todos nuestros pecados para que el juicio de Dios y su ira ya no nos amenazara. Esto obtuvo el perdón de nuestros pecados, y nos libró de la penalidad de la ley. Como Pablo escribió en Romanos 5:18 y 19:

Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos. (Romanos 5:18-19)

Aquí, Pablo explícitamente comparó a Adán con Jesús. Y su punto fue que porque Jesús nos representaba a nosotros de la misma manera que Adán una vez nos representó, el sacrificio de Jesús en la cruz nos libera de la justa condenación de Dios, y causa que Dios nos vea como justos.

El segundo tipo de obediencia que Jesús proveyó fue la obediencia activa. Esta fue su vida de obediencia en todo lo que el Padre le encomendó. En su encarnación, Jesús perfectamente mantuvo la ley de Dios. Él nunca pecó y siempre hizo lo que Dios le encomendó. Y de la misma manera en que nuestra culpa fue imputada a él en la cruz, su justa obediencia es imputada de regreso a nosotros. Los teólogos a menudo le llaman a esto justicia forense, que significa que hemos sido declarados justos a pesar de que aún no hemos sido completamente liberados de la presencia del pecado. Dios nos mira como si fuéramos su Hijo encarnado Jesús — como si hubiéramos vivido su vida perfecta, y realizado todas sus buenas obras. Como resultado, nuestra comunión con Dios está restaurada y aunque la depravación sigue impidiendo que nos ganemos la salvación nosotros mismos, Dios nos recompensa con las bendiciones de la salvación basándose en el mérito de Jesús.

Para que seamos redimidos de nuestro estado caído, lleno de pecado, de "hijos de ira", como dice la Biblia, necesitamos que Dios resuelva el problema. Estamos desamparados, sin esperanza, sin poder resolver nuestro propio problema de pecado. Pero Dios en su gracia resuelve nuestro problema. Y la manera en la que la hace es enviando a su Hijo para representarnos. Dios Hijo se vuelve hombre y vive una vida perfecta de obediencia, muere una muerte perfecta en la cruz y después sale de la tumba, derrotando a la muerte por nosotros. Y la única forma en que nosotros podemos estar redimidos es siendo parte de su nueva creación, los primeros frutos de la vida redimida resucitada que Jesús representa. Y la forma en la que nos volvemos parte es confiando en él, poniendo nuestra fe en Cristo, el nuevo hombre, el nuevo Adán, quien representa esta nuevo tipo de humanidad que ha sido redimida desde nuestra condición caída. Así pues, es la fe en Cristo, el Dios-hombre, él que nos representa en su obra redentora en la que encontramos redención. [Dr. K. Erik Thoennes]

Ahora que hemos considerado la obra de Jesús en términos del reino de Dios y la obediencia, reflexionemos acerca de su resurrección de los muertos.

Resurrección

La resurrección corporal fue crítica para su obra de redención. Al levantarse de los muertos, Jesús conquistó a la muerte misma, y aseguró la vida física eterna de todos los que tienen fe en él. Escuchemos como Pablo describe la resurrección de Jesús en 1 Corintios 15:20 y 21:

Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. (1 Corintios 15:20-21)

El pecado de Adán trajo la muerte. Pero cuando Jesús se levantó de los muertos, garantizó que todos los que creían en él también serían resucitados. Y cuando él regrese, viviremos para siempre en cuerpos glorificados que serán como el que ya es de nuestro Redentor.

Con el entendimiento de la resurrección de Jesús en mente, reflexionemos en un cuarto aspecto de su obra de redención: su ascensión al cielo.

Ascensión

Después de su resurrección, Jesús se apareció a sus discípulos durante un período de 40 días y les enseñó acerca del reino de Dios. Y al final de ese tiempo, fue llevado corporalmente al cielo. Este evento se registra en Lucas 24:50 y 51 y Hechos 1:3 al 11.

La ascensión fue importante para la obra de redención de Jesús por al menos dos razones. Por un lado, ascendió al cielo para ser entronado como rey. Él ahora gobierna como el rey sirviente del Padre sobre toda la creación, y especialmente sobre su pueblo, la iglesia. Estos detalles son mencionados en lugares como 1 Corintios 15:23 al 25; Hebreos 12:2; y 1 Pedro 3:22.

Por otro lado, la ascensión fue también importante porque le permitió a Jesús completar su sacrificio en el templo celestial, y permanecer en la presencia del Padre mediando e intercediendo por su gente. En este rol como mediador, Jesús le recuerda al Padre del sacrificio que proveyó en la cruz, para que el Padre continúe perdonando y bendiciendo a su pueblo fiel. Leemos esto en lugares como Hebreos 7:25 y 26, y capítulo 9:11 al 28.

Ahora bien, en un sentido, el Hijo siempre ha sido nuestro mediador gracias al pacto de redención que hizo con el Padre antes de la creación. Pero el Hijo se convirtió en nuestro mediador de una manera especial después de ascender al cielo. Escuchemos como Pablo describió el papel de Jesús como mediador en 1 Timoteo 2:5 y 6:

Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos. (1 Timoteo 2:5-6)

Jesucristo, el Hijo encarnado de Dios, murió como un sacrificio por los pecadores. Y ahora sirve como ministro ante el trono del Padre, asegurando que el precio que él pagó en la cruz sea aplicado a nuestras vidas de manera continua. Como leemos en Hebreos 7:25:

Puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. (Hebreos 7:25)

No hay salvación en nadie más, sino sólo en el nombre de Jesús el Hijo. Primero que nada, ninguno de los líderes religiosos ha llegado al estatus perfecto de Jesucristo, y ninguno de ellos es eterno. Por otra parte, es más importante que Jesucristo es el único mediador calificado entre Dios y el hombre. Las religiones y las filosofías de este mundo nos pueden dar buenos principios para la vida. Pero sólo Jesucristo es el único que viene de Dios y de vuelta con Dios. Sólo él puede reconciliarnos con Dios, y llevarse nuestro pecado en nuestro nombre. Por eso, él es el mediador entre Dios y el hombre. No solamente en un sentido moral o filosófico, sino en su persona. En términos bíblicos, Jesús es el único Dios — hombre, el Redentor de los seres humanos. Y nadie más puede llegar a su estatus perfecto por esfuerzos personales y conductas morales. [Dr. Stephen Chan]

Todos pasamos por pruebas y luchas en la vida. Algunas veces todos nos preguntamos si Dios escucha nuestras oraciones. Pero a pesar de nuestras dudas, la Biblia nos asegura que Jesús murió para pagar el precio que nos redime del pecado. Él es resucitado para asegurar nuestra vida eterna. Y ascendió a su trono en el cielo para regir su reino en nuestro beneficio y para ser una intercesión continua por nosotros. Esto no significa que la vida es siempre fácil — no lo es. Pero sí significa que nuestro Redentor siempre nos escucha, se compadece de nosotros, y nos ama, y que estamos seguros en la salvación que él nos trae.

Ahora que hemos considerado a Jesús en la eternidad, y su obra en la creación y la redención, estamos listos para abarcar nuestro último tema principal: la obra del Redentor en la futura consumación de los cielos y la tierra.

CONSUMACIÓN

La consumación de los cielos y la tierra consiste en aquellos eventos que rodearán inmediatamente el futuro regreso de Jesús, y la fase final de nuestra salvación que continuarán desde ese momento hasta el futuro. Incluye la destrucción de todos los enemigos de Dios, la última bendición de su pueblo, y la completa renovación de la creación misma, en donde el pueblo redimido de Dios morará para siempre. En resumen, es cuando el mundo finalmente será el glorioso reino terrenal de Dios.

Examinaremos lo qué dice la Biblia acerca de la consumación de los cielos y la tierra en tres pasos. En el primero, describiremos el regreso de Jesús. En el segundo, veremos los eventos correspondientes que consumarán los cielos y la tierra. Y en el tercero, describiremos los resultados eternos de la consumación. Comencemos con el regreso de Jesús.

REGRESO DE JESÚS

La primera aparición de Jesús en la tierra fue de gran humildad. Él fue desconocido ampliamente en la mayor parte del mundo. E incluso en los lugares donde vivió, los historiadores seculares dijeron poco acerca de él. Pero su segunda venida será muy diferente. Como Jesús dijo en Mateo 24:30:

Y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. (Mateo 24:30)

Y como Pablo dijo en 1 Tesalonicenses 4:16:

El Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios. (1 Tesalonicenses 4:16)

Este y otros pasajes de las Escrituras indican al menos cuatro detalles acerca de la manera en la cual regresará Jesús. Primero, será un regreso personal físico. Nuestro Señor Jesucristo regresará a este mismo mundo donde ahora vivimos. Y Hechos 1:11 añade el detalle de que regresará de la misma manera en la que ascendió al cielo, lo que probablemente significa que descenderá de las nubes.

El segundo es que su regreso será público y visible. Todos lo verán, y será anunciado por el llamado de trompeta de Dios y la voz del arcángel.

El tercero es que la segunda venida de Jesús será triunfante. Regresará como un conquistador poderoso. Y de acuerdo a pasajes como Mateo 16:27, capítulo 24:31 y capítulo 25:31, será atendido por un ejército de ángeles.

Y en el cuarto, las Escrituras también revelan que el regreso de Jesús será repentino; y no vendrá cuando lo esperamos. De hecho, de acuerdo a Mateo 24:36, la fecha de la segunda venida sólo es conocida por el Padre. Así que los creyentes nunca deben confiar en aquellos que dicen ser Cristo, o saber cuándo va a regresar.

Con este entendimiento del regreso de Jesús en mente, veamos los eventos que iniciarán en la consumación.

Eventos

Por lo menos tres eventos cruciales tomarán lugar cuando Jesús regrese: la resurrección general; el juicio final; y la renovación de la creación. Veremos a cada uno de estos eventos, comenzando con la resurrección general.

Resurrección General

En el regreso de Cristo, todo aquél que haya muerto será resucitado. Tanto a los malos como a los justos les serán dados nuevos cuerpos que perdurarán para siempre.

Esto es claramente enseñado en Juan 5:28 y 29, en donde Jesús habló estas palabras:

Vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación. (Juan 5:28-29)

Encontramos ideas similares en lugares como Apocalipsis 20:13, donde se nos dice que la resurrección incluirá incluso a aquellos cuerpos que han sido perdidos. Nadie será dejado fuera; toda la humanidad será resucitada para ser juzgada.

Acerca de los cuerpos resucitados de los creyentes, las Escrituras enseñan que estarán libres de la corrupción y de la presencia del pecado. El pecado ya no habitará nuestros cuerpos, y tendremos salud perfecta para siempre. Como Pablo enseñó en Filipenses 3:20 y 21:

[El] Señor Jesucristo … transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya. (Filipenses 3:20-21)

En nuestro resultado final, nuestros cuerpos serán gloriosos, tal como el cuerpo glorioso que Jesús posee ahora mismo, el que recibió cuando se levantó de los muertos.

Los cuerpos de los no creyentes también durarán para siempre, pero no serán redimidos del pecado. En vez de ello, sus cuerpos continuarán siendo plagados por los efectos de la maldición de Dios en contra del pecado. De hecho, la maldición incrementará cuando sean juzgados.

Las Escrituras hablan de la resurrección del cuerpo de los no creyentes en lugares como Juan 5:28 y 29, y Hechos 24:15; y menciona su condenación corporal en Mateo 5:29 y 30 y capítulo 10:28.

El segundo gran evento que tendrá lugar cuando Jesús regrese es el juicio final.

Juicio Final

Inmediatamente después de la resurrección general, Jesús ejercerá su autoridad y poder como rey destruyendo a todos sus enemigos y bendiciendo a todo su pueblo fiel en el juicio final. Cada ser humano será incluido en el juicio final; ninguno lo escapará. Esto es claro en pasajes como Eclesiastés 12:14; Mateo 12:36 y 37; 2 Corintios 5:10; y Apocalipsis 20:12 y 13. Y estos mismos pasajes indican que así como cada ser humano será juzgado, cada aspecto de la vida de la persona contará como evidencia en el juicio. Cada pensamiento, palabra y acción será evaluada.

Debido a que la humanidad ha caído y es pecadora, cada ser humano que esté ante Dios en su propio mérito será condenado en este juicio, y castigado con la condenación eterna en el infierno. Pero las buenas noticias son que aquellos que hayan sido perdonados por gracia, a través de la fe en Cristo serán exonerados, y premiados con una herencia eterna. Juan 3:18 lo pone de esta manera: El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Esta misma idea se repite en lugares como Juan 5:24; 1 Corintios 11:32; y 2 Tesalonicenses 2:12.

El papel del Hijo como juez en esta obra redentora es, creo yo, una manera de equilibrar la tendencia que tenemos de enfatizar más de la cuenta el amor de Dios, según nuestra definición. La naturaleza de Dios, en su base es santa, y la santidad tiene dos aspectos, sus estándares justos y su amor misericordioso. Así que el aspecto de la venida del Hijo a entregarse por amor en la cruz es, por supuesto, central en lo que queremos decir con redención. Pero en esa redención también tenemos que enfrentar el hecho de que él es santo y justo, y sus estándares no han cambiado. Desde el jardín hasta el día de hoy, son lo mismo. Todos hemos pecado. Y así, la justicia del juez tiene que ser una parte importante de nuestro concepto de la cruz y de la obra redentora de Jesucristo. Sin eso, creo que disminuimos el concepto de pecado. No entendemos la necesidad del arrepentimiento fundamental y la necesidad de un salvador de ese pecado. Se convierte en una simple deidad amorosa que viene y como que me quita mis problemas. Esa justicia y rectitud del Señor Jesús es fundamental para un concepto total de su obra en la cruz, y su continua obra en la vida del creyente, incluso después de que la persona haya sido salva. Vamos a conocer a Jesús como juez al final de la historia humana también. Así que todas nuestras vidas están bajo esta santidad de amor y rectitud santa. Su posición como juez en toda su misericordia es representativa para nosotros. [Dr. Bill Ury]

Finalmente, el tercer gran evento que tomará lugar cuando Jesús regrese es la renovación de la creación.

Renovación de la Creación

Así como Jesús juzgará a la humanidad y purgará a los no-creyentes de ella, también purgará y renovará a la creación misma. 2 Pedro 3:10 al 13 describe la renovación de la creación de esta manera:

Los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas … Para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! Pero nosotros esperamos, según sus promesas cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. (2 Pedro 3:10-13)

La redención de la humanidad tendrá un impacto en el resto de la creación porque, como dice Romanos capítulo 8 versículo 22, sabemos que toda la creación gime como con dolores de parto hasta el tiempo presente. Incluso nosotros mismos que tenemos los primeros frutos del Espíritu también gemimos por dentro mientras esperamos nuestra adopción como hijos. La redención de nuestros cuerpos. La creación estuvo sujeta a la frustración como consecuencia del pecado de Adán. Esta frustración se manifiesta a sí misma en desorden, caos y muerte. Lo que la creación está experimentando, Pablo dice, es como cuando una mujer da a luz a un niño, lo cual implica que hay algo que aún va a venir — de esto nacerá algo — y toda la creación será redimida y restaurada. Y espera el cumplimiento de esa realidad tal como nosotros mismos que tenemos los primeros frutos del Espíritu, estamos en espera de nuestra adopción como hijos, de la redención de nuestros cuerpos. Y así como el creyente es restaurado a su estado de glorificación y liberado de la muerte, de el pecado, de la decadencia, del transtorno de la misma manera, la creación será liberada de la esclavitud, al mismo tiempo que el nuevo cielo y la nueva tierra se encontraran sin muerte, decadencia o sin el desorden que vemos a nuestro alrededor. [Rev. James Maples]

De acuerdo a Apocalipsis 22:3, esta renovación del cielo y la tierra serán completamente removidas de la presencia y la maldición del pecado. Todos los efectos de la caída de la humanidad serán erradicados, para que el pueblo de Dios viva sin pecado, sufrimiento, enfermedad o muerte. Apocalipsis 21:4 incluso nos dice que Dios enjugará cada lágrima de nuestros ojos. Toda la creación será restaurada al plan original de Dios, y su pueblo recibirá la bendición de una vida sin final en su reino eterno. Y la Nueva Jerusalén descrita en Apocalipsis 21 y 22 será la capital de ese reino. Apocalipsis 22:2 describe una parte de la Nueva Jerusalén de esta manera:

A uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida … Y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. (Apocalipsis 22:2)

Génesis 2 y 3 registran que el árbol de la vida solía estar plantado en el Jardín del Edén. En particular, Génesis 3:22 al 24 dice que cuando Dios expulsó a Adán y Eva del Jardín, lo hizo en parte para prevenir que comieran de ese fruto. Pero cuando Cristo regrese, después del juicio final, el fruto del árbol de la vida estará disponible para la humanidad otra vez, trayéndonos paz eterna y salud bajo el glorioso reinado de Dios.

Hay una conexión establecida entre la humanidad como criatura portadora de la imagen de Dios y ser regidor menor de la creación, en la creación. Así, Adán y Eva fueron establecidos como regidores sobre la creación bajo la autoridad de Dios. Hay una conexión entre ellos y el reino que rigen. Cuando Adán y Eva caen en pecado, los efectos no fueron sólo para Adán sino también para la creación. De manera similar, en la redención final de la humanidad, al igual que la creación se sumió en esclavitud de la corrupción, como dice Romanos capítulo 8, con el pecado de Adán y Eva en el principio, también será liberada de los mismos efectos del pecado cuando la humanidad experimente su liberación final. Aquí existe una conexión entre los regidores portadores de la imagen y el reino que gobiernan. Dicho efecto se relaciona en términos de pecado, la experiencia del pecado humano, y de la caída de la creación, en la misma experiencia también, y la liberación de los humanos de su pecado en una forma que finalmente la creación será liberada de esa esclavitud también. [Dr. Robert G. Lister]

Ahora que hemos revisado la manera y los eventos del regreso de Cristo, exploremos sus resultados.

Resultados

En el comienzo de esta lección, resumimos el propósito de Dios para la creación al decir que Dios creó el universo para mostrar e incrementar su gloria a través de su reino en Cristo. Y los resultados del regreso de Jesús serán el cumplimiento final de este propósito. Jesús regresa para traer el reino de Dios a la tierra en toda su plenitud, con todo y un pueblo fiel que ama, sirve y alaba a Dios recíprocamente.

La meta final de Dios en redimir a la humanidad es restaurar a la gente para sí mismo. La restauración va a ser aún más completa y aún más grande que la comunión que Adán y Eva tuvieron en el Jardín del Edén. Después de la caída de la humanidad, Dios les da un proto-evangelio, la primera promesa del evangelio, y habla de un Redentor que vendrán de la semilla de la mujer, quien aplastará la cabeza de la serpiente. Y el resto de las Escrituras son el desarrollo del proceso de restauración. La nación de Israel es una porción y una imagen de esa restauración de esa restauración. La iglesia, entonces, siendo mundial es incluso una imagen más grande de esa restauración. Y finalmente, en la segunda venida de Cristo, tenemos la restauración de los nuevos cielos y la nueva tierra en la cual Dios está en comunión directa con la humanidad, todos aquellos que han conocido a Cristo por fe. Y disfrutamos su perfecto estado en el cual Satanás ya no puede atacar, no estará el pecado presente, y glorificaremos perfectamente a Dios a lo largo de la eternidad. [Dr. Jeffrey Lowman]

Los resultados de la consumación de Jesús de los cielos y la tierra pueden ser resumidos de muchas formas, pero en esta lección los dividiremos en dos partes. En la primera, consideraremos la gloria de Dios que resulta de la consumación. En la segunda, nos enfocaremos en el gozo de la redención que los seres humanos experimentamos. Vayamos a la gloria de Dios.

Gloria de Dios

Yo pienso que el Dios trino debido a que trabaja para nuestra redención, recibirá gloria en la eternidad. Dios ha hecho esto para su gloria, para manifestar no solamente su justicia, rectitud, inmutabilidad, y perfecta santidad de su ley, sino para mostrar que Él es sabio. Y Él puede mantener todos esos atributos acerca de Sí mismo, y aun así ser misericordioso y perdonador y justificar a los pecadores. El profeta preguntó ¿quién es un Dios perdonador como tú, que da gracia de esta manera? Así que, es para la gloria de Dios. Es para la salvación de los pecadores, pero el resultado final de esto y el resultado que se busca es que la gloria de Dios se manifieste en medidas cada vez mayores a lo largo de la eternidad. [Dr. Thomas Nettles]

Cuando Cristo regrese, su reinado como rey del reino de Dios alcanzará su más alto y más honroso estado. Y la meta de darle gloria Dios será cumplida cuando toda la humanidad reconozca el régimen de Jesús y se postre ante su autoridad.

Como Pablo escribió en Filipenses 2:9 al 11:

Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. (Filipenses 2:9-11)

La benevolencia de Dios le traerá gloria porque, en su amor y bondad él perdona a los pecadores arrepentidos y nos bendice más allá de nuestra imaginación. Y en respuesta, le alabamos y proclamamos su bondad. Como Pablo dijo en Efesios 2:6 y 7:

Y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. (Efesios 2:6-7)

Cuando Jesús regrese, nuestra lealtad será recompensada y todo el pueblo fiel de Dios heredará el nuevo cielo y tierra, en donde Apocalipsis 21:1 al 5 nos enseña que disfrutaremos de la presencia de Dios de una manera que es incluso mejor de lo que su presencia era con Adán y Eva en el Jardín del Edén.

Antes de la caída, obviamente, los seres humanos disfrutábamos de una buena relación con Dios. Pero en un sentido, después de la caída de la humanidad Dios estableció una redención que anhela una relación con Dios más amplia y aún más grande de lo que fue disfrutada antes de la caída. Así que Adán fue llamado amigo de Dios, pero el privilegio de cada creyente es ser llamado "hijo," y muchos han señalado el hecho de que hay un mayor grado de intimidad en la relación implicita en este término, en el sentido de que no regresamos al jardín nuevamente. En realidad nos movemos hacia la Nueva Jerusalén y ahí parece haber una progresión de todo el camino a lo largo de la teología bíblica hacia ese gran lugar, la Nueva Jerusalén, los nuevos cielos y la nueva tierra, que no es un retorno a donde estábamos antes. [Dr. Simon Vibert]

Respecto a la pregunta de si estamos o no mejor porque la caída sucedió, yo pienso que primero es importante aceptar que la caída del hombre, el rechazo de Dios, es algo trágico. Es algo penoso; es alta traición en contra del alto Rey del cielo y por lo tanto no queremos minimizar la gran tragedia de la caída. Pero al ver el plan soberano de Dios desarrollarse, vemos que al final terminamos con un resultado mucho mejor de que si nos hubiéramos quedado en el jardín como Adán y Eva en su estado de inocencia. Porque con lo que terminamos en la redención, no es solamente el estado de inocencia, sino que se nos lleva a la comunión de la Trinidad misma y por nuestra redención en Cristo, y nuestra fe en Cristo estamos invitados a la comunión Trinitaria que el Padre, el Hijo y el Espíritu tuvieron por toda la eternidad, y nos convertimos en participantes de la naturaleza divina, coherederos con Cristo. Y por eso es muy cierto que si bien cuando evaluamos nuestro estado en Cristo, es muy superior a lo que hubiéramos tenido si estuviéramos en el jardín como Adán y Eva. Así que hay una maravillosa soberana bendición que viene, que pasa por la caída. No es que no sea penoso, sino que ciertamente, por la soberana bondad y poder de Dios, produce algo más grande de lo que hubiéramos tenido de otra manera. [Dr. K. Erik Thoennes]

Por supuesto, hay otro lado del regreso de Jesús que le traerá gloria a Dios y que debería servir como una gran advertencia para toda la humanidad. Además de bendecir a su pueblo, el Señor maldecirá a aquellos que lo han rechazado a él como Redentor y Rey. Su castigo le traerá gloria a él porque preservará el honor de su santidad, demostrará su justicia, y liberará a su gente de la opresión y el dolor de la presencia del pecado. Y de acuerdo a pasajes como Apocalipsis 19:1 y 2, el pueblo justo de Dios se regocijará en el juicio de los malvados. Pero hasta entonces, los cristianos no nos regocijamos normalmente por estas ideas. En vez de eso, nos comprometemos a proclamar el evangelio del perdón y la salvación en Cristo, para que puedan evadir este terrible destino cuantas personas sea posible.

Ahora que hemos examinado la gloria de Dios que resulta de la consumación, veamos lo que la Biblia enseña acerca del gozo de la redención que los creyentes experimentarán.

Gozo de la Redención

La Biblia menciona por lo menos tres fuentes de constante gozo que los creyentes encontrarán en su redención. Y tal vez la más grande de éstas es el hecho de que tendremos una total comunión con Dios.

Después del pecado en el Jardín del Edén, Adán y Eva se escondieron el uno del otro y de Dios. Y cuando Dios los maldijo, los echó de su presencia especial, sin embargo en la consumación, Jesús restaurará a la naturaleza humana, para que seamos admitidos en la presencia de Dios de manera física, para que podamos ver su gloria con nuestros propios ojos. Esto es enseñado plenamente en lugares como Juan 17:24; 1 Juan 3:2; y Apocalipsis 21:3.

Escuchemos como el arzobispo del cuarto siglo, Agustín de Hippo resumió esta bendición en su obra La Ciudad de Dios, libro 22, capítulo 30:

Será premio de la virtud el mismo que dio la virtud y de la que se prometió como premio Él mismo, que es lo mejor y lo más grande que puede existir. ¿Qué otra cosa dijo por el profeta en aquellas palabras: Seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo, sino: Yo seré su saciedad, yo seré lo que puedan desear honestamente los hombres, la vida, la salud, el alimento, la abundancia, la gloria, el honor, la paz, todos los bienes? Así, en efecto, se entiende rectamente lo que dice el Apóstol: Dios lo será todo para todos. Será meta en nuestros deseos Él mismo, a quien veremos sin fin, amaremos sin hastío alabaremos sin cansancio. Este don, este afecto, esta ocupación será común a todos, como lo es la vida eterna.

Un segundo gozo de redención que los creyentes experimentarán es la perfecta comunión el uno con el otro.

Además de destruir nuestra relación con Dios, el pecado de Adán también arruinó las relaciones humanas. Pero Apocalipsis 22:2 dice que cuando seamos redimidos totalmente, las naciones serán sanadas. Las guerras cesarán, la injusticia terminará, y las relaciones serán restauradas totalmente. El mundo entero se convertirá en una comunidad pacífica, amistosa. Una comunidad que se ama y se sirve el uno al otro.

Finalmente, el tercer gozo de redención que mencionaremos es el hecho de que reinamos con Cristo sobre los nuevos cielos y tierra. Pablo mencionó esto en 2 Timoteo 2:12, cuando escribió:

Si sufrimos, también reinaremos con él. (2 Timoteo 2:12)

Nuestro reinado con Cristo también es enseñado en Apocalipsis 2:26 y 27, capítulo 3:21, y capítulo 22:5.

Adán y Eva fueron creados a la imagen de Dios y puestos en el Jardín del Edén para reinar sobre su creación bajo el señorío de Dios. Pero la maldición y corrupción del pecado de Adán no permitió a la humanidad hacer esto de tal forma que lograra el propósito final de Dios. Pero Jesús, gracias a su sacrificio y obediencia, ha empezado a hacer lo que Adán no pudo. Ahora él está como nuestra cabeza del pacto y reina sobre la creación entera. Y en la consumación del mundo, la humanidad redimida finalmente regirá la creación en una forma que glorifique a Dios y beneficie perfectamente a toda la creación.

Los cristianos podemos responder a nuestra futura esperanza, en total redención, en espíritu de esperanza. La esperanza es la anticipación con seguridad de un futuro positivo. Y la naturaleza digna de subrayar, práctica de la esperanza es que nos hace optimistas, nos hace perseverantes, nos hace resistentes, y nos da en el presente un tipo de gozo anticipado en la confianza de que lo que se prometió se convertirá en realidad. Nos hace más optimistas en el sentido de inevitabilidad asegurada del resultado por el que trabajamos ahora, en el cual, en lo natural puede ser no muy sólido o incierto desde nuestra perspectiva limitada. [Dr. Glen Scorgie]

CONCLUSIÓN

En esta lección de Jesús el Redentor, hemos considerado la persona y obra de Jesucristo, el Hijo de Dios, durante cuatro diferentes períodos: la eternidad, antes de la creación del universo; el período inicial de la creación, la larga era de la redención, y la futura era de la consumación.

Jesucristo es sin lugar a dudas la persona más interesante, compleja y significativa que jamás haya vivido. Y todavía sigue vivo. Él es el Rey de toda la creación, que reina desde su trono en el cielo. No podemos nunca esperar entenderlo y apreciarlo en toda su complejidad. Pero esperemos que el resumen provisto en esta lección pueda prepararnos para pensar acerca de Jesús de formas que lo honren y beneficien a su pueblo.