El Espíritu Santo

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INTRODUCCIÓN

Cada tradición cristiana tiene un énfasis. Algunas tradiciones enfatizan la adoración. Algunos hacen énfasis en la doctrina y la verdad. Algunos hacen énfasis en la participación social y las buenas obras. Algunos enfatizan la unidad entre los creyentes. Otros enfatizan la vida cristiana dinámica. Y todos estos son buenos énfasis.

Pero hay una realidad subyacente, pasada por alto muy a menudo por muchos cristianos, que une a todos estos énfasis. Él es aquel de quien todas estas cosas buenas fluyen en el cuerpo de Cristo. Él es la persona que anima y nos da el poder en estas y todas las demás áreas de la fe cristiana. Él está siempre con nosotros, trabajando para aplicar la salvación en nosotros. Él es la vida misma dentro de nosotros. Él no es otro sino el Espíritu Santo de Dios.

Esta es la cuarta lección en nuestra serie El Credo de los Apóstoles. Hemos titulado esta lección El Espíritu Santo porque nos enfocaremos en el artículo de fe en el credo que afirma la creencia en el Espíritu Santo, la tercera persona de la Trinidad.

El Credo de los Apóstoles aborda directamente el tema del Espíritu Santo en una sola línea:

Creo en el Espíritu Santo.

La única otra declaración sobre él en el credo es que el Espíritu Santo concibió a Jesús en el vientre de María. Como podemos ver, el credo dice relativamente poco acerca del Espíritu Santo, al menos explícitamente. Sin embargo, implica muchas verdades importantes sobre él que han sido cruciales para los creyentes a lo largo de la historia.

Nuestra discusión sobre el Espíritu Santo se dividirá en tres temas. En primer lugar, vamos a hablar de su divinidad, su participación en la deidad. En segundo lugar, vamos a considerar su personalidad señalando que el Espíritu Santo es una persona auténtica, y no simplemente una fuerza divina. Y en tercer lugar, vamos a explorar la obra que hizo en el pasado, y que continúa haciendo hoy en día. Comencemos con la divinidad del Espíritu Santo

DIVINIDAD

Para explorar la divinidad del Espíritu Santo, veremos en dos direcciones. Por un lado, veremos que el Credo de los Apóstoles afirma la creencia en la divinidad del Espíritu. Y por otro lado, veremos la base bíblica para la enseñanza del Credo.

Comencemos con la forma en el Credo de los Apóstoles afirma la divinidad del Espíritu Santo.

El Credo de los Apóstoles

Cuando se trata de hablar sobre la persona del Espíritu Santo, una de las preguntas que la gente suele preguntar es si la iglesia siempre ha afirmado o profesado la divinidad del Espíritu Santo. Y ciertamente tenemos que en el registro histórico del Credo Niceno y del Concilio de Nicea no se aclara por completo la persona del Espíritu, por lo que fue que en otro concilio llamado, el Concilio de Calcedonia, se afirma que el Espíritu Santo debe ser adorado como totalmente divino junto con el Hijo. Eso ha provocado que algunas personas digan: "Entonces, la iglesia no siempre ha confesado la divinidad del Espíritu Santo." Creo que eso está mal. Los concilios nunca fueron convocados para articular una nueva doctrina. Los concilios siempre fueron llamados para aclarar la comprensión que se tenía de la enseñanza histórica y tradicional de la iglesia frente a lo herético. Y por lo tanto se puede decir que debido a la declaración del concilio, tenemos muy buenas razones para creer que desde los años de la era apostólica, y por medio de la proclamación de los padres apostólicos y los primeros teólogos de la iglesia, podemos trazar una enseñanza de la divinidad del Espíritu Santo. [Dr. Steve Blakemore]

Desde el principio, hay que admitir que el Credo de los Apóstoles no establece explícitamente que Espíritu Santo es divino. Pero implícitamente, afirma la divinidad del Espíritu por lo menos en dos maneras. Primero, su estructura trinitaria iguala al Espíritu Santo con el Padre y con el Hijo en formas importantes. Y en segundo lugar, la descripción del Credo de la concepción de Jesús indica que el Espíritu Santo es divino.

Veamos estas dos cuestiones, comenzando con la estructura del propio Credo.

Estructura

Recordemos que en una lección anterior, cuando estudiamos el Credo desde la perspectiva de la doctrina de Dios, mencionamos que podemos ver el Credo de los Apóstoles conformado en tres secciones principales, cada una comienza con la declaración Creo. "La primera sección habla de la creencia en Dios el Padre. La segunda sección es la creencia en Jesucristo, su único Hijo, Señor nuestro. Y la tercera sección resume la creencia en el Espíritu Santo, y enumera sus actividades ministeriales.

Como vimos en una lección anterior, el Credo de los Apóstoles, se desarrolló con el tiempo, y sus primeras versiones eran credos bautismales locales. Algunos de estos primeros credos incluyeron la palabra creo antes de los artículos concernientes a Jesús. Sin embargo, otros simplemente utilizan la palabra y, al igual que la versión del Credo que fue estandarizado alrededor del año 700 DC. Pero independientemente de su redacción específica, la idea era la misma: el Credo se dividió de acuerdo a las tres personas de Dios. Y esta división ha sido reconocida universalmente por la iglesia. Esta fórmula trinitaria expresa la creencia de que hay un sólo Dios, que existe en tres personas, es decir, las personas del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. El padre de la Iglesia primitiva Hipólito, quién vivió a partir del año 170 al 236 DC, explicó que el credo bautismal usado en sus días mostraba la estructura trinitaria muy explícitamente. Este credo probablemente comenzó como un credo local, pero aparentemente su uso fue bastante extenso. Su lenguaje es muy similar al Credo de los Apóstoles moderno, y la forma en que se utilizó en las ceremonias de bautismo remarco el fuerte énfasis trinitario.

Hipólito explicó que el bautismo se realizaba por la inmersión de una persona tres veces. En cada inmersión, la persona era bautizada para afirmar la sección del credo bautismal perteneciente a una de las personas de la Trinidad. En primer lugar la persona confesaba su creencia en los artículos de fe en relación con el Padre, y luego la persona era sumergida. Después venía la afirmación de los artículos de fe en relación al Hijo, seguido de una segunda inmersión. Y, por último, la afirmación de los artículos relacionados con el Espíritu Santo, y la tercera y última inmersión. A través de esta práctica y otras similares en la iglesia primitiva, podemos ver que la estructura del propio credo fue diseñada deliberadamente para resaltar la divinidad y la obra de cada persona de la Trinidad, entre ellos el Espíritu Santo.

La segunda manera en que el Credo de los Apóstoles afirma la divinidad del Espíritu Santo es a través de la descripción de la concepción de Jesús.

Concepción de Jesús

El Credo de los Apóstoles dice que Jesucristo el Hijo de Dios,

Que fue concebido del Espíritu Santo

Esta frase no declara explícitamente que el Espíritu Santo es totalmente divino, pero implica fuertemente esta creencia.

Cuando hablamos de la concepción de Jesús, el credo alude a Lucas capítulo 1 versículo 35, cuando el ángel habló estas palabras a María:

El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios. (Lucas 1:35)

En este pasaje, el Espíritu Santo es igualado con el poder del Altísimo, como veremos un poco después en esta lección, solo Dios puede tener el poder del Altísimo. Así que, aludiendo a este versículo como ejemplo de la obra del Espíritu Santo, el Credo de los Apóstoles afirma la divinidad total del Espíritu.

Esta conclusión es confirmada por Hebreos capítulo 10 versículos 5 al 7 que dice:

Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, Como en el rollo del libro está escrito de mí. (Hebreos 10:5-7)

Aquí se nos dice que la preparación del cuerpo humano de Jesús fue una obra específica de Dios. A la luz de pasajes como este, es seguro decir que cuando el Credo de los Apóstoles le atribuye la concepción de Jesús al Espíritu Santo, intenta afirmar la divinidad del Espíritu.

Ahora que hemos visto como el Credo de los Apóstoles expresa la creencia en la divinidad del Espíritu Santo, vayamos a ver la base bíblica de lo que ha dicho.

Base Bíblica

Hay un gran valor en el reconocer que la fe que hemos afirmado hoy ha sido consistentemente afirmada a través de los siglos. Esta es una razón por la cual es tan útil entender lo que el Credo de los Apóstoles enseña sobre la divinidad del Espíritu Santo. Aun así, nuestra mayor confianza se extrae de la Escritura misma. Valoramos el credo como un resumen de la Escritura, no como un remplazo de la Escritura. Y por esta razón, siempre es importante para nosotros asegurarnos de que lo que dice el Credo es bíblico.

Podemos ver por lo menos cuatro sentidos en los que las Escrituras afirman la divinidad del Espíritu Santo. Primero, el hecho de que el Espíritu Santo es usado indistintamente con Dios en algunos textos, Segundo es el hecho de que ciertos atributos que solo Dios posee son atribuidos al Espíritu. Tercero, el Espíritu Santo también realiza obras que solo Dios puede realizar. Y finalmente el Espíritu está incluido en nombre cuando los cristianos son bautizados en Mateo capítulo 28. [Dr. Keith Johnson]

La base bíblica para la creencia en la divinidad del Espíritu Santo puede demostrarse de varias maneras. Pero para nuestros propósitos, nos enfocaremos en los nombres con los que es llamado, los atributos que posee, la obra que desarrolla y las fórmulas Trinitaria que hacen referencia a él. Comencemos con los diferentes nombres atribuidos al Espíritu Santo en la Escritura.

Nombres

El Espíritu Santo es llamado por una multitud de nombres en la Biblia. Algunos de esos nombres sugieren su divinidad de una forma muy implícita. Otras de una forma muy explícita lo llaman divino. Y todavía otras caen entre los dos extremos mencionados.

Tal vez el nombre que implica su divinidad de una manera más enfática es el nombre de Espíritu Santo. El término "santo" se puede utilizar en los aspectos de la creación que no son de ninguna manera divina. La palabra "santo" generalmente se refiere a cosas que son distintas de sus contrapartes comunes porque de alguna manera son especiales para Dios. Así, la palabra "santo" no indica, por sí sola, que el Espíritu Santo es divino. A pesar de ello, es importante señalar que a través del Antiguo Testamento, es a Dios a quien repetidamente se le refiere como el Santo. Esto lo vemos en docenas de pasajes, como por ejemplo 2 de Reyes capítulo 19 versículo 22, Isaías capítulo 30 versículos 11 al 15, y seas capítulo 11 versículos del 9 al 12. Y hay otros pasajes que parecen referirse a Dios por el nombre Espíritu Santo, como Isaías capítulo 63 versículos 10 y 11. También vemos este tipo de nombres en la literatura judía antigua no inspirada, como en el libro de Sabiduría, capítulo 9 versículo 17. Contra este fondo del Antiguo Testamento, es legítimo ver en el nombre de "Espíritu Santo" una implicación a la divinidad.

Con estos nombres implícitos en la mente, veamos algunos nombres que indican la divinidad del Espíritu Santo en maneras que caen entre lo implícito y lo explicito.

Estos nombres incluyen el Espíritu del Señor, el Espíritu de Dios, y el Espíritu del Dios vivo. También, el Espíritu de Jesús, el Espíritu de Cristo, el Espíritu de Jesucristo. Y el Espíritu de (vuestro) Padre, el Espíritu de Su Hijo, y el Espíritu de quien resucito a Jesús de la muerte. Todos estos nombres sugieren que el Espíritu Santo es divino indicando que Dios está unido al Espíritu Santo en la misma manera en que el humano está unido a su propio espíritu.

Pablo explícitamente hace esta conexión en 1 de Corintios capítulo 2 versículo 11, donde él escribe estas palabras:

Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios (1 Corintios 2:11)

Nuestros espíritus son parte de lo que forma al ser humano. Y no hay nada inhumano en ellos. Son totalmente humanos. En el mismo sentido, el Espíritu Santo es enteramente divino. Y esto es lo que le permite conocer la mente del Padre. Así por su obra de revelar la mente de Dios a los cristianos, el Espíritu santo demuestra que es Dios.

Finalmente, hay algunos pasajes que son muy explícitos al referirse al Espíritu Santo con el nombre "Dios".

Escuchemos las palabras de Pedro a Ananías en Hechos 5 versículos 3 y 4:

Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? …No has mentido a los hombres, sino a Dios. (Hechos 5:3-4)

En este pasaje, Pedro primero dice que Ananías ha mentido al Espíritu Santo. Y después Pedro explica, lo que quiso decir cuando menciona que Ananías ha mentido a Dios. Aquí el apóstol Pedro claramente llama al Espíritu Santo "Dios."

Así que, al considerar los nombres con los cuales el Espíritu Santo es llamado en la Escritura, podemos ver como muchos de ellos indican su divinidad en maneras que abarcan desde lo muy implícito hasta lo muy explícito.

Una segunda manera en que la Biblia demuestra la divinidad del Espíritu Santo es atribuyéndole atributos divinos.

Atributos

Los teólogos cristianos tradicionalmente hablan de que Dios tiene dos diferentes tipos de atributos: atributos comunicables y atributos incomunicables. Por un lado él tiene atributos comunicables con los que se puede "comunicar" o "compartir" en cierta manera con su creación.

Por ejemplo, Dios posee el atributo de la razón, la cual comunica o comparte con los seres humanos. Como criaturas finitas, los seres humanos no comprendemos el razonamiento de Dios perfectamente. Pero tenemos la capacidad de pensar en maneras razonables. Por su puesto, esto no significa que somos divinos, solamente muestra que fuimos creados por un Dios racional que en cierta manera comunica su atributo de la razón con nosotros. Nuestro razonamiento es derivado de su razonamiento; reflejamos su atributo de la razón porque somos sus criaturas.

Otro atributo comunicable de Dios, es su amor. En muchas partes la Escritura enseña que nuestro amor por otros, y aun por Dios, se deriva directamente del atributo de amor de Dios. Podemos ver esto en pasajes como Gálatas capítulo 5 versículo 2, Efesios capítulo 5 versículo 1, 2 de Timoteo capítulo 1 versículo 7, y 1 de Juan capítulo 4 versículos 7 al 21.

Pero Dios también posee atributos incomunicables, atributos que por su naturaleza no pueden ser compartidos con sus criaturas.

Los atributos incomunicables de Dios más familiares son su omnisciencia, que es su inteligencia, conocimiento y sabiduría infinita, su omnipotencia, que es su infinito poder. Su omnipresencia, que es su existencia en todas partes al mismo tiempo; y su eternidad que es su eterna e inquebrantable propia existencia. Porque los atributos incomunicables de Dios solo le pueden pertenecer a Él, podemos probar que el Espíritu Santo es Dios mostrando que él posee uno o más de estos atributos. Y como estudiamos en la Escritura podemos encontrar que, ciertamente, él posee todos estos atributos.

Consideremos primero la omnisciencia del Espíritu Santo.

La Escritura dice que el Espíritu conoce perfectamente la mente de Dios. Podemos ver esta idea en Efesios capítulo 1 versículo 17 y 1 de Corintios capítulo 2 versículos 10 y 11. Por su puesto la mente de Dios es infinita, y requiere una mente igual de infinita para conocerlo perfectamente. Por la capacidad del Espíritu Santo para comprender la mente omnisciente de Dios, el Espíritu Santo ha demostrado que es omnisciente, y porque él es omnisciente, él también debe ser Dios.

El Espíritu Santo también demuestra que es Dios por su omnipotencia. Su poder es el ilimitado poder de Dios.

Muchos pasajes en la Escritura hablan del poder del Espíritu Santo, como en 1 de Samuel capítulo 10 versículo 6, Romanos capítulo 15 versículo 19, 1 de Corintios capítulo 12 versículo 11, y 1 de Tesalonicenses capítulo 1 versículo 5.

Consideremos la asociación del Espíritu Santo con el poder de Dios en Génesis capítulo 1 versículos 1 al 3:

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. (Génesis 1:1-3)

Como hemos mencionado antes, las referencias del Antiguo Testamento hacia Dios atribuyen en general a toda la Trinidad. Pero también es legítimo ver un énfasis en una persona u otra, según el idioma y el contexto. En este caso, el énfasis está en la persona del Espíritu Santo, como el Espíritu de Dios. Así, la obra de crear la luz fue hecha por el Espíritu Santo. Lo mismo puede decirse de todo lo demás que Dios creó en este capítulo. Pero para que el Espíritu Santo tenga tal omnipotencia, para que él haya creado algo de la nada, debe de ser totalmente divino.

Otro atributo incomunicable que el Espíritu Santo posee es la omnipresencia.

Pasajes como Salmo 139 versículos 7 al 10 nos enseñan que el Espíritu está presente en cada parte de la creación, desde lo más alto del cielo hasta la más bajo del mar. Y el Espíritu Santo también tiene el atributo de la eternidad.

Hebreos capítulo 9 versículo 14 refiere que el Espíritu Santo es un "Espíritu Eterno", esto significa que él siempre ha existido, y continuara existiendo por siempre.

A través de estos atributos incomunicables, y otros como estos, la Biblia claramente indica que el Espíritu Santo es Dios.

Obra

Una tercera evidencia en la Escritura para la divinidad del Espíritu Santo es el tipo de obra que él hace. Investigaremos la obra del Espíritu Santo en una forma más profunda, un poco después en esta lección. En este momento, solamente daremos un vistazo a algunas de sus obras con el fin de ver como éstas demuestran su divinidad.

Parte de la prueba de ello en la Escritura es observar su obra. El Espíritu de Dios es el que da testimonio de Cristo, nos une a Cristo, trae nueva vida, trae consigo la resurrección, está involucrado en la creación. Todas estas obras son nada menos que las obras de Dios. No se aplican a los seres humanos, no se aplican a figuras angélicas o cualquier otra cosa creada. Son solamente lo que Dios mismo hace. Y sobre esa base entonces vemos que el Espíritu Santo hace la obra misma de Dios, y por lo tanto no es sólo personal, sino también de la deidad. [Dr. Stephen Wellum]

El Espíritu Santo realiza muchas obras que la Biblia indica son apropiados solo para Dios, y eso muestra su divino poder y sus atributos. Por ejemplo, el crea nueva vida cuando regenera nuestros espíritus, como leemos en Romanos capítulo 8 versículo 11. Él es nuestro acceso al Padre, como se nos enseña en Efesios capítulo 2 versículo 18. Él aplica la salvación a nosotros, como aprendemos en Romanos capítulos 5 al 8. Suyo es el poder detrás de los milagros de los profetas, e incluso de nuestro Señor Jesús, como podemos ver en pasajes como Romanos capítulo 15 versículos 4 y 19. Aun y cuando la lista de obras divinas del Espíritu Santo es interminable, enfoquemos nuestra atención en un par de ejemplos prominentes, con fines de ilustración.

En primer lugar, el Espíritu Santo inspiró los escritos de la Escritura, que es la palabra de Dios y al reconocer que la Palabra del Espíritu Santo es la Palabra de Dios, reconocemos que el Espíritu Santo es Dios mismo. Encontramos esta idea en Mateo capítulo 10 versículo 20. Juan capítulo 3 versículo 34, Hechos capítulo 1 versículo 16 y capítulo 4 versículo 31, y Efesios capítulo 6 versículo 17.

Solo como un ejemplo, escuchemos las palabras de Pedro en 2 de Pedro capítulo 1 versículos 20 y 21.

Ninguna profecía de la Escritura surge de la interpretación particular de nadie. Porque la profecía no ha tenido su origen en la voluntad humana, sino que los profetas hablaron de parte de Dios, impulsados por el Espíritu Santo (2 Pedro 1:20-21 [NVI])

En este pasaje, Pedro enseña que el ser impulsado por el Espíritu Santo es hablar de parte de Dios, la Escritura es la palabra de Dios porque fue inspirada y hablada por Dios, específicamente, el Espíritu Santo, quien es la tercera persona de Dios.

Como otro ejemplo, la obra del Espíritu Santo como Consolador muestra que Él es divino. En Juan capítulos 14 al 16, Jesús se refiere al Espíritu Santo como el Consolador quien hace cosas como revelar la verdad, convencer al mundo de pecado y dar testimonio de Jesús. Y aunque puede parecer raro en un principio, este ministerio hace al Espíritu Santo más valorable que la misma presencia inmediata de Cristo en la tierra. Como Jesús dijo en Juan capítulo 16 versículo 7

Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. (Juan 16:7)

Pensemos en esto por un momento. De acuerdo con Jesús mismo, era mejor para la iglesia tener la presencia del Espíritu Santo que estar con la presencia corporal de Jesús. Pero un ser creado, finito nunca podría superar la bendición de la presencia terrenal de Cristo. No, para que el Espíritu Santo sea más beneficioso para nosotros que el Hijo de Dios, el Espíritu mismo debe ser Dios.

Fórmulas

Una cuarta manera en la que la Escritura afirma la divinidad del Espíritu Santo es a través de las fórmulas Trinitarias que incluyen su nombre junto a los del Padre y el Hijo.

Una fórmula Trinitaria es un pasaje en la Escritura que explícitamente menciona las tres personas de la Trinidad en una relativa base de igualdad, demostrando su cooperación, mencionando al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo en igualdad de condiciones, la Biblia indica que el Espíritu Santo es tan divino como el Padre y como el Hijo. Encontramos estas fórmulas en Romanos capítulo 15 versículo 30, 1 de Corintios capítulo 12 versículos 4 al 6, 2 de Tesalonicenses capítulo 2 versículos 13 y 14 y muchos otros pasajes. Veamos solo dos ejemplos de estas fórmulas.

El primer ejemplo lo podemos encontrar en Mateo capítulo 28 versículo 19 donde Jesús da éste mandamiento:

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. (Mateo 28:19)

En esta fórmula Jesús indica que el bautismo debe ser realizado en el nombre o autoridad de las tres personas de la Trinidad. Éste mandamiento no hace distinción entre el honor de las personas de Dios, en cambio las presenta a las tres como iguales.

Un claro segundo ejemplo aparece en 2 de Corintios capítulo 13 versículo 14, donde Pablo escribe estas palabras:

La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. (2 Corintios 13:14)

En está bendición final a su carta, Pablo agrupa al Hijo, llamándolo el Señor Jesucristo; al Padre, de quien se refiere como solo Dios; y el Espíritu Santo, al hacer esto presenta a las tres personas como socios iguales.

Formulas como éstas indican que el Espíritu Santo es una persona igual en la deidad, Esto demuestra que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son iguales entre sí en asuntos que implican atributos esenciales divinos y actividades, como el proveer gracia y salvación a los pecadores y recibir honor y alabanza como Dios.

La Doctrina Cristiana de la Trinidad enseña que existe un solo Dios eterno, en unidad en tres personas. Ya que el Espíritu Santo es Dios, es correcto y apropiado no solo el orarle sino darle honor como Dios. [Keith Johnson]

Ahora que hemos considerado la divinidad del Espíritu Santo, estamos listos para estudiar nuestro segundo tema: su personalidad. En esta sección, vamos a ver el hecho de que tenemos que tratar con el Espíritu Santo como una persona real y no simplemente como una fuerza divina o poder.

PERSONALIDAD

A lo largo de la historia de la iglesia, muchos grupos han negado que el Espíritu Santo sea una persona que tiene una clara conciencia de sí misma y de sus atributos personales divinos. Algunos han creído que él es simplemente otra forma del Padre. Otros han argumentado que el nombre del "Espíritu Santo" es sólo un nombre que los escritores antiguos utilizaban para describir el poder de Dios. Pero a partir de la estructura del Credo de los Apóstoles, podemos ver que este, afirma la posición bíblica de que el Espíritu Santo es una persona real y distinta dentro de la deidad. Esta es la clara enseñanza de la Escritura, y ha sido la posición de cada rama de la iglesia cristiana a lo largo de los siglos.

El Espíritu Santo se describe en términos personales en el Nuevo Testamento, no sólo como una fuerza impersonal. Y la iglesia se ha reunido en torno a ese testigo y dice: Es cierto que al articularlo en el último credo, tomó tres o cuatro siglos antes de que hubiera un verdadero debate sobre esto. Pero cuando Basilio de Cesarea lo discute en el siglo IV, no está articulando una nueva doctrina, sino solo está poniendo sobre la mesa, lo que la gente ya creía durante trescientos años. [Dr. Peter Walker]

Desde el principio, tenemos que admitir que el Credo de los Apóstoles no explica estos asuntos de manera explícita. Pero si tenemos en cuenta los importantes debates teológicos sobre el Espíritu Santo en los primeros siglos del cristianismo, podemos ver que la afirmación del Credo sobre el Espíritu Santo como un miembro de la Trinidad es también una afirmación implícita de su personalidad. Junto con el resto del cristianismo bíblico, el Credo de los Apóstoles "rechaza la personalización del Espíritu de Dios en una mera fuerza o poder divino.

Al considerar la base bíblica de la afirmación del credo sobre la personalidad del Espíritu Santo, nuestra discusión se dividirá en tres partes. Primero, observaremos los atributos personales que el Espíritu Santo posee. Segundo, nos enfocaremos en su distinción personal del Padre y del Hijo. Y tercero, describiremos su relación personal con los otros miembros de la Trinidad. Comenzaremos con los atributos que muestran que el Espíritu Santo es una persona completa.

Atributos

Cuando hablamos de los atributos personales del Espíritu Santo, tenemos en mente aquellas cualidades que él posee y que son únicas en una persona, cosas que sólo pueden ser ciertas acerca de él si él es una persona real y no simplemente una fuerza impersonal.

Encuentro muy instructivo que en el Nuevo Testamento no sólo se habla sobre los nombres y títulos de Dios el Padre, las obras de Dios el Padre, los atributos de Dios el Padre, las acciones de Dios el Padre, sino que se habla lo mismo del Hijo y del Espíritu Santo. En otras palabras, todas las propiedades personales que se le atribuyen a Dios el Padre en la Biblia, se le atribuyen a Dios el Espíritu Santo en el Nuevo Testamento. Y esto una vez más, nos enfatiza que el Espíritu Santo es una persona, no una fuerza o un poder. [J. Ligon Duncan III]

El Espíritu Santo tiene demasiados atributos personales como para catalogarlos en esta lección, así que nos limitaremos a cuatro ejemplos para demostrar su personalidad.

Comenzaremos diciendo que el Espíritu Santo tiene voluntad. Esta es la facultad que el utiliza para planear, para desear y para elegir, es evidente, que cualquier ser que puede hacer estas cosas no puede ser una mera fuerza o poder.

Como un ejemplo de su voluntad, consideremos 1 de Corintios capítulo 12 versículo 11, donde Pablo habla acerca de la distribución de los dones espirituales, escuchemos lo que escribió:

Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere. (1 Corintios 12:11)

El Espíritu Santo quiere que ciertas personas tengan ciertos dones, y que otras tengan otros dones. Las fuerzas impersonales no tienen planes ni deseos. Solo las personas lo hacen. Por lo tanto, el Espíritu Santo debe ser una persona.

El Espíritu Santo también tiene atributos de inteligencia, a través de los cuales posee conocimiento y habilidad para enseñar a otros.

El expresa esta inteligencia de muchas maneras, por ejemplo buscando y entendiendo la mente de Dios, como leemos en 1 de Corintios capítulo 2 versículos 10 al 12, teniendo su propia mente, como leemos en Romanos capítulo 8 versículo 27. El también da la sabiduría y el conocimiento, como en 1 de Corintios capítulo 12 versículo 8. Y enseña como en Lucas capítulo 12 versículo 12.

Jesús mismo habló acerca de la inteligencia del Espíritu en Juan capítulo 14 versículo 26. Escuchemos lo que él dijo a los apóstoles aquí:

El Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. (Juan 14:26)

Fuerzas impersonales no piensan, conocen o enseñan. Así, el atributo de inteligencia demuestra que el Espíritu es una persona.

El Espíritu Santo también tiene emociones, sentimientos internos y afectos que él expresa en respuesta a otras personas y eventos.

Al igual que sus otros atributos personales, sus emociones demuestran que él es una persona, y no sólo un poder. Por ejemplo, el amor del Espíritu Santo es mencionado en Romanos capítulo 15 versículo 30. Se habla de su gozo en 1 de Tesalonicenses capítulo 1 versículo 6. Y escuchemos la manera en la que se habla de su pesar en Efesios capítulo 4 versículo 30:

No contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. (Efesios 4:30)

El hecho de que el Espíritu Santo tiene emociones como el pesar indica que él es una verdadera persona.

Por otra parte, el Espíritu posee lo que podríamos llamar atributos de agencia. Él tiene voluntad propia, la habilidad de intentar cosas y actuar por decisión propia. Y esto le permite realizar muchas acciones que sólo las personas pueden realizar.

Por ejemplo, el Espíritu Santo da testimonio en Juan capítulo 15 versículo 26 y Romanos capítulo 8 versículo 16. Él tiene comunión con nosotros Filipenses capítulo 2 versículo 1. Él habla y ordena Hechos capítulo 8 versículo 29 y capítulo 13 versículo 2.

Solo como un ejemplo, escuchemos las palabras de Romanos capítulo 8 versículos 26 y 27

El Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles... porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. (Romanos 8:26-27)

El hecho de que el Espíritu Santo ora por los creyentes es otra prueba de su personalidad.

Un poder impersonal o una fuerza no ora, ni intercede, ni gime con sinceridad. Solo las personas pueden hacer esas cosas.

Charles Spurgeon, El gran predicador Bautista que vivo de 1834 a 1892, habló de los beneficios de la intercesión personal del Espíritu Santo en su sermón "La Intercesión del Espíritu Santo", basado en Romanos capítulo 8 versículos 26 y 27, Escuchemos lo que dijo:

El Espíritu Santo nos ayuda a soportar la debilidad de nuestro cuerpo y nuestra mente, nos ayuda a llevar nuestra cruz, ya sean dolores físicos, o depresión mental, o conflicto espiritual, o difamación, o pobreza, o persecución. Él nos ayuda en la debilidad, y con un ayudador tan divinamente poderoso no necesitamos temer por el resultado. La gracia de Dios será suficiente para nosotros; su poder se perfecciona en la debilidad.

Es alentador saber que hay algo que obra dentro de mí, alguien está obrando dentro de mí que es mucho más poderoso que yo, Y aunque a veces puedo sentirme indefenso, esclavizado, o lo que sea. Esto es sólo un sentimiento expresado, no es la realidad. El todopoderoso Espíritu Santo de Dios está trabajando sin descanso conformándome a la imagen de Cristo. Qué gran estímulo, es también preocupante porque eso significa que estoy siempre en la presencia del Dios vivo, viviendo siempre ante la mirada de Dios. Y aunque puedo ocultar mis caídas a otras personas, no puedo esconder mi pecado porque vivo en la misma presencia de Dios. Y el Espíritu Santo es un espíritu santo, el espíritu de Dios es puro. Ciertamente, como pastor quiero llegar a ese equilibrio cuando aconsejo a personas que luchan con el pecado, no pierdas la esperanza. El Espíritu Santo está obrando en tu corazón y en tu vida, confía y descansa en Cristo quien te da la victoria en tus luchas con el pecado. Y no seas complaciente porque el mismo Espíritu Santo está siempre presente y obrando en ti. [Dr. Dennis Johnson]

Ahora que hemos visto como los atributos del Espíritu Santo demuestran su personalidad, estamos listos para considerar su distinción del Padre y del Hijo como una persona independiente de la Trinidad.

Distinción

Debemos comenzar admitiendo que hay muchos pasajes en la Biblia donde la distinción entre el Espíritu y las otras personas de la Trinidad no es muy clara, por ejemplo, el Espíritu Santo es identificado como el Espíritu del Hijo de Dios en Gálatas capítulo 4 versículo 6 y como el Espíritu del Padre en Mateo capítulo 10 versículo 20 y él tiene muchos otros nombres que remarcan la conexión relacional entre los miembros de la Trinidad, más que sus diferencias.

Aunque este tipo de pasajes fueron fuente de muchos debates en la iglesia primitiva, no nos deben sorprender estas asociaciones, después de todo, las tres personas de la Trinidad son un solo Dios. Por lo tanto tiene mucho sentido pensar en el Espíritu Santo como el Espíritu del Padre y del Hijo, y al mismo tiempo insistir que él es una persona totalmente distinta a ellos.

Una forma de destacar las diferencias entre el Espíritu y las demás personas de la Trinidad es observar pasajes de la Escritura que muestran que interactúan entre sí de maneras que hacen hincapié en sus diferencias. Hay muchos pasajes que muestran estas distinciones, pero dos pasajes son suficientes para demostrar que el Espíritu es distinto del Hijo y del Padre. Primero consideremos las palabras de Jesús en Juan capítulo 16 versículo 7

Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. (Juan 16:7)

Jesús dijo en este caso que el Espíritu Santo no vendría a menos que él primero se fuera. Claramente, él mismo se distinguió del Espíritu al decir que uno se va antes de que el otro venga. Cada uno tenía un papel designado, y el papel del Espíritu no comenzaría hasta que el Hijo hubiera completado su obra terrenal y ascendido al cielo. Esto deja claro que el Espíritu es distinto del Hijo

De manera similar, el Espíritu también hace cosas que lo distinguen del Padre. Por ejemplo, como parte de su rol como nuestro Consolador, el Espíritu Santo es nuestro abogado defensor, ayudando en nuestras oraciones alegando nuestro caso delante de Dios

En general la obra del Espíritu consiste en aplicar la obra de Cristo. Cristo ha dado su vida, se sacrifico por nosotros. Es la obra del Espíritu continuar la obra y aplicarla en nuestros corazones, por lo que necesitamos ambas cosas. Quiero decir si no tuviéramos al Espíritu para aplicar la obra a nuestros corazones no estaríamos en buena forma por la obra de Cristo…Dios tiene la intención de cambiarnos desde adentro y así el Espíritu viene y el Espíritu regenera, dándonos un nuevo nacimiento. El Espíritu nos hace santos, santificados y el Espíritu nos da constantemente dones y bendiciones y frutos en nuestras vidas y todo eso, así que la obra del Espíritu es muy indispensable. [Dr. John Frame]

Por ejemplo, en Romanos capítulo 8 versículos 26 y 27, Pablo escribe estas palabras:

Pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. (Romanos 8:26-27)

Cuando Pablo enseñó que el Espíritu Santo intercede por nosotros ante el Padre, demostró que son personas diferentes—una intercediendo y la otra escuchando la intercesión.

Él intercede ante el Padre. Él habla a nuestros corazones cuando no sabemos cómo orar y el gime dentro de nosotros como Pablo dice para que podamos decir esas cosas a Dios que no sabemos cómo decir. [Dr. John Frame]

Podemos decir que el patrón normativo para orar es orar al Padre, en el nombre del Hijo y por el poder del Espíritu Santo. Y sin embargo somos miembros de una religión de tal gracia y libertad que al Espíritu Santo también se le puede tener acceso directamente, sin comprometer la integridad de Dios o el rechazo de la trayectoria de nuestras oraciones. [Dr. Glen Scorgie]

Esta oración al Espíritu Santo, generalmente atribuida al padre de la iglesia Agustín, quien vivió del 354 al 430 DC, provee un maravilloso modelo para nuestras oraciones:

Respira en mi, Oh Espíritu Santo,
Para que mis pensamientos puedan ser todos santos.
Actúa en mí, Oh Espíritu Santo,
Para que mi trabajo, también pueda ser santo.
Atrae mi corazón, Oh Espíritu Santo,
Para que sólo ame lo que es santo.
Fortaléceme, Oh Espíritu Santo,
Para que defienda todo lo que es Santo.
Guárdame pues, Oh Espíritu Santo,
Para que yo siempre pueda ser santo.

Habiendo hablado de la personalidad del Espíritu Santo en términos de sus atributos personales y su distinción con el Padre y el Hijo, veamos ahora su relación con las otras personas de la Trinidad.

Relación

Como hemos mencionado a través de estas lecciones, las relaciones entre las personas de la Trinidad han sido tradicionalmente descritas desde dos perspectivas diferentes. Específicamente, los teólogos hablan de la trinidad ontológica y de la trinidad económica. Ambas son perspectivas de la misma Trinidad – El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo. Pero ellas enfatizan diferentes aspectos de la relación entre estas tres personas divinas.

Cuando hablamos acerca de la trinidad ontológica, nos enfocamos en el ser y la existencia de Dios. Desde esta perspectiva, el Espíritu Santo es igual en poder y gloria que el Padre y el Hijo. Las tres personas de Dios son infinitas, eternas e inmutables. Y cada una tiene los mismos atributos esenciales divinos. Como son sabiduría, poder, santidad, justicia, bondad y verdad.

Y cuando hablamos de la trinidad económica, consideramos como las personas de Dios interactúan entre ellas. Desde esta perspectiva, cada persona de la deidad tiene diferentes responsabilidades, diferente autoridad, y un rol asignado diferente. La autoridad del Espíritu está sujeta a la autoridad superior del Padre y del Hijo. Y el rol del Espíritu es en gran medida llevar a cabo sus instrucciones y darles gloria.

Donde quiera que Dios está, su Espíritu está allí, no se refiere sólo a su presencia, sino también a su acción y mientras seguimos cómo Dios se relaciona con su creación, es imposible describirlo sin el Espíritu Santo. El Espíritu Santo esta ahora mismo guiando la historia humana. Él en efecto es el agente del amor y cuidado providencial de Dios. [Dr. R. Albert Mohler]

En la teología cristiana, en ambas, la trinidad ontológica y la trinidad económica el Espíritu Santo es llamado la tercera persona.

Él es la tercera persona de la trinidad ontológica porque es inspirada por el Padre que es la primera persona, y por el Hijo que es la segunda persona.

Ahora, debemos hacer una pausa para decir que las iglesias Ortodoxas orientales enseñan que el Espíritu Santo es inspirado solo por el Padre, y no por el Hijo. Esta diferencia en la enseñanza fue una de las razones del cisma entre las iglesias orientales y las occidentales que se inició en el año 1054 DC y continúa hasta nuestros días. Por supuesto, como el Credo de los Apóstoles fue creado antes de esta controversia, no se refirió a este desacuerdo entre el Oriente y el Occidente. Y las dos ramas de la iglesia afirman todas las declaraciones del Credo de los Apóstoles.

Con respecto a la trinidad económica, se dice que el Espíritu Santo es la tercera persona porque tiene el tercer rango, está subordinado al Padre y al Hijo. Las Escrituras indican su subordinación en diferentes maneras. Por ejemplo, es enviado o dado por el Padre y el Hijo. La Escritura nos enseña esto en Lucas, capítulo 11 versículo 13, Juan capítulo 14, versículo 26 y el capítulo 15 versículo 26, y Hechos capítulo 2 versículo 33. Y cuando él venga, el Espíritu obedece al Padre y al Hijo haciendo las obras que le han mandado a hacer. Nos enteramos de esto en lugares como Juan capítulo 16 versículo 13, Romanos capítulo 8 versículo 11, y 1 de Pedro capítulo 1 versículo 2.

Por supuesto, aunque se dice que el Espíritu Santo tiene el rango más bajo desde la perspectiva de la Trinidad económica, es importante enfatizar que él sigue siendo plenamente Dios, y tiene la autoridad absoluta de soberanía sobre todos los aspectos de la creación. Además, dentro de la Trinidad, hay un sentido de deferencia mutua, ya que lo que una persona hace, todos lo hacen. Por lo tanto, la subordinación del Espíritu Santo al Padre y al Hijo, no quiere decir que él es de alguna manera inherentemente inferior a ellos — no lo es. Él es totalmente igual a ellos en su esencia divina.

La personalidad del Espíritu Santo es una parte indispensable de la teología cristiana. Y como hemos visto, tenemos muchas razones para afirmarlo. El Espíritu Santo posee los atributos que claramente lo marcan como una personalidad distinta, consciente de sí mismo. Y sus relaciones e interacciones con el Padre y el Hijo no dejan duda de que él es una persona dinámica y no sólo una fuerza o poder inconsciente. Podemos y debemos tener una gran confianza en esta doctrina tradicional.

Hasta ahora, en esta lección sobre el Espíritu Santo, hemos observado la afirmación del Credo de los Apóstoles sobre la divinidad del Espíritu, y su completa personalidad. En este punto, estamos listos para abordar nuestro tercer tema principal: la obra que el Espíritu Santo ha hecho en toda la historia y lo sigue haciendo hoy en día.

OBRA

Uno de los beneficios de tener un rico entendimiento de la obra del Espíritu, es justamente saber que Dios obra en nosotros de una manera muy personal, El no presiona botones, el viene a nosotros e interactúa con nosotros en una forma muy personal. El Espíritu en realidad habita en nuestros corazones. Él ora con nosotros y por nosotros. Él nos da dones de santidad y se involucra con nosotros de muchas maneras. De hecho, en cada fase de nuestra vida. Él nos da los frutos de las virtudes cristianas como dice Pablo en Gálatas. Él nos da muchos dones para el servicio en la iglesia y todo esto es obra de Dios en nosotros a través del Espíritu. [Dr. John Frame]

Aunque el Credo de los Apóstoles no describe de manera explícita mucho sobre la obra del Espíritu, cuando afirma Creo en el Espíritu Santo, "el Credo originalmente implicaba una serie de creencias acerca de la obra del Espíritu.

Hay muchas maneras de describir la obra del Espíritu, pero solo exploraremos cuatro de sus aspectos. En primer lugar, vamos a ver su poder creativo. En segundo lugar, nos centraremos en su obra de santificación. En tercer lugar, vamos a hablar de su administración de la gracia. Y en cuarto lugar, vamos a describir la revelación que él proporciona. Comencemos con su poder creativo.

Poder Creativo

Por el termino poder creativo, nos referimos a la habilidad de crear cosas nuevas, y a su habilidad de gobernar y modificar lo que ha sido creado.

Cuando leemos el primer capítulo de la Biblia, Génesis capítulo uno el Espíritu se está moviendo sobre las aguas, el Espíritu Santo, cuando leemos Colosenses capítulo uno, leemos que Cristo es el creador, y él crea por medio del Espíritu Santo, el Espíritu también participa en la recreación. Recreación en términos de lo que podríamos pensar en la conversión. Es el Espíritu quien regenera. A menos que una persona nazca del Espíritu, él no puede entrar en el reino de Dios. Pero el Espíritu no sólo obra en la regeneración individual, sino también en la regeneración del cosmos. Por eso Pablo habla en Romanos ocho que la creación gime como embarazada dando a luz, esperando por la regeneración de todas las cosas, una obra del Espíritu Santo. [Dr. Derek W. H. Thomas]

Nuestra discusión sobre el poder creativo del Espíritu Santo se enfocara en tres diferentes niveles de su actividad, Primero, hablaremos acerca de su obra creativa en el mundo natural. Segundo, nos enfocaremos en los dones espirituales que él provee para la iglesia, y tercero, consideraremos su papel en la renovación personal de nuestros espíritus y corazones humanos. Comencemos con la forma en que se demostró su poder creativo en el mundo natural.

Mundo Natural

El poder creador del Espíritu Santo en el mundo natural es visto por primera vez en los primeros versículos de la Biblia. Anteriormente en esta lección, nos fijamos en el papel del Espíritu en el relato de la creación del Génesis capítulo 1, señalando que él ejerce omnipotencia divina para crear el mundo de la nada. Nos encontramos con una idea similar en el Salmo 104 versículo 30, donde el salmista alaba a Dios por haber enviado su Espíritu para crear la tierra y todas sus criaturas, no sólo en la semana original de la creación, sino también diariamente. Salmo 33 versículo 6 hace eco de esta idea, y Job capítulo 33 versículo 4 extiende esto especialmente a los seres humanos. Solo como un ejemplo, escuchemos las palabras del Salmo 104 versículo 30:

Envías tu Espíritu, son creados, y renuevas la faz de la tierra. (Salmo 104:30)

En este versículo, el salmista expresa su comprensión de la forma en que todo en la creación llega a existir. Y él lo atribuyó todo al Espíritu de Dios, el Espíritu Santo.

El poder creativo del Espíritu Santo en el mundo natural también puede ser visto a través de los muchos milagros que él permitió en la Escritura. Por ejemplo, en el Antiguo Testamento, permitió a Moisés sacar agua de una roca en Éxodo capítulo 17 versículo 6. Él multiplicó la harina y el aceite de la viuda en 1 de Reyes capítulo 17. En el Nuevo Testamento, él permitió a Jesús multiplicar los panes para alimentar a cinco mil personas en Mateo capítulo 14, y cuatro mil personas en Mateo capítulo 15. Él resucitó a Jesús de entre los muertos, como leemos en Romanos capítulo 8 versículo 11. Y también permitió todos los milagros y el ministerio de Pablo, como vemos en Romanos capítulo 15 versículos 18 y 19.

Por supuesto, uno de sus más grandes milagros fue la encarnación, haciendo que la virgen María quedara embarazada con Jesús. Este milagro en particular, grabado en Lucas, capítulo 1 versículo 35, es la única obra del Espíritu Santo que se menciona explícitamente en el Credo de los Apóstoles.

Incluso hoy en día, el Espíritu Santo tiene un dramático poder para crear, renovar y traer a toda la creación hasta el estado final que Dios quiso para él.

De hecho, su renovación del mundo no se acabará hasta que él invierta por completo todos los efectos de la caída de la humanidad en el pecado. Génesis capítulo 3 nos dice que cuando Adán y Eva comieron del fruto prohibido del árbol del conocimiento del bien y del mal, Dios los maldijo. Y porque a la humanidad se le había dado la autoridad de Dios como vice-regentes o representantes sobre toda la tierra, la maldición de Dios sobre Adán y Eva impacto a la creación entera, incluyendo hasta la misma tierra.

Desde entonces, el Espíritu Santo ha estado trabajando en el mundo para restaurarlo y llevarlo a su estado final. Y el resultado será los nuevos cielos y la nueva tierra que leemos en lugares como Isaías capítulo 65 versículo 17 y capítulo 66 versículo 22, 2 de Pedro capítulo 3 versículo 13, y Apocalipsis capítulo 21 versículo 1.

Ya que hemos visto el poder creativo del Espíritu Santo en el mundo natural, veamos como él usa su poder creativo para proveer dones espirituales a la iglesia.

Dones Espirituales

Cuando hablamos de dones espirituales tenemos en mente:

Habilidades de origen sobrenatural que el Espíritu Santo da a individuos con el propósito de edificar la iglesia.

El Espíritu crea estos dones otorgando nuevas habilidades a las personas que anteriormente carecían de ellos, o mediante la mejora de las capacidades existentes más allá de los talentos naturales o de la experiencia de la persona que los recibe

Los dones espirituales en el Nuevo Testamento son habilidades especiales y únicas dadas sobrenaturalmente. Los dones son más que talentos, son dados de manera sobrenatural a cada creyente. Y cada creyente tiene un don o varios dones espirituales. [Dr. Mark Strauss]

Las listas de los dones que el Espíritu Santo dio a la iglesia primitiva aparecen en lugares como Romanos capítulo 12, 1 de Corintios capítulo 12, y Efesios capítulo 4. Algunos de estos dones se asemejan a talentos naturales o habilidades humanas universales. Habilidades que incluso gente que está fuera de la iglesia posee en alguna medida, simplemente porque son creadas a imagen de Dios — cosas como la sabiduría, el conocimiento, servir, enseñar, alentar, generosidad, liderazgo, y la misericordia. Pero otros dones espirituales obviamente tienen directamente un origen sobrenatural, como la sanidad y poderes milagrosos. Y otros están vinculados en alguna forma entre lo natural y lo sobrenatural, como la profecía, hablar en lenguas, interpretar lenguas y discernir espíritus.

Ahora, todos los cristianos están de acuerdo que el Espíritu Santo da dones sobrenaturales a su iglesia. Pero dentro de este acuerdo general, hay una variedad de puntos de vista que caen en algún punto de la escala. Algunas iglesias tienen una posición cesacionsita, creyendo que en la época moderna el Espíritu Santo da dones que se parecen al talento natural. Piensan que los dones más espectaculares han muerto, tal vez después de la edad apostólica, o con el cierre del canon de las Escrituras.

Otras iglesias tienen una posición continualista. Ellos creen que el Espíritu sigue dando todos los mismos dones que encontramos manifestados en el Nuevo Testamento. Dentro de esta posición, hay muchos puntos de vista diferentes en cuanto a los dones que un cristiano puede esperar recibir.

Entre estos dos extremos, hay otra opinión moderada. Las iglesias moderadas tienden a creer que el Espíritu Santo todavía puede dar dones espectaculares cuando él lo quiere. Pero ellos no insisten en que el Espíritu Santo siempre debe dar a su iglesia todos los tipos de dones. Estas iglesias enfatizan la libertad del Espíritu Santo para actuar de cualquier manera en cualquier momento.

Pero una cosa que todas estas posiciones tienen en común es la creencia de que el Espíritu Santo sigue dando por lo menos algunos dones a su pueblo en beneficio de su iglesia. Los dones espirituales son el poder de Dios, y son para que su pueblo los utilice en conjunto. No son dados para complacer los deseos de los individuos, ni incluso para mejorar la vida espiritual de los individuos. Más bien, se les concede para fortalecer el ministerio de la iglesia y para ayudarla a crecer en la madurez en Cristo. Esto lo vemos en Romanos capítulo 12 versículos del 4 al 5, 1 de Corintios capítulo 12 versículo 7, y Efesios capítulo 4 versículos del 7 al 16.

Sólo como un ejemplo, escuchemos lo que Pablo escribió en 1 de Corintios capítulo 12 versículo 7:

Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. (1 Corintios 12:7)

Como Pablo indica aquí, los dones espirituales se dan para el provecho de la iglesia. Cada individuo también puede beneficiarse de sus propios dones. Pero el principal objetivo y el enfoque de los dones es el beneficio de la iglesia. Son obras creativas de poder que el Espíritu Santo usa para construir su iglesia en conjunto.

Una de las cosas más importantes que conocemos de los dones espirituales es que tienen que desarrollarse, descubrirse y ser usados en la iglesia, que es el cuerpo de Cristo. Dones Espirituales no son dados a un individuo para que solamente él o ella disfruten de los beneficios. Los dones son dados para edificar grupos de personas, grupos de creyente, llamados la iglesia de Cristo. [Dr. Riad Kassis]

Los dones espirituales dados a nosotros por el Espíritu son para la edificación y el fortalecimiento de la iglesia, para el quehacer del ministerio cristiano, para la motivación de unos a otros y el cumplimiento de la gran comisión. El objetivo principal en nuestros días, particularmente con asuntos carismáticos sobre las lenguas y la profecía, es un énfasis secundario que vemos en la Escritura. Queremos enfocarnos en los dones espirituales de la manera que lo hace el Nuevo Testamento. Ya que nos conforta y nos muestra que la era del nuevo pacto ha nacido, la obra personal del Espíritu en nosotros y corporativamente dentro de la comunidad, es lo que lleva a cabo la obra ministerial, individual y corporativa en el mundo. Este énfasis es lo que necesitamos para realmente enfocarnos y centrarnos en nuestras propias vidas individuales como en la vida corporativa de la iglesia mientras vivimos en el mundo. [Dr. Stephen Wellum]

Con esta comprensión de cómo el Espíritu Santo usa su poder creativo en el mundo natural y en la provisión de los dones espirituales a la iglesia, veamos cómo su poder se manifiesta en la renovación personal del espíritu y corazón de cada creyente.

Renovación Personal

La Escritura enseña que los seres humanos nacen en un estado de muerte espiritual. Como nos indica Romanos capítulo 5 versículos del 12 al 19 somos culpables del pecado de Adán, y como resultado responsables hasta la muerte. Así que, para que nos salve de este predicamento, el Espíritu Santo crea en nosotros una nueva vida, haciendo que nuestros espíritus vivan delante de Dios. La Biblia habla de esta nueva vida en términos de la regeneración y el nacer de nuevo. Leemos acerca de este nuevo nacimiento en Juan capítulo 3 versículos del 3 al 8, Tito el capítulo 3 versículo 5, 1 de Juan capítulo 5 versículos 1 al 18, y en algunos otros lugares.

Escuchemos las palabras de Pablo en Tito capítulo 3 versículo 5

Nos salvó …por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo. (Tito 3:5)

Después de ser regenerados, el Espíritu Santo sigue actuando en nosotros para cambiar nuestros pensamientos, sentimientos y acciones, con el fin de hacernos la clase de gente que ama y obedece al Señor. El Nuevo Testamento habla de esto en pasajes como Romanos capítulo 8 versículos del 1 al 16, 1 de Corintios capítulo 12 versículo 3, Gálatas capítulo 5 versículos del 16 al 25, y Filipenses capítulo 2 versículo 13. Tal vez la discusión más conocida del poder transformador del Espíritu Santo es la descripción de Pablo del fruto que el Espíritu Santo crea en la vida de los creyentes

Escuchemos lo que Pablo escribió en Gálatas capítulo 5 versículos 22 y 23:

El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. (Gálatas 5:22-23)

Todos estos cambios en nuestro carácter resultan del activo y creativo poder del Espíritu Santo que nos conforma a la imagen de Jesucristo.

Y por supuesto, en el último día, el Espíritu Santo hará uso de su poder creativo para resucitar los cuerpos físicos de todos los fieles cristianos, dándonos cuerpos perfectos e incorruptibles como el que Jesús ya tiene.

Escuchemos lo que Pablo dijo acerca de esto en Romanos capítulo 8 versículo 23:

También nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. (Romanos 8:21-23)

Cuando Pablo dijo que los seguidores de Cristo tenían las primicias del Espíritu, usó el lenguaje de las prácticas que se hacían en el Antiguo Testamento de traer las ofrendas de la primera cosecha como representante de toda la cosecha de ese año. De la misma manera, el trabajo actual del Espíritu Santo en los creyentes es sólo el primer fruto de algo mucho más grande que vendrá. La obra del Espíritu Santo no terminará hasta que él nos re-cree completamente, eliminando nuestra maldición y corrupción, y restaurándonos a un original estado sin pecado. Hasta el momento, el Espíritu ha dado nueva vida a nuestros espíritus. Pero eventualmente él re-creará nuestros cuerpos, también.

Ahora que hemos visto la obra de poder creativo del Espíritu Santo, pongamos nuestra atención en su obra de santificación.

Santificación

Cuando hablamos de la obra de santificación del Espíritu, estamos hablando del acto de hacer santas a las personas y las cosas. Este es el trabajo que hace el Espíritu para apartar a personas y cosas para el uso de Dios, para purificarlos, y para hacerlos aptos para estar frente a su gloria. En muchos sentidos, esta idea está estrechamente relacionada con el concepto de renovación que vimos en la última sección de esta lección.

La Biblia frecuentemente dice que la iglesia es santa o santificada por la presencia y sacerdocio del Espíritu Santo. Podemos ver esta idea en pasajes como Romanos capítulo 15 versículo 16, 1 de Corintios capítulo 6 versículo 11, 2 de Tesalonicenses capítulo 2 versículo 13 y 1 de Pedro capítulo 1 versículos 1 y 2.

Escuchemos lo que Pablo dice acerca del Espíritu Santo en 1 de Corintios capítulo 3 versículos 16 y 17

¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? …porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es. (1 Corintios 3:16-17)

En el Antiguo Testamento, el templo judío era el palacio de Dios en la tierra donde su presencia especial usualmente habitaba. Era su casa en la tierra, como Salomón proclamó en 2 de Crónicas capítulo 6 versículo 1. Pero en el Nuevo Testamento, Dios ya no habitaba en el templo. En cambio, el Espíritu Santo santificó a la Iglesia como el nuevo templo. Esta misma idea se menciona explícitamente en Efesios capítulo 2 versículo 22, y se repite en otras partes de la Escritura.

Se dice que el Espíritu Santo santifica a los creyentes individualmente al morar en ellos. Esta es la idea de que el Espíritu Santo vive realmente dentro de los corazones de los creyentes. Este habitar se menciona en muchos lugares en la Escritura, como Romanos capítulo 8 versículos del 9 al 16, 1 de Corintios capítulo 6 versículo 19, 2 de Timoteo capítulo 1 versículo 14, y Santiago capítulo 4 versículo 5.

La morada del Espíritu Santo es una realidad esencial para el creyente. Cuando Dios se adentra y hace nuevas criaturas cristianas en Cristo, el Espíritu Santo se hace cargo de sus vidas. Y es absolutamente esencial que dependamos de él, dependamos de su poder permanente o de lo contrario sólo estamos viviendo en la carne. Tenemos que ser capaces de distinguir la diferencia entre vivir en el Espíritu y vivir en la carne porque la vida en el Espíritu es lo que nos permite glorificar a Cristo de la manera que él quiere que lo hagamos. [Dr. K. Erik Thoennes]

Este habitar del Espíritu tiene muchos resultados, para listar algunos pocos, nos purifica del pecado, nos aparta para Dios y disfrutamos y nos beneficiamos de la influencia del Espíritu en nuestras mentes y corazones.

Escuchemos la manera en la que Pablo habla acerca de estas cosas en 1 de Corintios capítulo 6 versículos del 9 al 11:

¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? …Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios. (1 Corintios 6:9-11)

A través de la obra santificadora del Espíritu de Dios, los creyentes han sido purificados y apartados para Dios, así que ya no son contados con los malvados.

¿Alguna vez nos hemos detenido a pensar en cuan especial es que Dios mismo vive dentro de nosotros? El creador del universo nos ama tanto que nos ha unido a sí mismo por el resto de la eternidad. No nos tambaleamos en el borde de su aprobación. Estamos escondidos en lo profundo de su corazón. Y esta relación nos fortalece contra el pecado. Nos da el poder para resistir la tentación, y vivir de una manera que agrade a Dios. Y cuando pecamos, — sin importar cuán grave es — seguimos siendo aceptables ante Dios. Todavía estamos en condiciones de entrar en su presencia a la comunión con Él, para adorarlo, y por supuesto, para pedir y recibir su perdón.

Hasta ahora, hemos considerado el poder creativo del Espíritu Santo y su obra de santificación. En este punto, estamos listos para hablar sobre las diversas formas que él administra la gracia divina.

Gracia

Hablaremos acerca de la administración de tres tipos de gracia del Espíritu Santo: gracia común, gracia pactual y gracia salvadora, comencemos con la gracia común.

Gracia Común

Gracia común es la paciencia que Dios muestra y el beneficio que Él da a toda la humanidad, independientemente de su fe El Espíritu Santo no da gracia común a todos por igual, más bien, él obra aquí y allá, de acuerdo a sus planes y deseos.

Por ejemplo, la gracia común se ve en la manera en la que el Espíritu Santo restringe el pecado en el mundo. Infieles caídos son controlados por el pecado, como Pablo enseñó en Romanos capítulo 8 versículos del 1 al 8. Son hostiles a Dios por naturaleza, y aman el pecado. Pero como Pablo enseñó a lo largo de Romanos capítulos 7 y 8, el Espíritu Santo combate el pecado en el mundo. Esto es similar a la forma en que trabaja en los creyentes después de que los regenera. A pesar de que no concede esta gran bendición a los incrédulos, es cierto que a menudo les frena para que no pequen en la gran medida de sus posibilidades.

Otro aspecto de la gracia común que se observa con frecuencia en el mundo es el conocimiento que los incrédulos adquieren, y las cosas buenas que son capaces de hacer con ese conocimiento. Los incrédulos pueden aprender muchas verdades valiosas que utilizan para beneficiar a la iglesia y sus creyentes, junto con el resto de la humanidad. Y cada vez que alguien descubre algo útil, ese conocimiento, es un don gratuito del Espíritu Santo.

Juan Calvino, El famoso reformador protestante que vivió entre los años 1509 a 1564 DC describe los dones comunes del conocimiento del Espíritu Santo en su obra La Institución de la Religión Cristiana, libro 2 capítulo 2 secciones 15 y 16. Escuchemos lo que él escribió ahí:

Cuando al leer los escritores paganos veamos en ellos esta admirable luz de la verdad que resplandece en sus escritos, ello nos debe servir como testimonio de que el entendimiento humano, por más que haya caído y degenerado de su integridad y perfección, sin embargo no deja de estar aún adornado y enriquecido con excelentes dones de Dios. Si reconocemos al Espíritu de Dios por única fuente y manantial de la verdad, no desecharemos ni menospreciaremos la verdad donde quiera que la halláremos; a no ser que queramos hacer una injuria al Espíritu de Dios …Si, pues, Dios ha querido que los infieles nos sirviesen para entender la física, la dialéctica, las matemáticas y otras ciencias, sirvámonos de ellos en esto.

En muchos lugares de la Escritura, podemos ver un segundo tipo de gracia administrada por el Espíritu Santo, algunas veces llamada gracia pactual.

Gracia Pactual

La gracia pactual consiste en la paciencia y beneficio que Dios da a todo aquel que es parte de su pacto, aun si ellos no son verdaderos creyentes. En el Antiguo Testamento, Israel fue el pueblo del pacto de Dios porque toda la nación estaba bajo los pactos especiales que Dios hizo con Abraham, Moisés y David. En el Nuevo Testamento, el pueblo del pacto de Dios es la iglesia visible que consiste en las personas asociadas a la iglesia aun si ellos no son verdaderos creyentes. La gracia pactual de Dios es más abundante y paciente que su gracia común.

Por ejemplo, Dios fue muy paciente y misericordioso con el antiguo Israel, aunque Israel a menudo le era infiel, y pecaba contra él en gran manera. Debido al pacto de Dios con Israel, no los destruyó como una nación, y siempre preservó un remanente fiel. Pablo habló sobre esto explícitamente en Romanos capítulo 11 versículos del 1 al 5. Por otra parte, debido al pacto de Dios, incluso los no creyentes en el antiguo Israel recibieron bendiciones. Tal vez el mayor ejemplo de ello es el Éxodo de Egipto.

Escuchemos lo que Moisés escribió en Éxodo capítulo 2 versículos 23 al 25:

Los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre. y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios a los hijos de Israel, y los reconoció Dios. (Éxodo 2:23-25)

Notemos porqué Dios estaba preocupado por Israel y los rescató. No fue porque eran fieles a Él, sino porque estaban incluidos en el pacto hecho con sus antepasados Abraham, Isaac y Jacob.

Y la misma situación se da en la iglesia hoy. Por ejemplo, a todos los que forman parte de la iglesia se les presenta regularmente el evangelio y la oportunidad de arrepentirse y ser salvos. Y comparten esas bendiciones que Dios concede a la iglesia en conjunto. De hecho, los incrédulos en la iglesia son beneficiados con los dones espirituales de la iglesia, como vemos en Hebreos capítulo 6 versículos del 4 al 6. Este es el por qué Hebreos capítulo 10 versículo 29 dice que los no creyentes en la iglesia insultan al Espíritu de gracia a través de su infidelidad.

Cuando asistimos a la Iglesia, hay gente salva y gente no salva, los no salvos se benefician de lo que yo llamo estar en la presencia de cristianos. Eso es bueno, lo que Dios haga con eso, no siempre podemos verlo, pero solo estar ahí es algo bueno. Juan Calvino habló acerca de la gracia común, Juan Wesley habló acerca de la gracia preventiva de Dios, que es la forma en la que funciona la gracia en la vida de una persona antes de que conscientemente profese su fe en Jesucristo. Así trabaja la gracia. Y pienso que probablemente en dos maneras principales, uno es que somos convictos de nuestro pecado, nos damos cuenta de que el pecado es real: El pecado nos daña y también quebranta el corazón de Dios. Debemos estar en un lugar de gracia para ver esto. Y luego, cuando esa convicción de pecado comienza a operar en nosotros, entonces, empezamos a estar convencidos, como algunos teólogos han dicho, que hay otra manera de vivir, que es una mejor manera de vivir. Y así supongo que para las personas no salvas en particular, significa tener la oportunidad de ver la vida desde estos puntos de vista, confiando en que cuando lo hacen Dios obrará en sus vidas. [Dr. Steve Harper]

Sin duda los coloca por la providencia de Dios en el contexto en el que pueden escuchar el evangelio, en el que pueden ver cómo se vive el evangelio, en el que pueden encontrar a Jesucristo vivo en la comunión de un grupo de personas. Y por lo tanto, en la soberanía de Dios, tal vez sea ese su mecanismo para traer a alguien antes de ser salvo a la vida de la iglesia para que puedan responder al Evangelio. [Dr. Steve Blakemore]

Finalmente, el tercer tipo de gracia administrada por el Espíritu Santo, al que muchos teólogos han llamado la gracia salvadora

Gracia Salvadora

Gracia salvadora es la aplicación de los beneficios eternos de la perfecta vida, muerte, resurrección, ascensión y glorioso regreso de Cristo para aquellos que le reciben como Señor y Salvador. Cada creyente recibe gracia salvadora del Espíritu Santo.

Las bendiciones que recibimos como resultado de la administración de la gracia salvadora del Espíritu Santo, están reservadas para nosotros en función de la obra de Jesús. Pero no comenzamos a recibir sus beneficios hasta que el Espíritu Santo los aplique en nosotros. Lo más obvio de estas bendiciones son cosas como la regeneración, por la cual el Espíritu Santo da nueva vida a nuestros espíritus, por lo que somos nacidos de nuevo. Leemos sobre esto en pasajes como Juan capítulo 3 versículos 5 al 8, Romanos capítulo 8 versículos del 2 al 11, y Tito capítulo 3 versículo 5. Arrepentimiento, perdón de los pecados y la justificación son también gracias salvadoras que el Espíritu Santo aplica en nosotros, como vemos en Zacarías capítulo 2 versículo 10, 1 de Corintios capítulo 6 versículo 11 y Tito capítulo 3 versículo 5 al 8. El Nuevo Testamento también habla de la salvación como un todo aplicado a nosotros por el Espíritu Santo, como en 2 de Tesalonicenses capítulo 2 versículo 13 y Tito capítulo 3 versículo 5.

Cuando los cristianos hablan acerca de la salvación individual. Tendemos a enfocarnos en Jesucristo y su obra. Y por supuesto eso es bueno. Pero también es importante reconocer el rol que el Espíritu Santo juega.

Entender lo que el Espíritu Santo hace en el creyente hace que la vida cristiana sea la más plena posible. El Espíritu Santo nos motiva, y tanto el deseo como el poder de vivir para Cristo vienen del Espíritu Santo. Esto es parte de esa comprensión de lo que el Espíritu Santo hace por nosotros, Él es el que nos ilumina para entender la palabra de Dios. Él es el que nos da el apetito espiritual y que estemos hambrientos por las cosas de Dios, que amemos al pueblo de Dios, que queramos servir a Dios. Esto quita mucha presión del individuo, quita la presión del pensamiento de que: Todo está sobre mis hombros, Dios me ha dicho lo que tengo que hacer, ahora me toca obedecer. Bueno, pues sí tenemos la responsabilidad. Dios no obedece en lugar de nosotros, pero sabemos que él nos da el deseo y el poder/la intuición. Es todo para su gloria. [Dr. Donald Whitney]

Más que cualquier otra persona de la Trinidad, el Espíritu Santo esta activo en nuestras vidas, asegurándose de que recibamos perdón y gozo y bondad y fortaleza, y paz y todas las otras bendiciones de salvación. Así que si nosotros queremos recibir estas cosas en abundancia, debemos apelar por su gracia salvadora. Y más allá de esto, necesitamos honrar al Espíritu por su fidelidad y misericordia. La gracia salvadora que él nos otorga lo hace más que digno de nuestro agradecimiento, nuestra adoración, nuestra alabanza y nuestro amor.

Ahora que hemos explorado el poder creativo de la obra del Espíritu Santo, su santificación y gracia, estamos listos para ver su obra de revelación.

Revelación

El Espíritu Santo es generalmente identificado como la persona de la Trinidad que es el agente de revelación, testimonio y entendimiento. Vemos esto en Juan capítulo 14 versículo 26. 1 de Corintios capítulo 2 versículos del 4 al 10, Efesios capítulo 3 versículo 5 y muchos otros lugares, De hecho, la asociación entre el Espíritu y la revelación es tan cercana que el Espíritu Santo es actualmente llamado el Espíritu de Verdad en pasajes como Juan capítulo 14 versículo 17, capítulo 15 versículo 26, y capítulo 16 versículo 13.

Y en 1 de Juan capítulo 5 versículo 6, Juan fue tan lejos como para decir que:

El Espíritu es la verdad. (1 Juan 5:6)

En forma similar Pablo resume el papel del Espíritu en Efesios capítulo 1 versículo 17, llamándolo:

Espíritu de sabiduría y revelación. (Efesios 1:17)

Hablaremos de tres aspectos de la obra de revelación del Espíritu. Primero, hablaremos de la revelación general. Segundo, veremos la revelación especial. Y tercero, nos enfocaremos en la iluminación y guía interna. Veamos primero la revelación general.

Revelación General

Revelación general es:

El manejo de Dios del mundo natural y su funcionamiento para que su existencia, naturaleza, presencia, acciones y voluntad se conozcan por toda la humanidad.

La Escritura habla de la revelación general en muchos lugares, como Salmos 8 y 19, y Romanos capítulos 1 y 2. Por ejemplo, Romanos capítulo 1 versículo 20 habla de la revelación general in este sentido:

Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. (Romanos 1:20)

La Escritura dice a menudo que la revelación general se entrega a través del poder creativo de la obra del Espíritu Santo en la naturaleza — tanto en el acto de la creación misma, y en el mantenimiento de lo que se ha creado. Todas estas obras se derivan de la voluntad y carácter del Espíritu. Nos enseñan acerca de su naturaleza y de sus intenciones.

El papel del Espíritu Santo en la revelación general es bastante significativo e importante porque, por supuesto, Él es el agente de la creación. Él es el que está involucrado en mantener las leyes de Dios, las leyes naturales…Y esto es una revelación que el Espíritu Santo da a toda persona sin distinción. La cual es diferente de la "revelación especial" mediante la cual llegamos a conocer a Jesús como Señor y Salvador a causa de su obra en nuestro corazón. La revelación general es algo que está disponible para todas las criaturas de Dios. [Dr. Simon Vibert]

Dios nos dice que los cielos cuentan Su gloria de Dios. Así que, hacia dondequiera que volteemos nuestros ojos pueden ver una demostración del poder de Dios, su sabiduría, su bondad, todo alrededor de nosotros en la creación. El Espíritu Santo toma estas revelaciones de Dios y las trae a nosotros de poderosas maneras, así que tenemos que llegar a un acuerdo con nuestro Creador. [Dr. K. Erik Thoennes]

Además de proporcionar la revelación general al mundo, el Espíritu Santo ofrece la revelación especial principalmente a la iglesia.

Revelación Especial

Revelación especial es:

La participación directa de Dios, o su uso de mensajeros, para que su existencia, naturaleza, presencia, acciones y voluntad se conozcan en porciones limitadas de la humanidad.

El Espíritu Santo ha provisto una revelación especial en la forma de escritura, profecía, sueños, visiones, visitaciones angelicales, y otros medios inusuales. La revelación especial se da principalmente a las personas o grupos especiales, particularmente aquellos que reciben la oferta de Dios de la salvación. En el Antiguo Testamento, la revelación especial fue dada en mayor parte a Abraham y a sus descendientes. Y en el Nuevo Testamento, se le dio a la iglesia. Al igual que los dones espirituales, la revelación especial es para el beneficio de todo el pueblo de Dios, con el fin de convertir y construir a todos en la fe.

La mayor revelación especial que el Espíritu Santo nos dio, fue la encarnación de Jesucristo mismo. Hebreos capítulo 1 alaba a nuestro Señor como la cima de toda la revelación de Dios. E incluso ahora, el Espíritu Santo sigue guiándonos a Cristo a través de las Escrituras inspiradas, que contienen las palabras de Cristo desde todas las edades, transmitidas a nosotros a través de la autoridad de sus profetas y apóstoles.

La autoría del Espíritu Santo en la Escritura se menciona en pasajes como Mateo capítulo 22 versículo 43, Marcos capítulo 12 versículo 36, Hechos capítulo 1 versículo 16 y capítulo 4 versículo 25, y 2 de Timoteo capítulo 3 versículos del 16 y 17.

Como un simple ejemplo, escuchemos lo que Pedro escribió en 2 de Pedro capítulo 1 versículos 20 y 21.

Ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo. (2 Pedro 1:20-21)

Desde la era apostólica, el Espíritu ya no inspira nuevas Escrituras. Pero la revelación especial que nos ha proporcionado el Antiguo y Nuevo Testamento continua revelando su voluntad a los cristianos de todos los tiempos.

Tercero, además de proveer la revelación general y la revelación especial, el Espíritu Santo también obra a través de la iluminación y guía interna individual

Iluminación y Guía Interna

Leemos en segunda de Pedro capítulo uno versículo veintiuno que los profetas del Antiguo Testamento hablaron de parte de Dios siendo inspirados por el Espíritu Santo, lo que implica que el Espíritu Santo dado a la iglesia nos iluminará para entender lo que él inspiró en los profetas. No hay ninguna nueva revelación, pero si queremos entender la revelación existente debemos ser iluminados y facultados por el Espíritu de Dios. [Dr. Knox Chamblin]

Iluminación es el don divino del conocimiento o entendimiento que es principalmente cognitivo, como el conocimiento que Pedro recibió, de que Jesús es el Mesías, en Mateo capítulo 16 versículo 17.

Y guía interna es el don divino del conocimiento o entendimiento que es principalmente emotivo o intuitivo este incluye cosas como nuestra conciencia, y el sentido de que Dios quiere llevarnos a un determinado curso de acción.

La iluminación y la guía interna no son siempre claramente diferenciadas una de la otra en la Biblia. A menudo, las Escrituras hablan de formas que se aplican por igual a ambos términos. Esto lo encontramos en pasajes como 1 de Corintios capítulo 2 versículos del 9 al 16, Efesios capítulo 1 versículo 17, Colosenses capítulo 1 versículo 9, y 1 de Juan capítulo 2 versículo 27.

Por ejemplo en Efesios capítulo 1 versículo 17, Pablo habló de esta manera:

Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor. (Efesios 1:17 [NVI])

Aquí, Pablo llama al Espíritu Santo el Espíritu de sabiduría y revelación. En términos de las categorías de la iluminación y la guía interna, podríamos tener la tentación de ver la sabiduría como una guía interna y la revelación como iluminación. Y esto puede ser lo que Pablo tenía en mente. Por otro lado, él simplemente pudo haberse referido a las dos obras del Espíritu en conjunto, sin establecer una distinción clara entre ellas.

Todos nosotros, necesitamos la iluminación del Espíritu porque nosotros, todos nosotros estamos ciegos espiritualmente sin ella. Estamos ciegos espiritualmente en la forma en que los murciélagos son ciegos físicamente, quiero decir ellos no pueden mirar hacia el sol. Así que, cuando el sol está brillando, ellos simplemente se cuelgan de los pies en el techo de la cueva donde se refugian durante el día. Sólo pueden ver cuando salen por la noche. Así nosotros, estamos en la posición de los murciélagos durante el día. La luz de Dios brilla, pero por lo que el pecado ha hecho arruinando nuestras facultades espirituales, no somos capaces de discernir la realidad de Dios y su palabra. Tal vez tengamos una conciencia borrosa de que Dios está ahí, de alguna manera, pero no apreciamos que los mandamientos sean para nosotros, las promesas de la Escritura son para nosotros. La presentación en las Escrituras del Señor Jesús está puesta ante nosotros, para que confiemos en él y entremos en la nueva vida. El Nuevo Testamento dice figurativamente, estamos ciegos, estamos sordos, nuestros corazones son duros hacia lo que la Palabra de Dios y no nos afecta en lo absoluto. Y luego, el Nuevo Testamento dice que Dios, (y estoy citando ahora Segunda de Corintios capítulo cuatro), Dios, mandó que la luz resplandeciera en las tinieblas, (esto es en la creación por supuesto), y brillara en nuestros corazones, para darnos la iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la persona de Jesucristo. Ésta es la iluminación del Espíritu, y cuando esa iluminación nos es dada, vemos a Cristo espiritualmente, discernimos su realidad, escuchamos y nos damos cuenta de que nos llama hacia sí mismo. [Dr. J. I. Packer]

La iluminación y la guía interna son los medios normales que el Espíritu Santo usa para enseñar a su pueblo las verdades que ha revelado. Por consiguiente, hay por lo menos tres cosas que nosotros podemos hacer para beneficiarnos de este ministerio en nuestras vidas. Primero, podemos comprometernos a estudiar la Biblia, sabiendo que cuando lo hacemos, el Espíritu Santo nos guía a entender, Segundo, podemos dedicarnos a orar, pidiendo continuamente al Espíritu Santo por dirección, sabiduría, entendimiento, y la voluntad para obedecer. Y tercero, podemos dedicarnos a una vida recta y santa, decididos a vivir de acuerdo a las verdades que el Espíritu nos enseña.

CONCLUSIÓN

En esta lección del Credo de los Apóstoles, observamos la doctrina del Espíritu Santo, hemos considerado la divinidad del Espíritu en los términos del credo y su base Bíblica. Exploramos su personalidad de acuerdo a sus atributos, y a la luz de su relación con el Padre y el Hijo. Y hablamos de su obra de poder creativo, santificación, gracia y revelación.

La doctrina del Espíritu Santo es una fuente rica para los cristianos. Nos enseña acerca de la tercera persona de la Trinidad, quien es nuestra mejor fuente de ayuda en todo momento. Nos guía al que es más responsable de motivar y capacitarnos para vivir de una manera que agrada a Dios. Y nos da una gran confianza de que Dios está profundamente y personalmente involucrado en el mundo, en todo momento, siempre trabajando para el beneficio de todos los que ponen su fe en él.