Temas Principales

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INTRODUCCIÓN

Cualquiera que haya estado con padres que tienen hijos pequeños sabe que a menudo tienen que repetir varias veces sus instrucciones. Los padres tienen que reiterar las mismas ideas para ayudar a sus niños a madurar, y prepararlos así para vidas fructíferas. Del mismo modo, cuando leemos el libro de los Hechos, rápidamente se hace evidente que Lucas trató algunos temas varias veces. Estos motivos repetidos aparecen a través de todo su libro y son claves importantes para entender la enseñanza de Lucas. De modo que, si esperamos captar el significado del libro de los Hechos, debemos prestar atención a estos temas reiterados.

Esta es la tercera lección de nuestra serie El libro de los Hechos, y la hemos titulado "Temas Principales." En esta lección, revisaremos los tres conceptos principales que Lucas abordó una y otra vez a medida que desplegaba el avance sin impedimentos del evangelio del reino de Dios en los días de la iglesia primitiva.

En las primeras lecciones resumimos el propósito de Lucas, diciendo que escribió un relato histórico sobre el impacto dinámico del mensaje del evangelio. Como vimos, Lucas registró los hechos de la historia como un testimonio confiable para la continuación de la obra de Cristo a través del Espíritu Santo. En esta lección analizaremos este propósito con más detalle, ahondando en los temas principales que Lucas usó para ilustrar y apoyar esta idea principal.

Exploraremos tres temas principales que se presentan al comienzo del libro de los Hechos y que se desarrollan a través de sus capítulos. Primero, veremos el tema del Espíritu Santo, que da poder a la iglesia para expandir el reino de Cristo. Segundo, nos concentraremos en los apóstoles, los hombres llamados a testificar de Cristo y que fueron autorizados a liderear y servir a la iglesia de Cristo. Y tercero, consideraremos el tema de la iglesia que establecieron los apóstoles, con el objetivo de asegurarse que el evangelio y el reino continuaran expandiéndose a través de toda la historia. Vayamos primero al Espíritu Santo y su papel en Hechos.

ESPÍRITU SANTO

El libro de los Hechos presenta una teología riquísima sobre el Espíritu Santo. Lo describe como el que da poder a la iglesia para evangelizar al mundo, viviendo vidas transformadas. Presenta registros de cómo hizo muchas señales y prodigios para validar el ministerio de los apóstoles y el de otros líderes de la iglesia primitiva. Da testimonio de que les dio un inmenso ánimo a los cristianos que enfrentaron oposición y persecución. En resumen, Hechos describe al Espíritu Santo como aquel cuyo poder hace posible la expansión del evangelio y del reino, y que da poder a su pueblo para que viva piadosamente.

Aun cuando el Espíritu obró en distintas formas en Hechos, nos concentraremos en su influencia sobre la iglesia en tres períodos específicos. Primero, observaremos el Espíritu en Hechos antes de Pentecostés. Segundo, examinaremos el derramamiento del Espíritu en Jerusalén en el día de Pentecostés. Y tercero, investigaremos la obra del Espíritu después de Pentecostés. Veamos primero cómo el libro de los Hechos describe al Espíritu Santo antes de Pentecostés.

Antes de Pentecostés

En Hechos 4:3-11, Lucas registra que, entre su resurrección y su ascensión, Jesús pasó cuarenta días enseñando a sus apóstoles. Así como leemos en Hechos 1:3:

Jesús se presentó, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios. (Hechos 1:3)

Como veremos, un elemento crítico en la enseñanza de Jesús sobre el reino de Dios fue que el Espíritu Santo volvería pronto a los apóstoles en una forma especial.

Tocaremos dos aspectos de la enseñanza de Jesús sobre el Espíritu Santo antes de Pentecostés. Primero, observaremos la cronología de la venida del Espíritu Santo. Y segundo, nos concentraremos en el propósito de su venida. Comencémos con la cronología de la venida del Espíritu Santo.

Cronología

Así como leemos en Hechos 1:4-8:

Les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí… vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días. Los apóstoles le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. (Hechos 1:4-8)

Cuando Jesús anunció el inminente bautismo del Espíritu, los apóstoles le preguntaron si Jesús iba a restaurar el reino de Israel. La expresión restaurar el reino de Israel no es familiar para muchos lectores modernos, de modo que nos detendremos un momento para explicarla.

Los profetas del Antiguo Testamento predijeron que debido a que los pecados de Judá e Israel eran tan grandes, Dios los exiliaría de la tierra prometida y los sometería a la tiranía de gobernantes extranjeros. Basados en las profecías del Antiguo Testamento, los judíos pensaban que Dios más tarde enviaría al Mesías para restaurar a su pueblo, perdonando sus pecados, y trayéndolos de vuelta a la tierra y gobernando sobre ellos.

Como descendiente de David, el Mesías se transformaría en el rey de Israel y Judá, transformando la tierra prometida en el centro del reino de Dios en la tierra, donde el pueblo de Dios había de disfrutar de una vida bendecida y eterna. En el primer siglo, Israel había sufrido el juicio de cientos de años y esperaba con desesperación un Mesías político que restaurase el reino de Israel. Entonces, cuando los apóstoles supieron que Jesús iba a ascender al cielo, esperaban que cumpliese con estas predicciones del Antiguo Testamento antes de irse. Es por eso que le preguntaron sobre la restauración del reino de Israel. Sin embargo, Jesús les enseñó que esta expectativa popular de una restauración política súbita del reino de Israel estaba equivocada, y que la expansión del evangelio a través de todo el mundo y el retorno glorioso de Cristo sería la forma en que Dios cumpliría la profecía del Antiguo Testamento.

Pero ¿por qué los apóstoles preguntaron sobre la restauración del reino en respuesta a las afirmaciones de Jesús sobre el bautismo del Espíritu Santo? Bueno, nuevamente, los apóstoles estaban pensando en la profecía del Antiguo Testamento. En muchos pasajes, los profetas del Antiguo Testamento predijeron que cuando terminara el juicio, Dios derramaría su Espíritu como nunca antes. Escuchemos lo que dice el profeta Isaías acerca del Espíritu Santo en Isaías 44:3 y 4:

Derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos; y brotarán entre hierba, como sauces junto a las riberas de las aguas. (Isaías 44:3-4)

Aquí, Isaías habla sobre la restauración, señalando que Dios derramará su Espíritu sobre la tierra.

Los profetas del Antiguo Testamento proclamaron que el Mesías volvería, que Israel viviría lo que los rabinos llamaban esta era de pecado, corrupción y muerte. Y anunciaron que, cuando el Mesías viniera, daría inicio a una nueva era, a la que los rabinos llamaban la era venidera, la era en que los enemigos de Dios serían juzgados, y su pueblo definitiva e irrevocablemente bendecido. Los profetas del Antiguo Testamento nunca detallaron cuánto duraría este proceso, pero la mayoría de los rabinos esperaba que sucediera todo de una vez.

Al contrario, Jesús explicó que el reino de Dios se manifestaría en el curso del tiempo, expandiéndose a través de todas las naciones. La era venidera se inauguraría durante el ministerio terrenal de Jesús. Continúa durante el reino de Cristo en los cielos, a medida que el reino se expanda a través del ministerio del evangelio. Y cuando Jesús vuelva en el futuro, esta era de pecado terminará completamente, y el reino mesiánico alcanzará su consumación.

Esta idea sobre la venida del reino explica por qué Jesús les respondió así a los apóstoles. El Espíritu Santo estaba a punto de ser derramado sobre la iglesia, pero eso no significaba que la consumación de todas las cosas estuviese cerca. Jesús sólo había inaugurado el reino, y la bendición del Espíritu equiparía a su iglesia para que continuase viviendo en un mundo pecaminoso antes de su venida.

Con la cronología de la venida del Espíritu Santo en mente, tenemos que ir al propósito de su venida.

Propósito

Escuchemos las palabras de Jesús para sus apóstoles en Hechos 1:8:

Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. (Hechos 1:8)

Con estas palabras, Jesús reorientó hacia nuevas maneras el pensamiento de los apóstoles acerca del bautismo del Espíritu Santo. Más que para dar la bienvenida a la fase final del reino, el Espíritu fue derramado para dar poder a los apóstoles, y se convirtiesen en testigos piadosos y fieles de Cristo. Analicemos lo que Jesús dijo, enfocándonos en dos dimensiones del ministerio del Espíritu: poder y testimonios piadosos.

En primer lugar, Jesús dijo que los discípulos recibirían el poder a través del bautismo del Espíritu. La asociación del Espíritu con el poder era común en el Antiguo Testamento, siendo representados por la expresión Espíritu de Dios, que traduce la frase del hebreo ruach elohim. Esta expresión hebrea se refería a un viento potente o a la fuerza de una energía proveniente de Dios. En el Antiguo Testamento, el Espíritu de Dios obraba poderosamente en todo el mundo para hacer que se hiciese la voluntad de Dios.

El poder del Espíritu Santo se manifestaba también en formas dramáticas en las vidas de las personas. Por ejemplo, cuando el Espíritu de Dios vino sobre Sansón en Jueces, capítulos 14 y 15, Sansón realizó proezas físicas milagrosas que trajeron grandes victorias a Israel sobre los filisteos.

Además del poder del Espíritu, Jesús mencionó que el Espíritu haría que los discípulos fuesen testigos piadosos. Esta asociación también es un reflejo del Antiguo Testamento. En muchas ocasiones, el Espíritu de Dios le dio a su pueblo poder para hablar con denuedo y efectividad en nombre de Dios.

Por ejemplo, escuchemos las palabras de Miqueas 3:8:

Mas yo estoy lleno de poder del Espíritu de Jehová. (Miqueas 3:8)

En este pasaje, Miqueas explica que el Espíritu lo llenó de valor para que dijese la verdad aunque significara oponerse a falsos profetas.

Entonces, cuando Jesús les dijo a sus apóstoles que los bautizaría con el Espíritu Santo para darles poder como sus testigos, les estaba indicando que el Espíritu obraría a través de ellos tal como había obrado a través de otros en el Antiguo Testamento. El Espíritu Santo realizaría acciones de poder para autentificar la verdad del mensaje de los apóstoles, y les daría palabras para que hablasen a aquellos que se les oponían. Claro que estas manifestaciones del Espíritu aparecen una y otra vez en el libro de los Hechos.

Después de ver algunas de las formas en las que Lucas presentó al Espíritu Santo antes de Pentecostés, tenemos que ir al derramamiento del Espíritu en el día de Pentecostés, cuando la iglesia estaba reunida en Jerusalén.

Día de Pentecostes

Hechos 2:1-4, contiene este relato del derramamiento del Espíritu sobre la iglesia:

Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. (Hechos 2:1-4)

Para analizar la importancia de este suceso, nos referiremos a tres aspectos principales. Primero, observaremos el significado de Pentecostés. Segundo, consideraremos el fenómeno de hablar en lenguas. Y tercero, discutiremos los resultados de estos eventos. Consideremos primero el significado de Pentecostés.

Significado

Pentecostés era una celebración en el calendario sagrado de Israel estrechamente conectada con la Pascua. Según Éxodo 13 y Levítico 23, la Pascua era la época del año en que Israel recordaba su liberación de Egipto. Conmemoraba la noche de la última plaga, cuando Dios mató a los primogénitos egipcios pero pasó de largo frente a las casas de los israelitas fieles. La Pascua les recordaba a los judíos cómo Dios los había liberado de la esclavitud en Egipto.

Pentecostés era alrededor de 50 días después de la Pascua, en el tiempo de la primera cosecha. Originalmente celebraba el sustento de Dios en la tierra prometida. En dicha ocasión, los israelitas ofrendaban los primeros frutos de su cosecha como gratitud por los granos que esperaban cosechar ese año.

Además, en el tiempo del Nuevo Testamento, en la celebración de Pentecostés los judíos recordaban también que Dios les había dado la Ley de Moisés. El derramamiento del Espíritu Santo en esta ocasión fue significativo para la iglesia primitiva, porque además les recordaba la esperanza anunciada por el profeta Jeremías.

Escuchemos lo que escribió el profeta en Jeremías 31:31-33:

Vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá… Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. (Jeremías 31:31-33)

La escritura de la ley en el corazón fue una obra del Espíritu de Dios, prometida en el Antiguo Testamento y cumplida en el Nuevo Testamento.

Con este trasfondo del Antiguo Testamento, el derramamiento del Espíritu en el día de Pentecostés, en Hechos 2, fue particularmente significativo para la iglesia cristiana. El sacrificio de Jesús en la cruz ocurrió durante la fiesta de la Pascua. Él murió como el último cordero pascual, asegurando para el pueblo de Dios la liberación de la esclavitud del pecado y la muerte. Tal como lo expresa Pablo en 1 Corintios 5:7:

Cristo, nuestro Cordero pascual, ha sido sacrificado. (1 Corintios 5:7, RVA 1989)

A la luz de esto, no es sorprendente que el derramamiento del Espíritu haya ocurrido en Pentecostés. Así como Pentecostés se centraba en la grandeza de la cosecha, la venida del Espíritu Santo en el primer Pentecostés cristiano indicaba que la iglesia había recibido también la ley escrita por Dios en el corazón, equipando a la iglesia para un testimonio potente. Tal como Pablo lo señala en Romanos 8:23:

[Los cristianos] tenemos las primicias del Espíritu. (Romanos 8:23)

Cuando Lucas escribió su relato sobre el derramamiento del Espíritu Santo, enfatizó su relación con Pentecostés para indicar la gran transcendencia de lo que había sucedido. No fue un suceso común; ni siquiera un milagro entre muchos otros. El don del Espíritu Santo en Pentecostés dio comienzo a la gran cosecha de la salvación y la transformación interna del pueblo de Dios para el establecimiento del reino mesiánico de Dios.

Ahora que ya entendemos algo del significado de Pentecostés en el tiempo del derramamiento del Espíritu, tenemos que ir al fenómeno de las lenguas como manifestación de la presencia del Espíritu Santo.

Lenguas

En Hechos, capítulo 2, Lucas registró que, cuando el Espíritu de Dios fue derramado sobre la iglesia en el día de Pentecostés, los apóstoles y los demás creyentes hablaron en otras lenguas. Lamentablemente, en la iglesia hay mucha confusión sobre el don de lenguas. Entonces, tendremos que tomar un momento para reflexionar sobre dos preguntas. Primero, ¿Qué era el don de lenguas? Y segundo, ¿Por qué dio Dios, este don?

En la iglesia contemporánea, los diferentes cristianos entienden el don de lenguas de diferentes maneras. Algunos argumentan que las lenguas fueron más bien un milagro auditivo que oral. Según esta idea, los apóstoles pronunciaron declaraciones extáticas, y el Espíritu permitió que la audiencia las entendiera en sus propios idiomas.

Pero hay por lo menos dos aspectos de la descripción de Lucas que hace más probable que el milagro haya sido oral, y que los cristianos primitivos hayan hablado idiomas humanos que nunca habían aprendido. Primero, y antes que nada, Lucas escribió en forma específica que el Espíritu Santo hizo que los hablantes hablaran otras lenguas.

Tal como leemos en Hechos 2:4:

Fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. (Hechos 2:4)

Lucas no hizo mención del Espíritu Santo administrando poderes milagrosos de audición a los oyentes.Segundo, el término lenguas traduce el sustantivo griego glossa En el Nuevo Testamento y en otra literatura griega, esta palabra generalmente se refiere a los idiomas humanos comunes. Y no hay razones poderosas para dudar de que el significado sea el mismo en este contexto. Podemos confiar, entonces, que el milagro de Pentecostés consistió en un poder sobrenatural de hablar idiomas humanos no aprendidos.

Pero, ¿por qué el Espíritu Santo manifestó su presencia de este modo particular? ¿Cuál fue el significado de las lenguas en ese día? Escuchemos la explicación de Pedro en Hechos 2:16-21:

Esto es lo que fue dicho por medio del profeta Joel: Sucederá en los últimos días, dice Dios, que derramaré de mi Espíritu sobre toda carne. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños. De cierto, sobre mis siervos y mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán… antes que venga el día del Señor, grande y glorioso. Y sucederá que todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo. (Hechos 2:16-21, RVA 1989)

En este pasaje, Pedro citó Joel 2:28-32 para explicar lo que estaba sucediendo en Pentecostés, incluyendo los milagros de las lenguas.

Es interesante que Pedro no haya citado con precisión las palabras de Joel. En la Biblia Hebrea y en la Septuaginta, el texto de Joel comienza Y después Dios dice, derramaré mi Espíritu sobre toda carne. Pero Pedro parafraseó Joel 2:28, diciendo en los últimos días. El cambio que hace Pedro a Joel indica que él creía que los sucesos del día de Pentecostés eran parte de los últimos días, el fin de los tiempos.

Ahora, la creencia de Pedro de que el derramamiento del Espíritu ocurría en los últimos días es apoyado por otras palabras que cita de Joel. Al citar Joel 2, Pedro estaba indicando que la venida del Espíritu había de ocurrir antes del grande y esplendoroso día del Señor. A través de todo el Antiguo Testamento, el día del Señor es el día del juicio y de la bendición de Dios, y en numerosas ocasiones en el Antiguo Testamento, se hace referencia al día cuando Dios final y definitivamente vence a todos sus enemigos y bendice a todo su pueblo fiel.

Entonces, cuando Pedro explicó el derramamiento del Espíritu como una imagen del gran y glorioso día del Señor, estaba diciendo que lo que estaba sucediendo el día de Pentecostés era un gran momento en la historia. El Espíritu vino en Pentecostés como un portento de los últimos días, el tiempo de una gloriosa intervención divina, para establecer los escenarios finales del reino de Dios.

Lamentablemente, hoy día muchos cristianos desconocen el gran significado del derramamiento del Espíritu. En vez de eso, es común que los cristianos piensen en los sucesos de Hechos 2 como un modelo de la santificación de cada cristiano. Creamos la expectativa de que todos los cristianos verdaderamente espirituales experimentarán la manifestación dramática del Espíritu que ocurrió en Pentecostés y en varias otras ocasiones en Hechos.

El Nuevo Testamento nos enseña que un gran número de grandes y poderosos hechos de Dios sucedieron para inaugurar el reino de Dios. Cristo murió por nuestros pecados, se levantó de entre los muertos y ascendió a la mano derecha de Dios el Padre. Cada vez que alguien viene a la fe en Cristo, los méritos de estos sucesos son aplicados a la vida de esa persona. Pero Cristo no muere, resucita y asciende cada vez que un individuo recibe nueva vida en él.

Del mismo modo, el Nuevo Testamento enseña que Pentecostés fue también uno de esos grandes sucesos que ocurren de una sola vez, y a través del cual Dios dio comienzo a los últimos días. Más adelante, en esta lección, veremos que lo mismo sucedió en varias otras ocasiones cuando el Espíritu fue derramado en forma especial en Hechos. Desde esos primeros días de la iglesia cristiana, la presencia del Espíritu Santo ha sido aplicada a la iglesia, dándole poder para servir. Siempre debemos esperar que el Espíritu Santo esté presente en la vida de los cristianos, pero no debemos esperar precisamente el mismo tipo de manifestación que vemos en Pentecostés. De hecho, incluso en otras ocasiones de derramamientos especiales del Espíritu en Hechos, las manifestaciones del Espíritu no fueron precisamente las mismas. Las lenguas de fuego visibles y el sonido del viento, así como los dones de profecías y lenguas en Pentecostés, no fueron experiencias comunes. Fueron el resultado de una gran intervención divina, un hecho de Dios para inaugurar su reino.

Ya hemos visto el significado de Pentecostés y hemos observado el milagro de las lenguas que acompañó el derramamiento del Espíritu Santo. Ahora debemos ir a los resultados de los sucesos que ocurrieron ese día.

Resultados

Ya vimos en esta lección que Jesús dijo que el Espíritu Santo fue dado para dar poder a los apóstoles y pudiesen ser testigos piadosos. De modo que al hablar de los resultados de Pentecostés, nos concentraremos en la forma en que el Espíritu Santo le otorgó poder a los apóstoles, y utilizó este poder para bendecir la expansión del reino. Para comenzar, veremos la forma en que el Espíritu Santo dio poder al apóstol Pedro.

Al revisar el Evangelio de Lucas, hallamos que antes de la venida del Espíritu Santo, Pedro no siempre fue el pensador más agudo. Le llamaron la atención en el monte de la transfiguración, porque quiso construir enramadas para Moisés y Elías. Negó a Cristo tres veces en la noche en que arrestaron al Señor. E incluso, durante el ministerio de Pedro en Hechos, Lucas destaca que Pedro no tenía una gran educación y no era el tipo de persona de la que se esperaría que hablase en forma persuasiva. Escuchemos en Hechos 4:13:

Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús. (Hechos 4:13)

Dada esta imagen de Pedro, era indudable el poder del Espíritu Santo que lo transformó y lo capacitó para predicar el mensaje del evangelio de ese modo tan dinámico y exitoso en el día de Pentecostés. En su sermón de Pentecostés, Pedro refutó a aquellos que acusaron a los cristianos de estar borrachos. Citó, interpretó y aplicó el Antiguo Testamento en forma convincente, demostrando que Jesús era el mesías profetizado. El Espíritu Santo dio poder también a Pedro y los demás apóstoles para que hicieran milagros como testimonio de la verdad de su anuncio. Tal como leemos en Hechos 2:43:

Sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. (Hechos 2:43)

A la luz del gran poder que el Espíritu Santo les dio a Pedro y a los demás apóstoles para la proclamación del evangelio, no nos debería sorprender que Dios haya bendecido el testimonio de los apóstoles. Escuchemos cómo Lucas describió sus testimonios en Hechos 2:41 y 47.

Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas… Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos. (Hechos 2:41, 47)

¡Tres mil! personas se convirtieron en el día de Pentecostés! Este crecimiento numérico externo, vino a causa del poder del Espíritu. Sin embargo, el crecimiento de la iglesia no sólo fue externo. El crecimiento interno también fue un resultado del poder del Espíritu.

Escuchemos en Hechos 2:42-47:

Perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones… vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. (Hechos 2:42-47)

La iglesia crecía internamente a medida que los cristianos primitivos vivían según las enseñanzas de los apóstoles, entregándose a sí mismos en vidas de servicio a Dios y a sus amigos creyentes. Los resultados del derramamiento del Espíritu en Pentecostés fueron impresionantes en los primeros días de la iglesia.

Luego de revisar los argumentos de Lucas sobre el Espíritu Santo antes de Pentecostés y en el día de Pentecostés, estamos listos para observar la forma en que el Espíritu Santo operó después de Pentecostés a medida que continuó dando poder al ministerio del evangelio.

Después de Pentecostés

En el libro de los Hechos, Lucas volvió muchas veces a la obra dramática del Espíritu después de Pentecostés. Para ilustrarlo, nos concentraremos en tres de estos pasajes. Primero veremos un suceso que ocurrió en una ciudad sin nombre en Samaria. Segundo, nos concentraremos en un incidente en Cesarea. Y tercero, consideraremos la manifestación del Espíritu en Éfeso. Vayamos primero al ministerio del Espíritu en Samaria, justo al norte de Jerusalén.

Samaria

En Hechos 8:14-17, Lucas reporta otra oportunidad en que el Espíritu vino sobre los creyentes en forma especial. Escuchemos lo que escribió Lucas ahí:

Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. (Hechos 8:14-17)

Generalmente en Hechos (como hoy), el Espíritu Santo es derramado sobre personas cuando recién llegan a la fe, no en un momento posterior. En este caso, el escenario se asemeja al de Pentecostés: creyentes que recibieron al Espíritu después de su conversión. Fue un tiempo especial, una imagen dramática del derramamiento del Espíritu. ¿Por qué el Espíritu vino a los samaritanos de este modo?

Bueno, la mejor explicación para este derramamiento inusual del Espíritu es que fue la primera vez que los samaritanos convertidos vinieron en gran número al cristianismo. Jesús comisionó a los apóstoles para que extendieran el reino de Dios desde Jerusalén a Judea, a Samaria y hasta lo último de la tierra. Jerusalén en Judea fue el punto de partida de Pentecostés. Pero los samaritanos eran de una herencia mixta, siendo judíos y gentiles a la vez, no adorando a Dios según los dictámenes del Antiguo Testamento. Entonces, la llegada del evangelio a Samaria representó una nueva etapa, un paso mayor en el cumplimiento de la comisión de Jesús a sus discípulos. Fue la primera expansión significativa del evangelio cruzando fronteras étnicas. El Espíritu Santo potenció a estos creyentes para que hablasen en lenguas con el objeto de dar testimonio a los apóstoles y al resto de la iglesia de que los samaritanos podían incorporarse plenamente a la iglesia.

Con esta comprensión de la obra del Espíritu Santo en Samaria en mente, tenemos que ir a Cesarea, donde el Espíritu Santo una vez más vino sobre la iglesia en formas que recuerdan lo que sucedió en Pentecostés.

Cesarea

Al igual que el suceso en la ciudad de Samaria, la situación en Cesarea marcó la primera ocasión en que el evangelio cruzó otra frontera étnica. En este caso, los gentiles se convirtieron a Cristo por primera vez en un número significativo, especialmente el centurión romano Cornelio y su familia.

Hechos 10:44-47 registra lo que sucedió cuando Pedro le predicó el evangelio a la casa de Cornelio:

Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios. Entonces respondió Pedro: … han recibido el Espíritu Santo también como nosotros. (Hechos 10:44-47)

Una vez más, es evidente el impresionante paralelo con Pentecostés: los que recibieron el evangelio empezaron a hablar en lenguas. Pedro comentó incluso que los creyentes en Cesarea recibieron el Espíritu Santo "también como nosotros", refiriéndose probablemente al derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés.

En el Antiguo Testamento, los gentiles estaban fuera de los pactos especiales de Dios con Israel, y los judíos fieles normalmente se apartaban de los gentiles inconversos. De modo que fue una sorpresa para la iglesia primitiva que los gentiles se convirtieran a Cristo sin haberse convertido antes totalmente al judaísmo.

Así entonces, el Espíritu Santo fue derramado sobre Cornelio y su casa en esta forma asombrosa para demostrar que al fin se habían abierto las puertas para las naciones gentiles.

Escuchemos estas palabras de Hechos 11:4, 15 y 18, en que Lucas registró la respuesta de la iglesia a la conversión de los gentiles:

Comenzó Pedro a contarles por orden lo sucedido … Cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio… Oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida! (Hechos 11:4, 15 y 18)

Al venir a los gentiles en forma similar a Pentecostés, el Espíritu Santo demostró que su conversión era genuina, y que había comenzado su plan de construir su reino a través de los gentiles.

Ahora que ya vimos la obra del Espíritu en Samaria y en Cesarea, estamos listos para ver lo que sucedió en Éfeso.

Éfeso

Este evento está registrado en Hechos 19:1-6, donde leemos el siguiente relato:

Pablo … vino a Éfeso, y hallando a ciertos discípulos, les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo. Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan. Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban. (Hechos 19:1-6)

Una vez más, vemos paralelos significativos con el día de Pentecostés. Después de sus bautismos en el nombre de Jesús, el Espíritu Santo vino sobre aquellos hombres, y hablaron en lenguas y profetizaron.

En este pasaje, Lucas describe un derramamiento dramático del Espíritu Santo en Éfeso, una ciudad grande de Asia Menor, lejos de Judea y Samaria. Como vimos, Lucas ya había trazado la extensión de la obra del Espíritu desde Jerusalén a Samaria, y a los gentiles. Aquí, el factor inusual es que los receptores del Espíritu eran discípulos de Juan el Bautista. Probablemente, se trataba de judíos arrepentidos que habían recibido el testimonio de Juan el Bautista antes de que a Juan se le revelara que Jesús era el Mesías largamente esperado.

Lucas destacó este evento porque fue el cierre de un asunto que había enfatizado al comienzo de Hechos: la relación entre Juan el Bautista y Jesús.

En Hechos 1:5, Jesús hizo un contraste entre su ministerio y el ministerio de Juan el Bautista, así:

Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo. (Hechos 1:5)

Esta historia del derramamiento del Espíritu sobre los discípulos de Juan en Éfeso indicó que, en ese momento, la obra de Jesús de traer el Espíritu había alcanzado un nuevo nivel. Incluso los discípulos de Juan debían transformarse en seguidores de Cristo y recibir el Espíritu de Cristo. La voluntad de Dios no podía ser menos que aceptaran completamente a Cristo y vivieran en el poder del Espíritu Santo.

Lucas dejó en claro que, a medida que los apóstoles avanzaban con la misión de la iglesia, su trabajo en las fronteras del reino estaba siendo consistentemente confirmado con el dramático derramamiento del Espíritu Santo. Con el poder del Espíritu, el evangelio se extendió sin impedimento desde Jerusalén a Judea y Samaria, y hasta lo último de la tierra. Incluso hoy, el poder del Espíritu Santo es el único medio para que la iglesia pueda transformarse y expandir efectivamente el evangelio. Nosotros también debemos buscar y depender del poder del Espíritu, si hemos de ser testigos piadosos y efectivos del mensaje del evangelio.

Luego de considerar el papel del Espíritu Santo, ahora estamos listos para abordar nuestro segundo tema: los apóstoles. Antes de ascender a los cielos, Cristo nombró a los apóstoles para que continuaran con su ministerio de extender su reino desde Jerusalén hasta los fines de la tierra por medio del evangelio.

APÓSTOLES

Ya vimos en esta lección que Hechos 1:8, describe el papel vital que jugó el Espíritu Santo en la iglesia primitiva. Escuchemos las palabras de Jesús para sus apóstoles:

Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. (Hechos 1:8)

En este punto de nuestra lección, queremos concentrarnos en un segundo tema que resalta en este versículo: el papel de los apóstoles. Como Jesús lo expresa aquí, el Espíritu Santo fue dado a los apóstoles para que pudieran transformarse en sus testigos a través de todo el mundo.

En la iglesia primitiva, se conocía como "mártires" y "testigos" a quienes daban testimonio del evangelio en circunstancias adversas. En los casos más extremos, los testigos fueron torturados e incluso asesinados a causa de su testimonio como cristianos. De hecho, la tradición de la iglesia nos cuenta que la mayoría de los apóstoles murió de este modo. Este tema del testimonio de Cristo frente a la oposición fue una inquietud prominente de Lucas al escribir sobre la iglesia primitiva. A este respecto, nadie superó a los apóstoles como testigos valientes y efectivos de Cristo.

Nos concentraremos en tres dimensiones del papel de los apóstoles como testigos de Cristo. Primero, destacaremos que su testimonio fue exclusivo. Segundo, veremos que éste fue autoritativo. Y tercero, veremos la naturaleza diversa de sus testimonios, cómo utilizaron diversos medios para presentar el mensaje del evangelio. Comencemos con las calificaciones exclusivas de los apóstoles para su oficio.

Exclusivo

Los apóstoles fueron exclusivos por lo menos por dos razones. En principio, los requisitos para su oficio excluían a cualquier otro de ser llamado apóstol.

Requisitos

Todos sabemos que uno de los doce apóstoles originales de Jesús, Judas Iscariote, traicionó a nuestro Señor con aquellos que lo crucificaron. Más tarde, Judas se quitó la vida, dejando sólo once apóstoles. Luego, después de la ascensión de Jesús al cielo, una de las principales prioridades de los once fue elegir al duodécimo apóstol para reemplazar a Judas. En Hechos 1:21-26, Pedro describe así los requisitos para el nuevo apóstol:

Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros … uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección. Y señalaron a dos … Y orando, dijeron: Tú, Señor … muestra cuál de estos dos has escogido, para que tome la parte de este ministerio y apostolado … Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías. (Hechos 1:21-26)

Estos versículos establecen los requisitos para el oficio de apóstol, que fueron exclusivos para los apóstoles nombrados en las Escrituras. Primero, tenían que haber sido instruidos directamente por Jesús. Segundo, tenían que haber visto a Jesús después de su resurrección. Y tercero, tenían que haber sido nombrados a su oficio por Dios mismo. Los once apóstoles cumplían con estos requisitos porque fueron instruidos por Jesús durante su ministerio terrenal, lo vieron después de su resurrección, y todos habían sido nombrados por Jesús mismo.

Matías cumplía con estos requisitos porque también había sido instruido por Jesús durante el ministerio terrenal del Señor, vio al Señor resucitado, y fue elegido directamente por Dios a través de la suerte echada sobre él.

Después de Matías, sólo otro hombre en las Escrituras fue nombrado para el oficio de apóstol: Pablo. Pablo fue elegido como un apóstol después de la ascensión de Jesús a los cielos, y por eso la iglesia se mostró escéptica sobre su nombramiento. Pero las Escrituras nos enseñan que, de hecho, él sí vio a Jesús y aprendió de él después de su resurrección, y que fue nombrado por Jesús mismo.

Por ejemplo, Pablo dio testimonio de la resurrección de Jesús en el camino a Damasco, como Lucas lo registra en Hechos 9:3-6. Además, fue nombrado para su oficio por Dios mismo, como leemos en Hechos 9:15, y capítulo 22:12-16. De hecho, Lucas repite el nombramiento de Pablo tres veces para confirmar su declaración de ser un verdadero apóstol en Hechos, capítulos 9, 22 y 26.

Pero incluso Pablo admitió que sus calificaciones eran algo inusuales, dado que no vino a la fe hasta después de la ascensión de Jesús.

Pablo habla de su apostolado exclusivo y particular en 1 Corintios 15:8 y 9:

Al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí. Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles. (1 Corintios 15:8, 9)

Tiempo de Fundación

Además de satisfacer estos requisitos exclusivos, los apóstoles fueron exclusivos, porque sirvieron en el tiempo de fundación de la vida de la iglesia. En este tiempo especial, fueron nombrados para la tarea de establecer la iglesia de Jesucristo. Y dado que hicieron su trabajo, y que la iglesia ha permanecido firme en sus fundamentos, nunca ha surgido nuevamente la necesidad de un trabajo especial.

Lucas registró muchas formas en que los apóstoles sirvieron como fundamento de la iglesia. Como lo vimos en una lección anterior, los apóstoles fueron los primeros testigos en llevar el evangelio desde Jerusalén a Samaria, y a los confines de la tierra. A través de su evangelización, los primeros cristianos convertidos fueron ganados del judaísmo, de la corrupta adoración de los samaritanos y del paganismo gentil. A través de su liderazgo, se establecieron las primeras iglesias de la historia, y en ellas los patrones que seguirían las demás iglesias. De esta y muchas maneras, los apóstoles realizaron un trabajo único, en un punto único en el tiempo. Estos tiempos nunca volverán, y esta obra nunca necesitará ser completada nuevamente. En Efesios 2:19 y 20, Pablo resume así el rol fundacional único de los apóstoles:

La familia de Dios está edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo. (Efesios 2:19-20)

Nunca podrá haber otra piedra del ángulo, otro Jesús. Y del mismo modo, nunca podrá haber otro fundamento, otro equipo de apóstoles y profetas que sirvan como el fundamento de la iglesia.

Lamentablemente, en nuestros días aún hay iglesias que declaran tener tales apóstoles autoritativos ministrando entre ellos. Pero Lucas dejó en claro que los apóstoles originales fueron calificados exclusivamente para los requisitos de su oficio, y sirvieron en un tiempo fundacional exclusivo que nunca se repetirá. Aún tenemos el testimonio de los apóstoles, recolectados en los escritos del Nuevo Testamento, y no debemos esperar que haya este tipo de apóstoles viviendo hoy entre nosotros.

Luego de ver que los apóstoles dieron testimonio de Cristo en una forma exclusiva, estamos listos para observar la naturaleza autoritativa de su testimonio.

Autoritativo

La autoridad de los apóstoles se ve en muchos aspectos en Hechos pero, en honor a la simplicidad, sólo nos concentraremos en cuatro de ellos. Primero, se puede ver la autoridad de los apóstoles en la función de su oficio. Segundo, se demuestra en las bendiciones de Dios sobre su ministerio. Tercero, se hace evidente en su poder para realizar milagros. Y cuarto, se deja ver en la revelación que continuaron recibiendo. Veamos primero cómo la función de su oficio demuestra su autoridad.

Función

La palabra apóstoles, o apostolos en griego, significa básicamente alguien enviado. Se usa comúnmente para referirse a los mensajeros, a los agentes enviados a cumplir misiones, y a los embajadores que eran autorizados a hablar en nombre de quienes los enviaban. Por ejemplo, cuando Jesús envió a los setenta y dos misioneros a predicar el reino de Dios en Lucas, capítulo 10, ellos se transformaron en embajadores temporales, nombrados para llevar por un tiempo una porción de la autoridad de Cristo.

En Lucas 10:16, Jesús comisionó a los misioneros con estas palabras:

El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió. (Lucas 10:16)

Aquí vemos que los misioneros debían ser tratados como reemplazantes de Cristo. A quienes recibían a los misioneros se les contaba como que habían recibido a Cristo, y a quienes recibían a Cristo se les contaba como que habían recibido al que lo envió, es decir, al Padre.

Además de esto, escuchemos la discusión que ocurrió cuando los misioneros volvieron, en Lucas 10:17-19:

Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. (Lucas 10:17-19)

Cuando los envió como sus misioneros, Jesús les delegó una porción de su autoridad a los setenta y dos. De modo que su representación de él no fue meramente simbólica. Sino que ellos fueron sus agentes autorizados. No eran maestros infalibles, pero sí llevaban consigo la autoridad para echar fuera demonios y de proclamar la venida del reino.

Del mismo modo, los apóstoles fueron embajadores autoritativos. Sin embargo, su representación de Cristo difiere de la de otros discípulos en dos aspectos fundamentales en Hechos. Primero, las historias de Lucas dejan en claro que los apóstoles no sólo fueron nombrados para la misión de expandir el evangelio, sino que también fueron designados para un oficio perpetuo en la iglesia. En Hechos, los apóstoles no fueron suplantados por otras personas u oficios. Ellos llevaban consigo perpetuamente la autoridad delegada por Cristo, y no sólo por un poco de tiempo. Segundo, los apóstoles fueron autorizados a hablar sobre todos los asuntos relacionados con el establecimiento y gobierno de la Iglesia de Cristo. Como lo indica el acta del Concilio de Jerusalén en Hechos 15, la palabra de los apóstoles debía ser aceptada por toda la iglesia. Cualquier juicio emitido por ellos debía ser recibido como Palabra de Dios.

Escuchemos cómo describe Pedro la autoridad apostólica en 2 Pedro 3:2:

Para que tengáis memoria … del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles. (2 Pedro 3:2)

Como Pedro lo indica aquí, las palabras de los apóstoles debían ser recibidas porque ellos servían como files administradores de la voluntad y la enseñanza de Jesús.

Después de describir la función de los apóstoles, tenemos que ir a la forma en que Dios bendecía su ministerio particular y exclusivo a través de la extensión del evangelio.

Bendición

En el libro de los Hechos, Dios bendijo a los apóstoles, dándoles convertidos casi todas las veces que predicaban el evangelio. Como vimos, el sermón de Pedro el día de Pentecostés hizo crecer la iglesia de unas 120 personas a más de 3,000 personas. Y este tipo de bendición continuó a través de todo el libro de los Hechos.

Como autor, Lucas se preocupó de enseñar a sus lectores que este crecimiento numérico externo de la iglesia era una evidencia del poder y la aprobación de Dios. Una de las formas en que lo hizo, fue citando las palabras del respetado fariseo Gamaliel. En Hechos 5:38 y 39, Gamaliel dijo estas palabras sobre los apóstoles ante el Sanedrín:

Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios. (Hechos 5:38-39)

Visto desde esta perspectiva, el bendecido ministerio del evangelio de los apóstoles a través de todo el libro de los Hechos, es una evidencia de que el Espíritu Santo reafirmó y potenció su ministerio.

Además de la prueba ofrecida por su función y la bendición numérica de Dios sobre su ministerio evangelístico, la autoridad de los apóstoles se puede ver también en los milagros que acompañaron su ministerio.

Milagros

A través de toda la Biblia, una de las principales funciones de los milagros es probar que los mensajeros de Dios dicen la verdad y llevan consigo la autoridad delegada de Dios. En el libro de Éxodo, Moisés realizó muchos milagros ante Faraón para probar que hablaba en nombre del verdadero Dios. En Primera y Segunda de Reyes, Elías y Eliseo realizaron milagros que confirmaron que sus profecías y enseñanzas provenían de Dios. En los Evangelios, Jesús realizó milagros para probar que él era el Cristo, el profeta y siervo ungido de Dios que fue enviado para salvar y gobernar su pueblo.

Del mismo modo, los milagros de los apóstoles en el libro de los Hechos probaron que su testimonio con respecto a Cristo era verdadero. Los apóstoles sanaron enfermos en Hechos 5:16; pusieron en pie al cojo en Hechos 14:8; resucitaron muertos en Hechos 9:40, enfrentaron oposición a los enemigos de Dios en Hechos 13:11; escaparon de la cearcel en Hechos 12:10; sobrevivieron a naufragios en Hechos 27:44, y a serpientes venenosas en Hechos 28:3. En realidad, su poder fue tan grande que según Hechos 5:15, la sombra de Pedro sanaba a cualquiera que la tocase. Y según Hechos 19: 11 y 12, los paños tocados por Pablo exorcizaban demonios y sanaban enfermedades. Los milagros tan poderosos sólo podían venir de Dios, probando así que los apóstoles verdaderamente fueron sus testigos autoritativos.

Es por esto que Pablo describió así sus propios milagros en 2 Corintios 12:12:

Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros. (2 Corintios 12:12)

Las obras milagrosas que hacían por medio del Espíritu Santo eran la marca de un apóstol, la prueba de que estaba dando un testimonio fidedigno de Cristo y de su obra.

Ahora que ya hemos visto la función de los apóstoles, la bendición de Dios sobre la extensión del evangelio por medio de ellos, y sus milagros, estamos listos para observar como la revelación que recibieron sirvió como prueba de su autoridad.

Revelación

Lucas registró muchas ocasiones en que el Espíritu Santo guió a los apóstoles para extraer la esencia de la verdad del evangelio, para tomar decisiones a favor de la iglesia como un todo. Por ejemplo, en Hechos capítulo 10 Pedro tuvo una visión de Dios que lo instruyó para que trajesen a los gentiles a la iglesia sin exigirles su conversión total al judaísmo. En Hechos capítulo 16 tuvo la visión de que tenía que proclamar el evangeli o en Macedonia, extendiendo significativamente la cobertura del evangelio del reino.

Para los lectores originales de Lucas, y para el resto de la iglesia primitiva, la función oficial de los apóstoles, la bendición sobre su ministerio, los milagros autentificadores y la revelación fueron las pruebas convincentes de su incuestionable autoridad. Lucas registra en todo Hechos cómo la iglesia primitiva respondió al testimonio y al liderazgo autoritativo de los apóstoles, aceptando y sometiéndose a todas sus enseñanzas y juicios. Del mismo modo, los cristianos modernos también deben someterse a estos embajadores autoritativos de Cristo, a los resúmenes de sus enseñanzas en libros como Hechos y a sus escritos autorizados del Nuevo Testamento.

Teniendo en mente la naturaleza exclusiva y autoritativa del testimonio de los apóstoles, estamos listos para observar las diversas formas en que ellos y sus seguidores dieron testimonio del evangelio de Cristo al mundo.

Diverso

Analizaremos en dos partes la diversidad de maneras en que los apóstoles y quienes los siguieron dieron testimonio de Cristo a través de todo Hechos. Primero, consideraremos las diversas estrategias utilizadas para testificar de Cristo. Segundo, mencionaremos varios de los diversos escenarios en los que entregaron este testimonio. Veamos primero las diversas estrategias que utilizaron en el libro de los Hechos.

Estrategias

Dado que hay innumerables maneras de describir las estrategias que los apóstoles y sus seguidores utilizaron al presentar a Cristo al mundo, es útil pensar en seis aproximaciones principales. Primero, apelaron con frecuencia a la historia, especialmente en referencia a cosas como la vida, la muerte y la resurrección de Jesucristo, sucesos de la historia que fueron divulgados en todo el Imperio Romano. Por ejemplo, en Hechos 26:26, Pablo le dice estas palabras al rey Agripa:

Pues el rey sabe estas cosas, delante de quien también hablo con toda confianza. Porque no pienso que ignora nada de esto; pues no se ha hecho esto en algún rincón. (Hechos 26:26)

En este pasaje, el punto principal de Pablo es que los hechos elementales que él y la iglesia proclamaban eran eventos conocidos en el mundo antiguo. Era una estrategia común de los apóstoles apelar a acontecimientos históricos como éste, cuando testificaban ante no creyentes.

Segundo, los apóstoles apelaron con frecuencia a las verdades de las Escrituras para apoyar su esfuerzo evangelístico. Cuando testificaban ante audiencias judías, los apóstoles a menudo apelaban al Antiguo Testamento. Por ejemplo, en Hechos 3:22, Pedro apeló a las palabras de Moisés para probar a los judíos que Jesús era el largamente esperado Mesías. Y en Hechos 23:6, Pabló apeló a la creencia judía en la resurrección de los muertos derivada de la Escrituras del Antiguo Testamento.

Tercero, cuando testificaban ante audiencias gentiles, los apóstoles apelaban a la revelación de Dios en la naturaleza y a las creencias verdaderas que podían hallarse en los sistemas de pensamientos paganos.

Por ejemplo, en Hechos 17:24-27, Pablo utilizó ideas paganas comunes sobre Dios y la historia humana como punto de partida para su presentación del evangelio en Atenas. Escuchemos lo que dijo allí:

El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. (Hechos 17:24-27)

Los puntos de vista presentados aquí por Pablo no sólo eran de los cristianos y de los judíos, sino también de muchos paganos.

De hechos, en el mismo discurso en el Areópago de Atenas, Pablo citó literatura pagana. Escuchemos lo que dijo en Hechos 17:28:

Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos. (Hechos 17:28)

Aquí, Pablo apeló a los escritos poéticos griegos para hacer su defensa del cristianismo cuando testificaba de Cristo en Atenas.

Cuarto, los apóstoles a menudo apelaban a la experiencia personal cuando presentaban a Cristo a los demás. En el libro de los Hechos, Lucas registró muchas ocasiones en que Pablo utilizó esta aproximación.

Por ejemplo, Lucas registró el relato de Pablo de su dramática experiencia de conversión en el camino a Damasco, en Hechos, capítulo 9, como volvió a contar su experiencia ante la multitud de judíos en Jerusalén en Hechos, capítulo 22, y la repitió ante el rey Agripa en Hechos, capítulo 26.

Quinto, los apóstoles realizaron muchas señales y prodigios que probaron la verdad del evangelio que predicaban. Como ya lo vimos en esta lección, el libro de los Hechos está lleno de milagros realizados por los apóstoles. Dondequiera que el Espíritu potenciaba a los apóstoles para que realizasen milagros, lo hacía para respaldar su testimonio de Jesucristo.

Sexto, los apóstoles testificaron de su resuelta lealtad a Cristo. Ellos tomaron constantemente la atención que recibieron para orientarla hacia Cristo, y se rehusaron a abandonar su llamado, incluso cuando los persiguieron y amenazaron. Por ejemplo, en Hechos capítulo14, cuando la gente de Listra trató de adorar a Pablo y Bernabé, Pabló insistió en que él era solamente un hombre, y orientó a la gente hacia Dios. Y en Hechos, capítulo 4, cuando el Sanedrín amenazó a los apóstoles y les ordenó que dejaran de evangelizar, los apóstoles se rehusaron a ser silenciados. Leemos en Hechos 5:27-29:

El sumo sacerdote les preguntó, diciendo: ¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en ese nombre? … Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. (Hechos 5:27-29)

Los apóstoles utilizaron una variedad de estrategias cuando dieron testimonio del evangelio. Y por medio de su testimonio y enseñanzas, entrenaron a la iglesia primitiva para hacer lo mismo.

Esta característica del registro de Lucas en Hechos debe animar a los cristianos de todas las épocas a descubrir las muchas estrategias que Dios quiere que sigamos al servir también como testigos del evangelio.

Además de las diversas estrategias que los apóstoles utilizaron para dar testimonio de Cristo, tenemos que considerar también los diferentes escenarios en que testificaron en el nombre de Cristo.

Escenarios

Hay muchas formas en que podemos resumir los diversos escenarios en que los apóstoles dieron testimonio del evangelio en el libro de los Hechos. Para hacerlo más simple, sin embargo, agruparemos estos escenarios en cuatro categorías básicas.

Primero, hubo discursos públicos. Aquí, tenemos en mente aquellos sucesos en que los apóstoles le hablaron a un gran número de gente en un lugar público, en forma de sermones, apologías, u otros tipos de discurso.

En estos tipos de presentaciones, los apóstoles se preocupaban de elegir sus palabras de acuerdo a la audiencia a la que se dirigían. Como ya lo vimos en esta lección, le hablaban a los judíos de un modo y a los gentiles de otro.

Segundo, los apóstoles dieron testimonio en un contexto de diálogo o debate. En este escenario, se habría invitado a la gente a contraargumentar, esperándose que los apóstoles defendiesen el evangelio. Por ejemplo, en Hechos, capítulo 19, Pablo debatió en la escuela de Tiranno, un lugar en Éfeso donde se medían las habilidades retóricas y las nuevas ideas delante de la gente.

Tercero, en Hechos los apóstoles y sus seguidores a menudo testificaban en las casas. En el mundo antiguo, las familias por lo general incluían mucho más que sólo los padres y sus hijos. A menudo había muchos parientes, amigos y sirvientes en la casa.

Cuando leemos, entonces, sobre las casas en Hechos, tenemos que imaginarnos a los parientes, como los niños, los abuelos, tíos y tías, así como a los empleados, sirvientes y, en muchos casos, esclavos.

El grupo total de una casa ascendía a un número de 15 a 20 en promedio. Hallamos ejemplos de apóstoles testificando en casas en varios pasajes de Lucas, como en el capítulo 10, donde Pedro le habló a la casa de Cornelio; y el capítulo 16, donde Pablo le habló a las casas de Lidia y del carcelero de Filipo.

Cuarto, Hechos contiene también ejemplos de evangelismo personal como una forma de testimonio. Por ejemplo, en Hechos, capítulo 25, Pablo le habló al rey Agripa como individuo, midiendo sus palabras de acuerdo al conocimiento y experiencia específicos de Agripa.

En resumen, los apóstoles no se limitaron a testificar sólo de cierto modo o en ciertos lugares. Al revisar el libro de los Hechos, los vemos aprovechando cada oportunidad, y presentando el evangelio en formas apropiadas a cada audiencia. De esta manera, los apóstoles nos dieron un ejemplo, enseñándonos a enfatizar aquellos elementos del evangelio que resuenen con más fuerza en nuestra audiencia, y a encontrar las formas específicas de relacionar el evangelio con la vida de cada no creyente.

Luego de ver los temas del Espíritu Santo y de los apóstoles, ahora vamos a ir a nuestro tercer tema principal de Hechos: la iglesia que fundaron los apóstoles.

LA IGLESIA

Analizaremos el tema de la iglesia de dos maneras. Primero, veremos la necesidad de la iglesia. Y segundo, veremos la preparación que los apóstoles dieron a la iglesia para continuar con su trabajo. Veamos primero la necesidad de la iglesia.

Necesidad

Cristo comisionó a los apóstoles para que construyesen su iglesia. ¿Por qué? Los apóstoles sabían que unos cuantos hombres no podían llevar solos el mensaje de Cristo a todo el mundo; necesitaban un ejército de testigos para proclamar el evangelio del reino en todo lugar.

Veremos dos factores que hicieron que la iglesia sea necesaria para el cumplimiento de la misión de los apóstoles. Primero, consideraremos las limitaciones físicas de los apóstoles, el hecho de que no podían cumplir físicamente con toda la tarea que les habían asignado. Segundo, veremos sus limitaciones temporales, el hecho de que habían de vivir vidas humanas de duración normales y no podrían dar testimonio a las generaciones futuras. Comencemos con las limitaciones físicas de los apóstoles.

Limitaciones Físicas

Como vimos, la tarea de los apóstoles fue llevar el testimonio de Cristo, proclamando el evangelio. Pero solos no pudieron ser "cartas vivas" para todo el mundo.

Para resolver este problema, los apóstoles delegaron sobre la iglesia mucha de la responsabilidad de ser testigos auténticos. A medida que la gente se añadía a la iglesia por medio de la evangelización de los apóstoles, estos creyentes se transformaron también en "cartas vivas" en sí mismas. Vivían el evangelio, y de ese modo testificaban a sus familias y a sus vecinos de Jesús. Algunos de ellos incluso se hicieron misioneros y evangelistas. De este modo, los apóstoles crearon un modelo de auto multiplicación para una evangelización auténtica a todas las generaciones, con la iglesia misma haciendo la mayor parte del trabajo. Sin duda que la iglesia no estaba preparada para evangelizar con la misma autoridad y confirmación milagrosa que los apóstoles. Sin embargo, el Espíritu Santo también se complacía en trabajar por medio del auténtico testimonio de vida y palabra de la iglesia, y convertir a muchos nuevos creyentes por estos medios.

Hechos 11:19-21, dice de los creyentes esparcidos a causa de la persecución:

Pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra, sino sólo a los judíos… Unos varones… entraron en Antioquía, hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús. Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al Señor. (Hechos 17:19-21)

Teniendo en mente el fenómeno de las limitaciones físicas de los apóstoles, tenemos que ver las limitaciones temporales, consecuencia de su mortalidad.

Limitaciones Temporales

Los apóstoles estaban convencidos de que Jesús volvería, pero no sabían cuándo. En el tiempo en que el rey Herodes mató al apóstol Santiago, en Hechos, capítulo 12, se hizo obvio que algunos apóstoles no sobrevivirían hasta el retorno de Jesús. De modo que los apóstoles entrenaron a la iglesia no sólo para evangelizar bajo la supervisión apostólica directa, sino para continuar con el trabajo de construir la iglesia después de la muerte de los apóstoles. Escuchemos, por ejemplo, las palabras de Pablo a los ancianos en Éfeso en Hechos 20:25-28:

Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro… Mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. (Hechos 20:25-28)

Pablo quería asegurarse de que la iglesia continuara dependiendo de Cristo para extender el evangelio en forma auténtica y llevando a los creyentes a la madurez. De modo que se aseguró de que sus líderes se prepararan para continuar sus ministerios después de su propia muerte. A causa de las limitaciones físicas y temporales, la iglesia fue fundamental para las estrategias de corto y largo plazo de los apóstoles para hacer avanzar el reino de Dios.

Ahora que ya hemos visto la necesidad de la iglesia para el testimonio auténtico, tenemos que ir a la preparación de la iglesia por parte de los apóstoles.

Preparación

Hay muchas formas en que los apóstoles prepararon a la iglesia para continuar con la misión de expandir el reino de Dios. En honor al tiempo, sin embargo, nos limitaremos a tres consideraciones: Primero, veremos el hecho de que los apóstoles instruyeron a la iglesia para que permaneciese fiel a la enseñanza de los apóstoles, su testimonio fiel sobre Jesús. Segundo, analizaremos las disposiciones de los apóstoles para designar a los oficiales de la iglesia, como los ancianos y diáconos. Y tercero, veremos cómo los apóstoles prepararon a la iglesia para resistir las pruebas que inevitablemente vendrían. Vayamos primero a la enseñanza que los apóstoles le impartieron a la iglesia.

Enseñanza

En Efesios, capítulo 2, el apóstol Pablo describió la iglesia como un edificio, construido sobre Cristo como la piedra del ángulo y sobre los apóstoles y profetas como el fundamento. Escuchemos sus palabras en Efesios 2:19 y 20:

Así que… sois conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo. (Efesios 2:19-20)

Pablo no sólo tenía en mente que los apóstoles eran los líderes iniciales, sino que sus enseñanzas eran el fundamento de la iglesia, la base para las doctrinas de la iglesia. En Efesios 3:4-6, Pablo describe así el rol fundamental de su enseñanza:

Podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu. (Efesios 3:4-6)

Es por eso que Lucas fue tan cuidadoso en el libro de los Hechos y destacó que la iglesia se dedicaba a la enseñanza de los apóstoles. Tal como lo registra en Hechos 2:42:

Los creyentes perseveraban en la doctrina de los apóstoles. (Hechos 2:42)

Lucas quería que sus lectores supieran que para ser fieles a Cristo, y para que Dios bendiga nuestros intentos de extender el evangelio, la iglesia debe ser construida no sólo con Cristo como la piedra angular, sino también sobre el fundamento de los apóstoles y profetas de la iglesia primitiva. Los apóstoles traspasaron en forma autoritativa y confiable la obra y la enseñanza de Jesús. De modo que los cristianos de todas las épocas tienen que proclamar, preservar y vivir las enseñanzas de los apóstoles.

Esto también es cierto para la iglesia de Cristo, hoy. En primer lugar, obviamente esto es cierto para nosotros hoy, porque el Nuevo Testamento mismo fue escrito mayormente por los apóstoles. Y aquellos libros que no fueron escritos por los apóstoles, como el libro de los Hechos, obtuvieron la aprobación apostólica. Nosotros, la Iglesia de Cristo actual, edificamos nuestras vidas en base a los escritos del Nuevo Testamento, porque son el resumen de las enseñanzas de los apóstoles.

Luego de ver que los apóstoles prepararon a la iglesia, enseñándole a permanecer fiel a sus enseñanzas, estamos listos para considerar cómo prepararon a la iglesia para levantar oficiales para guiar y servir a la iglesia en su expansión hacia nuevos territorios y nuevas generaciones.

Oficiales

Como vimos, los apóstoles se enfrentaron a limitaciones físicas y temporales que les impidieron completar su misión por sí solos. Y parte de la solución a este problema, fue levantar oficiales adicionales en la iglesia.

Aquí tenemos que hacer una pausa para decir que las tradiciones cristianas han entendido el gobierno y los oficios de la iglesia en una variedad de formas. Algunas ramas de la iglesia reconocen tres oficios: obispo, anciano y diácono. Otras reconocen sólo dos oficios: anciano y diácono. Hay otras que incluyen además oficios como apóstol, misionero, evangelista, y más.

El tema del apropiado gobierno de la iglesia está fuera del alcance de esta lección. Sin embargo, queremos enfatizar que el punto general es que los apóstoles nombraron oficiales adicionales para asegurarse de que la iglesia fuera capaz de continuar con la misión de Dios.

De hecho los apóstoles comenzaron nombrando muy pronto oficiales adicionales, porque reconocieron casi de inmediato que ellos incluso no podrían realizar los ministerios asociados a la iglesia local en Jerusalén. Esto lo vemos claramente en Hechos, capítulo 6, donde los apóstoles crearon el oficio de diácono para asegurarse de que la iglesia fuera capaz de satisfacer las necesidades de sus miembros. En este caso, los apóstoles instruyeron a la iglesia para que escogiera hombres que se harían responsables de la distribución diaria de los alimentos. Escuchemos la forma en que los apóstoles manejaron esto en Hechos 6:3-6:

Los apóstoles dijeron, buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra… los presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos. (Hechos 6:3-6)

Los apóstoles también nombraron ancianos, a menudo llamados pastores, para apacentar y guiar las diversas congregaciones locales de la iglesia. Por ejemplo, durante los viajes misioneros de Pablo, el apóstol normalmente reunió a los nuevos convertidos en las iglesias, y nombró líderes que se harían cargo de la iglesia cuando se fuera.

Vemos un ejemplo de esto en Hechos 14:23, donde Lucas entrega este relato:

Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído. (Hechos 14:23)

De hecho, los apóstoles estaban tan decididos a preparar ancianos para la iglesia, que los animaron a liderar junto a ellos, incluso cuando los apóstoles aún estaban presentes. El ejemplo más notable en Hechos es el Concilio de Jerusalén, reunido para responder a la pregunta sobre los gentiles — la pregunta de cómo incorporar a los gentiles a la iglesia. Este concilio fue presidido por los apóstoles y los ancianos juntos. En Hechos, capítulo 15, el registro de este acontecimiento, se menciona al menos cinco veces a los apóstoles y ancianos juntos, como los líderes de la iglesia. Veamos en Hechos 15:1 y 2.

Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos. Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión. (Hechos 15:1-2)

Se envió a Pablo y a los demás a consultar a los apóstoles y ancianos. Vemos una afirmación similar en los versículos 4, 6, 22 y 23 del mismo capítulo.

A través de todo el libro de los Hechos, los apóstoles llamaron a los oficiales de la iglesia a continuar con la misión del reino mesiánico. Vemos esto en el encargo de Pablo a los ancianos de Éfeso en Hechos, capítulo 20. Lo vemos en el prominente rol de ancianos como Santiago, que parece haber liderado a la iglesia en Jerusalén en Hechos, capítulos 15 y 21. Escuchemos cómo Pablo escribió sobre el nombramiento de los oficiales en Tito 1:5:

Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé. (Tito 1:5)

Pablo instruyó al joven pastor Tito para que corrigiese lo que Pablo mismo había dejado inconcluso. Es decir, el anciano Tito tenía que completar lo que el apóstol Pablo había comenzado; tenía que continuar con la misión apostólica de extender el evangelio del reino de Dios.

Pablo y los demás apóstoles nombraron a estos oficiales para que se hiciesen cargo de la obra del ministerio que venía de ellos. Dios nunca quiso que los apóstoles hicieran todo el trabajo. Él quería que los apóstoles fundaran su iglesia. Pero también que entrenaran a otros que recibirían el liderazgo de la iglesia de mano de los apóstoles, oficiales que continuarían edificando sobre el fundamento de los apóstoles, extendiendo el reino de Dios a áreas y tiempos que los apóstoles jamás habrían podido alcanzar.

Ya vimos que los apóstoles le enseñaron a la iglesia el trabajo, le enseñaron de Jesús, y levantaron oficiales adicionales para cumplir con la misión de Cristo. Ahora estamos listos para hablar de cómo los apóstoles prepararon a la iglesia para las pruebas que inevitablemente vendrían cuando ella avanzara.

Pruebas

Lucas describe la tarea de los apóstoles como llena de dificultades, peligros y persecución. Frecuentemente eran arrestados y azotados. El apóstol Santiago incluso fue ejecutado por el rey Herodes. Y los apóstoles sabían que lo que era cierto para sus vidas, lo era también para las vidas de los demás cristianos.

En un episodio muy simbólico, Pablo fue apedreado y dado por muerto por inconversos furiosos en la ciudad de Listra. Al día siguiente, escapó a la ciudad vecina de Derbe. Pero muy pronto, volvió a Listra y a otras ciudades para animar a los creyentes.

Fue en el contexto de este intento en la vida de Pablo que Lucas registró estas palabras en Hechos 14:21 y 22:

Pablo y Bernabé volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios. (Hechos 14:21-22)

Los apóstoles querían que la iglesia comprendiera que enfrentarían pruebas y persecución. Algunos incluso serían asesinados por su fe. Pero la meta del reino valía la pena. Y, por lo tanto, la iglesia tuvo que permanecer firmemente fiel a Cristo.

También podemos ver la forma en que los apóstoles prepararon a la Iglesia para enfrentar las pruebas en el famoso discurso de Pablo a los ancianos de la iglesia de Éfeso. En Hechos, capítulo 20, Pablo les dijo que probablemente no lo verían nunca más. Les dijo que iba a Jerusalén, donde esperaba ser arrestado y quizás muerto. En medio de este sombrío panorama para su propia vida, Pablo les hizo advertencias y los exhortó a preparar a la iglesia de Éfeso para sus propias pruebas. En Hechos 20:28-31, les dijo estas palabras a los ancianos de Éfeso:

Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. Por tanto, velad. (Hechos 20:28-31)

Varios apóstoles escribieron cosas similares en sus cartas a las iglesias. Pedro, Juan y Pablo exhortaron a las iglesias a estar atentas contra los enemigos de la fe, a depender de las Escrituras y de su enseñanza, y a permanecer fieles a Cristo.

Con todo esto, los apóstoles no querían desalentar a las iglesias. Más bien, querían preparar a las iglesias para que confiasen en Cristo frente a la adversidad, que dependiesen de los dones y la gracia del Espíritu Santo, y que continuasen llevando a cabo la misión de Dios.

Fundando la iglesia sobre el testimonio y la enseñanza de los apóstoles, estableciendo oficiales en la iglesia, preparando a la iglesia para enfrentar las pruebas, y de muchas otras formas, los apóstoles se aseguraron de que la iglesia en todo lugar y en todo tiempo fuera capaz de continuar con la misión de extender el reino de Dios.

CONCLUSIÓN

En esta lección hemos analizado tres temas principales entretejidos en todo el libro de los Hechos. Vimos las actividades y los dones del Espíritu Santo. Hablamos sobre la importancia de los apóstoles como testigos exclusivamente autoritativos de Cristo. Y vimos cómo los apóstoles cumplieron la tarea asignada de establecer la iglesia.

El libro de los Hechos es una obra notable de la historia y la teología. Al escribir a Teófilo y a la iglesia primitiva, Lucas resaltó la importancia vital de extender el evangelio del reino de Dios a través de sus testigos, a las naciones de la tierra, y en el poder del Espíritu Santo. Al aplicar estas mismas lecciones a nuestras vidas actuales, también debemos consagrarnos al reino de Dios, esperando el día en que Cristo volverá para consumar su reino eterno.